No Más Mentiras

Dada su condición social, asistir a una cena como aquella debería haber sido pan comido para Madeline. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. La joven había dejado su país a la edad de dieciséis años para irse al extranjero y no estaba acostumbrada a ese tipo de actos, ya que la ponían de los nervios.

Era la primera vez que lucía un vestido tan caro y elegante. Le encantaba el tacto de su tela suave y sedosa, cuidadosamente trabajada con finos bordados que dejaban al descubierto algunas partes de su cuerpo.

"Esta es Madeline, mi hija mayor".

Emilee la tomó de la mano para presentarle al hombre que se encontraba frente a ellas. Acarició suavemente a su hija y sonrió, "Este es el señor Li".

Emilee se mostraba cariñosa y amable con ella, como lo haría una verdadera madre.

"Hola señor Li", dijo en voz baja.

Aquel no parecía un hombre mayor sino más bien todo lo contrario, sus canas no casaban con su rostro juvenil.

"No sabía que tenías otra hija. Lamento mucho estar tan mal informado". Miró a Madeline y seguidamente devolvió la atención a su madre.

Emilee respondió con una sonrisa: "Se encontraba estudiando en el extranjero y justo regresó ayer".

El hombre la miró de arriba abajo, con descaro y sin ningún tipo de disimulo.

La fiesta se veía divertida y refinada, con una amplia y exquisita selección de comida occidental y amenizada con guapos y estilizados bailarines y bailarinas.

"Señorita Luo, ¿le gustaría bailar conmigo?".

"Disculpe, pero no sé bailar".

"¡Qué excusa más tonta!".

"De verdad que lo lamento, pero no sé bailar".

Madeline inclinó la cabeza y se retiró rápidamente hacia el extremo opuesto del salón.

Luego lanzó un suspiro de alivio al ver que nadie más pretendía acercarse a ella.

¿Tan bonita estaba esa noche? ¿Por qué esos hombres se acercaban a ella?

"Estarás orgullosa", dijo una voz a su espalda que le resultó familiar. Helen apareció ante ella.

"¿A qué te refieres, Helen?", replicó confundida, frunciendo el ceño.

"Eres el centro de atención de toda la fiesta", dijo con desprecio.

Madeline negó con la cabeza y respondió: "Pues no es para nada mi intención".

"¿Es esa tu manera de mantener las distancias con la gente?", resopló su hermana con rabia.

"Yo no quería venir, y lo sabes", respondió Madeline.

Helen se le acercó con desdén y le susurró al oído: "No me vengas con esas, bonita. Tu apellido Luo no me impresiona para nada, nunca serás más que yo porque aquí la única verdadera Srta. Luo soy yo".

Y dicho esto, se fue sin esperar respuesta.

Madeline siguió a Helen con la mirada mientras se alejaba, y suspiró profundamente.

Echó un vistazo a su escote y descubrió en su interior la marca de un chupón.

Por un instante cruzó por su mente el recuerdo de la embriagadora noche que había pasado con ese hombre.

Volvió a sentir la fuerza y firmeza de sus brazos agarrando su cuerpo. Aún permanecía en su corazón el incesante intercambio de jadeos y excitación que vivieron esa noche.

Mientras tanto en el edificio de Li Group

El timbre del teléfono se escuchó por toda la oficina.

Él levantó la cabeza y lo descolgó para contestar.

"Hola ... Oh, Ethel ... ¿Qué? ¿Que estás en París? ¿Entonces esa noche? Bueno, ya entiendo... Está bien, ¡adiós!".

Tras recibir la llamada, permaneció un largo rato en silencio absorto en sus pensamientos, repasando la conversación que acababa de mantener.

Si no fue con ella, entonces ¿con quién fue?

Su novia acaba de llamarlo desde el extranjero para disculparse por no haber acudido a la cita que tenía con él, ya que al parecer esa noche tenía negocios que atender en París.

Bryan, normalmente un hombre tranquilo y sereno, sintió de pronto una fuerte desazón.

Esa noche Mary le había puesto un afrodisíaco en la bebida, tras lo cual apareció una mujer e hizo el amor con ella locamente. Sin embargo, en ningún momento sospechó que esa mujer no fuera su novia.

¿Quién era ella?

¿Y qué era esa sangre en las sábanas?

Estiró la mano y sacó un colgante del cajón. Bryan no estaba seguro de por qué se quedó con él cuando lo encontró en la cama al día siguiente.

Era un colgante sencillo, un delfín de color azul que, a juzgar por su diseño, debía formar parte de un conjunto de dos. Lo miró con atención y vio que había un nombre grabado.

Maddie, aparecía escrito en cursiva.

Bryan despertó repentinamente de sus pensamientos al escuchar la voz de su secretario Kent Wu: "Jefe, ¡el Sr. Blake fue al hotel con una mujer otra vez!".

"Quiero que lo vigiles".

No pudo evitar suspirar con resignación. Su primo estaba causando demasiados problemas.

Resultó que el señor Li, el hombre a quien Emilee le había presentado a Madeline en la fiesta, era el hombre más rico de Spring City. Su nombre completo era Yosef Li, presidente de Li Group, una de las diez primeras empresas del país.

Su hermana Helen era la prometida de su nieto, Blake Li.

El suyo no era más que un matrimonio de conveniencia entre familias. Madeline se sorprendió al descubrir que Yosef tenía más de setenta años, pues no los aparentaba.

Nia se acercó a ella discretamente para contarle que Blake tenía fama de playboy.

Al escucharlo, no pudo evitar sentir lástima por su hermana, ya que estaba comprometida con él.

Emilee aceptó la invitación para reunirse con Rory al día siguiente. Sin embargo, justo antes de salir, sucedió algo inesperado.

Le llegó la información de que Helen se había acostado con alguien la noche anterior.

La noticia cayó como una bomba sobre Emilee. Estaba tan furiosa que golpeó a Helen hasta decir basta.

Madeline prefería no tomar partido, pero tampoco podía irse, pues quedaría un poco mal.

Una vez se hubo calmado todo, decidió que ahora sí era el momento de irse. Pero se detuvo en seco al escuchar a Emilee decir algo que la dejó completamente helada.

"¿Qué? ¿Que quieres que me case con Blake?", exclamó con incredulidad. "Ni hablar".

Madeline hizo un gesto de rechazo con la mano.

Emilee cambió su tono de voz y decidió hablarle con calma. "No te he contado por qué decidimos prometer a tu hermana con Blake. Y supongo también que crees que tu padre se ha ido de viaje de negocios, ¿verdad?".

Madeline se quedó sin aliento ante esos interrogantes y esperó a que continuara con lo que estaba diciendo.

"Luo Group está envuelto en una demanda y tu padre ha huido al extranjero para eludir responsabilidades. Solo Yosef puede salvar a tu padre y a nuestra empresa. ¿Acaso quieres ver cómo tu padre entra en prisión y cómo se desmorona Luo Group?".

Las fuerzas de la joven flaquearon hasta casi perder el equilibrio.

"No me lo puedo creer", murmuró en voz baja.

"Cuando la familia Li descubra todo lo que ha hecho tu hermana, todo habrá terminado...".

Los ojos de Emilee se llenaron de lágrimas.

"Me da igual, no pienso casarme. ¡Y no voy a cambiar de opinión!", Madeline negó con la cabeza mientras las lágrimas corrían por sus mejillas.

No quería casarse por conveniencia, ella quería casarse con el hombre al que amaba.

Y si no lograba casarse con él, no se casaría con nadie más.

"¿Me estás diciendo que vas a abandonar a tu padre y a Luo Group cuando sabes que tu ayuda puede salvarlos?", dijo Emilee.

"Mi padre me abandonó y Luo Group no me pertenece. ¿Por qué tendría yo que sacrificarme por ellos? Prefiero irme con lo puesto de casa a casarme con ese tipo".

Al ver la determinación en el rostro de su hija, Emilee decidió jugar su última carta. "Rory también está imputado por este asunto", comenzó. "Y ha sido detenido. Puedes ignorar todo lo demás, pero ¿acaso podrás soportar ver a tu salvador pasar el resto de sus días en prisión? Piénsalo bien".

"Lo tenías todo planeado, ¿verdad? No es justo que me pongas en esta situación".

De repente todas las piezas empezaron a encajar claramente. La familia Li quería casar a Blake con una hija de la familia Luo, y Madeline había sido la elegida.

Por eso hubo una reunión entre ellos durante la fiesta.

Ahora veía con claridad lo que representaba ella para su familia. Sin embargo, tenía serias dudas de que fuera algo por lo que alegrarse.

Emilee salió de la habitación para que pudiera pensar a solas. Y sola se quedó en la habitación, o mejor dicho, sola se quedó en el mundo.

Sollozó al pensar y sentir como si la vida le hubiera dado la espalda.

Toda la ilusión por regresar a casa, por comenzar una nueva vida, se había convertido ahora en una pesadilla.

¿Qué se suponía que debía hacer?

Tal vez debería irse y dejar que su padre se ocupara de sus problemas. Al fin y al cabo, la debacle de Luo Group era culpa suya, ¿no? Pero entonces, ¿qué sería de su salvador? No tenía corazón para permitir que pasara el resto de su vida en prisión.

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