Retos Prohibidos

Tessa Volcán

—Vamos Tere, ¡llegamos tarde!

Apenas llegando a la plaza (dónde he quedado con mi señora madre), me acerco arrastrando las ruedas de la maleta en el asfalto.

—Tessa, mamá. Llámame Tessa. Por favor te lo pido.

—Uhisss ¡Ahora te me pones intensa!

—Intensa no, mamá. Pero... ya que me trajiste a la fuerza ¡porque te recuerdo que yo no quería venir! ... Al menos respeta mi nombre ¿sí?

—Desde luego—sacude la cabeza—, qué tranquilo se ha debido de quedar tu padre hija mía. Porque te recuerdo, ¡jovencita! que él te envió aquí conmigo. Yo no te obligué.

Pongo los ojos en blanco.

Si algo tiene de especial el hecho de tener unos padres como yo, divorciados, es que se pueden echar la culpa uno al otro de sus propias decisiones.

¿Quién les pidió traerme a este mundo? Desde luego, yo no.

Hace algunos años que se divorciaron. Mi madre rehízo su vida con Francisco Cano. Uno de los hombres más ricos de la Capital de España. Claro que, Dolores Torres no se queda atrás. Es la mejor diseñadora de moda, en Madrid y.... del país. Así que menudo dos se han juntado. Los Torres y los Cano. A cuál, más estrictos y más ambiciosos. Si soy sincera, los Canuto (así les apodo desde que era una niña) destacan en la arrogancia, en lo estrictos y en lo egoísta. Pero ahí van ellos, con más de seis años de casados y más felices que una perdiz.

José Volcán, no contó con esa suerte. Mi padre no se volvió a casar. No puso empeño en ello. Con una mujer ya tuvo para el resto de su vida, me confesó un día. Y no lo juzgo. Mi madre tiene un carisma especial, tan especial que lo dejó exprimido, en lo que al amor respecta. Lo dejó tan marcado, que, en un principio de la separación, también se desentendió de mí y, de las obligaciones como ser un papá atento. Por supuesto, es más sencillo decir eso, a reconocer que me abandonó dejándome a mi suerte cuando mi madre perdió la cabeza y se juntó con el Canuto. Me habría ahorrado muchos disgustos... tantas citas y sesiones en psicólogos, por el trauma que me dejó en mi corta estancia en la Villa Cano.

A mi padre, ahora le ha dado por viajar en cruceros por todo el mundo. Según él, encontró al fin "su pasión por la vida" Lo que me obliga a mí, a volver con mi madre y su marido y, en general, con su familia. Ya que comienzo la universidad, mi madre me quiere, no, me necesita cerca. Sus palabras textuales.

—Anda ven aquí, ¡estás preciosa!

Esa es otra de las tantas virtudes, de la señora Torres. Primero me riñe y después me abraza como si nada. Me abraza con entusiasmo, con anhelo. Apenas nos vemos cada dos fines de semana, cuando me visitaba en Mallorca. Admito que, aun estando lejos, ella siempre estuvo pendiente de mí. Me llamaba todos los días y, casi a todas horas. Ya que, fue decisión propia el mudarme a vivir con mi padre hace cuatro años. Ella, por ese entonces no me contradijo. Porque estaba enfocada en su carrera profesional y si yo, su niña, estaba feliz con su padre, pues todos felices y contentos.

Agarra la maleta y se la pasa al chófer. Levanto una ceja, divertida;

—Mamá, en serio, yo te esperaba con un cartelito que dijera, por ejemplo —me toma un segundo en inventar la broma, imitando el gesto cursi de mi madre—... ¿Bienvenida a casa, mi niña consentida de su mamá?

—Tu ríete, pero eres mi niña consentida y hermosa... ¿traes todo ahí? —voltea hacia la maleta, pero en seguida quita importancia —Es igual, mañana nos vamos de shopping tu y yo.

Lleva más de seis meses rogándome para que viviera a vivir con ella. Creo que eso la tiene un poco loquita.

—No será necesario mamá... Ya estoy mayorcita para ocuparme de mis cosas. Además, ya lo hablamos. Me quedaré en tu casa hasta que encuentre un cuarto en la residencia de la facultad. ¿Estamos?

Hace un mohín, asintiendo con la cabeza. Lo cierto es que nada será igual. Así lo presiento.

—Yo te puedo conseguir...

—No. Lo voy hacer yo.

Gira la cabeza con una mueca de asombro en su hermosa cara.

—Oh, pues sí que has cambiado.

"solo en lo que me conviene, madre"

—Para que veas, madre.

Subimos al auto y comienzo a admirar la belleza de la ciudad. Saco la cabeza por la ventana. El viento cálido de septiembre agita mi pelo rubio y largo. Sonrío. Me inspira una paz tan, tan reconfortante que me olvido de lo que verdaderamente me espera en la Villa Cano Torres. A mi corta edad, lo llamaba el infierno. Y no porque fuese la vivienda en sí. Era por los personajes que la habitaban, como Hugo y su primito Aitor Cano.

La Villa está tal como la recordaba, como un castillo moderno del siglo veintiuno en mis cuentos de hadas, los que mamá leía cuando era pequeña. La entrada la adornaba un hermoso jardín rodeando el estanque. Recuerdo que, jugaba y alimentaba a las tortugas y a los peces de colorines que había en la profundidad. Me preguntaba si seguían ahí, o si Hugo los había asesinado cruelmente. Como todo lo que tocaba, lo destruía sin piedad...

—¡Sorpresa!

El marido de mi madre abría los brazos al mismo tiempo que los flashes me deslumbraban. No me extrañó que mi madre los hubiera contratado para la exclusiva "la niña consentida regresa con su mami". Los fotógrafos capturan el reencuentro del momento. Sonrío. Después de todo, Francisco Cano, es el único ser que aguanta y tolera a mi madre y eso es un gran mérito.

—Bienvenida a casa de nuevo. Estás preciosa, cariño.

Me da un breve, pero afectuoso abrazo. He de admitir, que para él soy una Cano más, aunque no me agrade la idea, así es.

—Gracias, Francisco —le sonrío.

—De nada, pequeña— sonríe, con una pizca de orgullo en su mirada. Luego, gira un poco la vista y añade —... Ah, ahí está Hugo ¡Hugo ven a saludar a tu hermana!

Volteo a mi lado. Aquí tengo adelante a mi peor pesadilla. Hugo Cano se acerca caminando hacia nosotros y, va saludando a los invitados a su paso. Su caminar fluye como uno de los modelos por la pasarela del premio Oscar al más guapo y seductor.

Hay un instante, en que creo estar alucinando. De hecho, no sé por qué, pero lo había imaginado muy gordo y feo. Al menos, creía que el Karma al fin le iba a dar una cucharada de su propio chocolate y se iba a poner de mi parte, por haberse metido tanto con mi físico cuando era pequeña. Pero, me he equivocado. Hugo Cano ha crecido tanto que su altura impacta y, por no hablar de su rostro con esos rasgos marcados y su cuerpo fornido.

—¡Hugo! —repite Francisco —¡Ven a saludar a tu hermana!

Sus llamativos ojos verdes, encuentran los míos. Hugo se detuvo al instante, atónito. En su mente parecía preguntar "¿Tu...?" Y por increíble que parezca, acabo de confirmar, igual que Hugo, la realidad de mi teoría. Anoche me acosté con mi hermanastro.

Para mí, nada es tan sorprendente como las coincidencias de la vida. Ese tipo de coincidencias que, te dejan sin aliento y que una, no entiende...

—¿Huguito? —balbuceo una risa nerviosa, que vibra en mi pecho. Bajo la vista por un segundo al paquete del pantalón, jocosa —. Pero, qué... grandote — Doy un paso, ya que él seguía inmóvil en su sitio. —. ¿No te da gusto verme?

—No. Cómo crees pequeña, de seguro no te recuerda.

Francisco le da un empujón hacia mí y, alzo los brazos, rodeo su cuello pegando mi cuerpo al suyo, en un escaso abrazo.

—Quién lo diría ¿eh? — susurro a su oído —Hace apenas unas cuantas horas me estabas follan...

Un disimulado empuje, me impide terminar la palabra. Se aleja, murmurando:

—Bienvenida...

—Vamos, tu fiesta está adentro. — añade Francisco, distrayendo la atención de su hijo que se aleja a toda prisa.

"Fiesta... la que me di anoche" Mis mejillas se tornan al rosa, con solo recordarlo.

Mi madre me abraza de nuevo.

—Bienvenida a casa Tessa, cariño. —deja un sonoro beso en mi mejilla.

—Gracias, mamá.

Esto de regresar a la Villa Cano va a estar más entretenido de lo que esperaba.

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