Prisionera de Amor

A pesar de que tenía miedo, Lilly se rehusó a demostrarlo. Muy tranquila se sentó en la pequeña mesa de la habitación y dijo.

-Negociemos señor Bonnet.-

Lucien no entendía la atracción que le provocaba una mujer a la que debería aborrecer, ella lo había hecho quedar como un idiota al robarle; y sin embargo verla allí sentada con las piernas cruzadas y con la melena roja cayendo sobre su escote , hacía que quisiera devorarla, eran las mismas ganas que había tenido durante la cena, mientras la observaba pasar de un estado de ánimo a otro, era una mujer fácil de leer. Pero a pesar del deseo que le provocaba, llevarla a su habitación no tenía otra intención más que la de humillarla, por lo que le dijo

-Te dije que soy un hombre que disfruta de lo bueno de la vida, de los placeres; y Mon chere, no habría nada que me gustaría más que ver un baile. Un espectáculo siempre es estimulante después de la cena.-

Lilly se bajó de la mesa e instintivamente, tironeo del vestido corto para cubrirse las piernas. Ella había querido que él se sintiera intimidado con su actitud, no que la viera como a cualquier mujerzuela.

-Ya le dije que no hago esa clase de cosas señor Bonnet.-

-Por está noche dime Lucien, y no, no es una opción, debes hacerlo. Y el baile tampoco lo es, quiero ver si llevas puesto el conjunto que elegí para ti, aunque sé que es de tu talla. No pongas esa cara , te hice vigilar durante días y tengo tanta información sobre ti, que es lógico que sepa hasta tu talla de brasier, por lo que puedes suponer que es imposible que puedas escapar de mi, cómo lo hizo tu madre.-

Por primera vez desde su infancia, Lilly se sintió desprotegida, indefensa, Lucien Bonnet la tenía a su merced y si ella se negaba él terminaría con su vida al enviarla a prisión. Él la estaba mirando sentado en una silla y con gesto tranquilo, aguardaba a ver su respuesta; sin duda era el hombre más guapo que había visto, pero también era temible, y frío. Su belleza no lograba engañarla, ella también lo conocía, lo había investigado, sabía que era un hombre que acostumbraba a obtener lo que quería, por las buenas o por las malas, y sinceramente no quería ver su lado malo, prefería el frío, su mirada profunda que le provocaba un vuelvo en el estómago, era de lo más extraño porque a pesar de saber quién era él, y cómo la estaba tratando, era imposible no sentirse atraída, encantada.

-Esta bien señor Bonnet, usted gana.- dijo mirándolo a los ojos.

-Lucien, dí mi nombre.-

-Dime, qué quieres que baile Lucien.-

El sonrió, y mostró su dentadura perfecta, el corazón de Lilly latió desbocado, no supo si por el miedo, o por otra cosa. Ése hombre era magnético, tenía "ese algo", que hacía que fuera incapaz de poder dejar de mirarlo. Lucien sujeto un pequeño control remoto y apretó un botón. La habitación se llenó de música, una melodía sensual y lenta que hacía que tuviera ganas de bailar.

-Muéstrame cómo te mueves Mon amour. – dijo con voz grave y sensual.

Sin quererlo, Lilly comenzó a bailar, cerro los ojos y se dejó guiar por la música, olvidándose de que lo hacía bajo presión. En algún momento dejo de pensar pero él la volvió a la realidad diciendo.

-Ahora sácate el vestido.-

Ella abrió los ojos y lo miro con expresión espantada.

-No.- dijo con voz temblorosa.

-Solo quiero verte.- contesto él.

Jamás sabría si empezó a sacarse el vestido, porque él lo había ordenado o por la manera en la que la estaba mirando, parecía estar viendo algo que le encantaba , que le fascinaba y esa era la primera vez que alguien le dirigía una mirada así. Cuando estuvo sin el vestido, con el conjunto de ropa interior del color de su piel, supo que había perdido el control de la situación, era él, el que dominaba.

Lucien se paró de la silla, se acercó a ella y rozo su cabello con la mano, luego se lo aparto del escote y la miró sin ninguna reserva.

Eres hermosa. Admito que me sorprendiste.- se colocó detrás de ella y le susurró al oído.- Te ofrezco otro trato, tú a cambio del dinero.

Lilly se puso tensa, la desfachatez de Lucien la puso en guardia nuevamente.

- No comprendo. Ya hice lo que pediste, baile para ti, me humille. ¿Qué más quieres?-

-Ya te lo dije.-

- No me obligaras a acostarme contigo. Si esa es la estrategia que usas con otras mujeres para que hagan lo que tú quieres, conmigo no te saldrá igual.-

-Claro que no lo haré, jamás hice tal cosa. Tú me rogaras que lo haga.-

Lilly se dio la vuelta con la intención de empujarlo, pero él la sorprendió besándola ferozmente. Fue un beso que jamás imaginó, él la sujeto por la nuca suavemente, introdujo su legua en el interior de su boca y sin quererlo ella perdió la noción de todo, aquel beso la dejo desconectada de la realidad; se dejó llevar por él, en algún momento un gemido escapó de su boca y Lucien mordisqueo su labio inferior provocándole un escalofrío. Después se deslizó por su cuello y acaricio su escote mientras susurraba.

-Dime que sí.-

Ella no atinaba a decir nada, no comprendía la reacción de su propio cuerpo, pero no podía detenerlo, las caricias que él le prodigaba la hacían perder el sentido. Pero cuando el se apoderó de uno de sus pezones, todo pensamiento desapareció, se entregó de lleno a sus caricias, él la beso, y la acaricio hasta que ella quedo blanda entre sus brazos, y deseosa de más; entonces él le dijo.

-Pídemelo, di que quieres ser mía.-

-Si.- dijo casi sin aliento, he incapaz de pensar en nada más que en él y en sus caricias.

-¿Si qué mon amour?-

-Quiero ser tuya Lucien.- lo dijo sinceramente, en aquel momento no había otra cosa que quisiera más, que tenerlo a él.

Él la tomo en sus brazos y la llevo a la cama. Lilly jamás espero que él se comportará así con ella, pensó que solo quería humillarla, pero ahora él estaba siendo suave, haciéndola sentir como nunca antes se había sentido; hacía de lado el odio que le tenía para disfrutarla como si ella fuera un oasis en medio del desierto y él estuviera muerto de sed. Él la coloco boca arriba y le abrió las piernas, la beso en los labios y se deslizó por su cuerpo repartiendo besos por su abdomen, hasta que llegó a su centro, entonces el corrió sus bragas y le introdujo dos dedos mientras le besaba el ombligo, ella arqueo su cuerpo gimiendo, y él hizo lo que jamás habría esperado, introdujo su lengua en su interior, la beso y la succionó hasta que ella suplico. Solo entonces él se enderezó, y saco del cajón de la mesa de luz un preservativo que se colocó rápidamente, luego se puso encima de ella y mientras la besaba en los labios se deslizó con un firme empujón dentro de ella.

Lucien jamás supuso que estaba con una virgen, pero cuando su miembro se cruzó con la barrera de resistencia, y vio que Lilly se quedaba quieta y pálida, lo entendió. Despacio se deslizó fuera de ella y reanudó las caricias, hasta que la sintió soltarse, y solo así continuo, ella era exquisita, una mujer maravillosamente receptiva a las caricias, y muy dispuesta, y era por ello que no habría adivinado jamás que era una inexperta y que solo había sido suya. Aquel pensamiento hizo que la amara durante más tiempo del que él habría querido, cuando por fin termino ella tenía una sonrisa en los labios y él supo que aquello debía terminar de una vez, las cosas no resultaron como él lo había planeado; se levantó de la cama y fue al baño.

Lilly respiraba despacio y profundo, se sentía de maravilla, pero luego volvió a la realidad, cuando él se levantó de la cama, ella se sentó, se miró y supo que aquello había sido un error, ajusto las sábanas a su alrededor y sintió ganas de golpearse a si misma , había caído en las garras de él, y lo peor de todo era que lo había disfrutado , que se lo había suplicado, tal y cómo él se lo dijo, pero no pudo evitarlo y no era porque él la acaricio maravillosamente, si no porque quería sentirse deseada por una vez en su vida, no fue el sexo lo que deseo, sino la atención. Miró hacía la puerta del baño, lo vio salir vistiendo su traje , estaba impecable cómo si nada hubiera pasado, cómo si no hubiera echo algo especial, cómo si ella hubiera sido un simple trámite, un negocio.

Mon chere, has estado maravillosa. Eres una mujer muy candente y realmente sorprendente, no imaginé que me lo pondrías tan fácil, pero lo hiciste, y me gustan las mujeres complacientes, desde luego eres la mejor que he tenido en mucho tiempo. Pero me haces preguntarme si valiste o no los 3 millones, creo que no.

Lilly lo miró sin ser capaz de decirle nada, la vergüenza y la rabia la dominaban, apretó sus dientes para no gritar. Él había conseguido lo que quería, humillarla por completo y dejarla allí como si no valiera nada, era un infeliz y ella una idiota por haber dejado que ganara, él consiguió su venganza a costa de ella.

Puedes quedarte toda la noche, pero por la mañana debes irte. No me mires así, me encantaría repetir pero voy tarde a una cita. Hasta aquí llego esto, no volverás a saber de mi, y no quiero volver a saber de ti, tú deuda está saldada a pesar de que sigo considerando que tú me estafaste y que te llevaste más de lo que yo obtuve.- Luego Lucien salió de la habitación.

Lilly se tiró en la cama y pataleo y grito durante un rato, luego se sentó, acomodo su cabello, se paró, trato de no ver las manchas de sangre en la sabana, un recuerdo de que había perdido su virginidad y de que había dejado que alguien se acercará lo suficiente como para dañarla, tomo el teléfono y llamo a recepción.

-Hola, estoy en la suite presidencial, necesito que me envíen un pantalón en talla 38, una blusa talla mediana, y unas zapatillas del 36 y medio. Cargué todo a la cuenta del señor Bonnet.- Él ya la había humillado demasiado y ella no pensaba salir de aquel lugar pareciendo una zorra, no le daría ese gusto. A partir de ese momento se olvidaría de él y de lo que había sucedido, volvería ser Susan Davies y todo volvería a estar bien, ya no más estafas, había pago un precio muy alto por la última, y al contrario de lo que Lucien le dijo, era ella quien había salido perdiendo.

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