No Más Mentiras

La mente de Madeline se quedó en blanco, mientras su rostro palidecía. Lo único que quería hacer en ese momento era desmayarse, sin embargo, sabía que había otras cosas de las que debía ocuparse, por lo que con gran rapidez, se vistió y salió de la habitación sigilosamente.

Pero al mismo tiempo que lo hacía, una tarjeta se salió de su bolsillo.

En ella podía leerse claramente el número de la habitación.

Las palabras de su compañera de trabajo resonaron en su mente, a la vez que los recuerdos de lo sucedido la noche anterior volvían súbitamente a su memoria.

Entonces, rápidamente miró hacia la puerta que se encontraba a sus espaldas, casi perdiendo el equilibrio al darse cuenta del número de habitación.

¡Mil seiscientos dieciocho!

Se había metido a la habitación equivocada. Dado que era una de las empleadas responsables de las habitaciones VIP del hotel, tenía en su poder una tarjeta que abría cualquier habitación del lugar.

"Madeline, ¿qué haces ahí parada?", una de sus compañeras se acercó y comenzó a cuestionarla.

Ella frunció los labios forzando una sonrisa mientras sonreía al responder: "Nada".

"Estás muy pálida, ¿estás enferma?", le preguntó al mismo tiempo que trataba de sentir su temperatura.

Madeline se limitó a negar con la cabeza. "Estoy bien. Quizás bebí demasiado ayer".

"¿Quieres que te acompañe a tu habitación para que descanses un poco?".

"No gracias. Mi vuelo sale al mediodía".

"¿Cómo te sentiste al dormir en la suite?", preguntó con gran envidia.

"Creo que fue una experiencia agradable". Madeline no pudo decir nada más al respecto.

Durante el vuelo de regreso a casa, estuvo de muy mal humor.

Toda la emoción que anteriormente había sentido se disipó al encontrarse de vuelta.

Además, no pudo evitar reprenderse a sí misma, pues estaba convencida de que no debió haber bebido tanto el día anterior. Además, debió haber puesto más atención al ver el número de habitación antes de entrar, o al menos debió haber prendido la luz antes de introducirse al lugar.

La amabilidad de sus compañeros del trabajo la llevó a cometer un error irreversible.

Ella era la única culpable de lo sucedido.

Quizás debido a que había estado conteniendo sus emociones por mucho tiempo, las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos una por una.

Había vivido muchas cosas a lo largo de su vida, no obstante, nunca se había sentido tan desesperada. Las paredes que Rory había construido alrededor de su corazón con la intención de protegerla fallaron en su propósito.

En ese momento, no tenía fuerzas suficientes.

Era como si cada uno de esos muros se hubiera derrumbado totalmente.

¿Cómo podría mirarlo de frente ante lo sucedido? ¡Él la había estado esperando durante cinco largos años!

Desafortunadamente, sin importar la enorme vergüenza que la agobiaba, tenía que volver a casa. A pesar de todo, ella deseaba ver a Rory alcanzar sus sueños y vivir una vida plena.

Rápidamente el avión aterrizó en Spring City en China.

"¡Estás de vuelta!".

"¿Por qué tardaste tanto? Te hemos estado esperando por mucho tiempo".

Las personas que aguardaban eran su madrastra Emilee Qin y su media hermana Helen Luo.

Madeline no supo qué responder. Por principio, ni siquiera entendía por qué habían decidido ir a recogerla al aeropuerto.

Por lo tanto, simplemente asintió antes de brindarles una tímida sonrisa. "Bien…".

La mujer no disfrutaba en absoluto de su compañía.

A continuación, se subieron a un Mercedes con la intención de volver a casa, a la vez que el silencio se hacía presente a su alrededor.

Después de un rato, llegaron a una lujosa villa que se encontraba de camino hacia la cima de una montaña. Pero Madeline de pronto sintió que no formaba parte de esa familia, pues sentía que ninguna parte de su cuerpo era digna de serlo. Vestía una playera que había encontrado en su clóset, unos pantalones de mezclilla deslavados y unos zapatos cuyas suelas estaban ya muy desgastadas. Ni siquiera tenía dinero para comprar joyería sencilla.

La mujer parecía proceder de los barrios más marginales de los Estados Unidos y sin embargo, aquella era su casa.

Había nacido en el seno de una familia adinerada y durante un tiempo fue el centro de su atención. No obstante, su situación cambió de forma considerable al cumplir tan solo seis años de vida. Su padre trajo a una nueva mujer a casa y en un abrir y cerrar de ojos aquellos buenos tiempos quedaron atrás.

"Por fin ha vuelto, señorita Madeline", una mujer de mediana edad la saludó con lágrimas en los ojos.

La joven entrecerró la mirada mientras intentaba reconocer a tan conmovida mujer. "¡Nia! Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que te vi. ¿Cómo estás?".

"¿Estoy bien y usted?".

"¿Acaso estás en un funeral? ¿Por qué estás llorando de esa manera?", Helen interrumpió disgustada.

Nia inmediatamente limpió las lágrimas de su rostro y se dispuso a ayudarle a Madeline con su equipaje.

En tal caso, la joven tomó su brazo suavemente al mismo tiempo que le decía: "He vuelto, Nia".

La mujer madura le sonrió antes de continuar con su tarea.

Esta inmediatamente se dirigió a su habitación a descansar un poco. Hacía cinco años que se había marchado y sin embargo, las cosas seguían igual en ese lugar. Nia se encargó de limpiar un poco su habitación y de cambiar las sábanas de su cama. Luego de despedirse, la joven se refrescó un poco en el baño y se puso ropa cómoda.

Entonces, se sentó sobre la cama y comenzó a tocar la suavidad de la seda. A pesar de que había estado fuera durante tanto tiempo, su habitación seguía brindándole consuelo.

Dado que no vio a su padre por ningún lado, le preguntó a Emilee su ubicación. Así se enteró de que se encontraba en un viaje de negocios.

La atmósfera del lugar se tornó incómoda debido a que Madeline no había visto a esas personas durante cinco años, lo cual le causó un inexplicable nerviosismo.

El ambiente durante la cena fue igualmente incómodo, pues el único sonido que se escuchaba en el lugar era el de los cubiertos. Nadie parecía estar dispuesto hablar.

Una vez que la cena concluyó, Emilee la llamó al estudio.

"¿Todavía me odias?", le preguntó de pronto, pues no tenía intención de seguir actuando con tanto cuidado a su alrededor.

"Quisiera ver a Rory", Madeline respondió ignorando su pregunta.

"Voy a dejar que lo veas, no obstante, tienes que prometerme algo", le propuso.

La joven no tuvo más remedio que mirar a la hermosa pero intimidante mujer que se encontraba frente a ella. "Dijiste que si me quedaba en Estados Unidos por cinco años nos dejarías estar juntos, ¿no es así?".

Esa mujer había sido la causante de que hubiera tenido que marcharse a la temprana edad de dieciséis años, totalmente sola. La había obligado a hacerlo usando a Rory para amenazarla.

Emilee sonrió. "Él terminó sus estudios universitarios sin problema. Ahora debemos llamarlo 'doctor Fu'. ¿No te alegra saberlo?".

Madeline la miró boquiabierta. "¿En verdad? ¿Obtuvo el título?".

Su madrastra asintió. "¿Acaso piensas que te mentiría?".

"Entonces, ¿qué es lo que deseas?", preguntó con cautela.

Ya había perdido muchas cosas en su vida. Se había mantenido alejada de Rory durante cinco años y tampoco tuvo oportunidad de estudiar una carrera universitaria. Pero ya era una mujer adulta y no volvería a repetir el mismo error de antes.

"Quiero que me trates como si realmente fueras mi hija. A partir de ahora, quiero que me llames mamá". Su voz irradiaba sinceridad.

Las palabras de Emilee la tomaron por sorpresa.

"¿Qué fue lo que dijiste? ¿Acaso no eras tú quién sentía un enorme odio por mí?". La joven frunció el ceño confundida.

"Eso fue antes. La opinión que tenía de ti ha cambiado. Sé que lo que te pido no es fácil, sin embargo, no te haré ninguna otra petición. Lo único que quiero es que me muestres respecto frente a los demás y me llames mamá. Te daré un poco de tiempo para pensarlo. Cuando hayas tomado una decisión, ven a buscarme".

Sin esperar su respuesta, Emilee abrió la puerta e inmediatamente salió del estudio.

Madeline estuvo pensando durante un buen rato. Sin embargo, en su opinión, había algo bastante inusual en la actitud de su madrastra.

Actualmente, se había convertido en la anfitriona de la familia Luo, pues los ancianos ya habían muerto. Madeline estuvo lejos durante cinco años, en los cuales nunca vio a su padre, ya que ambos se conformaban con poder hablar por teléfono esporádicamente. Emilee logró distanciarla exitosamente de él.

Ahora, ¿qué más podría querer de ella?

Sin importar cuánto analizara la situación, no podía entenderlo.

Esa noche se dirigió a la habitación de la mujer, quien le pidió que al día siguiente se vistiera de forma presentable, a lo cual accedió.

Pues asistirían a una fiesta y, así, Madeline finalmente descubriría lo que quería de ella.

¡Su nombre, su ser y su vida entera!

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