Fernanda sacó una prenda de su maleta. "No es de tu incumbencia. Ahora vete".
Lo único que deseaba era que ese hombre se fuera lo más antes posible.
Cuando él la abrazaba, sus dedos rozaron su espalda durante unos largos segundos. Los callos en las yemas de sus dedos se habían sentido ásperos, delatando más desgaste que la mayoría de personas. Su destreza con el cuchillo y sus rápidos reflejos eran una prueba de que no era una persona común y corriente.
Pero Fernanda interrumpió ese pensamiento y descartó cualquier curiosidad sobre sus antecedentes.
Abajo la bocina de un auto rompió el silencio. El hombre se levantó con lentitud.
Mientras fingían ser íntimos, se le había aflojado la camisa, pero sus pantalones seguían perfectamente en su lugar.
Mientras se acercaba a la ventana, se abrochó la camisa y le arrojó algo a Fernanda. "Me disculpo por cualquier molestia que te haya ocasionado. Considera esto como una compensación".
Luego, con la elegante precisión de una pantera, saltó por la ventana.
Fernanda se acercó y se asomó hacia la noche. Bajo la tenue iluminación de las farolas, lo observó escalar el muro sin siquiera esforzarse y navegar por las cornisas hasta fusionarse con las sombras.
Cuando se agachó para agarrar lo que le había dejado, vio que era una elegante tarjeta negra.
La interrupción de esa noche había tenido una compensación adecuada y justa. Por lo tanto, guardó la tarjeta en el bolsillo y cerró las cortinas.
A la mañana siguiente, el mayordomo se acercó a ella con preocupación. "Señorita Morgan, espero que haya podido descansar anoche. Hubo una inspección por robo, lo que provocó mucho alboroto".
Fernanda se encogió de hombros. "No me molestó".
Mientras conducían, el mayordomo le dio miradas furtivas a través del espejo retrovisor. Su elegante perfil proyectaba un silencio contemplativo mientras se reclinaba en su asiento y miraba por la ventana.
Se dijo a sí mismo que ella no parecía la típica joven criada en el campo. Su tranquila sofisticación y su elegancia la distinguían, realzando su encanto natural y convirtiéndola en una muchacha encantadora.
Tras dos días de viaje, Fernanda entró a las bulliciosas calles de Esaham.
La ciudad era una ruidosa y atiborrada metrópolis, con calles vibrantes y un tráfico incesante.
Poco después de las ocho de la mañana, una limusina Lincoln se deslizó hacia el exclusivo complejo de Villas Dawn y se detuvo frente a una majestuosa casa blanca de tres pisos.
Fernanda bajó elegantemente de la limusina y dejó que sus ojos observaran la grandeza del edificio.
La opulenta e imponente villa era testimonio de una enorme riqueza. Una sonrisa débil, casi burlona, se dibujó en sus labios mientras le dirigía una mirada escrutadora.
Era la residencia de su padre, Robert Morgan. A pesar de tener orígenes humildes, ascendió en riqueza y estatus con el apoyo de su difunta madre.
Una vez que amasó su fortuna, abandonó a su madre y decidió disfrutar con su amante.
Esa mujer, Michelle Morgan, no había contribuido en nada a su éxito, pero ahora estaba satisfechamente sentada en el lugar que la madre de Fernanda se había ganado por derecho propio. Estaba disfrutando de lujos y respeto que no le pertenecían. Peor aún, Michelle se había atrevido a alardear de su victoria, exhibiendo la vida que había robado ante su afligida madre. Fue una crueldad que terminó llevándola a su muerte prematura.
Todos veían a Michelle como la segunda esposa de Robert, un símbolo de gracia y encanto. Incluso tuvo la audacia de afirmar ser la verdadera madre de Fernanda. Pero ella sabía la verdad. Detrás de esa pulida apariencia, se escondía una verdad cruda e implacable.
Los ojos oscuros de Fernanda se volvieron severos con una determinación férrea.
Su madre ya no estaba ahí para buscar justicia, pero ella había prometido que la haría en su nombre.
De repente, la amplia puerta de la villa se abrió, revelando a la pareja que era la culpable de su desastrosa vida.
Robert tenía un porte erguido. Las líneas definidas de su traje a medida acentuaban su estatura. Sus gafas doradas reflejaban la cálida luz, haciéndolo más sofisticado.
A su lado se encontraba Michelle, la personificación de la elegancia. Su vestido ajustado se adaptaba muy bien a su esbelta figura, exudando refinamiento y compostura.
"Fernanda, regresaste", saludó Robert cálidamente. Tenía una sonrisa mientras le hacía señas para que se acercara. "Adelante".
Fernanda bajó la mirada, ocultando la tormenta de emociones que se gestaba en su alma. Se acercó más con pasos vacilantes.
Con un brazo alrededor de la cintura de Michelle, Robert la presentó: "Fernanda, ella es tu madre".
Luego, hizo un gesto hacia la sala de estar. "Y esa es Erika, tu hermana".
Erika Morgan estaba viendo televisión en el sofá, solo alzó la mirada cuando Fernanda se acercó. Sus ojos se entrecerraron mientras observaba su sencillo vestido y su rostro se contorsionó en una mueca despectiva. Poniendo los ojos en blanco, murmuró sarcásticamente: "¿Esta pueblerina? Papá, ella no es mi hermana".
Michelle se acercó con una cálida sonrisa y unió su brazo con el de su hija. "Oh, Fernanda, Erika solo está bromeando. No le hagas caso, ya te preparé el desayuno. Debes tener mucha hambre. Comamos algo".
Fernanda liberó su brazo y caminó decisivamente hacia el comedor.
Michelle hizo una pausa y su sonrisa vaciló mientras la confusión se apoderaba de su rostro. Preocupada, se volvió hacia Robert. "Robert, ¿qué le pasa?".
El hombre exhaló un suspiro y contestó resignado: "Fernanda se crio en el campo. Es un poco tosca, eso es todo. No es nada contra ti, Michelle".
Ella dio un asentimiento y una gentil sonrisa se apoderó de sus rasgos. "No te preocupes", murmuró, reafirmando su resolución. "La guiaré mientras se adapta, le enseñaré los principios de la elegancia y la transformaré en una joven elegante".
Robert le dio una palmadita en la espalda, mostrando su aprecio.
En el comedor, Michelle se sentó junto a Fernanda.
"Fernanda, tienes que probar esta carne", insistió y puso un poco en su plato. "Es la favorita de Erika".
Fernanda alzó la carne de su plato y la tiró disgustada a un plato vacío. "Es asquerosa".





