En cuanto apareció Liam, los secuestradores se pusieron a temblar como hojas al viento. "Señor Warren, no sabíamos que era gente suya. Por favor, ¡perdónenos la vida!".
Agacharon la cabeza, con el arrepentimiento grabado en el rostro. Todo el mundo sabía que Liam no era alguien con quien se pudiera bromear.
Gobernaba un vasto imperio clandestino que mezclaba el crimen y los negocios legales. Su reputación de crueldad bastaba para asustar a cualquiera lo suficientemente tonto como enfrentarlo. ¡Qué mala suerte toparse con él justo aquí!
Sin siquiera mirarlos, Liam se dirigió directo hacia Kathryn y comenzó a desatarla. Pero para su sorpresa, ella se movió rápido como un rayo y tomó una daga del suelo.
Con un ágil movimiento, clavó la hoja en la garganta del secuestrador que había intentado violarla, salpicando sangre por todas partes.
Los demás hombres se quedaron paralizados de terror. "¿Quién... quién eres tú?", tartamudeó uno de ellos.
Kathryn mostró una sonrisa fría y cruel. "Soy quien los va a enviar directos al infierno".
De pronto, el almacén se llenó de gritos, súplicas desesperadas y el repulsivo crujido de huesos rotos.
Kathryn se acercó al líder, el de la cicatriz en la cara. El hombre todavía respiraba, pero tenía los ojos abiertos de par en par por el terror, como si viera a un monstruo.
"Dime. ¿Cuánto te pagó Jolene? ¿Cuál era su plan?", exigió con frialdad.
El hombre de la cicatriz, temblando y tartamudeando, soltó: "Nos pagó cinco millones de dólares por secuestrarte. Creía que tus hermanos la elegirían a ella... y luego... quería que te hiciéramos lo que quisiéramos y después te matáramos...".
Los ojos de Kathryn brillaron con un fulgor acerado. Jolene, sus supuestos hermanos y el prometido al que había amado durante tres años pronto descubrirían que no debían subestimarla.
Ella había anhelado su cariño y se había desvivido por cumplir cada una de las exigencias de los Brown. Aun así, nunca la aceptaron y sobrepasaron sus límites una y otra vez. Ahora no tendría piedad. Los Brown fueron unos necios por darle la espalda a su propia sangre para proteger a Jolene, la farsante. Estaba harta de soportar.
"¡Lárguense de aquí y no vuelvan jamás!", ordenó Kathryn con dureza.
Atemorizados, los secuestradores se dispersaron y desaparecieron en un instante.
Liam observó la escena en silencio, intrigado por ella.
Había supuesto que era una mujer indefensa, pero resultó ser fuerte y feroz, algo que no esperaba.
Kathryn se giró hacia Liam y dijo con sinceridad: "Gracias por lo de hoy".
Justo cuando él iba a responder, un repentino sabor metálico y amargo le subió por la garganta.
Tosió violentamente, escupiendo una bocanada mientras su cuerpo se tambaleaba y su rostro perdía el color.
Kathryn entrecerró los ojos al notar su malestar. Frunciendo el ceño, lo sujetó e inquirió: "Estás envenenado, ¿verdad?".
Liam dudó, luego la miró y preguntó: "¿Cómo lo sabes?".
La toxina que tenía dentro era muy rara. Sus síntomas eran sutiles e imposibles de detectar para la mayoría de los médicos. Entonces, ¿cómo había logrado ella identificarla de inmediato?
Kathryn estudió su estado con atención, luego soltó lentamente su mano y declaró con seguridad: "Este veneno ha estado en tu cuerpo aproximadamente un mes. Si no se trata pronto, podría causar daños graves".
"¿Puedes curarlo?", preguntó Liam con voz grave.
Efectivamente, ella tenía razón.
Al parecer, alguien cercano a él había sido sobornado por Las Serpientes para envenenarlo, y a pesar de haber ofrecido una cuantiosa recompensa en la Red Oscura, Liam no había encontrado a nadie capaz de revertir sus efectos.
"¿Confías en mí? Si es así, dame la mano", dijo Kathryn con firmeza.
Liam se encontró con su mirada firme y resuelta. Aunque normalmente era cauto y desconfiado, algo en ella lo hizo responder instintivamente: "Sí, confío en ti".
"No te muevas". Sin dudarlo, Kathryn sacó una pequeña cuchilla, tomó la mano de él e hizo un corte preciso en el dedo índice, haciendo que brotara una gota de sangre ennegrecida.
"¡Señor Warren!", gritó uno de sus hombres, corriendo hacia ellos alarmado.
"Aquí no tengo el equipo para eliminar por completo el veneno, pero podemos liberar algunas de las toxinas para ralentizar su avance por ahora", explicó ella con calma.
Después de un rato, Liam notó que los síntomas disminuían y se sentía considerablemente mejor.
Miró a Kathryn, fijándose en las gotas de sudor de su frente y en su expresión de absoluta concentración. "Si necesitas algo, solo tienes que decírmelo", dijo suavemente.
Ella negó con la cabeza. "No tienes por qué darme las gracias. Tómalo como pago por haberme salvado con ese disparo de antes. Me aseguraré de que este veneno sea completamente eliminado de tu cuerpo".
Liam entrecerró ligeramente los ojos. Había algo misterioso en ella que no lograba descifrar.
"Hasta que esté completamente fuera de mi sistema, tendrás que permanecer cerca de mí", ordenó con una autoridad tranquila.
Él era un hombre que nunca permitía que nadie, especialmente las mujeres, se le acercaran tanto. Pero con ella, rompía su propia regla por primera vez.
Ella no pareció sorprendida y simplemente enarcó una ceja.
"Está bien", dijo. "Pero tendrás que proporcionarme comida y alojamiento. Aunque primero necesito volver a casa y romper todo vínculo con los Brown".
Liam esbozó una leve sonrisa. "Trato hecho".





