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No te enamores de mi
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No te enamores de mi

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En No te enamores de mi, Cassie, una psicóloga endeudada, enfrenta un misterio al conocer a Marcos. El frío empresario no recuerda su pasado como Thiago, pero un tatuaje idéntico los une. Descubre esta novela romántica y lee libros gratis online sobre secretos y ambición en esta mafia novel.

Capítulo 1 de No te enamores de mi

Es una noche de lluvia. Una noche de esas en las que solo te apetece acurrucarte bajo el edredón, poner una película romántica y lloriquear cuando los protagonistas se besan al final y suena una música dulce que indica que serán felices para siempre mientras comen las perdices que te encantaría comer a tí, si tuvieras a alguien que te hiciera sentir especial y única, como a la prota de la peli.

Pues no.

En mi noche no hay nada de eso.

Ni estoy bajo el edredón, ni hay peli, ni besos ni perdices. Simplemente estoy yo, esperando a que mi cliente llegue y se haga las putas fotos para poder irme a casa a dormir sola, sin nadie que me haga sentir absolutamente nada porque a nadie en mi vida.

Soy abogada, bastante famosa divorciando gente de mucho dinero y esto de hacer fotos lo hago para descompresionar del estrés que me genera mi trabajo.

Hace unos años me dedico a esto.

Tengo un estudio en un loft en las afueras de la ciudad y muy de vez en cuando tomo algún cliente para salirme de mi agotador día a día.

La fotografía es una válvula de escape perfecta pero resulta, que el maldito cliente se retrasa y me estoy estresando.

—¡Hola!

Siento que llaman a mi espalda mientras me estoy preparando un gin tónic porque la impaciencia me está devorando.

Me giro y le veo.

¡Joder!

El tío mide como mil metros de altura, tiene los ojos más verdes que alguna vez he visto y la sonrisa desgarradora más hermosa que alguien puede esbozar.

—¡Eh...!¡Sí, adelante!

Ni siquiera le pregunto cómo ha entrado porque es evidente que me dejé la puerta abierta. Soy una insensata.

Se acerca a mí y me entrego a la belleza de este hombre.

Ofrezco una mano que toma presto y me sorprende dejando un beso en ella.

Llevo el pelo largo, negro y rozando sus hombros en bucles que le hacen ver salvaje.

—Perdona la tardanza —balbucea y me alejo un paso atrás —. Es que vine en moto y con esta lluvia, imposible apurarse.

—Tranquilo —consigo decir luego de carraspear y suelto la bebida de vuelta a la barra de mi bar —, entiendo.

¡Mentira! Lo único que entiendo es que está buenísimo y debe pensar que soy estúpida. No puedo dejar de mirarlo.

Me doy la vuelta y tropiezo con sus brazos que me aguantan por la cintura para que no caiga al suelo al tropezar con un cable de mis lámparas.

Tengo todo listo y solamente faltaba el cliente pero uf, el cliente está como un queso y cuesta concentrarse.

—Ups —murmura y sube un poco sus manos por las curvas de mi cuerpo hasta dejarlas a los lados de mis pechos, justo debajo de mis axilas y la sensación es inigualable —. Casi te caes.

—Lo siento —recupero la razón y me separo de él, pero me retiene.

—¿Seguro estás bien?

¡Pues no!

Estoy fatal, cachonda y haciendo el imbécil frente a un tío bueno que me de be estar catalogando como una lerda.

—Sí —miento descaradamente —.¿Empezamos?

Necesito hacer las fotos para poder irme a mi casa a darme una ducha congelada a ver si recupero la temperatura normal de mi cuerpo que ahora lucha contra la combustión espontánea.

—Vale —consiente dándonos un poco de espacio a los dos —. Voy a desnudarme.

¡Sí!... Olvidé contarles que hago desnudos artísticos.

Se da la vuelta y con un pie presionando el talón del otro se saca loa zapatos y los calcetines detrás.

Yo acomodo mi cámara y Dios, que calor siento.

Me saco la chaqueta y me quedo solo con la camiseta blanca que llevaba debajo y los shorts a cuadros. Siempre trabajo sin zapatos.

Bebo nuevamente de mi vaso y entonces sucede...

—¿Puedo...?

Sus palabras son sucedidas por sus brazos a mi alrededor enjaulándome contra la barra y me quedo quieta.

Su aliento en mi cuello eriza mi vello y cierro los ojos cuando le siento completamente pegado a mi espalda y ni siquiera me preocupa que pueda ser un violador o un psicópata.  A mí este tío que me haga lo que quiera. Nunca sería un castigo.

Cuando traga el contenido que quedaba en mi vaso, lo deja sobre la barra y yo yo sigo sin moverme.

—Delicioso —pronuncia con voz grave.

—¡Gracias!

Contesto y no tengo ni idea de por qué lo hago.

—¡Mírame! —lanza su orden en mi oído y me tiembla el abdómen.

No sé por qué este hombre me provoca tanto bochorno. Es muy intenso.

No muevo. Solo se mueven mis párpados que bajan para cerrar mis ojos y me siento reclamada. Nada más.

—¡Mi-ra-me!

¡Dios, que sensación me produce en todo el cuerpo la orden que me da!

Luego de ese momento, los dos sabemos que todo cambia y cada uno toma su rol nuevamente...

Sus manos toman el borde de mi camiseta y poco a poco la va levantando. Obedezco en todos los pasos y cuando la tiene cerca de salir, la deja contra mis muñecas y con su altura y lo cerca que está una de mis lámparas, amarra mis manos en alto y me permito dejarle hacer.

—Hasta que no obedezcas serás como una dádiva. ¡Muchas gracias!

Muerde el lóbulo de mi oreja y baja sus manos lentamente por mis brazos mientras me incita a abrir las piernas con uno de sus tobillos.

Llega a mis pezones y se detiene ahí, rodeando las aureolas con sus dedos indices y me dejo caer hacia abajo colgando completamente del agarre de mis muñecas.

Besa toda la extensión de mi cuello mientras gime bajito sobre mi piel y deja pequeñas mordidas en todos lados que visita y mi cuerpo entero se convierte en llamas.

Chupa mi nuca y los pechos son suyos para seguir amasando como guste.

Está desnudo, detrás de mí, caliente como yo y siento su prueba contra mis nalgas.

—Voy a follarte muy lento, Cassie, te va a encantar.

Aprieta mis pezones una última vez y pierdo la cabeza en un grito de placer que le regalo y le lleva a pasar su lengua sobre ellos, ambos de manera alternativa y le tengo delante magullando mi sexo con una mano hambrienta sobre el jean.

Estoy encadenada y ansiosa.

Cierro los ojos para no verlo porque sé que si lo hago, todo acabará.  No quiero eso

Ya no.

Le siento soltar los botones que me mantienen vestida de cintura para abajo y es entonces que sé que no hay vuelta atrás.

En cuestión de nada, soy despojada de todo y quedo desnuda, con mis ojos cerrados.

—¡Mírame! —repite y es su manera de confirmar que quiero esto.

Qué sensación tan extraña. Que delicia y que tortura.

Que mágico poder.

Niego y él sonríe sobre mis labios y aparto mi boca para que no me bese.

—Buena chica —dice dándose ppr permitido a entrar en mí.

Dos dedos se deslizan entre mi humedad y sabe, así como yo, que estoy vulnerable y entregada a él.

Hace unos círculos sobre mi clítoris y termina deslizando los mismos dedos dentro de mí y me retuerzo sobre mi posición.

Gimo y el gruñe sabiendo que quiero proseguir.

Escucho en medio de sus dedos creando música entre mis piernas con mis fluidos, el sonido del preservativos al rasgarse y su boca vuelve a mis pechos.

—¡Te amo, nena! —es un susurro muy bajito en mi oído y luego me regala una mordida.

Intento no oír lo que dice y sigo conectando con su cuerpo simplemente tentando al mío.

Cuando estoy a punto, se retira y baja las manos a mis muslos, cuela sus dedos por detrás de ellos y me levanta cargando mi peso en sus palmas y me empala de una sola estocada.

—¡Joderrr!

Los dos decimos la misma palabra y mis ojos se mantienen cerrados. No puedo abrirlos. No quiero verlo. Sabe que no puedo hacerlo.

Se retira, quedando en la entrada de mí sexo y recuesta la frente sudada en mi hombro para tomarse el mismo minuto que necesito yo, porque sabe demasiado bien tenerle dentro y podría explotar ahora mismo si se moviera. Sé y siento que él también.

Mis piernas se aprietan a su alrededor y entonces mi cuerpo le aprieta por dentro y grita empezando a moverse como demente dentro de mí.

Una, dos, tres y no puedo saber cuantas veces más, entra y sale, entra y sale y la velocidad es tan brutal que me falta nada para dejarme ir.

—Dios, amo esto. Eres maravillosa.

No digo más que jadeos. No puedo.

Siento como caen mis manos del techo y soy cargada completamente por él que me pone sobre el suelo, espera a que mis piernas se sostengan sin temblar y me da la vuelta, me dobla sobre una banqueta y poniendo mis manos en el borde de la barra de mi bar, me abre las nalgas con sus manos y vuelve a entrar en mí sin parar en el ritmo sobrehumano que impone.

—¡Ah, Cassie, joder!

Muerdo mis labios en cada empujón que me regala y la sensación de tenerle dentro resbalando por las paredes de mi vagina es una maravilla que nunca podré volver a sentir sino le tengo a él para dármela.

Suelta mis nalgas y le aprietan la polla cuando sube las manos a mis hombros, se aferra a ellos para profundizar en la penetración y cada empellón hace que mis pies se levanten del suelo.

Sé que ya tiene que acabar, no queda nada. El tiempo se agota y estoy segura que ya estamos al final.

Es entonces como siento, que me mete una mano entre las piernas y el muy maldito me aprieta solo un poco el botón latente y me corro como una novata al mismo tiempo que él. Los dos sabemos que yo no puedo hacerlo, pero también sabemos que él hace que sea imposible evitarlo. Y en el justo momento en el que dicen...

—¡Corten!¡ Ha valido!

Esa es nuestra señal para separarnos y Thiago se niega.

Cuando el director de la peli, el mismo con el que estoy casada se me acerca, mi compañero de reparto sigue dentro de mí en un intento de reclamo al que no tiene derecho alguno.

—Estuviste fantástica, nena —me besa los labios, incluso con Thiago dando un golpe dentro de mí con su polla y gimo en la boca de mi marido.

—Venga chicos. Tomen una ducha y en una hora grabamos la segunda toma.

Salgo de allí casi corriendo antes de que se de cuenta que me he corrido en pleno rodaje y cuando entro a las duchas, sé que está detrás de mí.

Me doy la vuelta, y Thiago dice con pesar y sabedor como yo, de lo que eso significa...

—¡Mírame!

Y entonces sí, lo hago. Le miro. Le miro y me pierdo en esos ojos que tanto amo, en esa boca me consume en medio de la clandestinidad y dejo caer una lágrima al recordar que su hijo crece dentro de mí y no podemos estar juntos. Mi vida es complicada y la suya...la suya es todavía más difícil.

Así que sí, como ya había dicho, mi noche de lluvia no es normal como lo sería para cualquier persona, en mi caso, todo lo mencionado ha sido parte del guión de una peli porno. Salvo el hecho de que Thiago y yo, somos más que compañeros de reparto bajo los ojos de la pasión.

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