Brynn respiró hondo, calmó el dolor que sentía en el pecho y desvió la mirada hacia la ventana. La cálida luz del sol inundaba la ciudad y las calles estaban llenas de un movimiento constante.
De repente se le vino el recuerdo de cuando el Bufete B&R, ahora tan renombrado, no era más que una oficina pequeña y estrecha. En esa época, ella vendió su única casa para que Richard pudiera pagar el alquiler, y ahora él era dueño de toda la planta. Se acordó de que el día que eligieron esa oficina también estaba soleado.
"¿Por qué no llamamos a la firma B&R?", sugirió Brynn.
"Me da igual", respondió Richard sin ninguna expresión en el rostro. "Puedes ponerle el nombre que quieras".
Ella se lanzó a sus brazos emocionada, solo para que él la apartara sin vacilar, diciéndole: "No me gusta que me abracen".
Aun así, la joven se rio como si no pasara nada. "Pero yo quiero abrazarte".
Una vez, llena de sueños e ilusiones, le prometió a Richard que lo ayudaría a convertirse en el mejor abogado de la ciudad. Sin embargo, él le aseguró que el título no le importaba y que lo más importante era que ella fuera feliz. Brynn, por su parte, cumplió su promesa. Pero todo lo que Richard le dijo no fue más que una mentira.
......
Brynn tenía tantos objetos personales en la firma que se tardó bastante en meter todo en cajas. Durante todos esos años, desde la creación del negocio hasta ahora, había estado detrás de Richard, organizando y gestionando cada detalle. Aunque el nombre de él aparecía en los documentos de propiedad, la empresa también era fruto de todo el esfuerzo y sudor que ella le había puesto.
Los empleados observaban en silencio cómo Brynn empacaba sus cosas, lanzándose miradas de confusión entre ellos, sin atreverse a hacer preguntas. Aunque todos sabían lo que había ocurrido en la boda, ninguno dijo nada, ya que Richard era su jefe, y no se arriesgarían a chismear a menos que quisieran meterse en problemas.
Justo cuando Brynn selló con cinta la última caja y agarró su celular para llamar a un servicio de mudanzas, el aparato empezó a sonar. Era Michelle Yates, la madre de Richard. La joven contestó y frunció los labios.
"¿Hablo con la señorita Morgan?", preguntó con ansiedad el ama de llaves de Michelle. "El señor Yates no contesta su celular. La madre del joven se sintió mal de repente y la llevaron al hospital. ¿Podría venir de inmediato?".
"Está bien, voy para allá", respondió Brynn sin vacilar.
Cuando llegó al hospital, vio a Michelle sentada en la cama, comiéndose una manzana que el ama de llaves acababa de pelarle. Cuando la joven entró a la habitación, el rostro pálido de la anciana se puso tenso con una mezcla de preocupación e irritación. La increpó de inmediato, preguntando: "¿Qué es lo que está pasando entre tú y Richard? ¿Cómo pudiste ser tan descuidada con algo tan importante como una boda? ¿Cancelarla el mismo día? ¿Te das cuenta del escándalo que eso va a provocar?".
A Brynn le empezó a sudar la frente. Ver a la anciana sacar todas las fuerzas que tenía para reprenderla dejaba claro que no estaba tan enferma como le habían dicho; solo estaba furiosa por lo que había pasado en la ceremonia.
"Michelle, por favor, no te alteres", dijo la joven con suavidad.
"¿Cómo esperas que esté tranquila?", soltó la anciana, frunciendo el ceño mientras su respiración se agitaba. "Ambas sabemos que Richard es testarudo e impredecible. ¿Por qué no lo hiciste entrar en razón? ¿Cómo pudiste dejar que hiciera algo tan imprudente?".
Brynn se recompuso y habló con cautela. "Rena saltó de un edificio esta mañana".
Michelle abrió los ojos de golpe. "¿Qué dijiste? ¿Rena está a salvo?".
"Sí, está bien. Richard ya la trajo al hospital".
La anciana se llevó una mano al pecho, con alivio. "Casi me matas de un susto. Gracias a Dios que no le pasó nada".
Una vez que comprendió la situación, se tranquilizó poco a poco y animó a Brynn a solucionar el desastre de la boda para que su hijo no tuviera más problemas. Después de hablar un buen rato, su débil cuerpo se quedó sin fuerzas y se quedó dormida.
"Señorita Morgan, gracias por venir. Yo me ocupo de todo aquí, así que puede volver a su trabajo", dijo el ama de llaves en un tono tímido y de disculpa.
La joven miró a Michelle, quien ya estaba dormida en la cama, y respondió: "A partir de ahora, por favor, no me contactes para nada que tenga que ver con Michelle. Yo...".
Antes de que pudiera terminar, la empleada se apresuró a explicar: "Señorita Morgan, por favor, no se moleste. La señora Yates no quiso decir esas palabras tan duras, solo que es una mujer muy directa. Ella crio a la señorita Davis, así que le tiene más cariño. Pero de verdad usted le cae bien...".
Brynn esbozó una sonrisa débil y dolida. Incluso esa mujer se daba cuenta de la preferencia de Michelle por Rena. "No estoy molesta con ella. Richard y yo ya no estamos juntos, así que los asuntos de él ya no me conciernen. Si surge algo que tenga que ver con ella, contáctalo a su hijo", dijo con calma.
Después de decir eso, se dio la vuelta sin hacer caso a la mirada de sorpresa de el ama de llaves. Cuando salió de la habitación y levantó la vista, vio que Richard y Rena estaban de pie a pocos metros de distancia y le sostuvo la mirada al hombre. Cada vez que lo miraba, no encontraba ningún defecto en sus impecables rasgos.
Esa era la cruda verdad. Si no hubiera sido tan guapo, nunca se habría enamorado de él tan perdidamente.
"¿Por qué no te ocupas de las consecuencias de haber cancelado la boda? La gente no para de llamarme a mí", soltó Richard, frunciendo el ceño.
Brynn sintió un dolor punzante en el pecho al oír sus palabras, comprendiendo por fin que él nunca la había querido. Ese hombre solo necesitaba a alguien que limpiara el caos que dejaba a su paso. Durante años se había convencido ingenuamente de que esos momentos eran una muestra de afecto, una prueba de que él la quería.
Incluso tenían recuerdos felices juntos. Cada uno de ellos era tan precioso para ella que le daban el coraje para seguir adelante después de todas las decepciones. Pero la claridad finalmente le hizo entender que era hora de dejarlo ir.
"Brynn, lamento mucho haber arruinado tu boda hoy. De verdad, te pido disculpas", dijo Rena con una dulzura fingida mientras se aferraba al brazo de Richard. Su voz se suavizó de nuevo. "Richard, mira, ya me disculpé. No vas a seguir enojado conmigo, ¿verdad?".
"Tranquila", respondió él sin rastro de emoción antes de asentir levemente.
El rostro de Rena se iluminó de satisfacción y le lanzó a Brynn una mirada orgullosa y burlona. Esta última le devolvió la mirada con indiferencia. Ya conocía esos truquitos de Rena. En el pasado, Brynn la habría enfrentado directamente, pero ahora simplemente no tenía ganas de pelear, así que desvió la mirada y dijo en un tono neutro: "Vuelvo a la empresa para terminar de empacar mis cosas".
Cuando pasó junto a Richard, este la agarró de la muñeca. Ella se dio la vuelta y se encontró con su mirada fija.
"Necesito hablar...", empezó a decir él.
Antes de que pudiera terminar, Rena se desplomó sobre él, con el cuerpo flácido. El hombre reaccionó al instante y la sostuvo para que no se cayera. "¿Qué pasa?".
"Me estoy mareando. Quizás sea porque hace mucho que no me hacen una transfusión de sangre...", susurró la mujer débilmente.
Al oír la frase "transfusión de sangre", Brynn se puso tensa involuntariamente. Rena vivía con una afección sanguínea congénita que requería transfusiones periódicas. Su tipo de sangre era muy raro, y Brynn compartía ese mismo tipo de sangre.
Cuando esta última todavía era ingenua y confiada, aceptó donar sangre, creyendo que Rena solo era prima de Richard. Después siguió haciéndolo porque creyó que eso haría feliz al joven. En esos primeros tiempos, fue lo suficientemente ingenua como para creer que cualquiera que fuera importante para Richard también merecía su dedicación. Pero, con el tiempo, perdió la cuenta de cuántas veces donó sangre para Rena.
Richard se giró hacia ella sin vacilar. "Brynn, prepárate para otra transfusión. Rena la necesitará pronto".
En ese momento, a la aludida casi se le escapó una risa amarga. Era evidente que ese hombre no solo quería una sirvienta para él, sino también un suministro de sangre ambulante para su amiguita.
"No lo haré", contestó ella con absoluta determinación.
Richard frunció el ceño. "Su condición es grave. Sin una transfusión, podría morir".
"Pues déjala morir", replicó Brynn con calma.





