Utopías

Courtney

Una hora después de haber espantado a dos colegiales de veinte años que querían ligar conmigo, veía un auto de lujo y descapotable entrar en nuestro jardín.

Asumí que habían llegado mi algunas de mis amigas y bajé corriendo en bikini, total que estábamos en una fiesta de la playa, no veía el problema.

Unos cuantos codasos después, esquivando chicos al borde del coma etílico, llegué a la puerta y salí al jardín esperanzada de ver a mis amigas pero no, era un tío el que estaba bajando dos maletas de su auto.

Tenía un culo que había que mirar. Un shorts a rayas diplomáticas y un poulover blanco de Lacoste, le daban un aire estirado que su pachanga marinera le quitaba, de la risa que daba, al hacerlo parecer que iba a una primera comunión.

— ¿Quieres que me quite la ropa para que puedas verme mejor? — me preguntó el trigueño de ojazos negros y barba tupida, sin mirarme siquiera.

Estaba bueno el gilipollas, pero yo lo estaba más.

— Ya te gustaría que me interesara verte desnudo guapo — mi mojito y yo nos giramos para entrar cuando una pelirroja con sombrero de playa y un muy corto vestido playero se bajó del auto y lanzó furiosa su móvil al suelo, reventándole contra el asfalto mientras gritaba como una loca peligrosa.

El trigueño tenía dueña. Mejor, así no la liamos, pensé.

— ¿¡ Courtney!? — la chica de pelo rojo fuego mencionó mi nombre y cuando la miré, reconocí a Molly y casi tiro el mojito al suelo.

Nos pusimos a gritar de la emoción. Nos abrazamos. Besamos. Pegamos. Reímos y volvimos a gritar de la alegría de reencontrarnos después de tantos años.

— ¿Recibiste mi mensaje? — casi le grité de lo eufórica que estaba de recibir a todas en la casa.

— No Court, vine porque Jhonny me invitó — señaló al bombón de ojos negros que me miraba sonriente — cambié mi número cuando el cabrón de mi ex me puso los cuernos con una zorra que me llamaba para que la escuchará gemir mientras follaban.

— Joder que puta.¿ Sabemos quién es? — ella sonrió — que voy y la mato — le pasé el brazo por los hombros y la empujé para que entrara en la casa.

— ¿No pensarán que voy a entrar todo yo solo eh? — preguntaba Jhonny y Molly lo ignoró, yo fuí hasta donde estaba y lo ví mirarme las tetas directamente.

Me pegué a su oído y mis senos se rozaron con su hombro. Quería molestarlo, el sería un perfecto juguete para mi fin de semana de playa — quien diría que con ese cuerpazo te pensarían tanto dos maletitas. Que pena, yo que quería ver si podías cargarme mientras hacías sentadillas.

Lo sentí respirar fuerte en mi cuello y sonreí por hacer logrado exitarlo.

Me dí la vuelta para entrar y el me tomó de la cintura. Su mano se detuvo sobre mi ombligo y cerré los ojos.

— No juegues conmigo rubia que no me aguantarías ni un asalto — y mordió mi lóbulo mientras subía su mano por mi abdómen hasta debajo de mis pechos — sentadillas es casi nada para lo que podría hacer con tu cuerpo encima de mí.

— ¿Vienes o qué pasa? — me llamó Molly y cuando vió lo que hacíamos resopló — oigan no, no se lien que no quiero perder a nadie en la batalla. Venga separense.

Ella misma nos separó y yo ya estaba decidida a merendarme este pastel que la vida me ofrecía.

Nada más entrar mi hermano, se nos acercó y saludó a Molly, pero me hizo una seña que no era su tipo. Me tomó del brazo y me llevó hacia una esquina.

— ¿No vendrá ninguna rubia? — joder que exigente el chaval.

— Estás pesado Nate, si vendrá una rubia pero está casada, así que mejor enfoca a otro lado. ¿No tendrás algún fetiche guarro de follar con chicas que se parezcan a mí? — me empujó haciendo una mueca de asco y negó.

— Joder Courtney, que asco me ha dado. Me van las rubias, pero buaj, que asco eso que has dicho tía.

— Ay vale vale, que era una broma. Afuera hay un tío que supongo que viene por tí, ¿Vendrán más como el? — me señaló con un dedo y me advirtió que no me acercara a él, sin saber que me había mordido una oreja y acariciado el vientre. Y planeaba hacer mucho más que eso con el.

— Mantente lejos de Jhonny que es experto en follar y nada más.

Madre mía ahora sí me lo pedía para mi fin de semana.

Si era un experto definitivamente tenía que probarlo.

Leslie

Ni una llamada de mi marido. Ni un mensaje, nada.

Que triste es ser ignorada; pero más triste es darle importancia a la gente que te ignora.

Toda la maldita tarde pensando en la mejor manera de solucionar mi vida.

Y solo se me ocurría, disolver mi matrimonio.

Mi hijo lo sufriría un tiempo, pero luego lo superaría y yo, pues tendría que buscar un trabajo y empezar a asumir que la vida es mucho más que estar en casa esperando por alguien que no te quiere y que ni siquiera se molesta en fingir que te respeta.

Aquí, sola y en paz, había recibido un mensaje de Courtney para pasar por una fiesta que uno de sus hermanos daba aquí mismo en los Hamptons, pero no iría.

Mañana la llamaría para ver si podíamos quedar en otro momento, pero hoy no tenía ánimo de salir y menos aún, sería una buena compañía para nadie.

Había pasado la tarde en la playa, después de conocer a aquel hombre en la tienda, había decidido ir a darme un baño al mar y relajarme.

Sería tan fácil salir con alguien así y dejarme llevar, disfrutar de una noche de pasión y ya luego seguir con mi vida, sintiendome en puro empate con mi marido; pero es que entonces no sería más que una cínica que se ofende por algo que termina haciendo.

Ya era de noche, hacía un calor infernal y me había puesto un poulover y mis bragas sin nada más, incluso iba descalza porque me disponía a dormir.

Unos golpes en la puerta me hicieron salir de la cómoda cama.

A dos casas de la mía había una fiesta, que desde mi terraza se veía. Su jardín lleno de autos y gente joven pedo.

Y resultó que una pareja de la fiesta se había confundido y había venido a mi casa, pensado que la cosa era aquí.

En plena noche y tratando de dormir, el escándalo no me dejaba.

Aproveché la parejita perdida y fui con ellos hasta la casa de la fiesta y le dije a quien abrió que por favor llamara al propietario.

Mi sorpresa fue, cuando quien venía en calidad de dueño del fiestón era nada más y nada menos que el castaño guapo que había conocido en la tienda esta misma tarde.

Su mirada recorrió mi cuerpo envuelto en un poulover sin nada de glamour, mi pelo rubio suelto hasta la mitad de mi espalda y mis pies en alpargatas eran lo más vergonzoso de mi exclusivo atuendo.

— Segunda vez en un mismo día es una señal preciosa — el salió y dejó la puerta pegada como si eso fuera a controlar el escándalo que allí había — te dije que si nos volvíamos a ver sería por capricho del destino y saldrías conmigo, haciendo a un lado el hecho de que eres casada.

Dios que rápido hablaba. No me dejaba pensar. Su boca, los ojos divinos, aquel pelo y todo ese cuerpo ahora en nada más que una bermuda te hacían perder la razón.

Tenía mi boca abierta, y no dejaba de mirar toda su bendita anatomía como si fuera una yonki delante del próximo chute.

— Además de mirar también puedes probar lo que quieras — sonreía divertido y yo volví a la cordura.

Cerré mi boca, aclaré mi garganta y me dispuse a hablar...

— No seas grosero — lo regañé, no acaba de aparcar mis costumbres de mami educadora.

— ¿Yo grosero?¡Si te estoy ofreciendo una bebida! — se cruzó de brazos y mordía una esquina de su boca tratando de controlar su risa — ¿No habrás pensado otra cosa verdad?

Lo miré molesta. Entrecerré mis ojos y pasé mi lengua por mis labios para redirigir la conversación.

— ¿Eres tú el responsable de este alboroto? — me crucé de brazos y creo que fue un error, pues eso hizo que mis pechos se levantaran y su vista fuera de mis piernas a mi busto.

— No lo sé, espero serlo. ¿ Que tan grande es el alboroto que sientes? — estaba usando doble sentido conmigo y yo quería esconder mi risa, pero no era fácil.

— ¿Que haces afuera Nate? — una mujer le gritó desde dentro y me sentí arder de furia.

No sé podía ser más descarado. Tonteando conmigo las dos veces que me ha visto y tiene una chica que lo espera.

— Eres igual de miserable que todos — me dí la vuelta para irme, haciendo un ademán de disgusto hacia él, pero su mano tomó la mía y me detuvo.

— Espera, si no me has dicho a qué venías — me solté de su agarre y una mujer apareció por detrás de él.

Cuando la pelirroja me miró y nos reconocimos, no pudimos más que reírnos y abrazarnos con asombro.

¿Que posibilidad teníamos de encontrarnos por azar después de tanto tiempo?

— ¿Que haces aquí y en pijama? Entra ven, quita Nate — le dijo al castaño, empujadolo para entrar nosotras y sentí como me rozó una pierna con su mano cuando pasamos a su lado — deja que Courtney te vea, hasta Allison está aquí. Solo faltabas tú.

Hablaba tan rápido que todo lo que mencionaba era difícil de entender. Me había tomado de la mano y me llevaba casi a rastras por la hermosa casa.

Había gente por dónde quiera, la mayoría jóvenes.

Íbamos esquivando a todos y cuando entramos en una habitación al final del Hall de la entrada, ví a mis amigas de la universidad, que no hicieron más que dar saltos y gritos de alegría, por estar todas juntas después de tanto tiempo.

Justo esa noche, sería el reinicio oficial de nuestra relación. A partir de aquella fiesta, nuestras vidas se entrelazaron con cadenas irrompibles

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