Un secreto, un amor, un engaño

Luego de un rato de placer pude saciar a aquella mujer, una vez terminado el acto me levanté de la cama, tome mi bóxer y pantalones que estaba en el suelo junto a la puerta, salí de la habitación, al llegar a la sala de estar comencé a vestirme, en ese momento tenía en mente; volver a mi departamento, ducharme y dormir un poco antes de ir a la empresa por el auto. Me estaba abotonando la camisa cuando se me ocurrió mirar el celular, eran las siete y media de la mañana, no supe en que minuto había pasado tan rápido la hora, comencé a recopilar todas mis cosas lo más veloz que pude.

─¿Pasó algo? –me dijo ella apoyada nuevamente en la pared con una bata blanca de seda.

─Me entretuve mucho tiempo contigo, ahora voy tarde al trabajo –le respondí apresuradamente sin mirarla.

─¿Y si faltas? –preguntó con un tono suave y sensual.

─¿Estás loca?, es mi primer día de trabajo, si falto me despedirán, no te imaginas cuanto me ha costado conseguir uno. Disculpa, pero no puedo darme ese lujo, adiós.

Luego de despedirme, salí corriendo por las escaleras hasta el primer piso, el guardia quedó sorprendido al verme tan acelerado. Corrí esas siete cuadras lo más rápido que pude, cada vez que miraba el reloj, este avanzaba rápido, llegue a la casa cinco minutos antes de las ocho, mientras me preparaba para meterme a la ducha llamé a un taxi.

─¿Thaliel, estás bien? –me gritó Rodrigo, se escuchaba preocupado.

─Sí –le respondí para tranquilizarlo, termine de ducharme, me vestí y salí del baño.

─¿Dónde pasaste la noche?, ¿Por qué llegaste a esta hora?. –Rodrigo me desconcentraba con sus preguntas.

─Rodrigo, pase toda la noche en el departamento de la mujer que te mencioné ayer. Voy atrasado y me está esperando el taxi, hablamos a la tarde, adiós. –Corrí por escaleras abajo; ya que me demoraría menos que en esperar el ascensor, hasta llegar al taxi.

Al subirme le di la dirección al caballero y le pedí que fuera lo más rápido posible, revisé la hora en mi teléfono, eran las ocho de la mañana con once minutos, iba demasiado atrasado, mis nervios tenían colapsado a mi estómago. Llegué, me baje corriendo hacia recepción, donde la señorita de ojos grandes me hizo firmar una hoja para luego decirle a un señor que me hiciera entrega de la llave y de la credencial, el mismo caballero me dirigió hasta el auto, al subirme miré la hora en la pantalla táctil, quedaban solo diez minutos para llegar a la dirección dada. El GPS indicaba que el viaje duraría quince minutos, en ese momento recordé un atajo y me decidí a tomarlo, llegué a la puerta de la casa a las ocho de la mañana con veintinueve minutos.

─Hola, buenos días, soy el nuevo chofer de Yalant –dije sin bajarme del auto al guardia que estaba de pie en la entrada de la casa, al mismo tiempo que le mostraba mi credencial.

─Pasé –contestó, él retrocedió hacia la pared y apretó un botón amarillo que estaba tapado con una placa del mismo material que la pared.

─Gracias. –Entré al recinto y me estacioné junto a un convertible de color azul metálico, antes de bajarme la vi, ella iba saliendo de esa enorme casa de piedra, quedé plasmado en el volante.

─Buenos días, debes ser Thaliel el nuevo chofer de la empresa. –No podía creerlo, ella actuaba tan diferente, como si hubiera olvidado lo que había pasado hace unas horas.

─Así es y usted debe ser la señorita Tabatha. –Preferí seguirle el juego antes de arriesgarme a perder mi trabajo.

─Sí, espero que te adaptes a nuestros horarios, si me gusta como trabajas haré que prolonguen tu contrato. –Ella se notaba sería, de hecho no despegaba su mirada de su agenda y teléfono.

─¿Para donde quiere que la lleve primero?. –No podía dejar de apreciar su belleza aun cuando ella me había desconocido.

─A la empresa por favor –respondió mirando el espejo retrovisor con una dulce sonrisa.

Yo estaba aturdido, quise pensar que su frialdad se debía a lo laboral, decidí buscar un mejor momento para aclarar el asunto, por lo que solo me dedique a manejar. Al llegar a las instalaciones de Yalant ella me dijo:

─Estaciónate delante del auto rojo, ese es tu lugar.

─Entiendo –respondí mientras me aparcaba.

─Bájate conmigo, necesito que conozcas al equipo de trabajo, en caso que ocurra alguna emergencia –me ordenó antes de bajarse y cerrar la puerta del auto.

Me bajé, bloqueé el auto y la seguí hacia el interior del edificio.

─¡Hola Claudio! –ella saludó al caballero alto y de edad que estaba juntó a la puerta giratoria, quién me había mostrado cual era el auto que debía manejar.

─¡Hola!, señorita Tabatha, muy bueno días –le respondió el señor al mismo tiempo que hacía una pequeña reverencia.

─Él es Claudio, Don Claudio, guardia y encargado de hacer entrega de los vehículos al igual que recibirlos, en caso de una emergencia con tu vehículo, acude a él, si el auto falla, él te otorgará otro y el malo se irá a reparación –mencionó ella a medida que avanzaba rápidamente por el lobby.

─Comprendo –le dije, mientras se hacía una señal de saludo con mi mano al señor.

─Ella es la señorita Florencia, la recepcionista, tendrá paquetes importantes para mí, por lo que no debes olvidar de consultar sobre ello, a su vez podrás recibir tu correspondencia. –Yo seguía preguntándome en que minuto esa mujer olvido la lujuriosa noche que me había hecho pasar.

─Buenos días señorita Tabatha –saludó la joven de ojos grandes.

─Buenos días Florencia, ¿hay algo para mí?. –Se detuvo en el mesón.

─Sí, deme un minuto –le contestó Florencia mientras se dirigía al estante por dos cajas pequeñas y cuatro sobres.

─Gracias Florencia, que tengas un buen día. –Me hizo entrega de aquellos paquetes y se dirigió hacia el ascensor –. ¿Entendiste?. –Quiso corroborar ella.

─Entiendo, señorita Florencia recepcionista y Don Claudio, el guardia –repetí como un idiota para que ella supiera que estaba atento, llegó el ascensor, una vez dentro presionó el botón número diez, esperamos un minuto antes que se abrieran las puertas y salimos.

─Hola señorita Tabatha, aquí está su agenda del día de hoy –le mencionó una mujer de veinticuatro años pelo castaño claro y de hermosos ojos verde.

─Hola Giulia, gracias. –Le recibió la carpeta delgada de color rojo –. Te presento a Thaliel, será mi nuevo chofer, Thaliel ella es la señorita Giulia mi asistente

─Buenos días señorita Giulia –la saludé con una tierna sonrisa.

─Buenos días. –Ella se ruborizó al mirarme a los ojos.

─Ella es la encargada de mi agenda personal, por lo que prácticamente trabajarán en conjunto para que sepas los lugares a donde deberás llevarme. –Ella se expresaba a medida que avanzaba por el pasillo, no se detenía por ningún momento a observarme.

─Comprendo, entonces Don Claudio, Florencia y Giulia, son importantes para poder realizar bien mi trabajo y los mandados que llegue a tener –le mencioné con la mira perdida en su cabellera.

─Así es, entra para que pueda explicarte mi horario.

Sin objetar, entre en aquella habitación de cristal con persianas, ella se sentó en un gran sillón y me pidió que yo tomará lugar frente de ella, dejé los paquetes sobre su escritorio y presté atención a lo que me diría; me nombro los siete lugares a los que debía llevarla después de la reunión que tendría, me pidió que es la esperará y mencionó dos opciones, el auto o sentado junto a Giulia. Cuando terminó de hablar me levanté de la silla y camine hasta donde estaba Giulia.

─Disculpa, ¿me puedo sentar a tu lado? –le pregunté con un tono serio para evitar que nuevamente se ruborizara.

─¿Qué?, ¿Por qué? –preguntó confundida y a la vez ruborizada. Mis intentos fueron en vano.

─La señorita Tabatha me indico que la esperara y dijo que podía hacerlo junto a ti. –Ya que estaba ruborizada solo le sonreí.

─En ese caso sí, toma asiento. –acomodó una silla a su lado para que yo me sentará.

─Bueno días Giulia, ¿está Tabatha en su oficina? –consultó un hombre alto y serio.

─Buenos días Señor Díaz, sí, ella se encuentra en su oficina. –Giulia se puso de pie al saludarlo lo que me causo curiosidad.

─Gracias, nos vemos. –Él se perdió por el pasillo.

─Giulia, ¿Quién el hombre que acaba de pasar?. –En ese momento mi curiosidad le ganó a mi cordura.

─Es el esposo de la señorita Tabatha –me contestó ella con una sonrisa delicada.

Tras oír esas palabras quedé anonadado, jamás en mi vida había hecho algo como lo de esa noche y mucho menos romper un matrimonio, no sabía que decir, Giulia se asustó al ver mi rostro, yo sabía que no podía estar ahí, me puse de pie y tome el ascensor, en la planta baja tanto Florencia como Claudio se preocuparon por mí, solo camine hasta fuera del edificio, no sabía si entrar al auto y esperar ahí o solo irme y nunca más volver.

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