Prisionera de Amor

Lucien Bonnet observaba la puerta de cristal de la entrada del restaurante, en cualquier momento la mujer que había osado robarle entraría y él esperaba que se llevará una pequeña sorpresa, sí aquella chiquilla incauta creía que podía robarle y no habría consecuencias, descubriría que se equivocaba, él la haría pedazos.

La reconoció apenas ingreso en el lugar, llevaba el atuendo que él había elegido para ella, se veía absolutamente hermosa, su melena larga y pelirroja acentuaba su aspecto felino con aquel vestido negro; solo algo no concordaba, caminaba con pasos inseguros, cómo si no estuviera acostumbrada a llevar tacones altos, su rostro reflejaba inseguridad, y miraba alrededor cómo si estuviera perdida, parecía una chiquilla asustada, y él sabía perfectamente que no lo era. El camarero la guío a la mesa que él había elegido, una en la que él podría verla, pero ella no a él, no quería que supiera que él la observaba; entonces puso inicio a su plan.

Lilly se sentó en la mesa, el salón estaba repleto de comensales, en la mesa había un celular, no tuvo que preguntar nada, pues el camarero le dijo.

-El señor Bonnet la llamara en breve. Por favor dígame cuando esté lista para ordenar.-

Luego se retiro y la dejo allí confundida. El celular sonó, y de acuerdo a su plan Lilly contestó con una voz temblorosa y asustada.

-Hola, soy Susan Davies…-

-Nunca hemos hablado, pero sé quién eres Lilly Jones; y desde luego sabes perfectamente quién soy. Tienes algo que me pertenece pequeña ladrona.-

-Yo… yo no soy una ladrona. Si tan solo usted me permitiera explicarle…- dijo tratando de acentuar el tono dulce y temeroso, sin que se notará la sorpresa que se llevó cuando él dijo su nombre real.

-Vaya que sí lo eres, al igual que tu madre.-

-Puedo explicárselo señor, ella me mintió…- dijo con tono desesperado.-

-Tu eres su cómplice.- dijo él con voz seca. Podía ver a Lilly y sabía que sus gestos no concordaban con su voz, la muy infeliz estaba actuando.

-Usted no lo comprende, ¡No sabía lo que mi madre estaba haciendo!... Yo le juro que soy inocente- dijo con voz chillona y llorosa.

-Y sin embargo, no lo eres. Pues me faltan 3 millones de dólares.-

-Yo, yo no tenía idea. ¡Si tan solo pudiera verlo y explicarle!- dijo tratando de sonar más desesperada.

-Te estoy viendo querida, y déjame decirte que el vestido te sienta de maravilla, lo que no te sienta es la actuación.-

Lilly cerro los ojos y se maldijo a sí misma, por no haber previsto que el tipo podría estar viéndola, se acomodo el cabello, era momento de cambiar de plan. Así que con su verdadera voz le dijo.

-Bueno supongo que ya no jugaremos más.-

-Al contrario mon amour, el juego acaba de iniciar.-

Lilly lo vio ,cuando estaba a escasos metros. Lucien Bonnet era un hombre que resaltaba de entre todos los demás, con un metro noventa, cabello rubio pálido, y los ojos más celestes que jamás había visto, se veía idéntico a las fotos de las revistas; todas las mujeres volteaba a verlo, caminaba con tanta seguridad que nadie dudaría en decir que él era poderoso.

Se sentó en frente de ella, y sin decir una palabra le hizo una seña al camarero, que estuvo al instante en la mesa.

-El chef ya sabe que comeremos.-

El camarero asintió y se retiró al instante. Lilly observo mejor al hombre que tenía en frente y entonces decidió que ella daría el primer paso.

-Señor Bonnet, entiendo su enfado, pero…-

-No, tu no comprendes nada ma chère, pero lo harás al finalizar la noche. Por ahora disfruta de la comida.-

Durante la cena Lilly era consiente de como la miraban las personas del salón, todos suponían que era una acompañante, el vestido de encaje negro, con transparencias, el maquillaje y los zapatos lo decían a gritos, y aquello empezaba a molestarle. No tolerará más de aquel espectáculo, por lo que dijo.

-Realmente disfruta de humillar a los demás, ¿Verdad?.-

Él levanto la mirada, pues anteriormente estaba concentrado en su comida, cómo si ella no existiera.

-No, la verdad no. Solo disfruto de la buena comida, cómo de todos los lujos, pero si lo que quieres es que te diga que es lo que pretendo, lo haré. Tú y tu madre me robaron, quiero mi dinero de vuelta, pero sé que no tienes como devolverlo, puesto que tú propia madre se llevó todo; así que tengo dos maneras de cobrarte: La primera es enviarte a la cárcel y hacer que termines allí tu vida, en una celda miserable, y luchando por las sobras que te den. La otra es que me entregues a tu madre.-

Lilly estrujaba la servilleta con ambas manos, la rabia la superaba, odiaba estar en la posición de perdedora, pero esa era la realidad, ella había perdido. Lucien Bonnet tenía la sartén por el mango, y ella más que nunca estaba odiando a su madre por haberla dejado en aquella situación.

-Créame, con gusto le entregaría a mi madre, pero no sé dónde está. Por otro lado usted es un hombre de recursos y la conoce, podría hallarla en un instante.-

-Mon chere tienes razón, soy un hombre de recursos, pero no tengo idea de cómo se ve tu madre, ella jamás se acercó a mí. Y a ti , no te creo ni una palabra.-

-Pero ella y usted estuvieron… yo creía… ella me dijo que se acercaría a usted y que lo conquistaría para…- dijo realmente sorprendida, su madre le había mentido de nuevo, jamás se acercó a Bonnet.

-¿Creías qué?. Mon chere no dudo que tú madre sea encantadora, teniéndote a ti como hija, pero te aseguro que no la habría mirado, en cambio a ti, sí que te abría mirando.- Lucien empezó a reírse con ganas, al ver la cara de sorpresa de Lilly.

-Si no sabe cómo se ve mi madre, ¿Cómo llego a mi?, ¿Cómo me encontró?.-

- Muy simple, tu nombre apareció en el desvío de los fondos que realizaron. Fue fácil enterarme de quienes eran y de lo que venían haciendo, pero tu madre parece ser más lista que tú, puesto que te dejo expuesta y ella jamás apareció en escena.-

Lilly tenía ganas de llorar, su madre había vuelto a dejarla en la peor de las condiciones, y ella no tenía idea de dónde estaba, ojalá que dónde estuviera la pasará igual de mal que ella.

-No sé dónde está, ni como hallar a mi madre, ella siempre me… siempre se sale con la suya.-

-Muy bien, supongo que la cárcel es la opción ganadora. Prepárate, vas a pasar el resto de tus días allí, y si fuera tu comería todo, puesto que está es tu última cena.-

Lilly sintió náuseas, la sola idea de ir a prisión le daba horror, no sobreviviría en aquel lugar, no podía ir a la cárcel, cualquier otra cosa sería mejor, cualquiera.

-Por favor, no lo haga. Debe haber alguna manera de…-

Lucien sonrió satisfecho, verla rendida y sin aquella mirada altiva , eso lo complacía sobre manera.

-Puede que halla algo más con lo que puedas pagarme. Acompáñame a mi habitación.-

Lilly frunció el ceño, no creía que ese tipo estuviera pensando en que podría cobrase con otra clase de cosa. Se paró de un salto de la silla y con ambas manos en la mesa le dijo.

-¡No soy esa clase de mujer!-

-¿Dices que prefieres la cárcel a ir a mi habitación y negociar?- pregunto el tranquilamente.

En eso el camarero se acercó y le pregunto a Lucien si querrían el postre, para ese momento Lilly estaba tan furiosa, que ella le contesto entre dientes.

-¡No quiero postre!-

Ni el camarero, ni Lucien le hicieron caso.

-Envía el postre y el café a mi habitación por favor, solo para uno.- dijo Lucien.

Luego se paró y empezó a caminar hacia la salida, la sujeto por el brazo y la llevo a rastras con él. Cuando estuvieron en el vestíbulo del hotel, le dijo.

-No estás obligada a subir conmigo, pero si sales de este hotel sabré que tu decisión es ir a prisión. Y a mí, sí, que debes creerme cuando te digo que no habrá lugar en el que puedas esconderte, haré que cumplas tu condena.-

Lilly tenía ganas de golpearlo, pero no estaba en posición de hacerlo, así que optó por la única salida que tenía, seguirle el juego a Lucien Bonnet e ir a su habitación. Una vez allí lo manejaría y vería la forma de voltear la situación a su favor. Camino delante de él y entro en el ascensor, él la siguió sin decir nada, hasta que llegaron a la suite presidencial del hotel, una vez allí el abrió la puerta y la invitó a pasar.

Nada más poner un pie en la habitación, Lilly supo que había sido un error, aquel hombre tenía la mirada de un depredador y la presa era ella.

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