Sangre verdadera

Nos alejamos mucho del pueblo, hasta acercarnos al bosque.

Bajé de mi caballo con cuidado de no despertar al niño que dormía en mis brazos mientras Amane seguía en el caballo y Saito en su espalda.

—¿Que esperan para bajar? Tengo que sanar sus heridas—Dije

Miré detenidamente el rostro de Amane dándome cuenta que estaba pálida.

—O-oye Saito, ¿Qué sucede con ella?.

Saito bajó de su caballo mientras Amane caía en sus brazos.

—Parece que ha perdido mucha sangre.

Miré el traje de Saito el cual estaba manchado de sangre.

—Espera, ella tiene una herida en su espalda—Dije acercándome a ella—Encárgate del niño Saito.

Entregué el niño a Saito y saqué algunos vendajes y medicina que traían nuestros caballos.

Me acerque a Amane mirando su espalda que aún sangraba.

—Tendré que quitarle su traje—Susurré

«Aunque su ropa está verdaderamente dañada…»

Me acerque a ella quitándole la ropa, colocándola boca abajo en mi regazo. Desinfecté su herida para luego cubrirlas con vendajes.

«¿Porqué me siento tan nervioso? Ya he visto muchas veces el cuerpo desnudo de otras mujeres.»

—Lo siento por tener que ver tu cuerpo Amane, pero es necesario para limpiar tus heridas.

—Ella lo entendera Hikaru, aún sigue inconsciente.

«Esta mujer tiene muchas cicatrices en su cuerpo… ¿Que tipo de vida lleva ella?»

Al terminar de vendar sus heridas la coloqué cuidadosamente sobre mi capa en el suelo.

—Espera aquí Saito, iré a comprar algo para ella.

—No, no puedes ir solo, tengo que ir contigo, Hikaru.

—Bien, te la encargo, cuida de ella y del niño—Dije ignorando a Saito.

Tomé el caballo y subí en el rápidamente en dirección hacia el pueblo.

Al llegar a este me dirigí hacia los mercader de kimonos.

«Bien, está será la primera vez que compro algo para una mujer. Solo es un regalo, además su traje ya está bastante dañado, le vendrá bien uno nuevo.»

Me acerque al comerciante.

—Disculpe, quiero comprar un kimono para una señorita, quisiera saber cuál me recomendaría.

—Oh, por supuesto, ¿Cómo es ella físicamente?.

—Pues, no es muy alta, sus ojos son oscuros y piel pálida, con un rostro pequeño.

—Uhm bien, le quedaría bien este.—Dijo tomando un kimono de color rosa, con unos motivos de cerezo de color blanco.

—Esta bien, llevaré ese. ¿Qué otro tipo de cosas usan las mujeres?

La mujer que me atendia me miró confundida como si estuviera tratando con un lunático.

—P-pues, perfumes, labiales, zapatillas, horquillas y ropa interior.

—Bien, llevaré todo eso, eligalo usted para ella.

—Sera mucho dinero señor.

—Simplemente dámelo.—Exigí colocando una bolsa con monedas en su mano.

Tomé las cosas y me dirigí al caballo.

Llegué al lugar donde se encontraba Saito.

«Por lo visto ella aún no ha despertado.»

—Vaya, eso fue rápido.

—Asi es, fue rápido, tengo que vestirla antes que despierte.

Me acerqué a ella terminando de quitar su ropa, para luego cubrirlas con la nueva que había comprado.D Dejé su vieja ropa de un lado y esperé pacientemente a que despertara.

Pasaron un par de horas hasta que ella abrió los ojos nuevamente.

—¿Dónde estoy?—Preguntó Amane levantándose bruscamente.

—Deberias tener cuidado, me costó mucho vendar tu cuerpo.

—¿M-mi cuerpo?

—¿Cómo pensabas que iba a hacerlo? Además, te has desmayado en el caballo.

—Tienes razón, lo siento, tengo que irme.

—No irás a ningún lado, aún está el niño aquí.

—Oh es cierto, lo olvidaba.

Amane miró hacia su cuerpo hasta darse cuenta del nuevo traje.

—¿Este kimono…?

—Lo he comprado, el tuyo ya estaba bastante dañado.

—Quiero mi traje de vuelta.

—Oh claro, ahí está a tu lado.—Dije señalando.

Amane se acercó lentamente a su traje pero se detuvo.

Levanté mis dedos en dirección de su traje haciendo que este comenzará a quemarse.

—¡¿Que crees que haces?! Espera, ¿de dónde sacaste fuego?—Preguntó mirándome sorprendida.

Me encongi de hombros sin responder a sus preguntas.

—¿Eres algún tipo de brujo?

Dejé escapar una risa lo cual hizo que ella me mirara frunciendo el seño.

—No tienes porque saber eso. Ahora, tienes que usar el kimono que llevas puesto.

—Si… supongo que me has obligado a usarlo.

—Así es, ahora, tenemos que llevar a ese niño de vuelta con su madre.

Saito permanecía en silencio mientras observaba al niño en sus brazos.

—¿Qué sucede? ¿Quieres ser padre tan pronto?.—Bromeé

—Asi es.—Afirmó.

Lo mire con sorpresa mientras me acercaba a él.

—Damelo, lo llevaré conmigo hasta su madre.

—Yo lo llevaré—Dijo Amane.

—Me parece bien—Respondió Saito.

—Oye tú.—Dije señalando a Amane—dónde he comprado el kimono me dieron todas estas cosas, así que puedes quedartelas.—Dije lanzando una bolsa de seda de color rosa hacia ella.

—Es la primera vez que recibo un regalo.—Dijo sonriendo.

Aclaré mi garganta y me dispuse a hablar.

—No es un regalo, simplemente me lo dieron al comprar ese kimono.

«En realidad no se porque he comprado esas cosas.»

—Estoy agradecida contigo, Hikaru.

Dirigí mi mirada hacia el caballo.

—Bien, te ayudaré a subir.—Dije tendiendo mi mano hacia ella.

Amane tomó mi mano haciendo así que subiera al caballo.

—Tienes mucha fuerza, solo con una mano me has ayudado a subir.

—Por supuesto que la tengo, también tengo fuerza en otras cosas.

—¿A qué te refieres pervertido?

—¡¿P-pervertido?! ¿Cómo te atreves?… Has entendido mal.

—¿Fue así? Me disculpo entonces.

Dejé escapar un suspiro mientras fruncía el seño.

—Bien, guíame hacia la madre del niño.

Amane tomó las riendas del caballo en dirección de una pequeña aldea.

Llegamos a ella y pude darme cuenta que no había muchos habitantes en ella.

Bajé del caballo y estiré mis brazos hacia Amane para ayudarla a bajar.

—Bien, te sigo.—Dije mirando a Amane.

—Ire detrás de usted señor.—Dijo Saito.

Asentí con mi cabeza y amane comenzó a caminar en dirección a una de las cabañas. Pude darme cuenta que en lo lejos de las casas se encontraban muchas lápidas.

«¿Que habrá sucedio aquí?»

—Si te preguntas qué sucedió aquí, pues es sencillo, hace mucho tiempo está aldea fue atacada por un grupo de soldados que estaban en busca de una princesa, dicen que un hombre demonio era el que la buscaba para llevársela.

«¿Demonio?»

—Masacraron a todos los habitantes de esta aldea sin dejar a ninguno vivo. Nadie quiere vivir aquí porque temen ser atacados nuevamente por un demonio.

—Aun veo gente viviendo aquí.—Dijo saito.

—Muy pocas personas, la mayoría son aquellas que no tienen a dónde ir, y decidieron quedarse aquí.

—Ya veo, tiene sentido.—Dije.

Amane continúo caminando hasta llegar a una cabaña.

—Hemos llegado.—Dijo Amane entrando a ella—Le tengo una sorpresa para usted, señora.

Una mujer salió en compañía de Amane, dirigendo sus ojos hacia nosotros. sus ojos se detuvieron en mi pecho haciendo que esta corriera desesperadamente.

—¡¿Mi hijo?! ¡¿es él?!

La miré fijamente, mientras se acercaba a mi.

Entregué al niño a su madre con delicadeza la cual comenzó a llorar.

—Muchas gracias Amane, por traer a mi hijo de devuelta conmigo.

—En realidad tiene que agradecerle a esos dos hombres de allí.—Dijo Amane señalandonos.

Aquella mujer se acercó a mi mirándome fijamente.

—Estoy muy agradecida con—

No terminó de hablar al mirarme a los ojos de cerca.

—Oh dios, tus ojos son tan extraños, tu rostro es tan angelical.

—Muchas gracias.

Aquella mujer se dirigió hacia Saito.

—Tu también eres realmente guapo, y tus músculos se puede incluso ver por encima de tu traje.

—Jaja muchas gracias.—Dijo riendo nerviosamente.

—Bueno, tenemos que irnos.

—Muchas gracias Saito y Hikaru, me quedaré aqui—Dijo Amane.

—Comprendo—Dije sin girarme.

Sentí un poco de decepción al ver qué ella se quedaría allí.

—Muy bien, ya nos vamos, por favor tengan cuidado.—dijo saito

Detuve mi paso y me dirigí hacia Amane.

—Oye niña, tienes una deuda conmigo.

—No tengo ninguna deuda contigo.

La miré de arriba a abajo para luego mirar sus ojos.

—Estas viva gracias a mi—Sonreí— Así que tienes que pagarmelo.

—¿Y que es lo que quieres? Niño rico.

—¿Tienes algo de valor para mí?

Amane negó con su cabeza, lo cual hizo que sonriera sarcásticamente.

—Entonces, nos veremos mañana en el pueblo.

—E-esta bien, supongo que es lo mínimo que podría hacer como agradecimiento.

—No es como si pudieras hacer otra cosa.

—Eres un idiota.

Ignoré a amane y continúe caminando ignorando sus insultos.

—Nos vemos luego, Amane.—Dije levantando mi mano.

Me acerque a Saito el cual esperaba por mi, tomé el caballo y me subí en el, alejándome de esa aldea.

«Mi día a sido arruinado por esa tonta mujer.»

—Oye Hikaru, creo que no deberíamos decirle nada a tus padres.

—Es cierto, no le diremos nada referente a esa mujer.

—¿Crees que debería matarla? Sabe que vienes del castillo de las deidades.

—No, está bien, creo que puedo confiar en ella.

—Si el príncipe heredero lo dice entonces está bien.

Continúe nuestro camino hacia el castillo de las deidades, el pueblo no quedaba muy lejos de donde quedaba el castillo.

Al llegar al castillo nos esperaban mi padre de pie en la puerta de este.

Vi como los ojos de mi padre ahora eran de color rojo.

—Oh no Hikaru, tu padre está enojado.

Continúe hasta llegar a la puerta y bajé del caballo.

—¿Porqué demonios has tardado tanto Hikaru?.—Vociferó mi padre.

—Me distraje viendo algunas cosas en el pueblo, me resultan interesantes, padre.

—Lo siento mucho su majestad, es mi culpa.—Dijo Saito inclinándose.

—Oye, general levántate. No tienes culpa de lo que haga mi tonto hijo.

Miré a mi padre fijamente a los ojos sin expresión alguna.

—Bien,¿Dónde está mi madre?

—Tu madre espera por ti, hikaru.—Respondió sonriendo.

«¡¿S-sonrio?! Eso quiere decir que mi madre está realmente molesta.»

Frunci el seño y continúe caminando hacia el castillo.

Saito me seguía en silencio hasta que decidió hablar.

—Estamos en problemas, si su majestad está esperando por ti, quiere decir que estamos en problemas.

Asentí con mi cabeza.

—Creo que son un poco tontos los dos.—Dijo una voz proveniente de mi espalda.

Se encontraban de pie, mi madre, mi padre y mi capitán.

—Capitán ayato, madre.—Dije haciendo una reverencia.

—Su majestad.—Dijo Saito haciendo una reverencia.

—Les dije que mandaría a alguien a vigilarlos, pensé que iban a ser más cuidadosos.—Dijo ayato.

—Padre fue mi cul—

—Yo fui quien hizo que Saito hiciera todas esas cosas, además, tiene que obedecerme, así que Saito no tiene culpa de nada.—Dije.

—No culparé al general por ti, Hikaru. Ahora, ¿porqué demonios has ayudado a esa mujer?.—Preguntó mi madre.

—Simplemente necesitaba ayuda. Llevaba un niño en sus brazos, no podía dejarla allí.

Mi madre llevo su mano a su rostro ejerciendo presión en su entrecejo.

—Has hecho algo tonto al perder tu anillo, haciendo que esa mujer lo encontrara, ahora ella sabe de dónde provienes.

—No exageres madre, siento que puedo confiar en ella.

—¡¿Cómo sabes en quien puedes confiar y en quien no?!—Vociferó furiosamente mi madre.

La miré fijamente a los ojos.

—Calmate, saori.—Dijo Ayato

—El… el no sabe si puede confiar o no en alguien.

—Saori, tranquilízate, me encargaré de Hikaru—Dijo mi padre.—Sigueme.

Seguí a mi padre en silencio hasta llegar a una habitación.

—Toma asiento.

Tomé asiento tranquilamente sin quitarle la vista de encima.

Mi padre estiró su mano hacia mi entregando una pequeña caja de madera.

La tomé en mis manos y la abrí. Dentro de ella se encontraba una máscara la cual parecía ser solamente para la mitad de mi rostro.

—¿Qué clase de broma es está?

—Te la pondrás cada vez que vayas a los pueblos.

—¿Porqué tengo que usarla?

Mi padre dejó escapar un largo suspiro mientras se cruzaba de brazos.

—¿Sabes que eres hijo de una sangre pura y un demonio?

—Lo sé, ustedes mismo me lo dijeron.

—Por lo tanto, eres un híbrido, tus ojos lo demuestran.

—¿Y? Eso lo sé.—Dije cruzandome de brazos.

—Te contaré algo que no sabes sobre tu madre y yo, Hikaru.

Miré a mi padre esperando a que hablara.

—Yo soy hijo del duque Kotaro, por lo tanto llevo sangre demoníaca en mi.

—Eso ya lo sé, padre.

—Pero también, soy el guardian de tu madre.

—¿Qué quieres decir?.

—Hace tiempo, tu madre me marcó con el sello de guardian en mi cuerpo sin ella saberlo, por lo tanto, soy su guardian y también tengo sangre demoníaca.

Miré a mi padre con sorpresa.

«¿Porqué no terminan de hablar sobre su pasado?»

—Sabes que tu sangre es especial. Al tener la mezcla de deidad y demonio en ti, puede que vengan otras personas a buscarte, porque pueden verte como una amenaza.

—Puedo defenderme solo.

Mi padre ignoró mis palabras.

—Sabemos que puedes controlar el fuego, y eso es algo que nadie de este castillo puede hacer, a excepción de ti. Tu madre teme a qué puedas correr peligro al darse cuenta que tú eres un híbrido que puede controlar el fuego, te busquen y acaben con tu vida.

Miré seriamente a mi padre a sus ojos los cuales habían vuelto a su color natural.

—Por lo tanto, cada vez que vayas a los pueblos, usarás esa máscara para que cubras tu ojo de color azul.

—¿Y porque no mejor cubrir los dos? No necesito tener mis ojos abiertos para poder ver.

—No quiero que llames la atención. Las personas se preguntarán ¿Cómo haces para caminar si tiene una máscara que cubre sus ojos?

—Tienes razón padre, haré lo que dices.

«No quiero seguir preocupando a mi madre»

—Referente a esa mujer.

—Ella no es importante, solo es alguien que quería ayudar.

—Lo sé, no puedes confiar en nadie Hikaru.

—Si hace algo sospechoso, no dudaré en asesinarla padre.

Mi padre me miró fijamente.

—Y porfavor, no metas en problemas a él general.

—Lo sé, el no estará en problemas.

—Olvidaba decirte que organizarán una ceremonia por tu cumpleaños, allí te será entregada la espada de tu madre.

—¿Porqué le dan tanta importancia a esa espada?

—Es sencillo, en ella hay un oni el cual tu madre y tu hicieron un pacto.

—¿Yo? ¿Cuándo he hecho un pacto con un demonio?

—Tu madre lo hizo al estar embarazada de ti. Entonces, esa espada te pertenece.

—Ya veo.

Me quedé en silencio pensando en si estuviera mal traer a Amane al castillo de las deidades.

—Padre, quisiera saber si podría traer a esa mujer el día de mi ceremonia.

Mi padre me miró fijamente.

—¿Estás loco? No puedes hacer eso. Me niego.

—Supuse que dirías eso. Está bien.

«Ya se me ocurrirá algo para traerla aquí.»

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