Mi amante salvaje

El día siguiente en el que Héctor se fué de viaje, María José no perdió tiempo y marcó el número de su mejor amiga Julia.

Esperaba que le contestase de inmediato, traía un plan entre manos y quería contarlo.

"Vamos Julia contesta."

Caminó de lado a lado impaciente.

El teléfono la mandó a buzón unas tres veces pero ella no se dió por vencida y continúo marcando. Finalmente, luego de unos minutos contestó.

"Hey, ¿que pasa? ¿estás bien?" Julia contestó preocupada por la insistencia.

"¿Puedes venir a mi casa? Quiero hablar contigo, estoy cuidando de los gemelos y no..."

"Majo no estoy en la ciudad. Salí de viaje hace unos días por trabajo, ¿Puede ser luego? Aunque también dímelo por aquí, te escucho tengo algo de tiempo."

María José tragó grueso. Sintió algo de vergüenza por ser tan insistente con su amiga, así que no quiso molestarle más.

"No, tranquila Juli no te preocupes, luego nos ponemos al día. ¿Te está llevando bien en tu viaje?"

"Si, perfectamente. Estoy con un chico mayor" susurró al teléfono "No es nada serio, pero nos entendemos y eso me gusta, aparte de que lo hace divino."

"¿Si?" María se sintió intrigada. Tenían treinta, contarse los detalles sexuales a esa edad era un privilegio del que gozaban.

"Lo que más me gusta es que antes de ir a dormir desde que estamos juntos, me co*e muy duro. Y deja que su miembro caiga sobre mis pechos. Oh María, es lo mejor que he podido conseguir. Me complace en todos los sentidos."

Julia se sentía exitada porque en ese momento el hombre con quién estaba la empezó a tocar, luego de haber escuchado los detalles que le daba a su amiga.

"Va-vaya, eso fué caliente." María se puso nerviosa.

"Debo irme linda, hablamos en otra ocasión. Estaremos en contacto."

"Bien, adiós."

María colgó la llamada.

Fué hasta el dormitorio de los morochos y se aseguró que estuviesen dormidos.

Llamó a su madre para pedirle que se quedara con ambos niños unos días mientras ella resolvía unos asuntos en un pueblito cercano fuera de la ciudad. "Tengo mucho trabajo", fue lo que ella dijo.

Empacó sus cosas y salió del departamento con una sonrisa en los labios. Respiraba libertad.

Amaba a sus morochos, pero necesitaba algo de espacio y acción en su vida.

Llegó a un hotel lejos de donde vivía y se hospedó, pagando con la tarjeta de Héctor. No sintió ni un poco de remordimiento cuando pidió la mejor suit que había en el hotel cinco estrellas. Ella se lo merecía.

Su teléfono timbró, era Emilio, el secretario encargado del despacho de abogados que María tenía con Héctor. Ambos abogados, y dueños del despacho.

"Hola Emilio." Respondió María agitada tomando el ascensor para subir a su habitación.

"Señora, espero esté teniendo un buen día. La llamo para saber algo,disculpe la molestia."

"No te preocupes, sabes que no me molesta que me llames. Cuéntame, ¿Que requieres de mí?"

"El señor Héctor me ha dicho esta mañana que le pase el expediente de los casos para hoy, ¿está disponible para recibirlo?."

"¿Y que hay con eso? Envíamelos."

" No he acabado, también llamó hace media hora preguntando que está haciendo usted y dónde está. No supe que decirle, estaba muy nervioso y le corté la llamada, dije que había interferencia."

"¿Le cortaste la llamada a Héctor?" Una risa de satisfacción salió de María. Aunque recordó que debía ser profesional y no inniscuir a otros en sus problemas.

"Emilio, si vuelve a llamar dile que estoy comprando café o inventa algo machista. De esas tonterías que le gusta a él. Iré para allá en la tarde."

"Cómo usted diga señora María."

Cortó el teléfono y se enfocó en el presente. Al llegar al segundo piso, tomó el pasillo que le correspondía y sonrió luego de abrir la puerta de su habitación y encontrarse con la maravillosa vista que estaba frente a ella.

Habían ventanales gigantes por todos lados que dejaban admirar toda la ciudad.

Una cama Queen zise en el medio de dos paredes y un televisor enfrente de la cama. Dos mesitas de noches sin nada sobre ellas, y un sillón rojo al fondo que tenía un significado bastante erótico.

Su mente divagó unos segundos y después dejó la maleta a un lado de la cama y se metió a bañar.

Cuando salió estaba buscando su ropa y timbraron a la puerta. Su corazón aleteo con vehemencia.

De pronto sintió miedo de que Héctor estuviese detrás de la puerta.

Se asomó y vió a un pequeño de unos cinco años con su carita toda regordeta.

María abrió de inmediato y le habló.

"Hola ¿Que pasa chiquillo? ¿Estás perdido?"

"Sí, mi tío desapareció, estábamos jugando las escondidas y ahora no está. ¿Puede ayudarme a encontrarlo? Yo estaba escondido detrás de la planta y te vi entrar a tu cuarto"

El niño sollozó y María no supo que hacer.

"Respira mi amor, vamos a encontrarlo, solo tienes que calmarte."

"Es que no me quiero quedar solito."

"Dame un momento para ponerme algo de ropa y vamos a buscar a tu tío, ¿Sí?"

"No, no se cambie por favor, vamos así, usted se va a tardar mucho y mi tío se va a ir, vamos a buscarlo ya por favor!"

Sollozó más fuerte y sus mejillas se empañaron tiñendose de rojizo.

María tomó al niño entre los brazos, sostuvo la llave de la puerta en una mano y cerró tras de sí.

Caminó con el niño cargado por todos los pasillos buscando al tío. El se lo describió pero aún así ella no era capaz de formular una cara en su imaginación.

Bajaron por el ascensor y el niño seguía desconsolado y preocupado,aunque ya no estaba llorando.

Salieron al lobbyy y varias personas miraban a María por la forma en que iba vestida pero ella no de acordaba de eso.

El niño se lanzó de sus brazos e hizo todo un escándalo cuando vio a un hombre de espaldas y fué corriendo hacia el.

"Oye me olvidaste!"

María se quedó observando sin entender. El niño estaba enojado y golpeaba suavemente el brazo del hombre.

"Lalala No sé quién eres"

El hombre se dió la vuelta sonriendo dejando de hablar con una morena exótica, parecían ser íntimos amigos pero la ignoró de inmediato cuando el niño apareció.

"¿Brandon que te sucede? Por supuesto que no te dejaría olvidado."

"Tío, sino fuese por esa señora yo estaría siendo comidita para insectos."

El niño señaló a María rápidamente y ella palideció, de pronto recordó que estaba en bata de baño y descalza.

Aquel hombre tenía ojos negros y rostro perfilado. Mandíbula cuadrada y brazos fornidos bajo una camiseta grande. Alto, y de labios jugosos, era el...

Era el hombre que había embarazado a María José hace años.

Ese que no había vuelto a ver desde ese día.

El padre de los morochos. Habían vuelto a encontrarse.

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