Una noche, dos frutos

Cinco años más tarde...

Madeline se encontraba trabajando frente a la computadora cuando un pequeñín irrumpió por la puerta con una pila de juguetes en sus manos, y tirando del dobladillo de sus jeans, dijo:

"Mami, ¿quieres jugar conmigo?".

Dándole unas palmaditas suaves en la parte superior de la cabeza, la mujer respondió: "Cariño, lo siento mucho, pero no puedo ahora. Puedes jugar solo, ¿verdad?".

Frunciendo el ceño con disgusto, Benny Powell se dio media vuelta con tristeza, murmurando: "Está bien, no te seguiré molestando".

El corazón de Madeline se hundió ante esa reacción, por lo que trató de evitar que se fuera haciendo un leve gesto con la mano.

De repente, apareció un cuadro de diálogo en la pantalla de la computadora, que decía:

"¡Maddie! ¡Ha llegado un gran pedido!". Tras leer el mensaje

de su agente, la chica se quedó pensando por un momento, hasta que contestó:

"¿De qué se trata? Necesito más información".

"Te enviaré el contacto del cliente para que te dé los detalles, ¿de acuerdo?".

"Está bien", escribió Madeline con una sonrisa.

Al rato, después de conversar alrededor de treinta minutos a través de la aplicación de mensajería instantánea, Madeline finalmente consiguió los detalles del trabajo.

El cliente la quería contratar para desacreditar a Julius Glyn, el distinguido director ejecutivo del Grupo Glyn.

Según la gente, el hombre era un tipo frío y astuto que no estaba interesado en las mujeres ni tenía ninguna inclinación por el juego, las drogas o el alcohol.

En pocas palabras, era un sujeto sumamente correcto e inalcanzable.

No obstante, el cliente le había comentado a ella que el individuo difería mucho de lo que se le había hecho creer al mundo. Según esa persona, todo era parte de una fachada.

De hecho, el señor Glyn le había mentido a la hermana del cliente, llevándola incluso al extremo de intentar suicidarse en varias oportunidades.

Como evidencia, le envió algunas fotos de los brazos de la chica, que revelaban cicatrices y heridas profundas.

En circunstancias normales, su agente verificaría la mayoría de los documentos proporcionados por el cliente.

De cualquier manera, el cliente exigía que esa máscara de hombre perfecto que tenía Julius fuera expuesta al público.

Después de empaparse más sobre el asunto, Madeline, la reina del manejo de la opinión pública en internet, aceptó el caso.

Al día siguiente, debido a la dificultad de su nueva misión, decidió disfrazarse antes de salir de casa.

Mientras tanto, el pequeño Benny la observaba sentado en la cama, balanceando sus piernitas adelante y atrás, e inclinando la cabeza al tiempo que ella se cambiaba de ropa una y otra vez.

"¿Vas a salir, mami?".

Al oír eso, la mano de la joven dejó de abotonarse la camisa, y mirándolo por el reflejo del espejo, contestó: "Sí, bebé, tengo que ir a trabajar. ¿Te parece bien quedarte en casa?".

"¡No, mami! ¡Llévame contigo!", exclamó el chiquillo haciendo un puchero, saltando de la cama para aferrarse a la pierna de Madeline, quien de inmediato detectó que no sería nada fácil convencerlo esa vez.

Al final, el niño podría impedirle salir...

Entonces, sintiendo un ligero dolor de cabeza, trató de persuadirlo de otra manera. "Cariño, voy a salvar el mundo venciendo a los malos. Eres demasiado joven para acompañarme".

"¡Guau! ¿Mami, eres una superheroína? ¿Vas a enfrentarte a los tipos malvados?".

"Sí, lo soy", dijo ella, esforzándose por no reírse.

Allí, mirándola con adoración, Benny cambió de opinión y le indicó que se fuera.

Antes de marcharse, Madeline le repitió varias veces que no le abriera la puerta a nadie, y que no se acercara a ciertas áreas de la casa. Después de todo, más tarde la niñera usaría su llave para entrar.

"¡Sí, mami, ya lo sé! Tienes que dejar de molestarme. ¡Ya vete! ¡Adiós!".

Dicho eso, cerró de un portazo, dejando a Madeline inmóvil durante unos segundos antes de que se diera cuenta de lo que acababa de ocurrir. A decir verdad, le divertían las acciones del chico.

Pasada media hora, Madeline apareció frente a la sede del edificio del Grupo Glyn, luciendo encantadora.

Ya había enviado su currículum al sitio web oficial de la compañía la noche anterior, postulándose para el puesto de asistente temporal del director ejecutivo. Para su sorpresa, la habían llamado bastante rápido para agilizar su contratación.

A pesar de que apenas llevaría tres días trabajando en ese puesto, era mucho tiempo para ella.

Ya en las instalaciones de la empresa, Madeline tomó el ascensor hasta el último piso, actuando como si hubiera estado allí antes.

El ascensor pronto se detuvo con un suave tintineo. Entre la gente que se apretujaba para salir, la pobre iba tambaleándose y sin poder caminar erguida por culpa de sus tacones altos. De hecho, casi tropezó al no poder mantener el equilibrio, arriesgándose a lesionarse el tobillo.

"¿Qué ocurre con toda esta gente? Realmente son... ¡Argh!".

En el pasillo, la joven se estaba arreglando la falda cuando de pronto la multitud se emocionó mucho.

Siguiendo la mirada de todos, Madeline vio a una figura alta que se acercaba desde la distancia.

"¡Oh, Dios mío! No puedo creer esto. ¿Ese es el director general? ¡Este es nuestro día de suerte! ¡Al fin podremos conocerlo! ¡Es increíblemente hermoso!".

Enseguida los ojos de Madeline se agrandaron cuando escuchó esas palabras clave, y al notar que la persona se acercaba, no pudo evitar tragar grueso.

Las fotos que le habían mandado no se parecían en nada al hombre que tenía en frente.

¡Julius era cien veces más atractivo en persona que en fotos!

No era de extrañar que la hermana del cliente estuviera tan loca por ese tipo.

Sacudiendo la cabeza, Madeline suspiró profundo, recordándose a sí misma que ese hombre era una escoria que había jugado con los sentimientos de una chica indefensa.

Sin importar lo guapo que fuera, siempre que la palabra 'escoria' estuviera asociada con él, lo detestaría con su alma.

Una vez que el hombre se fue, todos los empleados se dispersaron, menos Madeline, que siguiéndolo de cerca, se subió un poco la falda y sostuvo su cartera con seguridad mientras mantenía la cabeza gacha.

"¿Es la nueva asistente?".

Como no había previsto que Julius se detuviera y se diera la vuelta, Madeline se estrelló contra el pecho del hombre.

"Oh... Mmm... sí, hoy es mi primer día".

Dando un paso atrás frotándose la nariz con la palma de la mano, Madeline le sonrió.

Por su lado, Julius frunció el ceño y la miró con indiferencia. Luego, la examinó de arriba abajo hasta posar su mirada en la falda corta de la chica.

"¿Está segura de que no ha venido al lugar equivocado?", soltó.

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