Su novia pueblerina resultó ser legendaria

En cuanto esas palabras salieron de los labios de Fernanda, toda la mesa se quedó paralizada con sorpresa e incredulidad.

Ya sin paciencia, Erika dejó caer la mano sobre la mesa. "¿Qué estás diciendo, pueblerina? Mi mamá tuvo la amabilidad de ofrecerte esta carne, ¿y tú tienes el descaro de ser grosera?".

Fernanda respondió a sus miradas asombradas con una expresión de fingida inocencia. "Me refería a la carne de res", respondió. "Está cruda y no me parece apetitosa. ¿Qué más podría querer decir?".

"Tú...". La respuesta de Erika vaciló en su garganta. No pensaba admitir que pensaba que Fernanda estaba insultando a su madre.

Con un parpadeo lento, Fernanda agregó: "A menos que pienses que hay algo aún más asqueroso en esta mesa que la carne cruda".

Erika se quedó tan perpleja que por un pequeño instante sintió que su voz la había abandonado por completo. No pudo pronunciar ni una palabra.

Fue Michelle quien rompió el incómodo silencio con gentileza: "Fernanda, ese plato se llama tartar de ternera. Es un reconocido manjar a base de carne de primera calidad y huevo pasteurizado. Normalmente se vende en restaurantes de alto nivel. Quizás no tuviste la oportunidad de probarlo antes".

Estaba dando a entender sutilmente que su pasado había sido tan humilde que tal vez no había probado experiencias culinarias tan refinadas.

Fernanda permitió que una sonrisa traviesa se dibujara en sus labios. "Nuestros antepasados perfeccionaron muchas recetas y técnicas sofisticadas. No hicieron todo eso para que nosotros retrocedamos a consumir carne cruda como si estuviéramos perdidos en la selva".

Michelle se mostró un poco incómoda, pero logró mantener una sonrisa educada y asintió rígidamente en señal de acuerdo. "Admito que tienes un punto válido".

"Estoy de acuerdo, a mí tampoco me gusta el tartar de ternera", coincidió Robert. Luego, observó a Fernanda con evidente orgullo. "Siempre he preferido los sabores clásicos, parece que Fernanda heredó eso de mí".

Ella le dio una sonrisa forzada y limpió delicadamente su tenedor en una servilleta tras haber probado el tartar de carne. Luego, siguió comiendo con una actitud serena, sin verse afectada por el resentimiento de Erika.

De repente, Michelle se aventuró a hacer una pregunta: "Fernanda, ¿a qué universidad estás asistiendo? Erika está en la Universidad Luminary, una de las mejores del país. ¿Qué hay de ti?".

Erika esbozó una sonrisa de satisfacción.

Robert contestó fríamente a favor de su hija mayor: "He hablado con algunas personas de la ciudad natal de Fernanda. No está matriculada en ninguna universidad".

Michelle abrió mucho los ojos. "¿Qué acabas de decir? ¿Fernanda no asiste a la universidad? ¡No es posible! ¿Qué haremos cuando los Harper se enteren? La señora Harper dijo que estaban planeando una increíble fiesta de bienvenida para el regreso de Fernanda. Si se enteran de que no está inscrita en ninguna universidad, podría ser desastroso".

Robert intervino irritado, interrumpiendo el pánico de su esposa. "Basta. Yo mismo me encargaré de la educación de Fernanda".

Desde la esquina, Erika no pudo evitar lanzar una risita. Le parecía muy divertido imaginar a Fernanda entrando a alguna escuela de bajo rango a través de conexiones.

Era absurdo que la familia Harper celebrara la llegada de alguien que ella consideraba una inútil. La brusquedad y poca elegancia de Fernanda le ganaría su desaprobación en cuanto la vieran.

Bobby Harper le parecía bastante encantador, pero su familia insistía en honrar su promesa de comprometerlo con Fernanda, por lo que presionaron a Robert para que la reintegrara a su familia, lo que a Erika le parecía completamente absurdo.

Estaba convencida de que los Harper nunca desarrollarían una afinidad por alguien con tan poca educación como Fernanda.

El ambiente se volvió tenso a medida que discutían las perspectivas académicas de Fernanda.

En medio del incómodo silencio, ella agarró una servilleta y se limpió los labios. "Ya me he inscrito para tomar el examen de ingreso a la Universidad Esaham", anunció. "Si todo va bien, estudiaré ahí en un futuro próximo".

Erika se quedó sin palabras antes de estallar en una risa desenfrenada.

Era ridículo que la Universidad Esaham, la más prestigiosa del país, donde los cupos eran tan codiciados como el oro, permitiera a Fernanda tomar el examen de ingreso. Sin duda era una mentira.

Robert entrecerró los ojos con severidad. "Fernanda, ¿cómo puedes mentir con eso?", preguntó frunciendo el ceño. "¿Mentir fue lo único que aprendiste en tu pequeño pueblo?".

"Cariño, cálmate", intervino Michelle. "Fernanda solo quiere impresionarte".

Luego, se volvió hacia esta última con una expresión maternal. "No hay vergüenza en no asistir a la universidad, Fernanda. No tienes que fingir ni sentirte menos. Aquí somos familia, así que no te juzgamos".

Aunque se veía amable, tenía un atisbo de incredulidad, pues asumía que ella solo estaba mintiendo.

Sin decir nada, Fernanda sacó su celular. Después de unos cuantos golpecitos, lo deslizó hacia el centro de la mea.

Todos se inclinaron para mirar. La risa de Erika se detuvo abruptamente cuando vio la pantalla.

En un lugar destacado, se mostraba el boleto de admisión al examen de ingreso a la Universidad Esaham. Ahí estaba su foto y su nombre en negrita.

Erika agarró el celular y lo inspeccionó con los ojos muy abiertos. Su ira se desbordó mientras lo arrojaba lejos. "¡No puede ser real! Tú lo editaste, ¿no?".

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