TU TAN ARIES, YO TAN TAURO

— Has vivido en el mismo lugar por más de quince años, ¿no crees que es momento de cambiar? Tu madre necesita su espacio, además ¿Cómo pretendes que pueda divertirse con su novio cuando tú eres un animal nocturno que está pendiente del ruido más pequeño? — su amiga Angélica tenía razón, llevaba buscando un nuevo apartamento aproximadamente dos años, es que se sentía cómoda en donde estaba, cambiar era tedioso y no le gustaba en lo absoluto.

— Mamá no irrespetaría su hogar, es ilógico, pienso yo — respondió tratando de dar por terminado aquel tema.

— Tu mamá tiene necesidades como toda mujer, es joven y tiene un cuerpo de infarto, además su novio, un colágeno de veintiséis años no le dejara perder el tiempo, eres tú la que debería respetar su espacio — respondió su amiga, conteniendo la risa al ver el rostro de su amiga cambiar.

— No hables del tema, no quiero pensar en mamá en este tipo de situaciones — dijo tratando de alejar las imágenes que llegaban a su mente, era realmente incomodo imaginar a un familiar en aquellos asuntos.

— Aurora, ¡es solo sexo! Además, es algo que muchos disfrutan y que tu hace rato, mucho rato no haces, debes tener telarañas ahí abajo — añadió su amiga, la joven llevaba tres años sin salir con alguien, su abuela materna a veces pensaba que se le había mojado la canoa, expresiones que no faltaban en las conversaciones de la enigmática Margaret, la madre de Andrómeda, madre de Aurora.

— Ya te dije que mi vida sexual no está en discusión, pienso muy diferente a ti, es algo importante para mí — dijo tratando de dejar el tema por finalizado, estaba cansada de la presión que ejercían por verla con alguien.

Nunca se había decidido en presentar a alguien a casa, el día que lo haría sería con un prospecto de esposo, antes no.

No mentiría, si había salido con algunos chicos desde el día en que había terminado con su ex, un hombre diez años mayor que ella, que le había hecho la vida imposible, ella solo tenía dieciocho y este intentaba manejarla a su antojo, algo molesto, era celoso y posesivo, después de cuatro años de relación que le había costado su autoestima y muchas cosas más, logro salir con miedo, pero con ayuda de su amiga, reunió las fuerzas y lo logro, desde ahí, se había vuelto totalmente reacia a una relación, no creía en eso, el amor no era para todos o aun no era para su vida, no era su edad aun.

— Deberías descargar una aplicación de esas de citas, he escuchado de algunas muy buenas, yo he usado una, ya he adoptado a dos bombones con los que saldré en unos días, si quieres te cedo uno y te actualizas, solo digo — Angélica estaba decidida en encontrarle una pareja a su amiga, a como diera lugar, no la dejaría ahí, sin probar las mieles de la lujuria.

— No sigas con ese tema. Acuérdate del que tenía el ojo desviado o aquel loco que quería que lo amarraras, no sé, no soy tan arriesgada como tú — respondió haciendo que su amiga riera.

— En la viña del señor hay de todo, solo fueron casos aislados, ahora creo que me va mejor, he aprendido como manejar la búsqueda de forma correcta — dijo su amiga tratándole de restar peso a sus raras experiencias, que habían sido muchísimas.

Esa tarde su charla de amigas, extendida se acabó, estaría un poco mirando lugares, su amiga tenía razón, estaba en una edad en la que su madre necesitaba su espacio, después de que papá había fallecido dos años atrás, apenas lograba sonreír, tenía el derecho en rehacer su vida, era joven, hermosa y con un corazón de oro, merecía un amor que la quisiere y parecía ser que Manuel lograba aquello, él le había ayudado en momentos duros de sus vidas y además de eso, estaba enamorado con locura de aquella mujer, para Aurora la edad era algo que no tenía mucho tabú, claro está, en los parámetros legalmente permitidos, entendía que un hombre entre más adulto no aseguraba madurez, en su experiencia fue al contrario, había sentido que su vida se había esfumado esos años cuidado a un bebé que no sabía exactamente qué era lo que realmente quería en su vida.

La idea de su amiga no sonaba tan descabellada, realmente sentía que no estaba tan mal buscar en la red, alguna clase de cita, o más bien, charlar con alguien mientras que pasaba el tiempo, tenía algunos días libres, pues en una semana comenzaría nuevamente a trabajar y una semana después comenzaría la universidad, una vida agitada le esperaba, así que disfrutaría su poco tiempo libre.

La primera en probar fue la que su amiga había sacado los mejores prospectos, claro está que tendría en cuenta los signos que eran compatibles con ella.

Capricornio, Acuario, Libra y Virgo, estos eran los que podía tener en cuenta, los demás ni pensarlo, no quería errores y confiaría en la astrología para conseguir uno aceptablemente correcto.

Busco una foto que la hiciese ver bastante interesante a la vista, si estaría en redes, por lo menos quería verse bien, espero los segundos para que su perfil se verificara y cuando esto ocurrió comenzó a navegar en la cantidad de posibilidades, el primer corazón llego y para su mala suerte era su vecino, ese que ya tenía unos cincuenta y vivía con su madre, se desanimó inmediatamente, no quería gente cerca, así que mirando un poco el funcionamiento de la app, logro cambiar el espacio, no buscaría alguien cerca, unos metros de distancia de pronto serian la solución a todo, solo era una charla interesante y si se daba el caso, algo de picante en ella.

Esta vez las opciones fueron más de su agrado, estaban bastante guapos, le gustaban los chicos altos, así que eso sería lo primordial, un hombre sexy apareció saludando.

— Hola preciosa — le dijo en cuanto vio a la joven conectada.

— Hola J — contesto ella.

— Eres realmente guapa, ¿eres real o es una foto falsa? — preguntó.

— Hasta donde sé, soy real, así me hizo mi madre y mi padre — le causaba risa, pues se había tomado la foto con snap, ahí todo era casi perfecto, así que no lo sacaría de su error, además no lo conocería en persona.

— Me encantaría verte, estoy en tu ciudad haciendo algo de turismo, necesito un guía que me ayude —.

— No lo sé, me da un poco de miedo el saber que vas a estar tan cerca, ¿Qué tal y seas un psicópata que quiera asesinarme o venderme en algún lugar de Asia? — dijo con total sinceridad.

— Hahahah jamás haría eso con alguien, no soy tan malvado, nos veríamos en un lugar totalmente público, si ves algo extraño, gritas — le contesto aquel desconocido.

La tentación de ir a donde aquel hombre era fuerte, llevaba mucho tiempo sin salir a comer con alguien, así que una hora después estaba frente a su espejo, poniéndose un poco de labial rosa, no quería verse muy sexy, pero se arreglaría lo suficiente para causar una buena impresión.

El lugar era bastante transitado, un bar bastante conocido en la zona, al bajar del Uber observo a su alrededor, miro cada persona a su alrededor y logro enfocarlo, se acercó y para su sorpresa, el metro ochenta había desaparecido, pues esta media casi lo mismo que ella, además de eso era mucho más delgado que en aquella foto, donde se veía como modelo de revista.

— Hola preciosa — le dijo él, la mujer no era realmente despampanante, pero tampoco estaba mal, una noche divertida para no perder la salida.

— Hola, ¿Cómo estás? — pregunto ella mientras se sentaba al frente, con algo de nerviosismo, interactuar con otros no era algo que le resultase sencillo.

Lo observo he hizo un estudio rápidamente.

Octavio

26 años, ingeniero en sistemas, era programador.

Capricornio

ambicioso y siempre está lleno de metas. siempre tiene muy claras las metas que desean alcanzar y se proyecta hasta lograrlas. Es un chico que tiene muy claro hacia dónde va y lo que debe hacer para obtenerlo

organizado, constante, disciplinado y con un buen nivel de estabilidad emocional.

Sabía de memoria todo aquello, era indispensable para una amante a la Astrología saber lo básico de cada signo y más de los compatibles con ella.

Aspectos que agradaban bastante a Aurora, al menos no era alguien con quien no se llevaría bien, la conversación fue bastante fluida, era agradable y le resultaba cómoda.

— Deberías ir a un lugar más tranquilo — propuso aquel joven, ella sin pensarlo dos veces acepto, quería por una vez hacer algo sin pensar demasiado.

— Sí, es buena idea — respondió.

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