Sangre verdadera

Han pasado un par de horas y aún esa mujer no quita su mirada de mi.

—Parece que le gusta, su alteza.

—Oye, deja de llamarme así.

—Oh si, lo siento, lo olvidé.

A los pocos minutos esa mujer se acercó a mi acercando su mano a la mía, la cual detuve sosteniendola por su muñeca fuertemente.

Saito se levantó apuntandola con su espada.

—¿Qué crees que haces?—Pregunté.

—¿Podrías soltarme?, No tengo intenciones de matarte, además tienes mucha fuerza—Respondió aquella mujer.

—El señor ha preguntado ¿Qué crees que haces?—.Dijo Saito sin bajar su espada.

—¿Traes a un guardia contigo?, eso solo confirma que esto te pertenece—.Dijo dejando caer el anillo de las deidades en la mesa.

Solté su agarre rápidamente y tomé el anillo en mis manos.

—¿Quien te lo ha dado?—Pregunté

—Se te ha caído cuando caminabas, no puedo creer que una persona sea tan ridícula.

—¡Oye, guarda respeto ante el!—Exclamó Saito.

La miré fijamente sin decir nada.

—¿Deberia respetar a alguien que me tomó fuertemente por mi muñeca? Solo quería devolverle eso.

—No debiste acercarte a mi de esa manera—Mucité mirándola con odio.

—Oh, vaya, tus ojos son de dos colores diferentes, solo me hace pensar que eres híbrido—Dijo mientras se dibujaba una sonrisa en sus labios.

—No son tus problemas—Respondí.

—Bien, me sentaré aquí, espero que me traten bien—Exclamó tomando asiento en nuestra mesa.

—Levantate inmediatamente—Exigí sin mirarla.

—Sí, aquí me quedaré.

Dirigí mi mirada hacia ella quien sonreía placidamente.

«Está mujer me está desafiando, nunca nadie se había puesto de esta forma conmigo.»

—Señorita, levántese de aquí—Dijo Saito.

Continúe tomando licor hasta escucharla hablar nuevamente.

—Es del castillo de las deidades ¿No es así?

Me ahogué con el licor al escuchar sus palabras.

—Oh, eso lo confirma, ese anillo tiene el símbolo de ellos, y ustedes parecen ser salidos de la nobleza, por lo tanto, ustedes vienen de allí—Sonrió.

—¿Debería matarla ahora, señor?

Asentí con mi cabeza.

—¡Es-esperen no hay porque hacerlo de esa forma!—Gritó llamando la atención de todos.

«Dios, esta mujer es muy ruidosa»

—No diré nada si solo me dejan tomar un poco de alcohol con ustedes.

—¿Porqué deberíamos de beber con una extraña?—Pregunté mirándola fijamente.

—Quizas porque esto sea lo único que tendré en mi estómago en días.

«¿Esta mujer?… ¿De dónde ha salido?»

—¿Qué? ¿Acaso no tienes familia?—Reí

—Estas en lo correcto, no tengo familia, mi padre murió cuando yo aún era una niña.

—Lamento escuchar eso señorita—Dijo Saito

—Mi nombre es Amane, ¿Cuál es el de ustedes?

—Me llamo Saito y el es—

Golpeé la mesa con mi puño llamando la atención de los dos.

—No quiero que alguien como ella sepa mi nombre, Saito—Dije

—¿Alguien como yo?—Preguntó Amane con un tono de confusión en su voz.

—Creo que se refiere a tu vestimenta—Susurró Saito.

—Oh ya veo, pues mírame fijamente idiota—Vociferó mientras apretaba fuertemente mis mejillas.

La miré a los ojos sorprendido al igual que Saito me miraba a mi.

—Porque tu cara parezca la de un ángel y estés usando ropa cara, no quiere decir que seas más que yo.

No aparté mi vista de ella ni un solo segundo.

«Es la primera vez que una mujer hace este tipo de cosas conmigo.»

—O-oye, suéltalo o me veré obligado a cortar tu mano.—Exigió Saito

—Bien, solo quería dejar algo en claro—Dijo Amane soltando mis mejillas.

—Estas demente—Dije llevando mis manos a mis mejillas a lo cual ella respondió con una sonrisa.

«¿Porqué dejo que está mujer haga conmigo lo que quiere? Ninguna mujer antes se atrevía a hacer esto.»

Miré su rostro detenidamente mientras ella sonreía.

«Realmente es muy hermosa.»

—¿Estás bien Hikaru?—Preguntó saito.

—¿Hikaru? Lindo nombre, combina con tu rostro.

—Guarda silencio.

—Creo que los 3 tenemos la misma edad, yo tengo 18 aunque el parece ser menor que nosotros—Dijo alegremente señalandome.

«Oh dios, está mujer está haciendo que mi paciencia se agote.»

—De hecho el es mayor que yo por un año, yo solo tengo 19 años—Sonrió Saito.

—Oh, entonces tenemos la misma edad tu y yo, jamás imaginé que el sería el mayor de todos.

— en unos días cumplirá 20.

—No tienes porque dar mi información a nadie Saito.

—Oh si lo siento.

—Realmente es un malhumorado, no me agradas—Dijo Amane sacando su lengua.

Me levanté de la mesa, seguido por Saito.

—¡Oigan esperen! ¿Podrían darme algo de dinero? Ustedes parecen tener mucho de sobra.

—Dale un poco de dinero.—Dije a Saito.

Saito sacó de su traje una bolsa de color azul llena de monedas entregándola a Amane.

—Wow, esto es demasiado.

—Puedes devolverlo.

—No he dicho que lo devolveré.

Caminé ignorando a Amane saliendo así de aquel lugar.

Me dirigí hacia varios lugares donde vendía dulces.

—Su alteza, mire esto, le va a gustar—Dijo Saito señalando unos dulces de miel.

—Que dejes de llamarme de esa manera Saito.

—Perdon lo olvido.

Me acerque a Saito observando los dulces que el había dicho. Mi rostro se llenó de sorpresa al mirarlos.

Una pequeña risa hizo que dirigiera mi mirada hacia el.

—Aun no has cambiado nada, desde niño ponías ese mismo rostro cuando veías dulces.

—No exageres, solo me gustan un poco.

—¿Un poco? Se que te encantan los dulces.

—Tienes razón, me gustan—Afirmé mirando los dulces.

—Oh dios, tu rostro es realmente hermoso cuando haces eso—Dijo la voz de una mujer.

Miré detrás de mi y a ambos lados.

—¿Es conmigo?—Pregunté señalandome.

—Por supuesto, veo que perteneces a la nobleza, esa ropa no cualquier puede llevarla.

—¿Tengo que hablarte de mi vida personal?.

—Oh querido, esos ojos me hacen recordar a alguien.

—Vamonos, Saito.

—Sí señor.

—Nos volveremos a ver señor—Dijo aquella mujer mientras cubría su boca sutilmente con un abanico.

Giré ante esa mujer y continúe caminando en otra dirección.

—¿Quién era esa mujer?.

—¿Cómo voy a saberlo? No la conozco.—Respondí

Continúe caminando hasta alejarnos de las personas.

Un fuerte sonido hizo que Saito se pusiera alerta.

—!ATRAPENLA, ES UNA LADRONA!

Me aparté del camino mientras unos hombres perseguían a una mujer la cual corría rápidamente llevando algo en sus manos.

Aquella mujer corrió en mi dirección chocandose con mi pecho.

—Demonios, quien eres t— Detuve mis palabras al darme cuenta quién era.—¿Amane?

—Quitate de mi camino—Vociferó levantándose mientras continuaba corriendo.

—¿Se encuentra bien señor?

Asentí con mi cabeza mientras veía a Amame correr.

—Sigamosla—Ordené.

—Es muy peligroso señor.

—Bien, iré solo entonces—Dije para luego comenzar a correr mientras escuchaba los pasos de Saito.

«¿Porqué está huyendo de esos hombre? Y ¿Porqué la llaman ladrona?»

Luego de unos minutos corriendo la perdí de vista.

—Saito, tu ve por allá, yo iré por la derecha—Dije señalando.

—No puedo dejarlo solo señor.

—Oye, puedo defenderme solo, ¿Acaso hay alguien que me haya ganado con la espada?.

—No, tienes razón.

Camine hacia la derecha buscando a Amane sin resultado alguno.

«¿Dónde se metió esa mujer?»

Escuché un fuerte sonido de espadas el cual llamó mi atención.

«¿Es ella? ¿Dónde está? Espera, ¿Porqué me preocupo por ella?»

Corrí en dirección del sonido de las espadas.

«Sí, es ella.»

Al verla, luchaba contra dos hombres mientras llevaba algo en sus manos delicadamente.

—¿No creen que es un poco injusto atacar a una mujer? Ustedes son dos—Dije acercándome a ellos.

—¿Qué quieres bastardo? Ese niño nos pertenece.

—¡¿Niño?! ¿A qué se refiere?—Pregunté con sorpresa

Uno de ellos volteó hacia mi mientras decía.

—Jefe, es una mujer.

Frunci el ceño levantando mi espada.

—¿Quien demonios eres tú? ¿Acaso eres su aliada?

—No precisamente—Dije llevando mi mano a mi cabello—Pero yo, no soy una mujer.

—Oh, pero si eres muy apuesto y… Pareces salido de otro lugar. Creo que conseguiré un buen dinero contigo.

—Por supuesto, solo si logras atraparme—Dije

Amane me miró mientras mordía su labio inferior.

—Deberias irte, esto no tiene nada que ver contigo—Vociferó Amane.

—Nadie me dice que hacer.

Uno de los hombres se abalanzó hacia mi apuntandome con su espada. Lo esquivé sin esfuerzo alguno haciendo que este cayera al suelo.

—Bastardo, ya verás.

Aquel hombre se puso de pie lanzandose nuevamente hacia mi.

—Tengo un poco de sueño—Bostecé—¿Qué clase de trabajo hacen?—Pregunté esquivando sus ataques sin problema alguno.

—No son tus problemas niño rico.

—Trafican personas, se los llevan como sus esclavos—dijo Amane.

—Maldita seas Amane—Dijo uno de los hombres.

—Entonces, personas así no deberían de existir—Dije levantando mi espada llevándola en dirección a uno de ellos.—¿Que dices Amane? ¿Debería matarlos?.

—Si no lo haces tú lo haré yo.—Respondió.

Levanté mi espada clavandola en el abdomen de uno de los hombres, saqué la espada de el mientras el otro hombre se abalanzaba sobre mi. Con una fuerte patada cayó lejos de mi. Aquel hombre se levantó nuevamente dirigiendose hacia mí, se detuvo ante mi con expresión de dolor.

Dirigí mis ojos detrás de él.

—Lamento llegar tarde su alteza—Dijo Saito.

—¡¿Su alteza?!.—Exclamó Amane.

—Bien, gracias Saito—.Dije ignorandola.

Me dirigí hacia Amane la cual de su mano sangraba. La tomé por su muñeca levantando su mano.

—¿Qué te sucedió?

—Solo es una pequeña herida.—Respondió

Dirigí mi mirada hacia su mano, la cual sostenía algo en ella.

—¿Qué es eso?.

—Es un niño.

—Vaya, eres madre y aún así tomas alcohol como si se tratara de agua.—Me burlé

Saito dejo escapar una risa.

—No es mi hijo, yo no tengo hijos.

—Oh, entonces, ¿Te lo has robado?

—¿Te estás burlando de mí?

—Veo que eres inteligente también.—Dije dibujando una sonrisa en mis labios.

—Este niño iba a ser robado para usarlo como esclavo.

—¿De dónde ha venido?

—Es de una mujer que vive cerca de este pueblo. Pude ver cómo se lo arrebataban de sus brazos, así que no pude evitar meterme.

—Oh, ya veo, entonces vendrás conmigo.—Dije tomándola de su mano

—¿A dónde me llevarás?

—Saito, toma su espada, y ve en busca de los caballos.

—Si señor.

—Tranquila, no te haré nada malo, solo curare tus heridas. Ahora, dame al niño, veo que tu otra mano también está sangrando.

Amane permaneció en silencio y me entregó al niño.

Levanté mi capa y la coloqué encima de Amane.

—Solo no quiero que me vean con una mujer llena de sangre.

—Presumido.—Dijo susurrando.

—Puedo escucharte.

Camine en busca de Saito el cual ya se acercaba con los caballos.

—Llevare al niño por usted señor.—Dijo saito

—No, está bien yo lo llevaré.

Continúe mi paso sin soltar a Amane de mi agarre.

—¿Podrias soltarme? Pensaran que somos casados.

—Puede que empieces a correr si lo hago, solo quiero devolver a este niño y curar tus heridas.

—¿Porqué alguien como tú haría algo así por mí? ¿Acaso te gusto?.—Dijo riendo haciendo que soltara su mano.

—No me mal intérpretes niña, solo quiero ser amable contigo, deberías agradecerme de rodillas.

—¿Porqué debería?

Me acerque a su rostro y la mire fijamente a los ojos.

—Porque se trata de mi.

Ella me miró fijamente para luego soltar una escandalosa risa.

Dejé que siguiera riendo y me acerque al caballo.

—Subete, iremos lejos de aquí para sanar tus heridas.

—¿Podrías ayudarme a subir?

Negué con mi cabeza mientras veía el rostro del niño en mis brazos.

—Intenta crecer un poco más.

—¡Bastardo!

—Yo te ayudaré Amane.—Dijo Saito.

—Perfecto, así no tengo que hacer esfuerzo por esta mujer. —Dije cerrando mis ojos.

—Oh ya veo porque te confunden con una mujer, por tu estúpida cara de niño bonito.—Vociferó furiosamente.

—¡Oye! Más respeto con tu salvador.—Exigí señalandola con un dedo.

—No me importa que estatus social tengas, idiota.

—O-oye, no deberías de hablarle así, el señor Hikaru es alguien muy importante.

—Basta Saito, no tienes que decirle eso a alguien con escaso cerebro.

Amane me miró fulminante a lo que yo simplemente la ignore.

Ella se subió al caballo con ayuda de Saito.

—Sube con ella saito, yo iré en el otro caballo.

—Esta bien, señor.

—¿Cómo hará para estar en caballo con un bebé en sus brazos?—Preguntó Amane.

—Hikaru suele hacer eso muy seguido con otros niños, digamos que esta es la primera vez que lo hará con un bebé, puedes estar tranquila.

—¿Una persona como el es cuidadoso con los niños?

—Asi es.

Me subí al caballo sosteniendo al bebé en mis brazos cuidadosamente hasta llegar lejos del pueblo.

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