¡Se solicita esposo!

Aquel día en particular Julia comprendió que a veces las personas deberían simplemente rendirse y asumir la responsabilidad de sus palabras cuando todo parecía estar conspirando en su contra.

No hacerlo podría traer graves consecuencias, como terminar retenida en una celda por un caso de ‘Agresión y robo a mayores’

Justo como ella.

Desde su fría celda escucha los pasos de alguien que se aproxima, la banca metálica era realmente rígida al igual que los barrotes manteniéndola encerrada en el espacio reducido, completamente incómoda gracias a la presencia de una segunda persona reclusa ahí que no paraba de balancearse abrazada a sus piernas en un rincón viendo hacia la pared, ya estaba comenzando a aterrorizarla.

De repente la celda se abre, Julia por el susto despierta de su pequeña siesta y, sobresaltada, cae al piso, había ocupado la banca completa para acostarse debido a que su ‘Amiga’ de celda no parecía estar en condiciones de hacerlo.

— ¿Cómo fue que terminaste aquí en menos de medio día? ¿Sabes lo raro que fue recibir repentinamente un mensaje tuyo diciendo que tomara dinero de tu casa para pagar la fianza y te sacara de prisión? Tuve que usar la llave de repuesto de las que mi mamá tiene.

Su salvador de momento se personificó en Daniel, el hijo de la administradora del edificio en el que vive y un buen amigo suyo, era muy apuesto con su cabello ondulado y esa tierna carita que podría doblegar incluso a la persona más ruda del mundo solo con su sonrisa jovial.

Porque sí, casi como si tuviera la maldición de tener gente joven a su alrededor mientras ella estaba en la crisis de los treinta, él era menor por al menos cinco o seis años.

Aunque la diferencia de edad entre ambos no era algo excesivamente grande la verdad era que no podía ni siquiera considerarlo como un candidato en la lista de matrimonio.

Aunque Daniel en repetidas ocasiones mostraba abiertamente el interés noble que sentía hacia ella, todavía era joven, no podía hacerle eso ni a él ni a su madre que tanto deseaba verlo con una jovencita de su edad.

Pero ese no sería el punto.

— Es... Una muy larga historia. — Rodó los ojos hacia un lado mientras se levanta del piso, siente la mirada acusadora de Daniel como si fueran flechas clavándosele. — Ni siquiera sé por dónde debería empezar.

Él la siguió mirando, en silencio, Julia estaba andrajosa, tenía tierra en el cuerpo, lodo en la ropa, pasto en el cabello y un moretón en el ojo bastante marcado, por no mencionar su labio partido y que llevaba la ropa hecha jirones, a los ojos de Daniel parecía haberse peleado contra una horda de perros rabiosos por un filete de carne.

— Adelante, ríete. — Masculla Julia, avergonzada y humillada. — Sé que me veo graciosa, prometo contártelo todo pero primero quiero regresar a casa ¿De acuerdo?

Tuvo un mal presagio cuando lo vio tomar una banca que el policía le había traído y ubicarla justo frente a ella, las celdas en ese momento se cerraron para no dejarle escapatoria.

— Resulta que tenemos bastante tiempo para que la cuentes justo ahora, justo en este preciso momento puedes hacerlo, sobretodo yo tengo tiempo de sobra porque gracias a ‘’Alguien’’ tuve que cerrar temprano. — Contesta, sin dejar de mirarla.

Fue en ese momento específicamente cuando supo que si quería salir de ahí lo mejor sería que empezara a narrar la historia de lo que ocurrió, específicamente contando con lujo de detalles cómo fue a parar ahí.

Julia se reincorpora en el asiento, de muy mala gana, siente escalofríos porque la extraña mujer del rincón de repente se había sentado en el suelo, junto a Daniel, como si también estuviese esperando escuchar la razón.

— Bueno, todo empezó esta mañana, cuando inocentemente decidí salir a tomar aire fresco, sin ningún otro tipo de intenciones, por supuesto...

(Ese mismo día, durante la mañana)

— No puedo creer que vayas a tomarte el día libre para algo tan estúpido y me hayas arrastrado a esto. — Se queja Allen una vez más, como todas las veces que anteriores durante el camino. — Como jefe que soy debería despedirte debido a tu incompetencia, ¿Por qué debería siquiera cubrirte las espaldas?

Julia sonríe.

— Porque no quieres que nadie se entere que te besaste con la esposa del CEO durante la última reunión social que hubo en la empresa.

Allen gruñó, ella lo había dejado entre la espada y la pared. -La única forma que tenía de convencerlo para que hiciese lo que ella quería.

— Será mejor que hagas bien tu trabajo y te mantengas con la boca cerrada o todos van a enterarse que en lugar de trabajar metes a tu oficina a la secretaria de uno de los jefes de área. — Palmeó suavemente la mejilla de su chofer designado. — Gracias por traerme, bicho raro.

— Bájate rápido del auto, tonta. — Demandó, Julia lo hizo así antes de que Daniel se retractara. — ¿Qué es lo que vas a hacer en un parque tan temprano?

La mirada de Julia se lo dijo todo, ¿Cómo podía preguntar algo que era obvio?

— Voy a ligar, a esta hora siempre hay apuestos hombres sacando a pasear a sus mascotas o haciendo ejercicio, debería haber alguien decente para mí. — En ese momento él se arrepintió de haberle preguntado. — Luego te llamaré para que pases a recogerme ¿De acuerdo?

— ¿Qué se supone que diré si preguntan por ti?

Julia se giró a él. — Sé inteligente, Allen, piensa en una excusa barata y diles que mañana no faltaré, no lo sé, ¿Tengo que decirte exactamente lo que tienes que hacer? Ingéniatelas.

Allen aprieta el volante entre manos, la dejaría ahí varada de no ser por la información privilegiada que maneja, tampoco puede decirle que es una testaruda y no tiene verguenza, sabía que si intentaba detenerla solo sería insultado y la impulsaría a llevar las cosas aun más lejos, porque así era Julia cuando alguien la retaba o trataba de ponerle límites.

Solo la dejó ser.

¿Qué podía decir?

Sería divertido para él verla fracasar en grande y poder reírse en sus narices por la cantidad de veces que sería rechazada.

Luego de que se las había ingeniado para hacer que el gruñón Allen la llevara decidió poner en marcha su plan.

Afortunadamente hacía un buen clima, lo cual le era conveniente, no había signos de nubes oscuras o cielo gris como dijo el hombre que pronosticaba el clima luego de decir que caería una fuerte lluvia, el bochorno se había extendido por todos lados en lo que esperaba fuera un día brillante y con suerte.

Bajo el calor terminó sentándose -Muy contrariamente a sus planes activos- en una banca de madera bajo la sombra de un árbol luego de tener la sensación de que sus pies se derritirían con apenas dar un par de pasos sobre la acera caliente.

— Ah, con este calor lo único que se antoja es una cerveza helada para calmar el mal de nervios en la piel. — Comenta mientras se ahoga a sí misma en protector solar. — Tal vez conseguiría más rápido una cita en un bar que aquí.

Pensándolo más claramente y analizando el panorama detalla que la mayoría de personas estaban haciendo ejercicio por aquí y por allá, ¿Realmente quería un novio deportista siendo alguien que no prefiere los músculos ni ejercitarse?

También veía algunas familias compartiendo juntas, de momento recuerda su pasado cuando era pequeña y su familia no se había convertido en un auténtico infierno porque su padre en vida siempre trataba de mantenerlos unidos, ella junto a sus dos hermanos solían buscar sirenas en los estanques animadamente hasta que se aburrían, sin importar cuántas veces vieran el mismo lago, siempre buscaban sirenas allí.

Si antes no había perdido la esperanza de encontrar algo probablemente inexistente en el mismo sitio durante años tampoco lo haría con la búsqueda de su esposo perfecto.

Porque encontrarse un esposo era más fácil que encontrar una sirena.

¿Verdad?

De repente su aguda mirada se fijó en un hombre que se le sentó al lado mientras ella pensaba en quién sabe qué tonterías, él tenía cabello castaño peinado como libro abierto y algunas pecas parecían asomarse en sus mejillas, además usaba anteojos.

Lucía completamente como un bibliotecario, de hecho estaba leyendo exhaustivamente, sin siquiera ser consciente de su entorno, mucho menos de ella que estaba a su lado mirándolo sin ningún tipo de discreción, tal vez muy poca.

Aparentemente, solo de vista, parecía pasar los treinta años de edad.

«Los bibliotecarios no son exactamente mi tipo...» Medita desde su extremo de la banca. «Puede tener conversaciones interesantes sobre temas interesantes.»

O tal vez monólogos de horas y horas sobre métodos de fabricación y procesos de elaboración de los primeros motores para los primeros vehículos que existieron.

¿Qué más daba si era así? Si el destino había decidido juntarlos, ¿Por qué no simplemente acercarse?

— ¿Necesitas algo? Llevas mirándome fijo durante quince minutos y es un poco incómodo. — Él se vio obligado a frenar su lectura al percatarse de la mirada intensa que Julia le estaba haciendo.

Julia se sobresaltó. — Lo siento, no sabía que me había quedado mirándote fijo.

Se sintió avergonzada de haber sido descubierta.

Pero él, lejos de hacer obvia su incomodidad, no parecía realmente enojado, Julia también nota otro detalle: más de cerca se notaban facciones maduras que normalmente los más jóvenes carecían. Sus ojos eran rasgados pero no parecía algún asiático en absoluto, más bien era algo más tierno.

Como no supo qué decir después de eso el silencio reinó y la conversación murió realmente rápido, él regresó a enfrascarse en su lectura y ella se puso tan nerviosa que le sudaron las manos.

¿Cómo hacía el gigoló de Allen para coquetear con desconocidas tan fácilmente?

¿Debería simplemente invitarlo a salir o pedirle matrimonio de una vez?

— Lo siento- lo siento... — Tuvo que volver a disculparse cuando él la pilló mirándolo otra vez.

Dirigió la mirada hacia otro lado, pero no duró más que un par de segundos que fueron bastante tortuosos para ella, ni siquiera podía concentrarse en relajarse como tenía previsto en primer lugar por no querer perderse ‘’Tal oportunidad’’.

— ¿Cómo te llamas? — Termina preguntando, de la nada, sintiéndose un poco tonta y al mismo tiempo valiente por haber tenido el coraje de preguntarlo en voz alta, también sonrió.

Su momento de victoria llegó cuando él, en lugar de marcharse, se gira hacia ella y sonríe con amabilidad, cerrando el libro y colocándoselo encima del regazo para estrechar su mano con la de ella.

— Mi nombre es Lucas, es un placer conocerte. — Contesta a su saludo. — ¿Cuál es tu nombre?

«¡Bingo! Ahora que siente curiosidad por mí está prácticamente atrapado, a pesar de que me porté como una obsesiva me devolvió el saludo, es amable, gentil y buen lector, ¿Qué más puedo pedir? Mi madre se infartará en cuanto lo conozca y Olivia de pura envidia va a desmayarse, por fin cerraré las bocas de todas esas-»

— Julia. — Responde, muy diferente a lo que estaba diciendo en sus pensamientos. — Pero puedes llamarme Julia.

— Entonces.... Julia — Mencionó su apodo, a lo que ella asintió, le gustaba escucharlo de él. — ¿Buscabas algo? Realmente estabas mirándome con mucha intensidad, ¿Hay algo en lo que pueda ayudarte tal vez?

En ese momento Julia se bloqueó, ¿Qué podría justificar mirar a alguien fijamente como si fuera una acosadora?

— No- ¡Bueno sí! — Se apresura a corregir. — E-eh... Yo solo... Bueno- ¡El libro! Quería tratar de averiguar qué libro estabas leyendo porque se veía muy interesante, yo realmente amo leer ese tipo de historias, pero ese libro no lo tengo, porque... me gusta leer- y no lo... Encontré en- ¿La tienda de libros?

Decir lo primero que se le cruzó por la cabeza realmente fue una de las peores ideas que pudo haber tenido en ese momento.

— ¿Te refieres a la librer-

— ¡Librería! — Ella misma completó la oración. — Sí, a eso me refiero- El libro que tienes en las manos no lo había visto antes y por eso quería preguntar dónde lo conseguiste.

Lucas se quedó en silencio, uno que Julia no entendió hasta que le vio la cara.

Sus mejillas se habían enrojecido, como si hablar del tema le diera verguenza, solo así pudo saber de qué trataba la novela realmente:

— ¿Realmente te gustan las... Novelas eróticas? — Preguntó bajando el volumen de su voz para que solo ella pudiera escuchar.

Y quiso que la tierra se abriera para tragársela viva, pero ya era muy tarde para arrepentimientos.

— Sí... Son muy..., impresionantes las cosas que se narran... Ahí. El sexo y..., pues eso. — Optó por reír de manera mecánica, muy forzada, al mismo tiempo siente que las mejillas le arden.

«No es un bibliotecario con conocimiento de motores de vehículos viejos, es un fan de novelas románticas.» Concluyó, pero no perdió el interés en él, más bien le atrajo el repentino aire de sensibilidad muy difícil de ver abiertamente en los hombres.

Lucas pareció sentirse aliviado.

— Por un momento creí que me mirabas fijo para decirme cosas malas, no sabes lo aliviado que me siento de que no me mires mal por leer este tipo de tramas, es que la narración es tan sensual y atrapante que de alguna manera me veo envuelto y no lo pude soltar.

— Lo sé, lo comprendo bien... A veces aburro a mis amigos de tanto hablar sobre... Libros, que me gustan mucho.

— ¿Cuál es tu favorito?

Julia se quedó en seco. — ¿Perdón?

— Tu libro favorito, ¿Cuál es? ¿Tienes uno? ¿Cuál me recomendarías leer luego? — Repite sus preguntas Lucas, demasiado entusiasmado para dejarla pensar claramente la próxima mentira que le diría.

— Bueno- He leído tantos que no me acuerdo pero... Mi libro favorito es el de... Que viene con un- y los personas son de... — Balbuceó, nerviosa. — Es un poco difícil de explicar, sería mejor si pudiera enseñártelo por mi cuenta, ¿Por qué no nos reunimos para compartir nuestros gustos? Tal vez podríamos beber un café.

Mientras tanto vería cómo leerse un libro entero en media hora.

Los ojos de Lucas se iluminaron, realmente lo hicieron, su mirada destelló igual como destellaría la mirada de un niño recibiendo juguetes nuevos en navidad.

«Lo tengo.» Llega a pensar, sonriendo también en su interior.

— ¡Por supuesto que me encantaría! De hecho había estado pensando en abrir un club de lectura donde podríamos compartir nuestros intereses ¿No sería maravilloso? — Accede Lucas inmediatamente. — Incluso puede servir para demostrarle a mi esposa que no perderé ‘’Mi hombría’’ leyendo novelas románticas desde el punto de vista femenino como ella cree que sucederá.

— Sí, pfff. Por supuesto que no sucederá lo que tu esposa- Espera... — Se detuvo de momento. — ¿Esposa? ¿Eres un hombre casado, Lucas?

Para enseñarle el anillo de bodas en su dedo Lucas le extendió la mano.

— Llevamos cuatro años de casados, y ella es la esposa más maravillosa del mundo, la amo mucho.

Julia quiso morirse al ver los repentinos ojos de amor que estaba haciendo al ver su anillo.

«Seré tonta, ¿Por qué no le vi las manos antes de hablarle? Este hombre es casado.»

— Por cierto, se está acercando... Wow, me pregunto si habrá pasado algo... Está caminando realmente rápido hacia nuestra dirección. — Señala Lucas un punto detrás de ella, por miedo no se atreve a voltear. — ¿Qué te parece si te la presento? Seguramente se van a llevar bien.

— En otra ocasión será, yo te llamo ¿De acuerdo? — Julia se puso de pie sin siquiera pedirle el número de teléfono, tenía que huir rápido de allí. —Me dio mucho gusto conocerte, pero yo ya me voy, hasta luego.

«O hasta nunca.»

Hizo su huida demasiado tarde.

O tal vez demasiado temprano.

Pese a que intentó correr lejos, tan rápido como sus piernas se lo permitían le fue imposible escapar, había terminado chocando contra un pecho firme y perdió el equilibrio por un momento.

Se había chocado contra una mujer musculosa, mucho más alta que ella que usaba ropa deportiva.

‘’Santa madre de los...’’ Balbucea apenas la ve: la esposa de Lucas que no se veía nada feliz y se había percatado de todo el tiempo que pasó tratando de coquetearle a su inocente esposo.

— ¿H-hola? — Saluda, retrocediendo pasos que ella ganaba al avanzarlos.

— ¿Qué haces tú ligando con mi esposo, eh solterona? — En primer lugar aquel apodo tan molesto se lo quitaría en treinta días -Para añadirse el de pobretona sin novio o ricachona suertuda- y en segundo lugar tenía que subir la mirada para encarar a aquella mujer, lo que le causaba aún más temor.

— N-no es lo que estás creyendo que es.

— ¡Hola amor, ella es mi amiga Dani y dijo que iba a hacer un club de lectura para nosotros dos! — Grita Lucas desde su lugar a metros de distancia.

«¡Maldito idiota!»

— No sé de qué habla, ni siquiera me llamo Dani, mi nombre es Julia, ni siquiera me gusta leer, es decir, solo he leído textos en la universidad... Para la clase de literatura y la reprobé- ¿Cómo podría?

La esposa de Lucas gruñó ante su torpe explicación.

—¿Con que queriendo hacer un grupo particular para estar a solas con mi esposo? ¿Me estás buscando pelea? ¿Acaso quieres que te dé una lección?

— N-no gracias... Yo ya terminé la universidad.

— Con que dándotelas de graciosa ¿No? Veremos si esto te da risa-

(En el preciso momento que da el golpe Daniel interrumpe la narración)

— Entonces es por eso que tienes un ojo morado. — Dice, parece que lo había entendido bastante bien.

Julia asiente.

— Touché.

— Pero nada de eso explica cómo terminaste en prisión.

— ¿Quieres dejarme continuar con la historia? Estoy a punto de llegar a esa parte.

Daniel suspira, pero la deja seguir hablando.

(En el recuerdo, luego de la golpiza que recibió de la esposa de Lucas.)

A las malas había aprendido una lección importante: Siempre asegurarse de que su objetivo no sea un hombre casado, comprometido ni esté en ningún tipo de relación amorosa.

No aguantaría que otra maniática la tomara como saco de boxeo personalizado hasta hacerla tragarse el pasto..

— Estoy segura de que Allen va a burlarse mí por esto. — Se queja en cuanto ve el moretón en su ojo, el ojo izquierdo.

Aquel día había sido un completo fracaso y cada vez quedaba menos tiempo para presentar a su prometido en la boda de su hermana.

Sin saber qué la haría sentir mejor decide mejor sentarse junto a una viejecita que alimentaba palomas pacíficamente aunque era molesto que de repente le cayeran plumas encima y esperar a Allen para regresar a casa mientras se ponía la bebida fría que había ido a comprar en el ojo para reducir la inflamación y evitar que el moretón se marque tanto, para ello tenía que marcarle a su celular, el cual tomó de su bolso.

O al menos eso intentó, porque no lo encontraba ahí dentro, lo que la asustó.

— ¿Dónde está mi teléfono?

¿Se habría caído mientras era golpeada?

Pronto, mientras busca desesperadamente, una mano en el otro extremo del bolso tira de él, impidiéndole revisarlo.

Era la anciana de las palomas.

— ¿Qué rayos le pasa?

— ¡Suelta mi bolso o vas a ver, ladrona! — A causa de la ausencia de dientes en su cavidad bucal no comprendía correctamente lo que trataba de decir. — ¡Ladrona!

Eso sí lo entendió.

— ¿Ladrona? — Que alguien la acusara de robar era lo único que le faltaba. — ¡Suelte mi bolso, señora!

Pero no importaba qué, la vieja no cedió.

Julia solo pudo quitarle el bolso al espolvorearle de sus propias migajas de pan en la cara con la otra mano, mientras la anciana trata de limpiarse agarra su bolso que es suyo y sale corriendo siendo perseguida después..

— Locos, todos están locos. ¡Aléjese de mí! — Grita.

Todo esto fue visto por oficiales de policía que no tardaron en detenerlas antes de que sigan perturbando la paz de la plaza.

— Buenas tardes, señora. ¿Qué es lo que está ocurriendo?

¿Señora? ¿Ahora le dirían señora?

— ¡Esa anciana quiere robarme el bolso y me está persiguiendo por todos lados!

Al tiempo llegó la recién aludida.

— ¡Oficial esa niña me robó mi bolso y me arrojó algo en la cara para obstaculizarme, tiene que detenerla!

— ¡No es su bolso, es mío! ¡A la única que hay que detener es a esa viejita ladrona!

— ¡Es mi bolso!

— ¡Es el mío!

El oficial de policía se vio obligado a callarlas al mismo tiempo. — Para saber de quién es el bolso solo es necesario abrirlo y ver lo que contiene, me llevaré detenida por hurto a la que esté mintiendo.

Ambas lo vieron bien, por eso Julia -Que sabía perfectamente todo lo que siempre llevaba en el bolso- se lo entregó con confianza al policía, que lo revisó de inmediato.

— Muy bien... Veamos... — Empezó a sacar objetos y conforme los nombraba los regresaba al bolso. — Mentas... agujas para coser insertadas en una esponja... un monedero de cuero... ungüento para los pies y dentadura postiza.

— Exactamente, ungüento para los pies y- ¿ungüento para los pies? ¿Dentadura postiza?— Vio la medicina en la mano del policía.

Luego se tocó el bolsillo, al notar que su teléfono estaba ahí entró en pánico.

En primer lugar porque el bolso no era de ella.

Y en segundo porque recordó que ella ni siquiera había llevado un bolso.

— Parece que tendrá que darme explicaciones sobre por qué estaba hurtando y tomó el bolso de la señora.

Julia sonrió.

— ¿Y si dijera que la dentadura es mía?

Por supuesto, no le creyeron.

(De vuelta con Daniel, luego de haber terminado de narrar)

— Y así fue como terminé aquí, llamándote a ti para evitarme tener que decírselo a mi madre, ¿No es maravilloso? — Sonrió, era el mismo tipo de sonrisa dulce que siempre hacía cuando quería que Daniel la salvara de un aprieto.

— Si solo fue la confusión del robo ¿Por qué estás aquí encerrada cuando se esclareció el tema y por qué te acusaron de haber agredido a una persona mayor?

Todo se resumía en una simple oración, muy descuidada:

— El policía vio cuando le metí el pie a la molesta señora para que se tropezara cuando se cayó, pero si pudo corretearme por todo el parque para quitarme su bolso dudo que haya pasado algo malo.

Daniel se frota las sienes.

— Como sea, ya pagué la fianza.

— ¿En serio? ¿Y cuándo podré salir? Esa mujer realmente me da miedo. — Indicó, haciendo alusión a la otra reclusa.

Daniel se levantó, sonrió tomando su chaqueta.

— Para que aprendas la lección hablé con los oficiales para que pases la noche aquí.

— ¡¿Que hiciste qué?!

Él hizo un ademán de despedida con la mano.

— Que pases buenas noches, prisionera.

— ¡Daniel!

Los oficiales evitaron que ella saliera tras de él y la regresaron a la jaula.

Realmente no había sido una broma, así que sus gritos no sirvieron de nada al final, allí pasó la noche.

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