Apenas Lucrecia y Zac pisan el departamento que comparten juntos desde hace dos años, la castaña cae en él sofá dramáticamente.
Cuando ella decidió ir a esa marcha hace seis años, apenas tenía 17 años; sus hormonas andaban rondando en los aires. Unos días antes Lucrecia se había besado con una chica de su equipo de fútbol, se sentía confundida, y ésta misma chica le propuso ir a la marcha... Entonces la castaña probó sustancias ilícitas por primera vez, conoció a Zac y en medio del éxtasis lo besó mientras los homofóbicos solo insultaban.
Ahora resulta que alguien mantuvo guardado ese video durante tanto tiempo. No pudieron sacarlo a luz cuando su padre sólo era un importante empresario, ¡no! Debió salir ahora que su padre prácticamente se acaba de convertir en presidente.
—Estoy frita —susurra la chica—. Mi padre es la persona más conservadora que he conocido en la vida. Se va a preguntar el por qué estábamos allí. ¿Cómo le explico que estaba allí por una chica? ¡O peor aún! ¿Cómo le explico que me besé contigo aún sabiendo que eres completamente gay?
Las palabras dejan al rizado con un mal sabor de boca. Su amiga tiene razón. Deberán ser brutalmente honestos con Niall Owen o seguir mintiendo, ¿qué más da? Él no tiene nada qué perder porque hace años que no se enamora, y su mejor amiga está perdidamente enamorada de su primo. Y aparentar una relación entre ambos confirmaría sus dudas.
—Vamos a salir de esto, y lo más importante... ¡es que vamos a descubrir si Clarke tiene sentimientos por ti!
El corazón de Lucrecia se acelera. Su amigo habla sin parar explicándole su plan, pero la cabeza de la chica da vueltas y solo mantiene el teléfono en sus manos esperando una llamada de su padre.
La castaña tiene miedo de que Clarke le diga a sus padres que ella y Zac son pareja, y que alguien más que ella y Adam -su guardaespaldas-, se entere de que Zac pertenece a la comunidad; porque la prensa jugaría con eso, sería un escándalo que no le conviene a nadie.
—... Piénsalo —dice Zac, llamando su atención—. Fingiremos ser novios delante de todo el mundo, la gente lo apoyará porque ya sospechan. Comenzaré a ser un patán, te refugiarás en Clarke, y veremos qué hace. Créeme Lucrecia, después de todo sigo siendo un hombre ¡He visto cómo se transforma cada que hago comentarios de doble sentido contigo! Así que si hacemos esto, para ti solo será una prueba, pero para él una tentación.
Una tentación... ¡Es una locura! Pues Lucrecia está convencida de que Clarke Simmons no la ve con otros ojos que no sean de cariño y hermandad ¡Él la ha visto crecer! La cuida y quiere como una hermana, ella nunca ha esperado más de eso.
Y es que Lucrecia ha hecho muchas cosas malas en la vida, pero la peor es guardar su amor y la pureza de su cuerpo a alguien que jamás sería capaz de tocarle un pelo. Y ese es su primo.
Mientras tanto, el angustiado Clarke estaciona su auto cerca de su apartamento al norte de Cardiff.
—¡Maldita sea! —grita con fuerza, con las ventanas arriba. Las venas de sus manos, brazos y cuellos resaltan por la fuerza que hace incluso mientras aprieta el volante. Luego deja caer su frente en medio de éste, e inhala. Tiene el corazón hecho un caos y le duele la boca del estómago.
En cuanto baja de su auto acomoda su elegante traje de oficina, se pasa una mano por el cabello rojizo, saluda a uno de los vigilantes, y en cuestión de dos minutos está a solas en su habitación.
Él sabía que este día iba a llegar. Tenía ese presentimiento de que Zac y ella... Pero, no esperaba que fuera tan rápido. ¡Por todos los cielos!
—Es tu prima, Clarke —se dice al espejo mientras se desviste—. ¡Es tu puta Prima! —se repite, pero cuando cierra los ojos recuerda cada cosa que le gusta de ella y su corazón se acelera más—. Es tu prima besando a otro que no eres tú... Estando quién sabe cuántas veces con otro que no eres tú. Porque tú eres su primo, entiéndelo —intenta convencerse—. Debes protegerla, motivarla, escucharla, no desearla... —susurra lo último con un nudo en la garganta.
Él sabe que si su tío se entera lo mata primero y luego éste se muere de un infarto. Eso no tiene otro final. Así que con rabia e impotencia hasta con él mismo, se adentra a la ducha mientras pasa sus manos por todos los tatuajes que oculta su traje de oficina.
Tatuajes que oculta ante el mundo, como su amor por Lucrecia.
La mañana siguiente se levanta muy temprano. La verdad es que no pudo descansar casi nada gracias a esa imagen fatídica de su amor prohibido besando a ese chico mientras la voz de éste le confirmaban que son novios.
El pelirrojo hace su rutina para ir al trabajo. Se encarga de ponerse bien el traje de forma que ningún tatuaje se vea, y se echa perfume mientras su cabeza da vueltas. Sin embargo, el frasco de perfume se le resbala de las manos cuando lo aprieta y el sudor en sus manos le juega una mala pasada. Se promete limpiar eso luego e incluso sin desayunar llama a su asistente, Carly, para que avise a todos que la junta se moverá a dentro de dos horas; pues sabe que no se quedará tranquilo hasta que no pase una cosa.
Escucharlo de su boca.
El hombre estaciona su auto, respira profundo mientras sube las escaleras y toca el timbre en el lugar indicado. Solo pasan unos segundos cuando la puerta se abre.
Un Zac sin camisa y recién despierto ve al pelirrojo con desconcierto, pero cuando recuerda su plan, grita:
—¡Amor! ¿Bebé?, ¿en dónde estás? —tratando de sonar natural aunque por dentro quiere reír mientras ve el rostro neutro del mayor—. Pasa, Clarke, seguramente Lucre se está duchando... —comenta—. Ya le diré que estás aquí...
—¡No! —dice Clarke con firmeza, aterrado de la idea de que Zac vea a Lucrecia desnuda, ¡aunque seguramente se han visto hasta el alma, por Dios!, se regaña—. Mira, ¿sabes qué? —dice, sintiendo todas las emociones juntas—. Dile que solo vine para saber si Niall ha hablado con ella, a mí no me responde las llamadas... —miente.
Porque a decir verdad Clarke solo está allí porque creyó que ella podría darle una explicación, inclusive de por qué ha mantenido la supuesta relación con Zac en secreto.
—Estoy hablando mi padre... —anuncia Lucrecia mientras sale de una de las habitaciones envuelta en paño, mojada, sin poder evitar sentirse nerviosa por la presencia de su primo.
El pelirrojo tiene que ver hacia uno de los porta retratos en la mesa en donde hay una foto de la feliz pareja sonriendo, y su estómago se retuerce de nuevo. Sin embargo, se preocupa al ver el rostro angustiado de la castaña.
—Sí... Padre... —intenta explicar ésta al teléfono. Zac la ve suplicante y ella se da cuenta de la actitud extraña de Clarke, puesto que él nunca vendría a estas horas al menos que ella esté enferma; entonces su mirada se cruza con Zac y éste le asiente—. Padre, Zac y yo estamos juntos desde hace tres años. Nos amamos. Y estoy dispuesta a hacer una entrevista para Hey si es necesario. Y te explicaré qué hacíamos allí, lo prometo.
La respuesta clara y segura de la chica impacta de forma abrumadora el pecho de Clarke, quien sin despedirse, como un niño que no puede controlar sus emociones, sale de allí azotando la puerta.
—¡Bingo! —exclama Zac entre risas.
Y en cuanto Lucrecia corta la falsa llamada, su corazón se acelera esperanzado, pues sabe que le han hecho creer la mentira perfecta.





