Si, era mi culpa por la falta de puntualidad. Pero el, y su forma de hablarme era tan agh.
El teléfono vibro en mi bolsillo haciéndome respingar en el lugar mientras me sentaba de nuevo en el escritorio. Derrotada y regañada. Para ponerle la cereza al comienzo del día, y de la semana. Saque el celular leyendo el mensaje de mi madre.
"Estamos bien, tu papa esta sonriendo en el sofá gracias al show de los Jackson, amamos la televisión, gracias hija, te amamos". Cita en su mensaje y una sonrisa se desliza en las mejillas. Sonrojándome, casi provocando que los ojos se me aguaran con ganas de llorar de inmediato. Impidiéndome pensar en otra cosa, mas que en la felicidad de mis padres por un minuto.
Termino con el emotivo momento poniéndome a trabajar y adelantando algunas citas de el señor Eduardo. Vienen a verlos varios accionistas que se interesan en invertir en la empresa aun mas, y el acepta varios tratos, así como, rechaza otros. Me llama a la hora del almuerzo para mandarme a traer su pasta con raviolis y me asqueo de nuevo al ves que es pasta. Sino fuese por esa hora que hace de gimnasio todas las tardes, ese hombre estuviese rodando a estas alturas de la vida.
Me tome un momento para almorzar una deliciosa hamburguesa que el pago, porque al ser su secretaria me permite cargar mis comidas a su cuenta, y eso es algo que no suelo desperdiciar. Así que me enamoro de los sabores almorzando en mi escritorio, mientras tecleo varios correos en la computadora, que serán enviados el día de mañana. Quedan programados y cierro la pestaña, centrando toda la atención en la comida. Cosa que, no veo de inmediato donde la deje y palidezco. Creyendo que lo he tirado todo al suelo.
- Hola tu. - Enrique me saluda desde las sillas del frente y suspiro cuando veo la bandeja en su mano. Agradeciendo al cielo que no hice un desastre mas en esta oficina. Miro la hamburguesa gorda y rellena de forma celestial y el se ríe caminando hacia mi lugar para entregarme la bandeja y yo le doy un mordisco de lleno a la hamburguesa de inmediato, sin perder tiempo. Me veo como una persona con hambre? Si. Y la verdad es que, ni a Enrique ni a mi, nos importa.
- ¿Qué estas haciendo en este piso? - inquiero después de pasar toda la comida que hay en mi boca. El no deja de reírse y giro los ojos ignorándolo. Se burla porque como como una loca.
- Vine a ver como estabas. Ayer no me respondiste los mensajes después que tu y Yuli salieron del club en el taxi que les pedí. Me preocupe mucho. Gracias al cielo que vinieron hoy a la oficina, porque de contrario me hubiese preocupado el doble Ada.
- Es que hacia mucho sueño - forme un puchero con los labios -llegamos, nos cambiamos y cambiamos rendidas. Yuli se quedo en mi casa, pero esta mañana con lo ebria que seguía no escuche cuando me llamo para venir a trabajar y llegue tarde. Pero todo salió bien... Gracias por preocuparte.
- No es nada. Pero es importante que siempre que regresan a casa avisen. O que al menos me permitan llevarla. Yo estaba sobrio. - me guiña un ojo y pone las palmas en sus bolsillos del traje.
Enrique es muy amable. Y es como un mejor amigo para mi. Fue uno de los que me acogió en la empresa como una mas desde que entre y se lo agradezco muchísimo. No lo piensa dos veces a la hora de mostrarme como hacer las cosas. El es un apuesto diseñador y publicista. Tiene los mejores oufits en la empresa después de Eduardo.
- También venia a invitarte a almorzar, pero veo que te has adelantado como todo el tiempo.
- Me da un poco de hambre y no lo pienso dos veces para comer - confesé dejando a un lado la bandeja y dándole un sorbo al refresco.
- Bueno, un día de estos vendré antes de que el hambre te ataque. Ya veras. - reto.
- Eso veremos - le devolví la mirada desafiante, cosa que nos hizo reír a ambos y Enrique se alejo un poco hasta la puerta del ascensor.
- El señor Orlando vendrá el viernes. Quiere que le hagas el trabajo de contratar una asistente. Esta semana estamos llenos y no podemos darnos el lujo de perder personal. Te encargaras de eso y hazlo rápido, supongo que ya lo hablo con Vecna para que no tengas problemas en ocuparte de ello unas horas . - susurro el apodo y me contuve de no carcajearme. Le decía así a Eduardo por su cara de malvado. Y también por estar siempre como si odiara a todos.
- Seguro que lo hizo. Intentare adelantar algo de trabajo cuando este libre y conseguiré las vacantes antes del viernes. - conteste.
Enrique asintió y salió de la oficina subiéndose al ascensor.
Tome todos los papeles que necesitaba, di un sorbo mas al vaso con coca- cola, y me encamine al ascensor. Iría a mi hora de descanso a leer los informes y hacer varias a notaciones para entregárselos antes de que se fuera al gimnasio.
Las puertas del ascensor se abrieron dejándome en el primer piso. Donde salude a varias de mis compañeras y algunos vigilantes. Una mujer exótica entro con un abrigo de piel atravesando las puertas de la entrada a la empresa revoluciono en el lugar. Atrayendo muchas miradas. Unos lentes tapaban sus ojos, esos que a los lados podía verse un delineado de gato tan exótico como ella. Su caminar era sofisticado y yo de inmediato me eche a un lado para permitirle el paso al ascensor porque mi cuerpo estaba atravesado de cierta forma en el lugar, después de pedirle algo a la recepcionista y esta asintiera. Se abrió paso al ascensor. Ese que abordo sin rodeos dejándonos a todos con la boca abierta desapareciendo ¿Quién era ella? ¿A donde iba?
- ¿A donde vas? - El guardia de la recepción me pregunto, cuando recogía mi abrigo del esquinero. Poniéndomelo por encima de la cabeza y cubriendo mi cuerpo enfundado en una falda negra de tubo y largas piernas con zapatos medianamente altos.
- Iré a la hora de recreación. Ya sabe, pensar y trabajar mejor. - le mostré los papeles en mi mano y atravesé el camino hasta las puertas.
Cuando salí, de inmediato el frio clima me dio de llano en la cara. Congelando varios músculos de mi rostro. Tuve que correr hasta resguardarme en un establecimiento de cafés junto a la empresa.
- Hoy no habrá buen clima...- susurre dejando caer mis brazos a los lados algo derrotada.
Esperaba que el jefe no pidiera nada a esta hora, porque con este clima solo podía agarrar rápidamente un resfriado.
La empresa Polls General Advertising Agency. Donde cualquier publicidad de tus sueños puede ser creada. Si. A eso nos dedicamos. Eduardo es el diseñador principal, siempre esta creando excelentes diseños y todos sabemos que nadie es mejor que el, por algo sus padres se fueron dándole la empresa en sus manos. Sabían lo bien que el iba a trabajar. Y esta empresa salió mas a flote gracias a el y los perfectos tratados que ha hecho.
Camino envuelta en el abrigo de pelos, a paso apresurado intentando llegar hasta la biblioteca que queda a unas tres cuadras lejos de la empresa. Pongo el cronometro de una hora en el reloj y dejo que empiece el conteo. Cuando sea la hora debo regresar.
Me senté en la segunda mesa frente al gran ventanal que mostraba cómo caía la nieve sobre el suelo y las calles, cubriendo gran parte impidiéndole el paso algunos autos.
El primer papel estaba sobre los otros, primero haría todo lo de la oficina y después hojearía los libros.
"Contrato de publicidad a la empresa de Rick Borg."
Así fue como comenzó el contrato que pase de inmediato cambiándolo por otra hoja con las condiciones que querían para cumplirse al pie de la letra dentro de los límites establecidos según ellos, los empresarios suelen exigir demasiadas cosas todo el tiempo, y tontas, como utilizar el uniforme que ellos quieran, venir a la empresa y usar todas las instalaciones, y otras mas serias como las recompensas y ganancias por las publicaciones o si se llega a romper el contrato con ellos.
El teléfono sonó y creí que era por la alarma. Lo tomé rápidamente entre los dedos al igual que los papeles, y me levanté de inmediato, mirando la pantalla del celular mientras caminaba a la salida para echarme a andar hacia la empresa.
Para mí sorpresa, era una llamada de el jefe Eduardo. No tarde en contestar oprimiendo el botón verde para atender a su llamada.
- Señorita Ada. - su voz audible se escuchó de inmediato, en el otro lado de la bocina.
Algo malo había sucedido y eso era seguro.
- Habla ella, ¿Qué ocurre? - pregunté temerosa. Sintiendo como cada fibra de mi cuerpo temblaba, a medida que me alejaba de la biblioteca con camino a la empresa. ¿Por que motivo estaba llamándome?
- Necesito que venga conmigo para hacer unas cosas. ¿Puede? - preguntó.
Me corazón aleteo en todas las direcciones posibles. Estremeciendo los pedazos dentro de mí. Sin entender que ocurría exactamente, pude escuchar cómo mi boca pronunció un corto sí. Y seguidamente indiqué mi dirección. Cosa que el no tardó en atisbar finalizando la llamada y llegando en menos de nada.
Mi cuerpo estaba en shock. Sin comprender porqué el jefe Eduardo quería mi compañía. O mi ayuda, como dijo el que me me necesitaba. ¿Qué cosas? Jamás nos habíamos visto más que en las paredes de la empresa. Aparte de que hoy solo recibí un regaño de su parte. ¿Qué le pasa? Estaba olvidando lo mucho que detestaba tenerme a su lado, o eso era lo que yo notaba alenguas. A través de esos costosos trajes y cualquier cosa que llevara consigo. Demostrándome toda la imponencia y superioridad que tenia hacia mi.
Bajó del auto sin ninguna prisa, flexionando sus fornidos brazos para quitarse los lentes negros que cubrían sus ojos. Me sorprendió al verlo acercarse hasta mí directamente.
¿Tiene un perfume nuevo? ¿Por qué hoy lo noto distinto?
- Señorita Ada, ¿me acompaña? - abrió la puerta de atrás y me hizo un ademán para que entrara en el auto.
Tragué tan grueso que creo haber compartido el sonido de mi saliva con todos. Específicamente con el jefe Eduardo. Cerró la puerta dejándome dentro y sentí como si una piedra cayera en mi estómago cuando de reojo ví ese abrigo en el asiento de al lado. Y no tardé en mirar hacia el frente, encontrando a la sexy mujer de caminar sensual, postrada en el asiento del copiloto. En total confianza.
- Me llamo Mónica, soy la tía de Eduardo. Hermana de Francisco Polls. - dejó en claro extendiendo parte de su palma para apretar la mía.
Una enorme o se formó en mis labios sin poder contenerla. Se veía muy joven. Y hasta podría dudar si la información que me da es real. Estaba ahora sí, en shock.
- hola - pronuncié regalándole una sonrisa nerviosa mientras me soltaba la mano y se enderezaba en su asiento luego de darme un asentimiento con su cabeza. Estaba convencida de lo perfecta que era esta mujer, destilando sensualidad y elegancia en todos los aspectos.
Eduardo subió al auto, para empezar a manejar con dirección contraria por donde ambos vinimos.
¿El va a matarme?
- ¿A dónde vamos? - pregunte sin pensarlo, las ganas de saber a dónde iba todo esto me carcomían.





