“La astrología representa la suma de todos los conocimientos psicológicos de la antigüedad.”
- Carl Gustav.
Mientras más tiempo pasaba al lado de aquel chico su afán por dejarlo tirado aumentaba, era una persona demasiado vacía y superficial para su gusto, los hombres Capricornio se caracterizaban por su estabilidad y este era contrario a aquello, pues su vida amorosa había sido un caos y era bastante aburrido escuchar mil veces sobre aquella ex que le había hecho tanto daño.
— Por favor cierra la puerta despacio cuando bajes — dijo Octavio, debía llenar la gasolina, así que debían bajar, la observó, era una joven muy aburrida para su gusto, le faltaba más picante, como decía él, era morena de cabello rizado, sus amigos decían, entre más oscura su piel, más caliente seria, que errados estaban, era algo que no pasaba con aquella chica.
— ¿Cuánto pondrás tu para la gasolina? — preguntó él con cara de seriedad, la única manera que la llevaría gratis seria si la noche hubiese prosperado, pero segundos antes aquella joven le había indicado que no pasaría más del saludo y un abrazo de despedida, se sentía insultado, su tiempo valía mucho, jugar a la FIFA con sus amigos.
La pregunta llego a ella como un susurro y le toco preguntar nuevamente para entenderle bien, la segunda vez fue más fuerte y con un gesto poco amigable, se quedó pensando un segundo y le dijo en voz bastante clara.
— ¡Te canceló todo, tranquilo! — Y sin más, tomo su billetera y le pago al joven.
— Llénaselo full — Añadió y tomo un taxi que pasaba en ese momento.
El tal Octavio se quedó mirándole sorprendido, estaba claro que carácter si tenía y bastante. Era algo bastante característico en las mujeres latinas; subió a su carro y se fue rápidamente.
Se sentía una idiota, sabia en que terminaría aquella cita, pero aquel hombre fue tan asfixiante que lo único que quería era salir corriendo, la charla había sido buena, pero justo cuando subió a aquel asunto todo cambio, su tono, su manera de hablarle y sexualizarla le incomodaron.
Se dio un leve golpe en la frente al saber que todos los años de terapia no le habían servido, pues aún con la inseguridad había aceptado ir por compromiso, recordó a su ex por enésima vez, era algo que le cabreaba en gran manera, pero todos terminaban siendo como aquel patán.
Había perdido su voz en aquella relación, el decidía por ella, hablaba por ella, era un gran abusador y ella se había acostumbrado hasta que un día se cansó, se marchó y le dejo ahí, con una boda en camino y una casa que él había escogido para su vida juntos, ante la mirada de Dios, era fiel creyente, católico, apostólico romano, como decía su suegra, una mujer que nunca termino de agradar.
Volvió a casa, abrió su puerta y Suspiros fue el primero en salir a recibirla, animándola un poco, verla mover su pequeña cola hizo que sonriera, la miro tirarse al suelo boca arriba, le gustaba que le acariciaran la panza y así hizo, unos segundos porque si no la tendría ahí por horas.
— Sus, déjame pasar que tú ahí me tendrás por horas — le dijo y esta con un pequeño suspiro, se levantó, sin dejar de menear su cola y la siguió hasta la cocina, Aurora tomo un vaso y sirvió un poco de jugo de lulo, amaba ese saborcito ácido y refrescante de aquella fruta, era su favorito.
Tomo su bolso y lo dejo sobre su cama, algo pequeña para su gusto, su amiga tenía razón, necesitaba una casa y una nueva cama.
Se quito aquella ropa que tanto le había costado escoger y se puso su pijama favorito, un pantalón largo de estrellas y una blusa azul rey.
Puso su serie y se sumergió en aquellos personajes medievales, siempre se había imaginado en aquella época, donde los highlanders peleaban entre ellos por tierras, usar vestidos amplios y guiarse con el sol, la luna y las estrellas, sería una especie de druida, de esas que cuidaban la naturaleza.
Estaba tan ensimismada en su mente, que no noto a su madre llegar.
— Llegaste bastante rápido — dijo Andrómeda.
— Si, no había nada interesante, así que decidí volver pronto – dijo ella.
Su madre no pregunto más y la dejo en lo suyo, respetaba el espacio de su hija, siempre lo haría.
La semana transcurrió y su incursión en las apps de citas disminuyo, no quería saber absolutamente nada de idiotas, era de esperarse, si estaba buscando pareja en línea es porque tenían un serio problema.
El teléfono sonó, un número desconocido, miro la pantalla y no lo dejo sonar, tenía la manía de hacerlo, odiaba hablar por aquella pequeña bocina de su celular, al ver que este sonó nuevamente, decidió que era hora de contestar, si timbraba dos, era importante.
— Buenos días señora Aurora, la llamamos la universidad de Barcelona, vimos su interés por la beca vigente en arqueología, su perfil cumple con los criterios que buscamos, deseamos tener una entrevista con usted y poder conocerle mejor, ¿estaríais dispuesta? — pregunto una voz bastante bonita.
Estaba totalmente helada, hace algunos meses atrás se había postulado para aquella beca, en su país era muy difícil obtenerla, pero parecía haber luz en medio de tanta oscuridad, como ella misma decía.
— Si, claro, tengo todo el tiempo del mundo para la entrevista — estaba temblando de nervios, sus manos frías las llevo a sus mejillas y espero la respuesta, sus ojos eran bastante expresivos y delataban lo emocionante de la situación.
— Seria mañana en la mañana, en tu zona horaria, tengo conciencia de la diferencia que tenemos, así que en la mañana se ajusta bien para las dos, te enviare un correo con toda la información y el link — respondió ella y con un poco más de información, se despidió de forma cordial.
El grito que dio cuando escucho que la llamada había terminado fue monumental, uno de sus sueños era aquello, jamás pensó que pasaría, lo soñaba día y noche y ahí estaba a un paso de materializarlo, su madre se asustó al escucharla y corriendo hacia la cocina en donde estaba, la vio llorar, pero sus ojos estaban alegres.
— Mami, creo que lo lograré —dijo con la voz quebrada, era importante para ella.
Andrómeda abrió sus brazos para su pequeña, era su bebé, siempre lo seria, estaba tan orgullosa y sabia lo importante que sería para ella esto, lo había luchado, Aurora le explico un poco de lo que estaba pasando, la llamada y la entrevista del siguiente día, estaba totalmente aterrada, no quería embarrarla, como decía su mamá al referirse a estropear la oportunidad.
— Lo harás bien, solo se tú, mi boreal, eres una mujer muy inteligente, sé que resolverás todo, tengo fe en que así sea — le respondió haciéndole reír, su madre siempre le decía Boreal cuando las cosas eran muy intensas, emocionales o importantes, era un apodo que solo lo usaba ella o papá, sonrieron al recordarlo, no había necesidad de palabras para expresar lo que sentían por aquel hombre, enigmático que cruzo sus vidas con tanto amor.
Así, se acostó con el corazón lleno de cariño y añoranza, como siempre, cuando las cosas eran importantes, siempre pasaba lo mismo, el tiempo no corría, el reloj era más lento, y corría menos, cerro nuevamente los ojos a las 3 am, pensó que esa vez había pasado mucho más y no, diez minutos exactamente, así que sin pensarlo nuevamente tomo su celular y busco un poco de música, el sonido de Juliana Velásquez inundo sus oídos, la mujer tocaba su alma cada vez que la escuchaba.
… ¿Quién dijo que las manos
ponían límites?
para sentir, para sentirnos.
¿Quién diría que el mundo
se nos detendría un instante?
¿Quién dijo qué?
que daría tanto miedo …
- Montaña rusa -.
La hora más importante de su vida en ese momento había llegado, estaba nerviosa, peino su cabello rizado, ese día había decidido ser más rebelde que todos los días, como si conspirara contra ella, tomo una pequeña liga de su mesita donde guardaba sus cosas personales y haciéndose una cola alta le ganó la batalla a su cabello, un poco de maquillaje, algo sobrio, no quería parecer una loca poniéndose kilos de este, teniendo en cuenta que era muy mala creando un simple contorno para perfilar su nariz.
El sonido representativo del Zoom inundo la habitación, aliso su camisa lila por quinta vez y peino un rizo que había decidido escapar de su ajustado peinado, resoplo un poco y espero a que aceptaran su intervención, miro su muñeca, y el reloj dorado de su padre le enseño que estaba a buen tiempo, cinco minutos antes.
Tamborileo los dedos hasta que el rostro de una mujer rubia y ojos azules le saludaron, con una sonrisa amplia y dientes perfectos, a simple vista se podía decir que era una modelito más, pero en cuanto sus palabras inundaron sus audífonos, se dio cuenta que era la directora del programa de becas y Dania como se llamaba seria la que tomaría la decisión final.
— ¿Aurora, que te motiva a estudiar arqueología? — pregunto uno de los profesores presentes, Tadeo se llamaba, algo joven y bastante guapo, en la presentación de cada uno se dio cuenta de que no era español, un portugués con un acento bastante interesante.
Nuevamente se había elevado.
— ¿Aurora, me escuchaste? — volvió a preguntar al verle congelada en la pantalla.
Como pudo la arreglo y le echó la culpa a la conexión de internet.
— Siempre quise estudiarlo, mi padre fue uno de los culpables de mi amor por la arqueología, hay tanto por descubrir, muchos años sin resolver y muchas culturas que ni siquiera han sido descubiertas, mi padre me enseño algunas cosas, la lectura también fue una de las conexiones más fuertes que tuve con la cultura, me motiva la curiosidad, es eso, simple curiosidad — respondió con la seguridad que intentaba, enroscando los dedos de los pies para que no fuera muy notorio, Suspiros ladro justo en el momento final, quería salir y no podría llevarla, así que sin más, la tomo en sus brazos y la saco de ahí.
— Quédate quieta sus, es importante este día — le susurro y volvió a sentarse.
— Perdón, esta es la hora de salir de Suspiros y está un poco desesperada, podemos seguir — explico en cuanto volvió.
Todos rieron al escuchar el peculiar nombre de la mascota.
— Podéis presentaros a Suspiros, tengo curiosidad de conocerle — dijo una voz masculina, otro hombre que no había dicho nada desde que comenzó la entrevista.
Con una sonrisa se apresuró a buscar a su pequeño perro, era un criollo como se le conocía en su país.
— Es una criolla muy hermosa — dijo Aurora y como si a esta le hubiesen enseñado, ladro y meneo su cola, los estaba saludando, acción que hizo a todos reír un poco más.
— Creo que adora la atención, me caes bien, Suspiros — dijo el hombre y esta ladro dos veces, como si entendiera aquello, solita decidió bajar de las piernas de Aurora y echarse a su lado, suspirando.
— Una mestiza — dijo la dama de rojo, era mayor, su cabello y sus arrugas la delataban, era muy linda, cabello negro y ojos verdes, recordó las palabras de papá, solo el 2% de la población mundial tenía ese color de ojos.
— Si, es mestiza, la adoptamos con mamá hace un año y algunos meses, era una niña muy asustadiza, no ladraba por temor, solo suspiraba resignada cuando tenía hambre, de ahí su nombre — contó con naturalidad, su mascota o hija como le decía, fue una bendición en el momento más difícil.
— Mestiza como tu —añadió la mujer que llevaba el nombre María Carmen Fontana.
Aurora sonrió, entendía la connotación de su intervención.
— Si, Suspiros y yo venimos de una mezcla, en mi caso, un padre se podría decir caucásico y una madre negra, no estoy muy segura con exactitud su ADN, no he hecho una prueba genética, puede que me ponga en el grupo de mestizos, pero mis documentos salen como mulata — respondió ella.
La risa de Dania no se hizo esperar, le agradaba aquella joven, aunque a María pareciese que no.
— No cambia nada, raíz de dudosa procedencia, descendiente de esclavos negros e indígenas, no, es más — dijo María con el ego en el techo.
— Definitivamente señora María Carmen, la procedencia de la población colombiana hace mucho tiempo no es muy clara, hay gran cantidad de etnias y algunas que continúan puras, un porcentaje muy bajo, podría decirse que un 7% siendo mucho, de resto somos el resultado de la intervención española, la migración de muchos países, desde neerlandeses, hasta árabes, una riqueza cultural que en la actualidad le da a mi país un hermoso contraste, sus palabras no son ofensa para mí, señora — respondió, odiaba el prejuicio y aquella mujer lo estaba haciendo.





