Renacer Después del Dolor

Ximena Rojas miró la prueba de embarazo, las dos líneas rojas eran claras y definitivas. No sintió una explosión de alegría, sino una calma fría, la satisfacción de un plan ejecutado a la perfección.

Tomó su celular y marcó un número que conocía de memoria.

"Dra. Pérez" , dijo con voz firme, sin un rastro de emoción. "Lo tengo. Puede iniciar los papeles del divorcio" .

Del otro lado, la abogada Elena Pérez hizo una pausa. "¿Estás segura, Ximena? ¿Ya se lo dijiste a Mateo?"

"No es necesario. Él no necesita saberlo todavía" .

"Pero Ximena, para el divorcio se requiere su firma, su cooperación" .

"Consíguela" , ordenó Ximena, su tono dejando claro que no era una sugerencia. "Haz lo que sea necesario" .

Colgó sin esperar respuesta y marcó el número de su esposo, Mateo Rojas. El teléfono sonó varias veces antes de que él contestara, con un tono de fastidio.

"¿Qué quieres, Ximena?"

Su voz era fría, distante, como siempre.

"Necesito que vengas a casa a firmar unos documentos" , dijo ella, manteniendo su voz neutra.

"Estoy ocupado" , respondió él bruscamente. "Sofía no se siente bien, estoy con ella en el hospital" .

Sofía Del Valle. La exnovia de Mateo, su eterna obsesión. La razón por la que su matrimonio de dos años había sido una farsa vacía.

"Mateo, es importante" .

"Nada es más importante que Sofía ahora mismo. Arréglatelas sola" .

Y colgó.

Ximena bajó el teléfono lentamente. No sintió dolor ni ira, solo una profunda sensación de alivio. Su decisión era la correcta.

Caminó por la lujosa pero fría mansión, sus pasos resonando en el silencio. Se detuvo frente a una fotografía en la repisa de la chimenea. En ella, un joven le sonreía, sus ojos idénticos a los de Mateo, pero llenos de una calidez que su esposo nunca tuvo.

Daniel Rojas. Su prometido. El hermano gemelo de Mateo.

Con la yema de los dedos, limpió un inexistente grano de polvo del cristal.

"Lo logré, Daniel" , susurró al aire. "Pronto tendremos a nuestro hijo" .

La Sra. Carmen, el ama de llaves, la observaba desde la puerta, negando con la cabeza. Pensaba, como todos, que Ximena estaba locamente enamorada de Mateo, soportando sus constantes desplantes y su pública relación con Sofía por un amor ciego.

Pero la verdad era mucho más retorcida.

Ximena nunca amó a Mateo. Su corazón había muerto hacía dos años, en el mismo accidente de coche que le arrebató a Daniel.

Cuando el dolor inicial se calmó, fue reemplazado por una obsesión. Quería un pedazo de Daniel de vuelta, un legado, un hijo que se pareciera a él. Y solo había una manera de conseguirlo.

Mateo.

Sabiendo que él amaba a Sofía y que su familia lo presionaba para que sentara cabeza con una esposa "respetable" , Ximena le hizo una propuesta. Se casaría con él, le daría la fachada que su familia quería, y a cambio, solo le pedía una cosa: un hijo.

Mateo, creyendo que era una mujer desesperada por amor y estatus, y viéndolo como una salida fácil para aplacar a su familia sin comprometerse con Sofía, aceptó. Para él, era un contrato de conveniencia. Para ella, era la única misión de su vida.

Durante dos años, soportó la humillación. Se convirtió en el chiste del círculo social de Mateo. La esposa abandonada cuyo marido pasaba más tiempo con su ex que con ella. Él faltó a su primer aniversario para cuidar a Sofía de un resfriado. Las cosas de Sofía estaban esparcidas por la casa de Mateo como si ella fuera la verdadera señora de la casa.

Ximena lo soportó todo en silencio. No le importaba su amor, ni su atención. Solo le importaba su cuerpo, el material genético que compartía con Daniel.

Mateo, en su arrogancia, malinterpretó su insistencia en la intimidad. Pensaba que ella estaba desesperada por su afecto, que lo deseaba. No entendía que cada vez que ella lo tocaba, cerraba los ojos e imaginaba que era Daniel.

Él, por su parte, seguía locamente enamorado de Sofía, pero sentía que ella era demasiado frágil, demasiado pura para mancharla con un compromiso que no sentía del todo listo para asumir. La mantenía cerca, la adoraba, pero no se atrevía a dar el siguiente paso, usando su matrimonio con Ximena como excusa.

Ahora, el plan de Ximena había llegado a su fin. El bebé, el hijo de Daniel, crecía dentro de ella. Ya no necesitaba a Mateo.

Era hora de desaparecer.

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