Esta noche es mi fiesta de compromiso con Mateo.
En el lujoso salón de nuestra hacienda, él me abraza, su aliento huele a tequila caro. Me susurra al oído que soy la mujer más hermosa de todo México.
Lo creo. Hemos estado juntos desde niños, destinados a unir nuestras familias, dos imperios del agave. Él es mi "Príncipe Azul", el hombre con el que siempre soñé.
Lo llevo a mi habitación, el corazón me late con fuerza. Estoy lista para ser suya por completo.
Pero justo cuando sus labios están a punto de tocar los míos, lo veo.
Un "Milagro".
Una pequeña placa de metal flota junto a su cabeza, brillando débilmente en la penumbra. En ella, una imagen se graba a fuego lento: Sofía, mi prima adoptiva, llorando sola en un bar oscuro. Unos hombres se le acercan, sus intenciones son obvias.
Luego, la imagen cambia. Veo el rostro de Mateo, contraído por el odio, gritándome. Su voz, aunque silenciosa en la visión, resuena en mi cabeza: "¡Todo es tu culpa, Isabela!".
Me aparto de él bruscamente.
"¿Qué pasa, mi amor?", pregunta Mateo, confundido.
"Nada", miento, mi voz tiembla. "Necesito un momento".
Corro al baño, cerrando la puerta con llave. Mi corazón martillea contra mis costillas. Este es el don secreto de las mujeres de mi familia, ver los "Milagros", fragmentos del alma o del futuro. Nunca antes me había mostrado algo tan terrible.
Saco mi teléfono para llamar a mi hermano, Javier. Él siempre me protege. Pero antes de marcar, otro "Milagro" aparece junto a mi propio reflejo en el espejo, un reflejo del futuro de Javier.
En la placa, veo a Javier, con los ojos llenos de furia, señalando la puerta de nuestra casa. Y a mí, llorando, mientras él me grita que me vaya, que nunca vuelva. Detrás de él, la figura frágil de Sofía lo mira con adoración.
Mi mano tiembla, el teléfono casi se me cae. ¿Javier? ¿Mi hermano, echándome de mi propia casa por Sofía?
Justo en ese momento, mi teléfono vibra. Es un mensaje de Leo, mi hermano adoptivo.
"Isa, ¿has visto a Sofía? No contesta mis llamadas".
Levanto la vista y el aire se me congela en los pulmones. A través de la puerta del baño, puedo ver a Leo en el pasillo, y junto a él, su propio "Milagro" se materializa. La imagen es la más aterradora de todas.
Leo, con una mirada vacía y llena de odio, entregando los planos de la destilería de mi padre a unos hombres con rostros cubiertos. El logo de un cártel peligroso brilla en sus chaquetas. La destilería, el legado de nuestra familia, arde en llamas.
Entiendo.
Esto no es mi vida. Es una "Telenovela".
Y Sofía, la dulce y desamparada Sofía, es la protagonista.
Yo soy la villana.





