Narrador omnisciente
Bárbara no sabía a qué hora se endeudó tanto y ahora solo el matrimonio de su hija podía salvarla. No había nada más importante que su vida llena de lujos y dinero. El grave problema que tenía Barbara en ese momento era que estaba de camino a casa de su amigo Vladimir, para decirle que ya no le venderá a América pero eso no era lo peor, lo peor sería cuando su amigo supiera que no se la vendería a él, por dársela a otro.
—Hola —saluda Bárbara al entrar a la casa de Vladimir—, tengo una cita con el señor Vladimir —le informo a la muchacha de servicio.
—Claro —la joven le sonrió—, la está esperando en su despacho. ¿Le llevo algo para tomar?
—Sí, súbeme agua —Bárbara subió al despacho de su amigo y entró sin tocar como siempre lo hacía.
—Llegas tarde —habla Vladimir tomándose un trago de whisky sentado en su silla—, no te quedes ahí parada —Bárbara toma asiento y suspira profundo—. Ya dime lo que me vas a decir, sin rodeos —pidió Vladimir, molesto porque él ya tenía el presentimiento de que se trataba de América.
—Oliver ha conseguido un mejor comprador para América. Me ha ofrecido más dinero que tú. Yo me negué pero Oliver no me dejó otra opción, sabes que lo que hago es ilegal —el silencio de Vladimir puso a Bárbara con los "pelos de punta". Ella mejor que nadie, sabía que aquel hombre que tenía de frente, no era nada bueno.
Por otro lado, Vladimir estaba enojado pero su cinismo lo hacía parecer tranquilo, él tenía claro que esa Virginidad sería de él, sí o sí y hasta esa fecha, todo lo que quería, lo había tenido de manera fácil.
—Bárbara sabes que cuando quiero algo es un hecho que ya es mío, aparte de que yo ya te di más de la mitad del dinero y no aceptaré reembolso —se terminó su whisky y se sirvió otro.
La joven de servicio, llegó y le entregó el agua a Barbara, después salió dejándolos solos; la mujer de los nervios se tomó todo el contenido sin ni siquiera respirar.
—Mira yo te traigo un nuevo trato que nos va a beneficiar a ambos —¡claro! Es que Bárbara no era nada tonta y pensaba matar a dos pájaros con un solo tiro.
—Dime —Vladimir estaba furioso sin embargo no lo aparentaba pero si de algo estaba seguro era de que América sería de él.
—Oliver hizo un trato con un amigo de él, América será vendida y casada con él pero ese hombre la va a respetar hasta que ella se sienta preparada y asimile la situación. Tengo entendido que va a ir a la escuela y la dejarán tener amigos, será fácil secuestrarla, tomas su virginidad y se la regresamos, ya por casados y yo con mi dinero en mano, no nos importa lo que él haga con ella. Ganamos los dos, tú le robas su virginidad y yo me quedo con mi dinero, el que por supuesto me dará él y obvio que tú me vas a dar el restante que me tienes.
—Me siento orgulloso de ti —habla Vladimir, mientras ríe con tanta maldad que hasta el diablo le temía—; pero estos son negocios y en los negocios no hay amigos que valgan, una virginidad robada cuesta menos —se queda pensando un rato—. Tendré que pagar para que la secuestren, hago trato pero si lo dejamos ahí, no habrá más dinero para ti.
—¿Si te la pongo en bandeja de plata? —en la voz de Bárbara se escuchaba la maldad.
Se le acaba de ocurrir un plan macabro para ponerle fácil la virginidad a su amigo y pensaba llevarlo a cabo, al final del día, América era la niña más tonta y fácil de manipular que ella había conocido.
—Te escucho.
—Se me acaba de ocurrir que si me das lo que resta del dinero, yo podría entregarla en tus manos. La invitó a quedarse en casa, tomas lo que es tuyo y te largas.
—No, no. Se darán cuenta que fuimos tú y yo y ahí sí que no podríamos con la furia de Oliver, aparte de que yo no te pague tanto solo por la virginidad, accedí a darte tanto dinero porque se iba a casar conmigo o sea, yo sabía que al cumplir sus veintidós se podría divorciar de mi, pero pensaba hacerla mía una y otra vez durante todo ese tiempo que estaría obligada a estar conmigo.
—Entonces. ¿Qué tienes planeado? —pregunta Bárbara.
Vladimir se levantó y sirvió dos tragos dobles de whisky, uno le tendió a su amiga y el otro era para él.
—La voy a secuestrar a la salida de la escuela y la voy a hacer mía hasta que desquite todo lo que pagué por ella; o sea, hasta que me aburra de tener sexo con ella. Entonces la mató ya que si la dejaba ir, me iba a denunciar.
Bárbara se quedó pensando. La vida de América no le importaba tanto, sin embargo le tenía un poco de aprecio a la chica. A su manera, claro, pero no quería verla muerta. Aparte de eso estaba Oliver, ella si amaba mucho a su hijo y si América muere, él la iba a sufrir demasiado.
—No —contestó Bárbara con firmeza—, aquí nadie va a matar a nadie, yo te la voy a entregar en mi casa. Iras con el rostro cubierto y aún que ella se dará cuenta de que fuiste tú, yo los convenceré de que no denuncien, alegando que si lo hacen, tú podrías salir librado y nosotros presos, porque tú tendrías en tu defensa que nosotros vendimos a América y ahí va incluido mi hijo que fue quien ofreció a su hermana con su amigo. El dueño de América no podrá reclamar nada ya que si lo hace, comprar personas es un delito.
—Está bien, pero ya no me pidas más dinero, ya fui muy generoso contigo. ¿Para cuándo la carne fresca?
Era cruel, Bárbara y este hombre trataban a las personas como mercancía y miraban a América como un pedazo de carne fresca en el mercado pero ellos sentían que hacían bien, que estaba bien y lo miraban como parte de la vida.
—No sé exactamente cuándo se casan pero seguro es en menos de un mes, luego hay que esperar un tiempo prudente. Unos tres meses para luego proceder, América acaba de cumplir diecinueve, así que tenemos tiempo ya que el otro comparador accedió a estar con ella íntimamente hasta que cumpla veintidós a menos que ella se sienta bien, antes de ese tiempo, al parecer tiene buenos principios.
—Esos "principios" —habla Vladimir haciendo comillas—, son para gente mediocre, me da gusto encontrar personas como tú.
Ambos amigos se tomaron un par de tragos más y Bárbara se marchó. En el camino de vuelta a casa, sonreía sola, se sentía victoriosa. ¿Quién contra ella? Nadie. Se sentía poderosa y dichosa e invencible.
América
Llame a Larissa, quiero contarle que he pasado a manos de otro comprador. Es increíble, me han tratado como un objeto, tanto que ya me siento como tal.
Solo un par de años, luego seré libre. Voy a trabajar, estudiar, tener novio; vivir sola o con una amiga. Ya quiero que pase este tiempo de tortura. Estoy esperando a mi amiga en mi habitación, me dijo que en media hora estaba aquí y yo con mi desesperación de contarle todo, se me hacen algo los minutos.
Observo mi cuarto. Muchas chicas darían lo que fuera por tener lo que tengo, por vivir mi vida. Tengo un cuarto del tamaño de una casa de clase media, un armario vestidor del tamaño de un cuarto común; una cama donde caben diez personas a la vez; tengo todo lo que puedan y quieran imaginar pero soy solo una mascota bien cuidada; una inversión que Barbara tomó a futuro y ya ese tiempo llegó.
Casi me quedaba dormida de tanto esperar cuando Larissa entró como siempre, sin tocar; nos abrazamos fuerte, porque Larissa tenía la costumbre de abalanzarse encima de mi y no solo me abrazaba, si no que solía moverme de un lado a otro; era alocada y todo lo hacía sin medida, cosa que daba miedo pero yo ya estaba acostumbrada.
Nos sentamos en el borde de la cama y comencé a contarle la "maravillosa noticia", que no dejaba de hacerme sentir mal, pero estaba más que claro, que era mucho mejor, ser vendida a un hombre decente, que al asqueroso de Vladímir.
—Amiga, Jader está guapísimo —dice Larissa después que le conté todo lo sucedido—, deberías estar feliz, quien quita y se enamoren.
Casi me atragantó con la pizza que tengo en la boca, por lo que dice; ¡eso jamás, nunca, nunca lo permitiría! No me enamoraría de él por muchas razones y una de ellas, es de que merezco amar sin ser comprada o vendida.
—Jader no es mi tipo, aparte de que solo quiere usarme por un tiempo y luego desecharme; claro que está una y mil veces mejor que Vladimir, eso no te lo niego.
—No creo que Jader sea ese tipo de chicos, el día que lo conocí, parecía bueno.
—Desde el momento en que no quiso casarse conmigo es señal de que no quiere ataduras; claro, me casa con su papá, cuando tenga veintidós, me usa y luego verá él papá que hace conmigo, obvió inmediatamente me voy a divorciar, ya que es solo mi virginidad que estoy vendiendo.
—Tienes razón —mi amiga se queda pensando un rato—. ¡Oye! Tu virginidad la están vendiendo como en tres millones de dólares si no me equivoco, creo que venderé la mía, claro sin matrimonio ni eso, solo mi virginidad —en cuanto me dice eso, no puedo evitar reír.
—¿Cuántas virginidad tienes? Porque si más no me equivoco, ya perdiste tu virginidad como cuatro veces —ambas nos ponemos a reír.
Larissa es de las chicas que a cada novio que tiene, le dice que es virgen y ellos se la creen sin problema alguno y con eso, los deja llorando y con el corazón partido.
—Oye, mi virginidad es mía, yo veré cuantas veces la pierdo y cuantas veces la encuentro —soltamos unas sonoras carcajadas.
Cuando estoy con ella, por momentos se me olvida la vida de miserable que llevo. Es fácil olvidarse de todo con la personalidad que tiene, ella tiene ese poder de desconectar a uno y hacerlo reír.
En mi corazón siento la añoranza de los veintidós, tengo la fe de que todo me va a salir bien, no voy a sufrir tanto como hubiera sufrido en manos de Vladimir. Cumpliendo mis veintidós años, le doy mi virginidad a Jader. Seguro querrá estar conmigo un par de veces y en menos de dos meses me divorcio. Después del divorcio yo sé que Oliver me ayudará a salir adelante.
—Creo que ya que mi madre vendió mi virginidad, tendré que recuperarla después para dársela a alguien que me guste —ambas nos volvemos a reír.
"No me queda más que ponerle buen humor a esto porque de otra manera, me volveré loca".
Han pasado un par de días desde que me dieron la noticia de que me casaría con el papá de Jader y aún no han venido a hablar del matrimonio, sin embargo, Oliver me dijo que se cerró el trato. Jader no ha tenido ni la más mínima gentileza de venir a hablar conmigo, como siempre me sigo sintiendo un pedazo de "algo". No es como que me importe que Jader sea gentil, pero eso me muestra que para todos los hombres soy un producto, porque si tuvieran un poco de empatía, al menos me tomarían un poco en cuenta. Todo esto es frustrante pero como dice el dicho “no hay mal que por bien no venga” un día me voy acordar de todo esto y me voy a reír de mis penas.
Estoy haciendo tareas y estudiando mucho, mañana me toca un examen de matemáticas, no he podido concentrarme. Me siento estresada y con un no sé qué en el pecho; creo que se debe al sueño que tuve, me dormí un rato por la tarde, solo para soñar que un tipo me apuñalaba.
—América, soy tu madre, ábreme la puerta —escucho la tormentosa voz de Bárbara
—Pasa madre bella —le contestó mientras ponía los ojos en blanco.
No soy tan buena como pienso ya que ahorita deseo que Bárbara tenga un accidente y muera. No sé, pero podría pasarle un tren encima o podría comérsela un lobo, aunque seguro el pobre lobito la vomitaria.
—América, tu noviecito ese, el hijo de Nathan, quiere verte —se sienta en mi cama ya que yo estoy en mi escritorio y ella empieza a oler un perfume, manía que tiene cada que entra a mi cuarto que se piensa a oler cada perfume que encuentra a su paso.
—No es mi novio —le contradigo.
—Como sea, está abajo esperándote, dice que te pongas bonita porque quiere que salgan un rato.
—No quiero salir con él, además, estoy estudiando para un examen —le señalo mi cuaderno y libros con un lápiz.
— ¿Para qué estudias? Busca cómo amarrar al papá de Jader, es un viejo que fácil lo enamoras, así aseguras una vida de lujos y dinero; estudiar no te servirá de nada; cuando cumplas veintidós años, nadie te va a ayudar y si no amarras al viejo, terminarás en un prostíbulo o un bar de mala muerte.
—¿Sabes? Me acaban de dar muchas ganas de salir con Jader —me levanto y salgo de mi cuarto, no quiero ver a Bárbara y para salir con este chico no necesito ponerme elegante y fina, no me interesa en lo más mínimo como me vea.
Bárbara piensa que con lo que me dice, va a hacerme caer, pues, más fuerza me da para demostrarle que seré una profesional, quizá una empresaria, no sé, yo pienso en grande. No seré la primera mujer, ni la última que pasa de la nada al todo sin depender de un hombre.
—América —me dice Jader cuándo me mira bajando las escaleras, se acerca a mí y me da un beso en la mejilla—. ¡Qué bella estás! —cuando lo conocí en la fiesta me pareció bueno como amigo y ahora que sé que será mi primera vez, no me gusta para nada. A pesar de que no es feo, es muy guapo, no me gusta; no es mi tipo, Larissa no me entiende; dice que soy una tonta y que debería de estar feliz, pero hay algo en él que no me convence y lastimosamente mi intuición no me engaña.
—Ya sé que soy bella. ¿Qué quieres? —pregunto con fastidio.
—Quiero invitarte a una tarde de piscina. ¿Qué dices? Y así aprovechamos para hablar de la boda con mi papá, dice que nosotros arreglemos todo y que él se va a presentar como a cualquier firma de compras, es que él está muy ocupado.
Sinceramente en este momento me estoy riendo. ¡Dios! Me río para no gritar. Jader nota que es una sonrisa de frustración y se pone algo apenado pero porque siente pena si él me está tratando como basura; o sea, soy como cualquier artículo fácil de adquirir para ellos. Fue tan cruel escucharlo decir cada cosa; "su padre se presentara como a cualquier firma, tipo como cuando compra una propiedad", no se quien es peor, si el hijo o el padre.
—Disculpas yo...
—No me digas nada —lo interrumpo—, vamos —lo tomo del brazo y lo conduzco a la salida de la casa—, prefiero salir contigo y escuchar lo que soy para ustedes, a estar con Bárbara.
—¡Oye! De verdad lo...
—Ya no te disculpes —vuelvo a interrumpirlo—, no necesito tu lástima o tus disculpas; tengo muy en claro lo que significó para tu papá; para mí mamá y para ti —salimos de casa y nos subimos a su auto.
No lo deje que me abriera la puerta, no necesito falsa cortesía y aquí vamos rumbo a no sé dónde. Ni para que preguntarle a donde me llevara si al final, cualquier lugar es mejor que estar bajo el mismo techo de Barbara.
Veo que pasamos por el museo nacional de historia nuclear; lo que me llena de curiosidad por el lugar al que me lleva.
—Estamos lejos de casa. ¿Dónde me llevas?— le pregunto observando el museo.
—Al Crown Plaza. Quiero llevarte a una piscina al aire libre que tiene ese hotel y luego al restaurante —voltea a verme esperando a que le diga que no quiero ir pero la verdad me da igual.
—No ando bañador.
—No te preocupes, en el asiento trasero está una bolsa con un bañador que te compre; quise comprarte un vestido para la cena pero no me se tu talla.
Ya no seguí preguntando más. Faltan como diez kilómetros para llegar, así que mejor me dedico a escuchar música. Cerrar mis ojos o mirar por la venta, me ayuda a despejarme y desconectarme por unos segundos, de mi horrible realidad.
—Hemos llegado —me avisa Jader.
No supe en qué momento me quede dormida; abro los ojos y bostezo con mi mano en la boca, para después observar en lugar: es un hotel muy hermoso, grita lujo y dinero por todas partes, ahora me arrepiento de haber venido vestida así tan informal.
En el aparcamiento nos recibe un valet parking muy amable, joven y guapo. En la entrada del hotel Jader muestra unas tarjetas y a pesar de que yo ando tan mal vestida, en ningún momento me han visto mal, hasta siento que entre estos empleados me valoran más que mi familia.
—Mira, acá tengo una habitación —me dijo Jader y está loco si piensa que voy a entrar a una habitación con él. Aunque mi hermano me dijo que ya cerraron trato con el papá de él, igual, quizá el dinero ya está seguro pero si él llega a abusar de mí, ya no se va a querer casar y no me voy a poder salvar de Bárbara—. Ya sé lo que estás pensando —Jader interrumpió mis pensamientos—, te decía por si querías relajarte un poco; pero en la piscina hay baños y vestidor donde podrás cambiarte muy cómoda.
—Lo de los baños vestidor me parece mejor idea —le dedico una sonrisa o un intento de sonrisa que trata de ser amable.
—Está bien, vamos —me tomó de la cintura y nos dirigimos por un pasillo. ¡Dios! Esto es extravagante, es más bello que el hotel donde celebraron mis quince años. Veo un enorme espacio al aire libre y en medio una gran… pero gran piscina rectangular y en sus alrededores sus respectivas tumbonas.
—¿Y mi bañador? —le pregunto a Jader.
Se pone una mano en la frente. Creo que a ambos se nos olvidó sacar la bolsa del auto.
—Ahora llamo para que lo traigan —me siento en una tumbona mientras él llama a servicio al cliente pidiendo que manden a algún botones a que le pidan al valet parking dejar sacar el bañador del auto.
En este lugar, son muy eficientes y le dijeron que en unos minutos estarían aquí con mi bañador y el de él, ya que está en la misma bolsa.
Veo que se nos acerca un chico tan guapo como un Adonis; "cada momento que paso de vida, me arrepiento por no haber disfrutado de mi vida por ser una buena niña".
—¡Hola! Soy Adrián. Yo los estaré atendiendo. ¿Desean algo para tomar? —Tiene una sonrisa que derrite mujeres.
Cuánto desearía no estar a la venta o mejor dicho, no estar vendida para poder estar con quien yo quisiera, pero esto fue lo que me tocó.





