Una CEO Despiadada

— Cariño, aguarda un momento...

—Haz acariciado su cuerpo, para luego ir a mi lado y dedicarme tiernas caricias, ¡Eres repugnante!

—Llevas un mes haciéndole el amor a mi supuesta mejor amiga, para luego ir a mi lado...

—Jamás te he hecho el amor, Alondra... ¡siempre te has negado!

—¡Sabes perfectamente lo que me pasó!— dijo indignada— Esa es una excusa barata y muy cruel para intentar ocultar tu infidelidad, bien pudiste terminar la relación si no te sentías satisfecho a mi lado.

—Alondra, te quiero, sé que suena ilógico, pero te amo— Megan lo miró con ojos enormes—eres encantadora, dulce, sujeta, cariñosa, cualquier hombre moriría por hacerte el amor, cualquier hombre querría tenerte

—¡Eres asqueroso!— le dijo sintiendo dolor de cabeza.

—Alondra, permiteme un momento...

—Cállate Megan, espero no verles jamás en mi vida, sigan en lo suyo, lamento haberles interrumpido.

—Espera, preciosa.

—¡Váyanse al infierno par de cretinos traidores!— Cerró la puerta con fuerza y salió corriendo del apartamento, Paul saltó de la cama pero cuando llegó a la puerta no había rastro de ella.

—¡No puede ser!—dijo enojado mientras golpeaba con desesperación la puerta.

—No lograrás nada maltratando mi puerta— cuándo él se giró, allí estaba Megan, envuelta en una sábana, con el cabello despeinado y los labios enrojecido, así como los ojos llenos de lágrimas, le dolía haber traicionado a Alondra, era su amiga y la adoraba, solo que... nunca tuvo valor suficiente para decirle que se había enamorado de su prometido.

—Lo hemos arruinado todo, la hemos lastimado, no nos perdonará nunca— dijo con voz quebrada.

—He perdido a mi mejor amiga— dijo Megan sollozando, mientras se dejaba caer al suelo.

—Yo he perdido a la mujer que amo, a mi prometida— dijo mientras las lágrimas corrían por sus mejillas. Megan lo miró y su corazón se estrujó de pena. Él la amaba a ella, a Alondra, ella sólo había sido un desahogo para él. Lloró con más fuerza, porque ella si lo amaba profundamente, de no ser así jamás hubiese arriesgado su relación con Alondra, era una tonta, una completa tonta, Paul nunca la amaría.

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Alondra, corrió hasta subir a su Saab y ponerlo en marcha, las lágrimas nublaban su vista no le importó y aceleró, la velocidad no lograba calmar la desilusión que sentía, necesitaba llegar a casa, refugiarse en su madre o en su hermano, necesitaba el consuelo de personas que sabía que jamás la traicionarían.

Se preguntaba ¿cómo era posible que le ocurriera aquello? su novio, su prometido, el hombre que amaba y por el que hubiese dado la vida si fuese necesario, el hombre con quien había planeado su futuro, su vida entera, con hijos, el hombre con el que anhelaba envejecer y poder recordar lo felices que había sido de jóvenes, no lo podía creer, esto era su peor pesadilla, los sollozos eran cada vez más fuertes.

Y Megan; su "mejor amiga", la mujer a la que consideraba más que una amiga; su hermana, esa que nunca tuvo, con la que había compartido desde su adolescencia, la que la había abrazado en tantas noches de tristezas por la pérdida de su padre, a quien le había abierto las puertas de su casa, de su corazón, de su alma...

Se sentía burlada, sentía que había perdido a dos de las personas que más amaba, y las había perdido el mismo día, no aguantaba tanto dolor en el pecho, no creía que era posible sentir tanta desdicha.

El hombre que amaba y la mujer a la que había entregado toda su confianza se habían burlado de ella durante un largo mes.

Presionó nuevamente el acelerador mientras sollozaba con desespero, necesitaba llegar a casa y refugiarse en los brazos de su madre, quería que alguien le dijera que todo estaría bien.

Abundantes lágrimas nublaban su vista, las limpió con el reverso de la mano pero fue inútil, ya que nuevas lagrimas suplantaron las anteriores, observó que unas luces se acercaban con velocidad, una fuerte colisión, un punzón de dolor y luego... oscuridad.

Paul, se mantuvo cabizbajo mientras estaba de pie, completamente inmóvil frente a la puerta que daba a la salida.

—Esto ha sido horrible— escuchó como Megan comenzaba a llorar— no nos perdonará nunca, la hemos perdido para siempre.

—Hemos sido unos absolutos tontos Megan, nunca voy a perdonarme haber lastimado de esta manera a Alondra que es un alma tan noble, tan buena, jamás le ha hecho daño a nadie, ¿Cómo pude lastimar a la mujer que amo?— dijo con profundo dolor.

—¿Cómo puedes decir que la amas?,somos amantes, no te hagas el tonto, entiende que a mí también me duele pero no nos perdonará nunca, yo te amo Paul. Sé que lo que le hemos hecho es la peor de las traiciones pero podemos salir adelante juntos; yo te tengo y tú me tienes.

—No te equivoques lo nuestro ha sido sólo sexo. Yo amo a Alondra, voy a recuperarla como sea, voy a casarme con ella, y si es necesario voy a rogarle de rodillas que me perdone, me arrastraré suplicando perdón, es a ella quien amo, ella será mi esposa y ha sido una completa tontería traicionarla, todo por no poder controlar nuestras pasiones, me duchare e iré a buscarla y a suplicarle perdón y tú deberías hacer lo mismo.

Megan, se quedó allí observando como él desaparecía en dirección a la habitación, sintió ganas de gritar, se sentía traicionada. Desde un principio supo que era el novio, el prometido de su mejor amiga pero, no había podido evitar enamorarse de él. amarlo en cuerpo y alma había sido una bendición y ahora él se plantaba frente a ella asegurando que no la amaba, después de haber hecho el amor durante todo un mes, estaba abatida, destrozada porque tal y como Alondra le había gritado a la cara, ella también en un momento había perdido a los dos seres que más amaba.

Media hora más tarde, Paul estaba listo para ir tras Alondra en busca de perdón, Meganno hacía más que llorar al ver cómo él hacía planes de irse tras ella, pero él no le daba mayor importancia en ese momento. No podía negar los fuertes sentimientos que tenía hacía Megan quién era apasionada, complaciente en todo, era ardiente, fuego en la cama, la satisfacción de cualquier hombre, pero lo que sentía por Alondra era más fuerte, pero ahora, la prioridad era Alondra.

Estaba por marcharse cuando su celular timbró, sorprendido observó que era la madre de Alondra.

—Hola.— respondió temeroso.

—¡Oh Paul, hijo mío!—la escuchó llorar desesperada y su corazón se detuvo momentáneamente— ha ocurrido una desgracia.

—Carol... no... no entiendo.

—Mi hija, Paul, mi hija tuvo un accidente, se está muriendo, debes venir a la Clínica La Esperanza— no escucho más, había dejado de respirar, el oxígeno no llegaba a su cerebro.

Alondra, su Alondra, estaba muriendo...

Cortó la comunicación cuando escuchó los gritos de Megan, corrió a su encuentro. Ella gritaba y lloraba desconsolada, su celular en la mano.

—Megan...

—Oh no Paul, Henrry... Alondra, Alondra...— gimoteó.

—Carol me ha llamado— dijo con voz entrecortada y sus ojos produciendo lágrimas— vamos, debemos llegar a la clínica.

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