Mi Tío, Mi Amor, La Humillación

Llevaba diez años en una relación secreta con Daniel.

Diez años de mi vida, desde que era una adolescente hasta convertirme en mujer.

Daniel nunca publicaba nada en sus redes sociales, su perfil era un desierto, una página en blanco que solo sus amigos más cercanos podían ver.

Por eso, cuando mi teléfono vibró con una notificación de Facebook, mi corazón dio un vuelco.

Daniel había publicado algo.

Abrí la aplicación con los dedos temblorosos, una sonrisa tonta formándose en mis labios, pensando que quizás, solo quizás, después de una década de escondites y susurros, por fin se había atrevido.

Pero la foto que vi borró mi sonrisa de un solo golpe.

No era una foto nuestra.

Era él, besando a Laura, su exnovia.

La misma Laura que lo había dejado hacía años para irse a estudiar al extranjero, rompiéndole el corazón en mil pedazos.

El texto de la publicación era corto y brutal: "Diez años de espera valieron la pena. Bienvenida de nuevo, mi amor."

Sentí un frío que me recorrió desde la nuca hasta los pies, un vacío helado instalándose en mi estómago.

Mis ojos se quedaron fijos en la pantalla, releyendo las palabras una y otra vez, incapaz de procesarlas.

Debajo de la foto, los comentarios de nuestros amigos en común empezaron a llover, cada uno era un golpe directo en mi cara.

"¡Felicidades, bro! ¡Sabía que tu espera de diez años tendría su recompensa!"

"¡Por fin! ¡Qué buena pareja hacen!"

"Oye, ¿y tu 'sobrina' Sofía ya lo vio? ¡Jajaja, no te pases de lanza con la pobre!"

"Sobrina".

Así me llamaban. Porque Daniel era el hermano adoptivo de mi madre, mi "tío Daniel". Un tío que no compartía mi sangre, pero que había crecido en mi casa, cuidándome desde niña.

Un tío que, en secreto, era el hombre que yo amaba.

Mis dedos se movieron por instinto, casi sin que yo lo ordenara. Con una sonrisa amarga, una mueca que pretendía ser indiferente, le di "me gusta" a la publicación.

Fue como prender una mecha.

Inmediatamente, la publicación desapareció. Borrada. Como si nunca hubiera existido.

Segundos después, mi teléfono vibró de nuevo. Un mensaje de Daniel.

"Sofi, perdóname. Fue un reto de los chavos, una estupidez. No es lo que parece, te lo juro."

No respondí.

Dejé el celular sobre la mesa, con la pantalla encendida mostrando su mensaje patético.

Mis manos ya no temblaban, ahora estaban firmes.

Tomé el teléfono, pero no para contestarle. Busqué el número de mi madre en mis contactos y presioné el botón de llamar.

Mi madre contestó al segundo tono, su voz cálida y preocupada.

"¿Hija? ¿Pasa algo?"

Respiré hondo, reuniendo toda la fuerza que me quedaba.

"Mamá."

Mi voz sonó extrañamente calmada, decidida.

"Acepto. Me voy a casar con Ricardo."

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