FLASH BACK
Hace cuatro años
Hospital de Salamanca
El embarazo de Melissa transcurrió normal y ya había dado a luz en el hospital, era un hermoso niño de tez blanca, rubio como ella y ojos azules, no tenia ningún parecido con el miserable que lo engendro.
―Mi pequeño bebe, al fin te conozco y te tengo en mis brazos, de ahora en adelante serás mi soporte en este lugar.
―Es un bebé precioso señorita Melissa.
―Es verdad. ―Sonrió.
―Su padre lo adorara en cuanto lo conozca.
―No tiene padre, murió y yo soy su única familia. ― Hablo algo enfadada.
―Lo siento, no lo sabía. ― La enfermera estaba avergonzada.
―No se preocupe, después de todo jamás quiso hacerse cargo. ―Beso al pequeño rogando que nunca fuera como el.
― Cambiando el tema. ¿Cómo le pondrás al bebé? ―Dijo la enfermera muy curiosa
―Aun no lo sé, estaba pensando en Santiago. ―Para recordar el maldito dolor que me causaste. ―Pensó, pero ese instante vino a su mente su querido padre.
―Pero pensándolo bien, se llamará Eduardo como mi padre el cual extraño demasiado. ―Le dio un pequeño beso en la frente.
Tiempo después fue dada de alta, cuando salía a la recepción vio que cerca estaba la farmaceuta y fue hasta ella con algo de temor de realizar una petición.
―Disculpe soy psicóloga y necesito saber si hay posibilidades de que me suministren un medicamento.
― Claro. ¿Tiene la orden?
―Por supuesto, es por parte de la universidad de Madrid, el profesor Ruiz.
―Si es por parte de Ruiz. no hay ningún problema, todos aquí lo conocen, nos encargamos de ayudar a sus pupilos en suministrar medicamentos para sus consultorios.
―Me agrada mucho, el profesor me recomendó, así que me gustaría comenzar con los tramites, por favor.
―Espere aquí un momento.
Recordó que en una clase el profesor les había enseñado un medicamento no reconocido para los psicólogos.
―Esto es capaz con tan solo una gota de enviar a dormir a cualquier individuo que desee. Es usado clandestinamente para los pacientes con enfermedades psiquiátricas. ―Profesor Archer.
― ¿Qué efectos deja profesor? – Melissa
―Solo que el paciente no tiene conciencia de lo que sucedió depuse del dopaje y siente como si hubiera estado teniendo relaciones.
― ¿Es eso cierto?
―Si Melissa, pero si se pasan de la dosis podrían causarle al paciente una terrible muerte.
Todos los alumnos estaban totalmente sorprendidos.
― ¿Cuánto tiempo dura su efecto? ―Melissa estaba realmente impactada.
―Más o menos entre una y dos horas, dependiendo del peso del paciente.
―Es totalmente increíble.
Jamás imagino que un medicamento de esa magnitud le serviría para algo como en lo que empezaría a trabajar, si funcionaba la salvaría de ser tocada por aquellos hombres que la codiciaban.
Mientras esperaba a que trajeran la orden médica ya su hijo recordó a cuyo profesor le había hablado de aquella sustancia y no supo cómo tuvo el valor para preguntar.
―Señorita Sandoval, aquí le traigo el encargo que me ha pedido, por favor firme con su número de profesional.
Por suerte sabía perfectamente aquello gracias a que se lo aprendió para cuando estuviera solicitando empleo no la trataran de inexperta, firmo sin tener miedo.
― ¿Cree que sea posible que me sigan suministrando este medicamento?
―Claro que sí, si es conocida del Doctor Ruiz no hay de qué preocuparse.
Meses después pasados su tiempo de dieta por el bebé, Melissa estaba en su casa relajada viendo a su pequeño bebe durmiendo y lista para ir a ese lugar.
―Ya es hora de que vaya a empezar mi venganza, nunca nadie volverá a jugar conmigo. ―Sostenía aquella pequeña botella con el contenido que consideraría su salvación.
― Démosle la bienvenida a nuestra mayor atracción, la sensual, hermosa divinidad bajada del cielo. La mujer que seguro despertara sus miradas, curiosidad, con ustedes:
” LA DIOSA SERENITY “
Melissa salió al escenario envuelta en un traje árabe, empezó a bailar muy sensual, pero sin dejar de mirar a Iván, quien hablaba con un hombre que estaba realmente interesado. Al final bajo despidiéndose de los presentes encontrándose con el rubio.
― ¿Lista? ya tengo el primer cliente. ― El miserable contaba los billetes que minutos atrás había pagado por tenerla.
― ¿Tan pronto? ― Hablo nerviosa, pero no lo demostró.
―Si querida, ve ahora mismo a la habitación del fondo. ―Saco un cigarrillo para fumarlo y arrojarle el humo.
Sin más opciones y esperando que todo saliera como lo había planeado, Melissa fue a la habitación, estaba totalmente muerta de nervios, aquel hombre la toco en cuanto la vio entrar, se sintió con miedo.
― ¿Qué sucede preciosa? ― Hablo deseoso.
―Es que primero debo tomar un poco de vino para calmarme y así poder complacerte más de lo que crees. ―Puso un dedo en su boca y la mano en su pecho con una mirada sensual.
―De acuerdo querida, tomare junto a ti si lo deseas. ―La alejo sin de dejar de verla codiciosamente.
Melissa fue al mini bar que había, saco una botella de vino con dos copas para servirlo, aprovecho que estaba quitándose la ropa y le introdujo una gota de aquel brebaje.
“Solo una gota de este en un vaso de vino hará que cualquiera se duerma en menos de cinco minutos” ― Pronuncio las palabras del profesor Ruiz.
―Y si te pasas de la cantidad podrías morir. ―Susurro mirando al tipo desnudándose.
― ¿Estas listas, mi cielo? ― El hombre estaba desesperado por su demora.
―Claro cariño, toma bébelo todo. – Brindo con el fingiendo deseo.
Aquel hombre lo bebió sin pensarlo, le sonrió, este empezó a besarla por todo su cuerpo dejando caer aquella copa al suelo, la chica le dio asco de solo sentirlo, pero debía esperar unos minutos su efecto.
― ¡Por favor hazlo! ―Melissa suplico al notar que pasaba el tiempo muy lentamente.
El hombre creyó que eran palabras para que comenzara la acción, así que la acostó en la cama boca arriba, la fue despojando poco a poco.
―Espero te encante mi cielo, porque estas muy deliciosa.
Tenía sus ojos cerrados rogando a que hiciera efecto, nada ocurrió, sus lágrimas comenzaron a salir por montones, pero ya cuando el hombre estuvo a punto de poseerla se desmayó encima, la mujer respiro aliviada de que aquello fuera real, sin embargo, le tomo el pulso para saber si estaba vivo, lo escucho roncar.
―¡Maldito infeliz! nunca seré tuya ni de nadie. ―Lo quito de su cuerpo con el mayor asco.
Se alejó de la cama tratando de quitarse su asqueroso olor.
Después de dos horas de estar en la ducha, sabía que tenía que regresar a su lado pues ya sería el momento de seguir fingiendo. Así que se desnudó y se acostó nuevamente, el hombre se levantó sintiéndola dormir.
―Hola cariño ¿te gusto lo que hicimos? ― Fingió despertar mirándolo seductoramente.
― La verdad no recuerdo mucho. ―El hombre apenas y se rascaba la cabeza.
― Seguro fue que bebiste demasiado, pero te portaste como una fiera y eso me encanto. ―Dijo tapándose con la cobija, por nada permitiría que la viera desnuda.
―¿Lo dices enserio? ― Quiso tocarla.
―Sí, eres un encanto. ― Se le acerco fingiendo coquetearle con sensualidad.
El hombre quería besarla, pero ella lo alejo con su dedo saliendo de la cama.
―Nos veremos de nuevo si deseamos cariño, nuestro tiempo acabo. ―Melissa se encerró en el baño esperando a que este saliera pronto de la habitación.
― ¡Funciono! ―Estaba feliz.
Había valido la pena todo lo que le fue enseñado en su carrera como Psicóloga, estaría protegida por aquel brebaje mientras buscaba la forma de escapar con su hijo.
FÍN FLASHBACK
:::
Melissa había decidido volver a bailar, no tener tanto contacto con los visitantes del bar ya que debía ir por más de aquel producto al hospital.
Tenía de suerte ya que Iván se había ido de viaje y si él no estaba nadie podía emprender negocios con su cuerpo.
Al estar bailando noto que alguien estaba observándola, no supo cómo lo hizo, pero se acercó hasta él, se dio cuenta que era su amigo Andrés, esto la emociono al tiempo que la puso nerviosa.
Observó hacia todos lados para que nadie se diera cuenta ya que le entregaría una nota.
Ese hombre quedó impactado, después de leer la nota, la siguió hasta el pasillo en el que nadie entraba sin autorización se encontró con ella cubierta de una fina seda en su cara.
― ¿Eres tú Melissa Sandoval? – Hablo al tomarla de la mano.
―No sé de qué hablas no te conozco. ― Se sintió nerviosa que quería escapar.
―Sé que eres tú, conozco tu letra desde que íbamos en la secundaria. ―La retuvo fuertemente.
La chica se le acercó a este muy afligida llorando, Andrés la recibió en sus brazos con demasiada alegría de finalmente encontrarse con su amiga.
―Te he estado buscando por todo el país. ―Destapo su cara viéndola llorar.
― ¿De verdad? ― Hablo con demasiada emoción.
― Sí, tus padres reciben tus cartas diciendo que no los vas a buscar más, que estas bien con tu amor. – La abrazo.
―No fui yo, jamás les he escrito cartas, no me dejan. ― Comenzó a llorar.
― ¿Entonces? ―La miro seriamente.
―Santiago me engaño, me dejo aquí, no he podido salir de esto. ― Las lágrimas de la joven no paraban.
―Entonces te ayudare, soy policía e investigador. ―Andrés seco sus lágrimas con un pañuelo.
― ¡No lo hagas, por lo que más quieras, mi hijo puede salir lastimado!
― ¿Hijo? ―Andrés estaba sorprendido.
Al día siguiente, Andrés y Melissa estaban en el parque ya que por poco y los descubren en el bar, se sintió realmente aliviada de que él estuviera acompañándola.
―Así es, ese pequeño es mi hijo. ―Melissa
― ¿Es de Santiago y tuyo? ―Andrés
―No, de ese malnacido no, es del hombre a quien me entrego. ― Melissa hablo con enojo.
―No entiendo como no ha intentado huir de allí. ―Andrés
―Créeme que lo he intentado muchas veces, pero, él siempre sabe mis movimientos. ― Melissa
―Entonces déjame ayudarte, necesito que te protejan. –Andrés
―Ya te dije que no, ese hombre es muy poderoso, podría atentar contra cualquiera que se atraviese en el camino, además por poco logro escapar hace unos días, si no hubiera sido por aquel chico. ― Melissa callo llena de nervios.
― ¿Qué chico? ―Andrés la miro dudoso.
―No me hagas caso, iré por mi pequeño ya que pronto debo volver a ese sitio.
Melissa fue por su hijo encontrándolo muy feliz jugando con alguien, ese mismo individuo que estaba rondando su cabeza en esos días.
― ¡Mami! ―El pequeño corrió hacia ella y lo recibió con alegría sin dejar de observar a Miguel muy sorprendida.
―Hola―La saludo cordialmente.
―Hola. ―Dijo nerviosa. ― ¿Qué haces aquí?
―Vino a darme la rosa para dártela mamita. ―Eduardo
La chica se quedó sorprendida mirándolo mientras este sonreía.
―Hijo, debemos volver a casa. ― Le tomo la mano a su pequeño para irse.
― ¿Te acompaño? ―Miguel se acercó.
―No gracias, estoy con un viejo amigo, él me acompañara―Melissa.
― Melissa, discúlpame, pero debo irme a investigar algo. ―Andrés llego apresurado sin saludar al presente.
―Pero...―Melissa
― Discúlpame, vendré en cuanto termine. –Andrés.
―De acuerdo. ―Melissa se despidió este se fue sin notar a Miguel.
Melissa se sentó de nuevo junto a Miguel muy seria sin decir ni media palabra.
―Creo que te estoy incomodando. ¿Verdad? –Miguel.
―Es más que eso, no nos conocemos y vienes a jugar con mi hijo dejándole flores, ¿acaso no te educaron diciéndote que no hablaras con extraños? ―Melissa dijo muy seria.
― Pues me disculpo por haber hecho semejante atrocidad mi lady, pero el que no le haya dicho mi nombre es porque no nos presentamos como debía ser ―Le tomo la mano arrodillándose y besándola―Soy Miguel Duarte.
Esto a la chica le causo algo más que nervios a su contacto, vio que en su mirada había total sinceridad.
― Mi nombre es Melissa Sandoval. ―Dijo algo ruborizada.
―Es un hermoso nombre señorita Melissa. ― Miguel le sonrió.
El sonrojo que la rubia tenia estaba tan presente, su mente comenzó a imaginar cosas.
Pero de un instante a otro Santiago regreso a sus pensamientos, se alejó su mano de este, cargo a su hijo, el chico algo confuso se fue junto a ella.
―No es necesario que me acompañe Señor Duarte.
―No es problema para mí, además deje el auto en frente de tu casa.
La chica simplemente siguió caminando, esta vez con un poco de rubor en sus mejillas, la acompaño hasta la entrada.
― Gracias por tu compañía. ―Observo hacia la calle, se dio cuenta que estaba comenzando a nevar.
― Considero que es hora que me vaya y no te moleste más. – Miguel.
―Espera, lo mejor es que te quedes, quizá debas calentarte un poco con este clima.
No supo cómo ni porque le dijo aquello, pero presintió que estando cerca estaría más tranquila que quedándose sola.
―Te lo agradezco, pero no quiero incomodarte, como dijiste somos aún somos desconocidos. –Miguel hablo titiritando de frio.
Melissa abrió la puerta permitiéndole entrar al verlo así, no soportaba observar a alguien en ese estado.
― Quizá podamos tener una conversación apropiada ¿no lo crees?
―De acuerdo.
Al entrar fue a acostar a su pequeño en la cama, arropándolo, mientras Miguel estaba observando la hermosa casa que esta tenia, lo que más le llamo su atención era la bella foto que tenía en la repisa de la sala.
― Te veías muy hermosa embarazada. – Miguel dijo tomando aquel retrato.
― Gracias, nadie me había dicho eso. – Melissa dijo llegando cerca de él.
Miguel se dio vuelta viendo como estaba ruborizado.
― No creí te tuvieras un hermoso hijo. ¿Eres casada?
― No, por desgracia el padre de mi hijo murió. ―Se dirigió a la cocina para preparar un poco de chocolate.
― Lo lamento. ―Dejo el retrato en la repisa nuevamente.
Melissa simplemente ignoro su comentario, se sentó a su lado entregándole la bebida caliente que había preparado.
―Entonces te contare de mi emocionante vida, soy un chico nacido en Madrid, tuve la fortuna de crecer en una hermosa familia, la cual siempre me ha apoyado sin importar lo loco que sea.
―Espera un momento. ¿Eres de Madrid? ―Melissa se impresiono.
―Sí, pero por los trabajos de mi padre viaje a muchos lugares distintos en todo el mundo.
―Eso explica por qué nunca te vi en la escuela ni preparatoria. ―Bebió un poco de su taza
― ¿Entonces eres de esa ciudad también?
― Si. ―Dijo un poco triste.
― ¿Acaso te sientes mal? ―Miguel.
― No es eso, solo que extraño ese lugar. ―Dejo su bebida en la mesa.
― No pienso que sea solo eso, siento que en tu mirada hay más. ―Miguel se le acerco un poco mas.
―No considero que sea lo apropiado, además de que me estabas espiando todos estos días, me enviabas esas rosas con mi hijo. ¿Dime por qué? ―Sentir su aroma la tranquilizaba al estar tan cerca de él.
― Solo quise hacerlo porque siempre te vi llorar hace unos días, aunque lo ocultaras, quisiera que me tuvieras un poco de confianza, me dijeras que es lo que te sucede. ―Miguel le tomo sus manos muy cariñosamente mirándolo a los ojos.
―No me sucede nada, te lo aseguro y ya déjame en paz. ―Melissa se soltó de sus manos, pero el chico la tomo de nuevo, la beso desesperadamente abrazándola, la rubia no sabía actuar ante tal acto, no se sentía como aquellos hombres que la tocaban, así que se dejaron llevar por un momento más, hasta que sus malos recuerdos con Iván le llegaron a su mente.
Melissa lo alejo con una cachetada fuerte, se sintió acorralada y asustada nuevamente.
― ¡Quiero que te vayas por favor!
El chico se fue muy lastimado ante sus actos, mientras ella se quedó en el sofá muy asustada llorando.
―No puedo dejar que nada me haga daño, no deseo que nadie me lastime, no quiero, no dejare que pase de nuevo. – Melissa lloraba cada vez más al revivir aquellas heridas. ― ¡Te odio totalmente a ti y todos aquellos hombres!
Miguel salió de aquel lugar, Andrés llego en ese instante viendo salir a el chico de casa de su amiga, entro a la misma escuchando a la rubia estaba totalmente asustada.
―¿Qué te sucedió?
―No es nada. ―Hablo un poco tranquila sentada en el sofá suspirando sin saber como sentirse después de aquel beso.
―Como que nada si acabo de descubrir que un tipo salió de tu casa. ―Andrés estaba mas desesperado que ella.
―Él no me hizo nada malo, fue solo que me beso y reviví momentos obscuros de mi vida, recuerdos cuando ese maldito me forzó a ser suya, todo eso me lastima nuevamente, en mi opinión jamás podré olvidarme. ―Puso sus manos en la cara con un poco de miedo.
― Melissa por favor te lo suplico déjame ayudarte a salir de este mundo, tus vales mucho junto a ese pequeño que tienes.
―No puedo Andrés, aunque me escondiera en lo más profundo de la tierra el me encontraría.
El chico abrazo muy fuerte a su amiga pensando seriamente en ayudarla, aunque sea secretamente ya que conocía al joven que estaba minutos antes con ella.
Los días trascurrieron, Melissa era otra desde que cuyo amigo Andrés estaba allí acompañándola.
―Te agradezco mucho el que estés aquí, me siento con un poco más de ánimos.
― Solo estoy haciendo lo que cualquier amigo haría. ― Pero noto que se encontraba con lágrimas en sus ojos.
―Veo que lo extrañas.
― Sí, extraño demasiado a mis padres y a Madrid.
―No me refiero a tu padre, a ese hombre que te frecuenta de vez en cuando y no has querido verlo.
― ¿Miguel Duarte? ― Dijo con rubor en sus mejillas.
―Así que ese es su nombre, muy interesante. ― Trato de hacerse el sorprendido.
―¿Por qué? ― Hablo nerviosa.
―No es nada, debo ir con unos colegas para seguir investigando algunos asuntos. ― Sonrió al saber que ella misma le había confirmado que era su viejo amigo.
―De acuerdo, por favor cuídate ¿quieres? ― Lo abrazo.
El chico había decidido ir a buscar a Miguel en donde sabía perfectamente que estaba, ya que solía necesitar sus servicios como investigador de casos.
― Hola de nuevo amigo, ¿algún otro caso que quieras darme? ― Dijo mientras leía uno de los casos que diariamente llegaban a su oficina en Salamanca.
― Sí, uno en especial llamado Melissa Sandoval. ― Se sentó mirándolo.
― ¿Acaso la conoces? ― Dejo su lectura mirándolo sorprendido.
― Es una vieja amiga de la secundaria, sé que la conoces porque te vi salir de su casa días atrás.
―La verdad es que estoy realmente preocupado por ella desde ese día, siento que me está evadiendo y no quiero que siga así.
― Si eres mi amigo dime ¿Qué es lo que sientes por ella? ― Se recostó en el espaldar de su silla.
― La verdad es que desde aquel día en que la vi, por poco la lastimo, mi corazón no ha parado de suplicar querer estar a su lado, de sentir que debo protegerla, de amarla con todas mis fuerzas. ― Suspiro para después sonreírle.
―Creí que era solo por su atractivo. ― Noto le hablaba con sinceridad.
― No, ella me cautivo desde un principio, más ese aspecto de esquivarme siempre, cuando sé que siento que me quiere, por eso la bese, no sé qué le sucedió. ― Dijo preocupado.
― Si quieres ayudarla, te llevare a un sitio y sabrás por qué se siente así.
― Gracias amigo.
― Pero solo no te presentes ante ella ni le digas que te dije estas cosas.
Andrés debía actuar ante la negativa de su amiga, eso implicaba a su mejor amigo se enterara de toda aquella verdad que por miedo le estaba ocultando. Necesitaba un respaldo para lograr sacarla, si Miguel se notaba realmente enamorado como decía, entendería todo cuando se lo contara en aquel sitio.





