Ante esa pregunta no pude responder, como idiota me baje antes que las puertas se cerrarán y la seguí. Ella camino entre los autos deteniéndose al lado de uno de color blanco, era bastante grande el vehículo, abrió la puerta trasera y se subió, yo me acerqué para verla.
─¿No entraras? –me preguntó con un tono coqueto.
─Sí –contesté un poco entorpecido.
Me senté sobre el asiento y cerré la puerta, al cabo de segundos ella estaba sobre mi besándome, mis manos por inercia se aferraron a sus glúteos, en ese momento me di cuenta que ella andaba sin cuadros, más me excite, la agarre de sus cadera y la corrí hacia atrás, para yo poder desabrocharme los pantalones, me baje tanto mis pantalones como el bóxer dejando libre mi longitud, ella al verlo lo acaricio y se acomodó sobre el dejándose caer, yo no podía creer lo que estaba pasando, lleve mi mano derecha hacia su cuello desatando el nudo de los tirantes del vestido, sus pechos quedaron libres frente a mi rostro, ambas manos ascendieron para acariciarlos y jugar con ellos, observaba que mi tacto no solo creaba un impacto en mí, sino que ella a su vez disfrutaba de mis caricias, acerque mi rostro para besarlas, lamerlas y apretar sus pezones con mis labios, al realizar ese acto escuché un leve gemido escapar de su boca.
Los movimientos provocados por ella me daban tanto placer que no me pude contener y comencé acelerar el ritmo, en ese instante mis manos estaban es sus caderas, sus hermosos relieves saltaban por el impacto que realizaba, mi respiración se comenzó a dificultar, el momento estaba llegando y como un choque eléctrico llego el orgasmo, dejando que liberara un gemido, seguí el movimiento, pero ahora era lento y prolongado, al mirarla me di cuenta que ella también había llegado a su clímax, ella tomó un paño, se bajó de mí y me dijo:
─Gracias por tus servicios, puedes retirarte.
─¿Qué?. –A pesar de que fue un momento impactante y excitante esas últimas palabras me dejaron en shock.
─Puedes retirarte –me repitió ella de manera fría mientras se arreglaba el vestido.
Sin decir nada más, me baje del auto, cerré la puerta y caminé hasta el ascensor, este se detuvo en el primer piso en donde me baje, retire mi chaqueta y salí del casino, luego me acordé de Rodrigo por lo que le mande un mensaje mencionando que volvía a casa.
Mientras caminaba a casa con la mirada en el suelo iba analizando lo ocurrido, por momentos me ponía feliz y en otros me daba mucha rabia, ya que me sentía usado, llegué a uno de los semáforos que estaba en rojo, así que me detuve cuando de repente escuche una bocina sonar, me giré y era ella en el auto blanco, me hacía señas por lo que decidí acercarme.
─¿Qué quieres?. –Me sentía molesto.
─Pedir una extensión de tus servicios, ¿se puede?. –Ella era muy ardiente hasta para hablar.
─No entiendo de que hablas, ¡explícate!. –Ya había entendido, pero quería que se esforzara un poco al menos.
─¿Quieres ir a mi departamento para terminar con lo que empezamos?. –La tentación era muy grande, tanto que acepte.
─Bueno, pero luego tendrías que venir a dejarme. –Me subí al auto.
─Está bien, yo te vendré a dejar. –Durante el recorrido no podía dejar de mirarla, era muy hermosa y sexy, por lo que me vi tentado a colocar mi mano en su pierna –. ¿Qué haces?.
─Nada, solo conduce, ¡concéntrate!. –Mi mano empezó a subir lentamente hacia su entre pierna, la cual seguía libre y estaba húmeda.
─Haces que me desconcentre, ¡mantente quieto! –solicitó ella, pero no lo iba hacer, introduje dos dedos en su interior, los cuales sacaba y metía de forma lenta, me encargaba que mi mano rozara su sentir.
─¿Te molesta?, ¿dejo de hacerlo? –pregunté aun sabiendo su respuesta, sus caderas iniciaron a menearse con el tacto, sus piernas se contraían por el placer que le provocaba, su cara expresaba su sentir, ya que se mordía los labios.
─¡Nooo!, ¡mmm!, no quiero que te detengas. –Habíamos llegado al estacionamiento de su departamento.
Al detener el auto, se desabrocho el cinturón y se subió sobre mí, me desabrocho el pantalón, le ayude para que me bajara la ropa, se giró dándome la espalda y con su mano se ayudó a colocar la bandera. Ella estaba con sus piernas juntas lo que aumentaba el roce en cada embestida, sus movimientos eran rápidos, yo estaba con el respaldo normal; por lo que mis manos fácilmente alcanzaron sus montes, mis dedos apretaban de una manera suave sus pezones, los rozaba y de nuevo los presionaba, al hacerlo ella aumentaba el ritmo.
Mi momento estaba por llegar, la afirme de sus caderas y me concentre en ello, cuando este llegó la escuché dar un fuerte gemido tras un golpe en el tablero, se quedó sobre mí un momento para recobrar la respiración, luego abrió la puerta y salió.
Ordené mi ropa, mientras la observaba pasearse por delante del auto, ella abrió la otra puerta sacó las llaves del auto y su bolso, me baje y cerró con llave, caminamos hasta el ascensor, ella apretó el botón para que este llegará.
─Vivimos cerca, así que no tendrás que llevarme –le mencioné en tanto observaba su espalda.
─Qué bien, no tenía muchas ganas de salir de nuevo –me contestó ella de manera fría.
Al llegar el ascensor nos introdujimos en el , ella apretó el número siete y luego se acercó a mi sin decir nada, una mano la apoyo sobre mi pecho mientras que con la otra la colocó entre mi cuello y cabellera, su beso era delicado, sin embargo, se percibía su deseo, mis manos las puse en su espalda, su piel era extremadamente suave, escuché que las puertas se abrieron y bajamos del ascensor, ella me llevaba tomado de la mano, se detuvo al final del pasillo donde abrió la puerta, el departamento era bastante amplio, su comedor era para ocho personas, su cocina tenía una isla, sin considerar los pasillos con las tres habitaciones espaciosas y los dos baños.
Deje mi chaqueta sobre el sofá, ella dejo su cartera sobre la mesa de comedor, de pie junto al sofá la observaba, se había desabrochado los tirantes del vestido dejándolo caer por completo al suelo, pude apreciar su bello cuerpo, las curvas de su cintura y su cadera hacían que quisiera recorrerlas con mis manos y mis labios, sus pechos eran grandes, pero no exagerados, rellenaban perfectamente mis manos, estaban levemente caídas, sin embargo, no representaban su edad, su intimidad estaba depilada por lo que podía observar cada detalle de ella, comenzó a caminar hacía mi muy lento, cuando llegó sus manos se dirigieron a mi camisa, la desabotonó, metió sus manos debajo de ella sobre mis hombros y la dejo caer al suelo, siguió con mi pantalón, sus movimientos eran sorprendentes, esa lentitud excitante y a la vez rapidez eficiente me dejaban loco.
Desnudo, incluso descalzo me encontraba frente a ella con mis manos a mis costados, ella me empujó hacia el sillón dejándome acostado, su mano se posó sobre mi muslo y la otra se dirigió hacia mi longitud, acaricio desde la punta hasta su final, de arriba abajo y su muñeca hacia un pequeño movimiento circular que provocaba cambios de presión, provocando que mi erección se mantuviera más dura, fue cosa de segundos para que acercara su boca a jugar, primero paso su lengua por mi punta, luego la deslizo hacia el final de mi longitud, prosiguió con introducirlo en su boca y al sacarlo succionaba, mi excitación, mi respiración aumentaban con cada cosa que ella me hacía.
Segundos antes de llegar a mi cielo ella se detuvo, se colocó de pie y se acomodó sobre mí, en ese momento no me permití tomar la iniciativa en cuanto al cambio de posiciones, ya que ella era bastante decidida, solo me dejé llevar por sus actos, sabía que si lo hacía, ella iba a obtener su cometido.
Al acabar ella se levantó y se perdió en el pasillo, imaginé que se había dirigido al baño, yo me levanté y comencé a vestirme en cuanto escucho:
─¿Qué crees que haces?. –Levanté la vista y ella estaba apoyada en la pared con un babydool blanco.
─Me estaba vistiendo para irme –le contesté un poco ruborizado, ya que me imaginaba lo que seguía.
─Lo siento, pero aún no tienes permitido retirarte de mi departamento. –Ella se acercó a mí caminando despacio.
─¿Cuándo podré hacerlo? –le pregunté con una sonrisa pícara
─Después de que hayas saciado mi apetito sexual. –Me agarró del brazo y me llevó a su habitación.





