"Te amo" Trilogía (Algo Llamado Amor)

EMPEZÓ COMO

EMPIEZAN TODOS LOS ESTÚPIDOS Y JODIDOS RETOS DE INSTITUTO.

Con alcohol, por supuesto.

Imagina una

villa en la playa con diez habitaciones. Ahora imagina a un adolescente del

infierno con pleno control del lugar. Ahora elimina el elemento paterno de la

ecuación.

Ni que decir

que prácticamente todas las fiestas que tuvieron lugar durante mis cuatro años

en Peconic Bay High se celebraron en mi casa, y todas y cada una de ellas

fueron una locura.

—Te has dejado algo, mariquita.

Paul pone los

ojos en blanco y se encoge de hombros mientras Thiago se lleva el vaso de

plástico a los labios y bebe el último sorbo.

Thiago niega

con la cabeza.

—Sabes que el

objetivo de beber es acabárselo al primer sorbo, ¿verdad?.

—Supongo que no he trabajado mi

reflejo nauseoso como tú.

Sam resopla

cuando Thiago nos enseña el dedo corazón. Ha alcanzado la bomba de barril

alrededor de la cual estamos todos de pie. Estamos en el balcón de mi

habitación, y los sonidos de la fiesta resuenan en el resto de la casa y en el

césped que hay detrás de la piscina. Ni siquiera es tan tarde, pero la cosa ya

se está desmadrando. Definitivamente hay tetas desnudas en la piscina y al

menos dos asistentes de la fiesta ya se han desmayado en la hierba. Antón tiene

a Bambi, —ambos mayores— a horcajadas sobre una de las sillas de la piscina

mientras la agarra por los pies, sin importarle la multitud que les rodea.

En resumen, una típica noche de

viernes en la finca Schuster.

Algunas noches,

estaría allí con el resto de ellos, jugando al beer pong o haciendo body shots

en las épicas tetas de Britany o lo que fuera. Pero algunas noches, —noches que

últimamente son cada vez más frecuentes— prefiero sentarme aquí con Thiago, San

y Paul mirando, como los cuatro reyes que somos, vigilando nuestra corte.

—Sorpresa, sorpresa. Adivina quién

no viene a tu fiesta.

Parpadeo, girándome para ver a qué

está asintiendo Thiago.

Evidentemente, a Samantha que no

está en la fiesta que se celebra a doscientos metros de su casa. Está fuera, en

el pequeño porche vallado que hay detrás de la casita del jardinero, oculta al

resto de la fiesta. Pero desde aquí arriba tengo una vista directa de su

pequeño escondite.

A veces me pregunto si ella lo

sabe.

Esta noche

lleva sus grandes y toscos auriculares; claro que son grandes y toscos y

"vintage", o lo que sea. Como si Samantha Emerson "debo ser

diferente a los demás" pudiera ser sorprendida alguna vez con unos

pequeños auriculares blancos de Apple como los demás. Y está tocando la

guitarra. No puedo oírla, claramente, por encima del ajetreo de la fiesta y la

machacona música hip-hop, pero aún así puedo observarla.

En realidad, lo

hace a menudo: se sienta fuera, en el porche, y toca tranquilamente su

acústica, normalmente con esos malditos auriculares. Nunca oigo realmente lo

que toca, y no puedo imaginar por qué debería importarme más allá de la simple

curiosidad. Pero, por alguna razón, esa noche me pregunto qué será.

—¿Qué mierda le pasa?, —sacude la

cabeza Thiaho, dando un trago a la cerveza.

No digo nada.

—No hace nada.

—Suena como si tocara la guitarra, —dice Paul encogiéndose

de hombros.

Thiago frunce

el ceño.

—Amigo, quiero

decir que ella no sale de fiesta ni mierdas... no sé. Mierda, ni siquiera tiene

citas.

Paul se encoge de hombros, dando

un sorbo a la botella de whisky que tiene en la mano. Salió con ese tipo, Bruno.

Aparto la

mirada ante la mención de Bruno Space, el chico con el que Samantha salía el

año pasado.

Salió.

—Sí, pero luego se folló a Gabriel Sotto, o algo así a sus

espaldas.

Thiago resopla.

—Jesús, ¿qué

eres, la sección de cotilleos Cosmo del

instituto Peconic Bay?.

Paul le empuja mientras bebe otro

sorbo de whisky.

Sólo veo jugar a Samantha.

—¿Crees que alguna vez la tocó?

Esta pregunta

me saca de mi trance, mis ojos se entrecierran y mi mandíbula se endurece

mientras me vuelvo hacia mis tres amigos.

—¿Qué? —siseo.

Thiago se encoge de hombros.

—Bruno. Se habrá follado a Samantha,

¿no? Salieron juntos durante un año.

Frunzo el ceño.

—¿Cómo carajo voy a saberlo?

Lo sé. Lo sé

porque saber la respuesta a esa pregunta me carcomió la mente durante meses

antes de que el dinero y unas vagas amenazas físicas sacaran la respuesta de Bruno.

No lo hizo.

Thiago me mira.

—Tranquilo.

Sólo era una puta pregunta. —Le devuelvo la mirada—. ¿Crees que sea virgen?.

Sam silba.

—Naaaaah. No es

posible. Se calentó demasiado el año pasado para aguantar más.

—¿Alguna vez la

has visto salir con alguien?. — Thiago se vuelve hacia mí—. Venga hombre,

tienes que saberlo. ¿Ha salido alguna vez con algún chico? Quiero decir,

demonios, probablemente puedas ver su habitación desde aquí arriba.

Y puedo, de hecho.

Me encojo de

hombros, cojo mi paquete de cigarrillos y evito mirarlo. No tengo ni puta idea.

Lo dudo. Es una casa pequeña y su padre siempre está allí.

Paul se encoge

de hombros.

—Bueno, tiene

esa guitarra y sus plantas. Quizá sea una de esas chicas a las que no les gusta

hacerlo.

Thiago suelta

una carcajada.

—Quizá esté

esperando a que alguien que sepa qué demonios está haciendo le enseñe cómo.

Odio esta

conversación; los motivos son tan confusos como el resto de los sentimientos

que despierta en mí la mención de Samantha.

Paul se ríe,

tose con el whisky y se tambalea un poco antes de levantarse, sujetándose el

costado.

—Mierda, ¿quieres decir tú,

idiota?

Thiago sonríe.

—Háganse a un

lado, caballeros, y les mostraré cómo se hace.

Paul y Sam se

ríen y sacuden la cabeza. Lleno mis pulmones con todo el humo de cigarrillo

caliente que puedo.

—¿Tú? —Paul saluda a Thiago y a

su infame chulería.

— Y una mierda. No podrías.

—Ni de broma. Quizá después de que

te enseñe cómo, —dice Paul con una sonrisa.

Me quedo

mirando en silencio, aplastando el cigarrillo lo más rápido que puedo, mientras

el vaso rojo que tengo en la mano ondula ligeramente al apretarlo cada vez más fuerte.

—¿Y tú, Schuster?.

— Thiago se vuelve, asintiendo con su tonta y atractiva barbilla hacia mí.

Realmente no

entiendo la rabia que siento en ese momento, ante esos otros tipos que hablan

de follarse a Samantha. Es rabia. Es algo irreflexivo.

Y estoy muy confundido.

—Esto es una

puta estupidez, —gruño, me meto un nuevo cigarrillo en la boca y enciendo su

punta con la del último.

—Oye, si no quieres jugar en la

liga, no tienes por qué hacerlo.

Thiago se ríe

entre dientes, pues me conoce lo suficiente como para darse cuenta de que me

estaba cabreando, aunque no sepa muy bien por qué.

—Podríamos hacerlo interesante. ¿Te apuntas?.

Burbujeo bajo

la superficie mientras dirijo mi sonrisa forzada a Thiago. Paul frunce el ceño

y sus ojos se mueven entre nosotros, percibiendo la fricción, aunque ni

siquiera él está totalmente seguro de lo que me pasa.

—Muy bien, ¿por qué no nos

relajamos? Tengo una onza de Cali Kush

que me ha proporcionado mi hombre. Podría liarnos una buena...

—A la mierda, —me encojo de hombros lo más

despreocupadamente posible.

—Me apunto. ¿Te parece

interesante?.

Paul se ríe.

—Oh, mierda. Ahora estamos

llegando a alguna parte.

Thiago esboza

una sonrisa. Como he dicho, me conoce y sabe que las probabilidades de que yo y

mi vena competitiva nos retiremos de algo cuando se convierte en una apuesta

son de una entre un millón.

—¿Cien dólares cada uno? El primero que lo consiga se lleva

el botín.

El vaso se

aplasta en mi mano, a mi lado. La cerveza gotea de la punta de mis dedos.

—¿Qué eres, pobre de mierda, Wills Jones?— Thiago sonríe aún

más.

—Que sean mil para cada uno.

Sam enarca las

cejas.

—¿Cuatro mil dólares a quien se

folle primero a Samantha Emerson?. —Asiente mientras se bebe otra botella de

whisky—. Mierda, me apunto.

Esto es una estupidez.

—Confía en mí, —sonríe Thiago

mientras coge mi paquete de cigarrillos del alféizar del balcón y se pone uno

entre los labios—. Estoy dentro. Metido hasta el cuello.

Por un segundo,

literalmente quiero matar a uno de mis mejores amigos. Realmente quiero tirarlo

por el balcón y mearme en su cuerpo destrozado. Intento contenerme, pero me lo

estoy imaginando con todo lujo de detalles mientras saco un cigarrillo, con los

ojos clavados en él.

La mirada burlona de Thiago se

desvía hacia la mía y su frente se arruga.

—Jesús, Schuster,

es sólo un reto. —Se ríe—. ¿Quieres dejar de poner ojos de bestia?.

Doy otra calada de humo, lleno mis

pulmones y me trago la oscuridad.

Y luego

desaparece. Entonces vuelvo a esconderme. Me fuerzo a poner la habitual máscara

de rostro sonriente mientras me encojo de hombros despreocupadamente y sonrío.

—Sólo te estoy tomando el pelo, hermano.

Thiago me

sostiene la mirada un segundo más, frunciendo ligeramente el ceño, como si

intentara ver a través de la máscara.

No lo hará. Nadie lo hace.

Se ríe, el

sonido teñido de nerviosismo lo suficiente para hacerme saber que he llegado a

un punto, aunque sea subliminalmente.

—Amigo estás intentando meterte en mi cabeza, ¿eh?.

Se ríe de nuevo

y la repentina tensión de nuestro grupo en el balcón se disipa. El ambiente se

aligera. Mi cabeza no.

Paul asiente a Sam.

—Oye, ¿sigues

intentando ligarte a esa chica nueva, Morena?.

—Lo intentaba. —Paul

se encoge de hombros y su rostro se transforma en una sonrisa—. Ayer me la

chuparon en la biblioteca de arriba después en inglés.

Paul gime. Hijo de puta.

Sam se limita a sonreír.

—¿Quieres un poco?

—No después de ti, Jesús.

En toda nuestra

puta gloria como "reyes" de la escuela, ésta es una norma: no se toca

a una chica con la que haya estado uno de los otros. Creo que pretendemos tener

normas. También es una cuestión de poder, porque se corre la voz. Así que si una

chica está contigo, es porque te quiere a ti y no a los otros tres, ya que

estar contigo significa que ligar con un de los otros está descartado.

Como he dicho, es estúpido.

—Si, a la mierda, —Thiago arruga

la nariz—. A menos que quieras besar a una chica que sabe a la polla de Paul.

Los tres

estallaron en carcajadas, como debería haber hecho yo también. Después de todo,

somos jóvenes, somos el uno por ciento del uno por ciento, y tenemos a toda la

escuela de rodillas suplicándonos. A veces literalmente.

Pero los ignoro

mientras vuelvo a mirar la casita del jardinero. Ella sigue ahí fuera, en su

pequeño porche vallado, rasgueando una melodía que no oigo y pronunciando

palabras que no consigo descifrar.

No puedo, no es

una condición que mi cerebro esté acostumbrado a aceptar.

Capítulos
Personalizar
Siguiente capítulo

También te puede gustar

Logo
Tu guía para los mejores dramas cortos en línea. Avances de episodios gratuitos, información completa del elenco y enlaces a plataformas oficiales, todo en un solo lugar.
©2026 PinesDramas. Todos los derechos reservados.