Poniéndose nerviosa, y sin saber si lo había malinterpretado, Madeline sacó su carnet de identificación de la empresa para mostrárselo con una sonrisa: "No, mire... Trabajo aquí".
"Oh, ¿en serio?", replicó Julius, quitándole el carnet de la mano para verificarlo. "Mmm... bueno, desafortunadamente para usted, está despedida. Por favor, salga de aquí de inmediato".
Semejante declaración dejó a Madeline boquiabierta. ¡Hasta se había aplicado su mejor maquillaje para verse lo mejor posible!
¿De verdad no estaba interesado en una mujer elegante y bien arreglada?
"¡Espere un minuto!", exclamó la chica al volver a sus sentidos, corriendo a detener a Julius.
"¿Puede al menos decirme la razón por la que me acaba de despedir? Considero que no está bien echar a un empleado solo por su apariencia. ¡No puede pasar por alto mis notables capacidades para el trabajo!".
Sacudiendo la cabeza, Julius se dio media vuelta para responder: "¿Se vio en el espejo antes de venir aquí? ¿Por qué se viste de esa manera? Su mera presencia puede afectar la eficiencia y el enfoque de nuestra fuerza laboral masculina".
"¿Ah? ¿A qué se refiere con eso?", preguntó Madeline con cara de sorpresa, ajustando el pronunciado escote de su camisa. La verdad era que no se había dado cuenta de que si tiraba un poco más de él, sus senos redondos quedarían expuestos.
"Bueno, eche un vistazo a su alrededor y dígame qué opina", contestó Julius, viendo hacia otro lado.
Siguiendo la mirada del hombre, Madeline notó que todos los empleados masculinos parecían estar comiéndose su curvilínea figura con los ojos.
Tanta atención provocó que la joven se pusiera roja como un tomate por la vergüenza. Aun así, se le ocurrió una brillante idea. Entonces, miró a cada uno de los sujetos presentes y gritó: "Además de mi gran talento, confío en que también podría mejorar la eficiencia laboral de la oficina si me permite conservar mi trabajo".
Alzando una ceja, el interés de Julius se despertó, por lo que cruzándose de brazos, le pidió que continuara.
Satisfecha con su reacción, la chica se volteó hacia los empleados varones para pronunciar las siguientes palabras: "Tendré una cita con quien cumpla con sus labores primero hoy".
Su audaz oferta funcionó de inmediato, pues en cuestión de segundos, todos comenzaron a teclear vigorosamente frente a sus computadoras, sumergiéndose en sus trabajos con entusiasmo.
A su lado, Julius le dedicó una leve sonrisa antes de darse la vuelta para irse.
Sin embargo, Madeline no iba a dejar escapar la oportunidad, así que volvió a alcanzarlo para consultar con una risita nerviosa: "¿Entonces... puedo recuperar mi trabajo? ¿Qué dice, señor Glyn?".
Sin detenerse, Julius le arrojó el carnet de empleada.
Él era un hombre inteligente que no rechazaría a nadie que fuera útil para su empresa.
Aturdida, Madeline recogió el carnet, y observó a Julius entrar a su oficina mientras trataba de procesar todo lo que acababa de suceder. Luego, apretando los puños con una sensación de júbilo, se animó a sí misma en silencio.
La mujer creía que era solo cuestión de tiempo para que Julius cambiara su actitud indiferente hacia ella.
Casi una hora después, su apuesto jefe salió de la oficina con un maletín en la mano. Al verlo, Madeline se quedó sin aliento por el asombro.
¡No esperaba que terminara su trabajo tan rápido! Julius caminaba con gracia hacia el ascensor con su habitual expresión de indiferencia, al tiempo que Madeline sonreía ante la agradable sorpresa que se había llevado.
¡Las cosas habían resultado exactamente como ella las esperaba! ¡Ya ni siquiera necesitaba pensar en cómo lidiar con esos sujetos aburridos de la oficina!
Acto seguido, se miró rápidamente en el espejo, agarró su cartera, y corrió a su encuentro.
"¡Señor Glyn! Como yo soy una mujer de palabra, me complace informarle que es el primero en terminar su trabajo el día de hoy. Dígame, ¿a dónde me llevará en nuestra cita?", le lanzó con una brillante sonrisa.
Resoplando con desdén, él replicó con frialdad: "¿Salir conmigo?".
"¡Sí! Será un placer tener una cita con usted".
Apartando la mirada, Julius miró su reloj antes de decir: "Lo siento, pero no me interesa. Además, tengo cosas más importantes que hacer".
Tan pronto como el chico terminó de hablar, el ascensor llegó a la planta baja, y salió del mismo dejando a Madeline petrificada. De alguna manera estaba convencida de que había una chispa entre ellos a pesar de su negativa inmediata.
A fin de cuentas, a lo largo de su vida ella se había topado con muchos hombres que decían una cosa cuando en realidad querían otra, así que el rechazo de Julius no era gran cosa para Madeline, que después de recuperar la compostura, continuó persiguiéndolo.
"Señor Glyn, ¿por qué no lo reconsidera? Soy una mujer que sabe cumplir órdenes. No se preocupe, si en algún momento quiere terminar la cita, me iré sin problemas. No hay nada de malo en invitarme a una comida sencilla y ver qué pasa. ¡Tal vez disfrute de mi compañía!".
Dejando de caminar, Julius le lanzó una mirada penetrante, diciendo: "Nos vemos en la puerta de la empresa mañana a las seis de la tarde en punto. No me haga esperar".
¿Qué? ¿Finalmente había accedido a salir con ella?





