El Vecino De Al Lado…
Los gritos retumban en toda la casa, mis hermanas y yo acabamos de llegar, tuvimos un día muy pesado, Zuly junto a mi en el colegio y Claudia en su no muy reciente trabajo, (espera la respuesta de una universidad).
Siempre es lo mismo. Mis padres discuten sin notarnos, haciéndonos aun lado ante dicha situación.
—Estamos aquí – Claudia rompe el silencio agitando su juego de llaves al aire.
Mis hermanas son de mediana estatura, ojos claros, cabello castaño oscuro y tez blanca. Clau es la mayor, sencilla, terca y decidida, puedo decir perfectamente por sus características que es la amargada de la familia; ¿Zuly?, ¿cómo decirlo sin que suene a ofensa?, ¿metiche?, ¿imprudente?, ¿inoportuna?, ¡pfff!, esa niña siempre está dónde no la llaman. ¿Y yo?, ¿extrointrovertida?, ¿esa palabra existe?, no lo sé.
—Es mejor que no se metan, niñas, su madre y yo estamos conversando. –Papá se nota molesto por alguna razón, mi madre solo nos mira esperando que nos vallamos y eso hacemos para no poner más tenso el ambiente.
…
Me arrojo en la cama soltando un suspiro.
Al menos no reprobe física e historia.
–Dios da me paciencia, fuerza, fortaleza y resistencia –Menciono aquella frase y enseguida se me viene a la mente su rostro– ¡Mierda¡, Ana va a matarme –Enciendo mi celular apagado y me enfoco en buscar ese contacto de whatsapp que siempre me mantiene en línea. Apenas entro en la aplicación puedo ver en el chat más de 20 mensajes.
••• Mi Mejor Amiga: —Activa hace 15 minutos—.
¡Termina de contarme que me dejaste con la duda! √√…
8:30 am…
¿En serio me vas a dejar con esta intriga, Andrea? √√
8:35 am…
Te doy cinco minutos para contestar, miss aguafiestas √√
9:15 am…
Esta bien, entonces, vete, olvida mis mensajes, mis llamadas, mi número y date la vuelta, te demoraste en responder, vete, olvida que existo, que me conociste, la boca te apesta, sino llamas te matare √√
10: 06 am…
Inevitablemente suelto una pequeña risa por lo boba que es mi mejor amiga—Ella sinceramente nació sin tornillos— Me voy a contactos y marco el número para llamarla por vía directa.
Primer tono…
Hoy sinceramente no ha sido mi día, presenté dos exámenes finales y, pues, la calificación no fue perfecta, tampoco es que tenga unas notas impecables, pero en los exámenes finales acostumbró a destacar.
Segundo tono…
La situación con mis padres no ayuda, mi frustración esta por las nubes, pero al menos mi motivación no esta por los suelos.
Tercer tono…
Pasar el lapso con calificaciones no tan deprimentes, no es tan malo, ¿o sí?.
—¿Hola?, –su voz con cierto tono de enojo me saca de mis pensamientos.
—¿Me extrañaste?, –alcanzo a decir egocéntrica subiendo mi autoestima.
—¡Señora!, pensé que su dedo se había perdido buscando mi número, –dice en burla– sinceramente no se ni porque te contesté la llamada, mala amiga, me cuentas una cosa y me dejas en suspenso, —agrega fingiendo molestia.
Bufo– deja lo exagera, Ana, —suspiro—, hoy no ha sido uno de mis mejores días, la dramática debería ser yo, no tú, –agrego con una risita.
—Adivino, –hace una corta pausa– ¿tus padres otra vez?.
—Mmm, –finjo pensarlo unos segundos–, ¿Qué comes que adivinas? –Escucho un extraño sonido proveniente de la calle que logra sacarme de mi cómoda y reconfortante llamada; mi cuarto es un poco pequeño, pero tiene una mini ventana y baño privado.
>>Bueno amor de mi codazoncito, hablamos ahora–, apenas esas palabras dejan mi boca mi mejor amiga se despide tratando de darme ánimos.
Me dirijo al cuarto de Claudia y al entrar, están ella y Zuly asomadas en la ventana curioseando hacía la casa que queda al frente de ésta.
—No mames, —dice Zuly mirando por la ventana—, ¿cómo puede existir tanta perfección en una sola escultura masculina tallada por los mismísimos dioses? —su voz suena anonada, literal, le falta poco para unirse al océano pacifico con su baba, entonces como buen ser humano que soy, me uno a ellas por el tamaño de mi curiosidad.
Siento como mi labio inferior se separa del superior, (Zuly se quedo corta con lo que dijo referente a lo que veía).
La casa que está de frente, unos metros alejada de la mía, tiene la puerta abierta, frente a ella hay unas cinco camionetas negras junto a personas que por lo poco que he podido apreciar, no son de este mundo. Están siendo escoltados por 6 hombres el doble de grandes que ellos, hay de piel clara y oscura, con trajes negros y lentes del mismo color la cual por su apariencia dejan ver con claridad que son guardaespaldas.
Hablando por teléfono está un señor de traje azul muy elegante y una señora más joven que parece ser un miembro importante entre ellos. Ambos caminan para adentrarse a la pequeña mansión.
También hay dos chicos (el motivo de nuestras babas), uno viste de negro despertando muchas interrogantes en mi, pero, ¿a quien no le gustan los desafíos?, éste carga una chaqueta negra y está jugando un poco con el menor a su lado. Le quita las gafas a un guardaespaldas y a éste no parece molestarle, su expresión es fría y cortante.
El que viste de negro es súper bello, mechones amarillos y castaño claro se disparan en diferentes direcciones de su cabeza, por su jeans ajustado puedo notar cuán ejercitadas están sus piernas y lo mismo podría decir de su pecho, pero esta muy cubierto. Él otro sin embargo luce muy sutil, es de piel clara y cabello oscuro, no puedo deducir mucho el color pero no es negro, parece más color caoba. Carga una franela blanca y unos jeans pre-lavados, al igual que el otro chico esajustado a su silueta , tiene una buena figura, pero sus ojos derrochan inocencia y los del otro chico misterio.
Mientras detallo desde la ventana cada detalle, se les acerca una rubia con características físicas iguales a la de el chico de negro, la cual carga puesto un vestido floreado suelto y al igual que uno de los chicos sus ojos y su sonrisa gritaban inocencia e humildad.
Nuestra presencia se deja notar cuando una niña de unos 6 años aproximadamente, estira su pequeña mano izquierda para saludar mientras su otra mano se ve de forma empuñada en su boca, como si tuviera su dedo pulgar en ella, las chicas y yo la saludamos, y por un momento me distraígo con una notificación que llega a mi celular, sin darme cuenta de que Zuly y Claudia se alejan muy rápido de la ventana. Levanto la mirada, y mis ojos se abren como platos al mirar a la muchacha del vestido floreado y a el muchacho con la camisa blanca saludándome con su mano derecha mientras me sonreían, un poco apenada le respondo de igual forma.
(…)
Mi mente distraída se enfoca en el periódico, trato de conseguir un trabajo para matar tiempo y ganar dinero en las vacaciones. Las cosas en mi casa se han puesto un poco duras y necesito ver por mis necesidades, aportar en lo que pueda a la casa y costear mis antojos.
—¿mesera?, ¡ni soñando!, no tengo equilibrio y soy más débil que una bolsa plástica, me paró en un pie y termino dándole de besos y abrazos al suelo, –miro otra oferta–, ¿niñera?, —rió con sarcasmo—, en la raya me se cuidar yo sola y aveces me pierdo en mi propia casa, literalmente, no sirvo para nada —. Sigo mi análisis frustrado y llega a mi mente un recuerdo de ayer en la tarde.
Tres de mis nuevos vecinos agitaban sus manos eufóricamente en saludo y yo correspondía de la misma forma, pero cuando el chico de negro volteo en mi dirección, solo bajo sus gafas curioso y me miró de una forma que logro intimidarme mientras ladeaba su cabeza. Mi corazón comenzó a latir desbocado ante la situación, no se como describirlo exactamente pero un latido me hizo dar un pequeño salto, entonces él creyéndose la última porción de pizza de la caja, se enderezó las gafas de nuevo, se dio media vuelta y tomando su teléfono camino hacía la casa.
Esa mirada…
Esa mirada…
La recuerda una y otra vez, no puedo sacarme de la mente esa imagen retante que se convertiría en mi gran perdición.





