América
Me remuevo en mi cama por el dolor de cabeza que me produce la resaca, siento las manos suaves de Larissa que me rodean la cintura. Típico de ella cada que se queda a dormir conmigo, no me deja ni respirar, está chica tiene una manía de dormir abrazando a alguien o algo. En su casa tiene un oso gigante con quien duerme todas las noches, hay veces pienso que tiene intimidad con él.
Estoy en el baño cepillándome los dientes, me veo en el espejo, realmente soy muy hermosa, que lastima que no pueda disfrutar de mi sexualidad como cualquier otra chica. Bárbara es mala, siempre ha sido cortante, simple y fría conmigo, pero jamás imaginé que me vendería, ella siempre me trató cortante, pero nunca me ha negado algo. Tengo amigos, teléfono último modelo. Cualquiera que me mira piensa que soy una chica normal y muy mimada, que no estaría muy lejos de la realidad ya que me han dado todo y mi vida era normal hasta que llegó este viejo ofreciendo a Bárbara mucho dinero por mí, tal como si de un objeto se tratara.
Veo como una lágrima corre por mi mejilla y la secó inmediatamente. Termino de cepillarme y me meto a la ducha, dejo caer sobre mi cabeza agua muy fría, ya que esto ayuda mucho a quitar el dolor de cabeza.
Recuerdo a mi madre. Dora, ella era tan buena gente y buena madre, mis ojos la miraron noche tras noche orar a Dios para que nunca nos faltara el alimento diario. Ella trabajaba de sol a sol costurando ropa para que nada me faltara, al menos que no me faltara lo indispensable. Unas cuantas lágrimas corren por mis mejillas al recordar su trágica muerte.
—¿Sabes porque te llamas América? —recuerdo que mi madre me acariciaba el cabello.
Estábamos sentadas ambas mirando la tele, yo aún era muy pequeña tanto que apenas lo recuerdo.
—No mami. ¿Por qué me llamo América?
—Porque eres fuerte; eres muy parecida al continente.
—¿Cómo es el continente? —le pregunte con curiosidad e inocencia.
—Pequeño pero rico en muchas cosas y sobre todo en fauna, Flora, y no está contaminado. Así eres tú; eres lo más puro que hay en la tierra. Te amo, eres lo mejor que me ha pasado —mi madre empezó a toser y a faltarle la respiración—. Acompáñame al hospital no me siento bien —dijo mi madre, yo era muy pequeño pero jamás olvidaría ese día.
Llevaba tiempo sintiéndose mal, pero por falta de dinero nunca fue al médico. Ese día tomamos las llaves y su bolso para salir a buscar un taxi, se miraba bastante mal y siendo yo tan pequeña no le podía ayudar en nada. Ella salió primero a buscar taxi y yo me quedé pasándole el seguro a la puerta. Mis oídos solo escucharon un frenazo y el claxon de un auto; cuando volteé mire a mi madre tendida en el pavimento; era un charco de sangre y su cabeza estaba hecha pedazos; mire su cerebro a un lado de su cráneo.
Sentí un mareo y ganas de vomitar, no llore solo sentí que mi cabeza daba vueltas y un zumbido en mis oídos hasta que empecé a ver el cielo y lo miré que iba oscureciendo como cuando esta por amanecer y de ahí no supe más.
Desperté en un hospital, al lado mío estaba una mujer muy bella de traje como los que hacía mi mamá y en eso comencé a procesar todo el suceso, procese la escena más horrible de mi vida.
—No, mamá, mamita, no —gritaba con la esperanza de que me escuchara, en mi corazón tenía la fe que ella me escucharía y que no moriría—. Mama, quiero ver a mi mamita —la mujer se acercó y me abrazó pero no había ningún gesto cariñoso que calmara mi dolor, aun me duele, aun me baño con agua fría para congelar el dolor.
—Mi amor, tu mami está cuidándote desde el cielo, pero no te sientas sola aquí estoy yo. Te voy a cuidar; prometo cuidarte, lo juro.
—No, yo quiero a mi mamá, por favor —dije entre hipidos—. Te suplico —junté mis manitos—, que me lleves con mi mamá —a pesar de todo, sentía que mi mamá estaba viva pero solo era mi mente que se negaba a aceptar la realidad.
Fue duro tanto que estoy en la ducha llorando. Así fue como termine en un orfanato, la mujer que me acompañaba aquel día en el hospital era una trabajadora social, quien cumplió con lo que dijo; me cuido hasta que fui adoptada y durante los primero dos años, venía a verme y me preguntaba cómo estaba. Obvio le decía que me encontraba muy bien, nunca estuve mal hasta hoy, y la buscaría pero lamentablemente la despidieron y tuvo que irse a Colombia, su país de origen.
—Apúrate que me estoy miando —grita Larissa. Termino mi baño y salga envuelta en un albornoz—. ¿Amiga estabas llorando? —pregunta mi amiga ya que tengo los ojos un poco rojos.
—No es nada —me quito el albornoz y empiezo a vestirme. Nunca he sentido pena de estar desnuda frente a una mujer ya que pienso que tenemos lo mismo, no hay que esconder.
Bajo a desayunar; ya Bárbara está en la mesa y mi hermano también, él no vive aquí pero desde que mi madre me prometió en matrimonio ha estado más al pendiente. Larissa decidió irse sin desayunar ya que él papá la llamo varias veces para que se fuera.
—Oliver —corro hasta él y lo abrazo.
—¿Cómo va tú resaca? —me besa la frente y me corre la silla para que me siente al lado de él.
—Solo un poco de dolor de cabeza.
—Buenos días —habla Bárbara—. Estoy pintada que no saludas niña malcriada.
—Buenos días, mamá.
—Ya, ya, no me interesa que me hables o no —se lleva un trozo de melón a la boca—; hoy vendrá tu novio a verte, quiere salir contigo —automáticamente se me acaba de quitar el hambre, creo que voy a vomitar.
—No —contestó tranquilamente llevando mi taza de café a la boca que es lo único que me quita el asco.
—No ¿qué? —mi madre suena molesta.
—Para ti soy un producto ¿cierto? Y hasta que ese hombre no me compre, no puede usarme, no saldré con él —me levanto de la silla y corro a mi habitación a llorar. Gracias a Dios Larissa decidió irse sin desayunar, no me gusta que ella me vea así, tan destruida y débil, porque le duele, hay veces termina llorando junto conmigo, pero ella llora de la impotencia de no poder ayudarme.
Oliver
Veo como mi hermanita sale corriendo y llorando a su habitación, hambre ya no tengo pero aun así hago un esfuerzo por ingerir frutas ya que me espera un día largo y muy cansado en la empresa.
—Sabes, Bárbara —la veo al otro extremo de la mesa comer como si nada—, estas yendo muy lejos con esto, deja tus torturas para otros, pero no para mí hermana. Si me doy cuenta que la obligas a salir con ese viejo, no respondo —iba a contestarme algo pero me levanto y voy a la habitación de América.
—Hermanita —me acerco y está boca bajo llorando. Le masajeo la espalda—. Kelly me ha dado una idea que no me gusta pero es la única salida a todo esto —voltea y se seca las lágrimas.
—¿Qué? —pregunta y se sienta en la cama—. Lo que sea es mejor que casarme con ese viejo.
—Vendamos tu virginidad, esa fue lo que se le corrió a mi novia, al principio me pareció cínico pero creo que es una opción, se le paga a Bárbara y te vas a vivir conmigo —ella se queda pensando un rato algo indecisa.
—Ya lo había pensado, pero si vendo mi Virginidad y le doy el dinero a Bárbara y me voy contigo, ella puede ir a sacarme de tu casa, recuerda que aunque sea mayor de edad, no estoy emancipada, la única forma es salir casada —se suena la nariz con una blusa de algodón color rosa y vuelve su mirada a mí.
—Entonces, ofreceré tu virginidad a cambio del dinero de Bárbara y de un matrimonio por un año, es mejor que te cases con otro que con ese viejo asqueroso.
—Cualquiera es mejor que Vladimir —me dice y yo la abrazó, ella llora otra vez, está muy sensible y es de comprender—, está bien; entonces desde hoy, "se vende virginidad".
—Tranquila, te buscaré un buen partido y buscaré la manera de que te tenga paciencia y cariño.
"Siempre he pensado de que por más feo y viejo que sea alguien, si tiene unos buenos modales, es atento, amable, entre otras cualidades como persona, siempre se verá más atractivo que alguien, que físicamente sea más presentable pero vulgar".
—Ningún hombre me va a respetar después de comprarme pero no importa, a cómo te decía, cualquiera es mejor que el viejo verde.
Estoy en mi oficina pensando en cómo salvar de ésta, a mi hermana que no me he concentrado en los papeles que tengo en mi mano. No tengo ni la más mínima idea a quien le voy a ofrecer la Virginidad de mi hermana, suena tan cínico y enfermo. Recuerdo que tengo una cena con mi único socio y amigo, así que me levanto de mi escritorio y salgo de mi empresa.
—Amigo —se levanta de la mesa Nathan—, llegas tarde —me da un abrazo y unas palmadas en la espalda. Es el saludo que tenemos.
—Pensando en cómo solucionar un gran problema que implica a mi madre y mi hermana —se me sale un suspiro de frustración.
—Pedí pasta para ambos —dice mi amigo mientras se me acerca un joven a servirme vino.
—Perfecto.
—Mira —me interrumpe mi amigo—, él dinero es indispensable por ende el trabajo también, pero soy tu amigo. Cuéntame, quizá yo pueda ayudar.
—Pues... —dejó salir otro suspiro frustrado—, mi madre quiere vender a mi hermana, con un viejo asqueroso —le cuento todo con detalles.
—¡Dios mío! Suena mal pero míralo por el lado bueno, tu hermana va a estar en una buena posición económica y cuando se divorcie de ese señor, seguro el juez le concede dinero si ella lo pide, aparte, las jovencitas se mal gastan con niñitos que no le dan ni para el jabón. Esa es mi manera de pensar, respeto la tuya —nunca esperé esta respuesta de parte de mi amigo y aún que sé que tiene algo de razón, no puedo permitir que se case con ese viejo.
—Pues el problema es que el viejo de verdad da mucho asco. Es gordo y muy feo —arrugó la cara—; pero se nos ha ocurrido una idea.
—Dime —me termino mi copa de vino y mi amigo me sirve otra.
—Vender su virginidad a cambio del dinero para Bárbara y de un matrimonio por un año —veo como Nathan abre los ojos.
—Pues esa es una buena idea, el problema está en que yo dudo que alguien quiera hacer este tipo de tratos. Lo primero que querrán es, solo su virginidad no un matrimonio.
—Tienes razón, no sé qué hacer.
El resto de la cena hablamos de negocios, mi amigo va a invertir nueve millones de dólar en mi proyecto, lo que nos dejara con buenas ganancias a ambos.
Nathan
Llego a mi casa cansado, veo a mi hijo dormido en el sofá de la sala y un papel en el pecho que dice: “te estaba esperando, despiértame” no puedo evitar reír. Agarro el papel y se lo retiro.
—Jader, hijo mío —le llamo suavemente para no asustarlo.
—Papá, llegas tarde —dice medio dormido mientras se levanta del sillón.
—Estaba en una reunión con Oliver y sabes que es mi amigo, me estaba comentando sobre un problema que tiene y tu ¿qué haces esperándome?
—Justamente de Oliver y su hermana te quiero hablar —veo que mi hijo se despierta un poco más y me mira a los ojos.
—Me dijiste que me darías un auto para fin de año, pues en lugar del auto quiero a la chica —casi me atragantó con mi propia saliva, ¡mi hijo está loco! Es joven, no tiene por qué andar comprando mujeres.
—¡Estás loco!
—Papá —me interrumpe—, esa chica me gusta y es una buena chica, si vieras el viejo que quiere compararla, esta de asco.
Suspiro profundo, se todo lo que le dije a mi amigo pero se lo dije para no verlo tan mal y hacerlo ver el lado bueno pero no estoy de acuerdo en tratar a una persona como mercancía. Yo tengo dinero bien podría darle a Bárbara lo que quiere, el problema es de que quieren un matrimonio, porque esa mala mujer con dinero en mano y responsable de la niña, podría venderla sin importar que ya se le dio dinero y lo único que la salvaría es un matrimonio y eso si esta feo.
—Papá, de verdad ese señor da asco —continua mi hijo con cara de asco—; ella es tan bella, si la conocieras. Es lo más hermoso que Dios ha creado.
—¿Te gusta?
—Si papá y mucho —contesta emocionado.
—Y tú a ella ¿le gustas? —él da un asentimiento de cabeza algo suspicaz.
—No lo sé papá pero si sé que va a querer mil veces estar conmigo que con ese viejo, aparte de que yo nunca he estado con una virgen, solo quiero su virginidad y luego que haga lo que ella quiera.
—Déjame pensarlo —me levanto del sillón y masajeo mis sienes—; hablamos mañana, por lo que tengo entendido tenemos unos días para pensarlo —lo dejo ahí en la sala y yo voy a mi cuarto.
Me doy un rápido baño y me acuesto completamente desnudo, después de un día largo y cansado no hay nada mejor que dormir. Espero que el proyecto de Oliver de frutos. Mañana iré a conocer a esa chica. Hablar con ella y hablar con Bárbara y Oliver. Pobre chica, tengo mucho dinero y si con eso voy salvar a una jovencita de ese infierno, lo hare aún más, tratándose de la hermana de un buen amigo.
América
—¿Vamos al centro comercial? —me pide Mara, una de mis amigas.
—No puedo. Bárbara me llamó y me dijo que en cuanto saliera de clases me fuera para la casa —le contestó resignada a salir con Vladimir.
—Maldita viejo —reniega Larissa—. ¿Por qué tienes que ser tan obediente?
—Si me pongo desobediente voy a sufrir el doble de lo que ya sufro. Lo único que hago es minimizar mi fuego.
—Hay que matar a Bárbara —añade William quien es un súper amigo. Todos nos pusimos a reír ya que lo dijo tan serio que pareció verdad.
—Si pudiera, ya lo hubiera hecho —le respondo después de un suspiro frustrado.
Llegó a la casa y encuentro a mi hermano, Bárbara y un señor que no conozco; están sentados en la sala de estar y me queda mirando como si me estuvieran esperando.
—Hola —saludo suspicaz.
—Ven, me llama Bárbara mientras mi hermano se levanta; me da un beso en la mejilla y un abrazo. Oliver me invita a sentarme y me guiña un ojo.
—Sabes querida, que estamos pasando por una situación crítica —habla Bárbara haciéndose la buena—; él es Nathan y se quiere casar contigo. Yo ya le di mi palabra a Vladimir pero el señor ofrece más.
Escuchar hablar así a Bárbara me dolió, todo esto aún sigue doliendo. Para ella soy un producto y se queda conmigo quien ofrece más. Reparo al otro viejo verde, igual tiene cara de cínico pero claro que es mucho mejor que Vladimir. Este es delgado, mulato; cabello negro; ojos negros y cara fina. Lo único que me gusta es su tono de piel. No está guapo pero si esto fue lo único que Oliver pudo conseguir, me conformo ¡ya que! Si me pongo exigente, terminaré con un viejo gordo encima de mí.
—Supongo que está pensando que eres para mí, no, eres para mi hijo. Lo conociste en la fiesta de tus diecisiete, mi hijo es Jader —habla como si leyera mis pensamientos.
Eso sí que no me lo esperaba, pues el chico que conocí no es mi tipo pero no es feo. Creo que Dios escuchó mis plegarias, no puedo evitar sonreír como el gato de Alicia en el país de las maravillas.
Nathan
Cuando mire entrar a América a la casa supe porque mi hijo está tan loco por esa joven, realmente es atractiva. Esos labios carnosos dan ganas de morderlos, su cuerpo grita lujuria, yo aquí pensando como un completo pedófilo. Nunca he estado con una joven menor que yo y no pienso cambiar eso, siempre dije que no sería un viejo verde cuando llegara a esta edad.
Cuando le dije a Oliver de comprar a su hermana, no paraba de darme las gracias, realmente está feliz de que su hermana no se fuera a casa con el tan mencionado Vladimir. Oliver y yo quedamos en que seré yo el que me casé, ya que mi hijo está muy joven y no quiere casarse, yo accedí para ayudar a mi amigo, nunca lo hice con otras intenciones; también acordamos que mi hijo la va a respetar hasta que ella se sienta preparada para dar el siguiente paso, mientras tanto, ella no puede tener novio hasta que se divorcie de mí, en cambio mi hijo si puede tener cuantas relaciones le vengan en gana y en el caso mío es obvio que si me sale la oportunidad de estar con alguien no la voy a desaprovechar ya que esta joven es para mi hijo no para mí.





