Traicionada y Embarazada: Mi Retorno

Un sudor frío me recorrió la espalda y me desperté de golpe, el corazón me latía con una fuerza desbocada en el pecho. La luz del sol entraba por la ventana, bañando la habitación con un resplandor cálido y familiar, pero el pánico que sentía era helado, un terror que me calaba hasta los huesos.

Todavía podía sentir el dolor agudo en mi vientre, el sabor amargo del vino envenenado en mi boca y la mirada triunfante de mi hermana, Sofía, mientras mi vida se desvanecía. A su lado estaba Diego, mi prometido, el hombre que amaba, con una expresión de fría indiferencia.

"Lo siento, Ximena", había dicho Sofía, su voz era un susurro venenoso, "pero Diego y su fortuna me pertenecen. Siempre debieron ser míos".

Esas palabras resonaban en mi cabeza, una tortura sin fin. Morí humillada, traicionada por las dos personas en las que más confiaba, mi carrera como diseñadora de modas arruinada en un solo instante de maldad pública.

Pero ahora… ahora estaba viva.

Miré mis manos, temblorosas pero intactas. Toqué mi vientre plano, sin el dolor desgarrador que recordaba. Estaba en mi antigua habitación, en la casa de mis padres, el lugar donde crecí. El calendario en la pared marcaba una fecha que me heló la sangre.

Era exactamente un año antes de mi desfile de modas nupcial, el día en que todo se derrumbó. Era el día en que el médico me confirmó que estaba embarazada.

En mi vida pasada, esta noticia fue el comienzo de mi fin. Esta vez, sería el comienzo de mi venganza.

La puerta se abrió de repente y Sofía entró con una sonrisa radiante en el rostro, una sonrisa que ahora me parecía una máscara grotesca. Llevaba un vestido caro, presumiendo como siempre de su supuesto buen gusto.

"¡Ximena, hermanita! ¡Te estaba buscando! ¿Qué te dijo el médico? ¿Estás bien? Te ves un poco pálida".

Su voz era pura miel, pero yo podía ver la envidia y la ambición ardiendo en sus ojos. La misma envidia que la consumió toda nuestra vida, porque nuestros padres, a pesar de ser humildes, siempre me prestaron un poco más de atención por mi talento.

Me obligué a sonreír, una sonrisa frágil, ingenua, la misma que siempre le mostraba.

"Sofía", dije, mi voz temblaba ligeramente, lo cual era perfecto para mi actuación. "Tengo una noticia maravillosa".

"¿De verdad? ¡Cuéntamelo todo!", exclamó, sentándose al borde de mi cama, su emoción era una farsa tan bien montada que en mi vida anterior me la había creído por completo.

Tomé una respiración profunda.

"Estoy embarazada. Diego y yo vamos a tener un bebé".

La sonrisa de Sofía se congeló por una fracción de segundo, una microexpresión de puro veneno que habría pasado desapercibida para mi yo anterior. Pero ahora, con los ojos de quien ha vuelto de la muerte, lo vi todo con una claridad aterradora. Rápidamente, recompuso su rostro en una máscara de alegría desbordante.

"¡No puede ser! ¡Qué maravilla! ¡Voy a ser tía!", gritó, abrazándome con una fuerza que se sentía falsa. "Diego debe estar loco de felicidad. ¡Tenemos que decírselo ya!".

Aquí estaba, el momento clave. En mi vida anterior, le pedí que me acompañara, que compartiera mi alegría. Qué tonta fui.

Esta vez, tomé sus manos y la miré con ojos suplicantes.

"Sofía, estoy tan emocionada que no puedo ni pensar. ¿Podrías… podrías ser tú quien le dé la noticia a Diego? Imagina su cara cuando se lo digas. Será un momento tan especial, y significaría mucho para mí que viniera de ti, mi hermana mayor".

Sofía se quedó desconcertada. Podía ver las ruedas girando en su cabeza, tratando de entender mi extraña petición. En nuestra dinámica, yo siempre era el centro de las buenas noticias.

"¿Yo? ¿Estás segura, Ximena? Es tu noticia".

"Por favor", insistí, poniendo mi mejor cara de niña inocente. "Quiero que sea una sorpresa. Ve a su oficina, llévale la noticia. Hará que este día sea aún más perfecto".

Una chispa de triunfo brilló en sus ojos. La oportunidad de estar a solas con Diego, de ser ella la portadora de una noticia tan importante. Era un regalo que no podía rechazar. Le estaba sirviendo en bandeja de plata lo que más anhelaba: una excusa para acercarse a él.

"Claro, hermanita. Por ti, lo que sea", dijo, su voz llena de una falsa generosidad. "Lo haré ahora mismo".

Se levantó y salió de la habitación, casi corriendo, ansiosa por comenzar su traición.

Me quedé sola, la sonrisa desapareció de mi rostro y fue reemplazada por una expresión de acero.

Muy bien, Sofía. Ve con Diego. Enamórense, traiciónenme. Les daré todas las oportunidades para que repitan sus pecados.

Pero esta vez, cuando caigan, me aseguraré de que no se vuelvan a levantar.

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