Hugo Cano
Entro en la sala, un flash me coge desprevenido y la inercia me obligó a levantar el puño cerrado. Listo para mi defensa. Acto seguido, fuerzo una sonrisa y manejo, en un disimulo, el semblante de idiota y de subnormal que debo de tener en este momento.
A buena hora, se le ocurrió a Dolores contratar fotógrafos. Si tan solo es una fiesta privada. La familia Cano y amigos cercanos de mi padre. Y todo para que la niñata tenga que...
Pero, ¿qué hice?
No dejaba de hacerme la misma pregunta una y otra vez. ¡Nadie debe de saber esto! ¡No pueden saberlo!
Si mi padre descubre que anoche me follé a la Teresita, hará un saco de boxeo conmigo, o peor aún, me corta los huevos.
Pero, ¿cómo iba yo a saber que ella...?
- ¿Se puede saber...? -Me sobresalté al ver a mi padre a mi lado. -. ¿qué fue esa bienvenida que le has dado a tu hermana?
-No es mi hermana, padre.
Con disimulo, se rasca la barbilla espesa y canosa frente los invitados y, eso no es nada bueno para mí.
-Pues me la tratas como si fuese tu hermana ¡última advertencia Hugo! Más te vale cuidar de Teresa, tanto en la universidad, como en casa.
Cómo si esa niñata necesitase ser cuidada por mí a todas horas, por favor. Aparto la vista de sus ojos amenazadores. Muevo la cabeza con un claro, Sí. ¿Cómo negarme?, si sé lo que me espera si no lo hago.
Claro que también debió de decirlo, ¿un día antes? Para mi desgracia, llegó tarde la advertencia, muy tarde...
-Por el bien de la salud de Dolores lo harás -Él me señala con un dedo, serio.- ¿He sido lo bastante claro contigo, Hugo?
-Transparente, padre.
Él asiente y parece ser que mi respuesta le sube el gran ego que posee y, que nos caracteriza a los Cano, porque añade:
-Qué fácil es todo cuando nos entendemos Hugo - me da un par de toques amistosos en el hombro -... Muy bien.
Se aleja con su señora. Aprieto la quijada, hasta que siento rechinar mis dientes.
Sí, todo es más fácil si se hace lo que usted diga, padre.
Si él supiera lo que en verdad ocurrió anoche no me hubiera pedido eso, por el bien de su señora esposa. Sino que más bien me echaría de casa añadiendo toda la posibilidad, de desheredar el imperio Cano ¡Y con justa razón!
Mi padre puede ser el mayor hijo de puta que parió este mundo, pero ama a Dolores. Tal vez, podría decir que es el único amor verdadero. Por ella es capaz de sacudir el mapamundi entero para juntar el cielo y la tierra. Algo imposible.
Yo también lo creía hasta que contrató al mejor especialista para que a Dolores no le falle la memoria, por su reciente enfermedad. Si eso no es amor, que baje quién quiera y se lo digan a mi padre.
Soy el primero en admitir que a la familia no se toca. Pero ¡maldición! Se suponía que llegaba hoy a la ciudad. Entonces, ¿qué hacía ella en la fiesta?
Joderlo todo, eso hacía ¡maldición!
Anoche fui a una fiesta, como otra noche cualquiera. La vi, me pareció apetitosa y... me la comí. ¿Cómo no? Si está tan buena que se rompe. Me la comí como a cualquier otra chica.
Bueno, está claro que, otra chica no me tendría nervioso como lo estoy ahora.
Paso la mano por mi cabello corto, y como no logro calmarme voy por un trago. Un whisky doble. Lo bebo de un sorbo. Hago una mueca al sentir el líquido amargo bajar por la garganta. Toco mi barbilla... no puedo evitar girar los ojos hacia ella.
Está junto a su madre riendo sobre algo que le dijo. Luego se aproximan mis tíos y mis primos, la saludan amables...
Recuerdo cuando se marchó de la Villa siendo una niña. No era ni la mitad de guapa y atractiva de lo que es ahora.
Sus ojos captan los míos ¡mierda!
Aparto los ojos. Encima me capta mirándola. Vuelvo hacia el mini bar, y me sirvo otro whisky. Doy un sorbo y, por el rabillo del ojo observo que se acerca... Toco la zona del cuello. A ver cómo demonios voy arreglar este desastre...
- ¿Hola, de nuevo? -se detiene a mi lado. En la misma postura en la que me mantengo en pie, dejado de caer, con el codo en la barra -... ¿Chico nuevo?
Doblo el gesto, irónico:
-Lo era... hasta hoy ¿no?
Giro la vista, sonríe mientras con la mano pasa todo el cabello rubio a un lado del cuello. Sus ondas caen en su pecho...
El recuerdo de mi mano encajando en su pecho, me llega a la mente de imprevisto. Pellizcando su pezón rosado, el gemido que soltó...
-Hasta hoy, sí.
Cambio de postura y, para mi desgracia nota lo que trato de esconder. La enorme erección en mis pantalones. Tal vez podría asustarse, o sentir incomodidad, pero no. Con descaro, se muerde el labio carnoso. En un gesto tan sexy que tuve que humedecer mis labios y tragar saliva.
-Deja de hacer eso -mi voz sonó más ronca de lo que esperaba y, traicionando el instinto de frenar la situación. Carraspeo la garganta y añado -... Quiero decir, no digas nada.
- ¿Quieres que me quede callada con lo de... anoche... o de lo grandote que te ves?
Sus cejas señalan al pantalón con una expresión divertida. No sé si seguir el juego, o molestarme por el tono burlona en el que lo dice:
- ¿Quieres más Tere?
Todo humor y todo acción de seducción desaparece de su rostro:
-Tessa, para todos soy Tessa.
Maldición, es más excitante enojada. Sonrío divertido.
-Como digas, Tessa. -dije saboreando su nombre en mis labios.
Se me acercó de golpe, da una suave palmada a mi hombro.
-Se te nota tenso Huguito.
-Hugo. -le aclaro.
Eso de Huguito quedó atrás hace mucho tiempo. Desde que comencé a trabajar en el "negocio familiar" hace más tres años...
-Bueno Hugo, relájate. No temas, que a mí se me olvidó lo que pasó anoche...
- ¿Ah, si? - La interrumpo -. Yo creo que no. Yo recuerdo tu expresión... era como si alucinaras...tenías los ojos tan grandes que yo pensé que te había dado algo... o qué te había dañado- me acerco a su oído -, pero no, lo que te pasaba era que te estabas retorciendo de lo rico que te estabas corriendo.
Gira la vista buscando si hay oídos curiosos escuchando todo lo que dije. Más bien, creo que intenta ocultar el rubor rosado de sus mejillas.
-Igual te lo podría recordar, pero resulta que no quiero- prosigo, ella fija sus ojos en los míos. Sonrío y añado -. No volverá a pasar Tessa.
-Por supuesto que no va a pasar, imbécil Porque ¡para empezar, de haber sabido que eras tú, ni loca me dejo tocar...!
Aprieta los labios y guarda silencio. Al parecer le escuece hablar del tema. Me dedica una última mirada fulminante y se aleja de mi lado.
Su tacón resuena en la baldosa con unos pasos rápidos, pero elegantes. Su culo se mueve, tentándome.
A veces vamos sin frenos y, hoy me siento chocando de frente contra un muro por no frenar el deseo que sentí.





