'¿Tyrant? ¿De verdad la legendaria figura, que ha dominado las carreras clandestinas y que lleva años ganando el campeonato, está en el auto de enfrente? ¿No se supone que desapareció hace tres años sin dejar rastro? ¿Por qué razón Tyrant se aparecería de la nada en los caminos de Cenwood?', se preguntó el sobresaltado asistente, Aaron White, quien estaba tras el volante.
Además, había otra cosa que no cuadraba: el conductor del elegante Koenigsegg parecía una mujer...
Sin embargo, las palabras de su jefe que viajaba en el asiento trasero no dejaban lugar a dudas, así que se abstuvo de hacer más preguntas y se concentró en el vehículo que avanzaba a máxima velocidad frente a él; estaba decidido a no perderlo de vista ni un segundo.
Cuando Leanna rebasó al Bugatti, echó un vistazo al espejo retrovisor lateral izquierdo y frunció el ceño. Luego tocó su auricular Bluetooth y dijo con seguridad y frialdad: "Sloane, accede al satélite. Hay un Bugatti detrás de mí. Identifica al dueño".
Aunque esa orden tomó a la chica por sorpresa, rápidamente hizo lo que su amiga le pidió. Pronto consiguió la información y soltó un grito antes de hablar. "Es de la familia Ford. Su dueño es... "¡Matthew Ford!".
Al escuchar aquello, los ojos de Leanna se abrieron de par en par por la sorpresa.
"Es imposible. ¿En qué momento te cruzaste con ese hombre? Escuché que el mes pasado regresó de la Calle Woll, un centro financiero en el extranjero. Desde entonces se ha encargado de modificar la dinámica de poder de Cenwood, influyendo incluso a las familias más poderosas de la ciudad", dijo Sloane, cuya voz delataba su pánico, algo que era inusual en ella.
Tras un momento de vacilación, preguntó con sospecha: "No te metiste en los asuntos del Grupo Ford, ¿verdad?".
"¡Oye! No soy tan codiciosa. Además, prácticamente me la he pasado solo en Cenwood durante los últimos tres años. Cada vez que viajo al extranjero, tengo que crear nuevas identidades y cubrir mis huellas, lo que es una verdadera molestia. ¿De verdad crees que tengo tiempo para meterme con el Grupo Ford?", respondió Leanna con resignación, tocando su auricular.
"Bueno, todo es culpa de Joshua. Si no fuera por él, tú...", se apresuró a contestar su amiga.
"Suficiente. ¿Es posible hackear el sistema del Bugatti de forma remota? Si no nos deshacemos de él, Matthew me verá atrapar a Joshua con su amante", la interrumpió Leanna, con los ojos fijos en el espejo retrovisor. El Bugatti cada vez estaba más cerca de ella.
"¡No puedo! Ese carro funciona tanto de forma manual como automática. ¡Cortar el sistema no resolverá el problema!", respondió Sloane con urgencia.
El semblante de Leanna se puso más serio. Estaba a punto de responder cuando su amiga le gritó de repente: "¡Reduce la velocidad! ¡Hay un bloqueo dos kilómetros más adelante!".
Cuando la nube de polvo y escombro se asentó, revelando el camino por delante, la muchacha chasqueó la lengua y exclamó con un leve fastidio: "¡Qué espectáculo!".
El veloz Koenigsegg pronto se vio rodeado, obligado a detenerse. La joven estaba acorralada: seis vehículos deportivos la flanqueaban, mientras que un imponente Bugatti se acercaba a ella a máxima velocidad. Se recargó en su asiento y levantó una ceja, pues todo ese asunto había despertado su interés.
El conductor del Ferrari que iba a la cabeza, claramente el líder del grupo, le hizo un gesto a la chica para que saliera de su vehículo.
Sin embargo, ella le hizo caso, pues toda su atención estaba fija en el Bugatti, al que veía por el espejo retrovisor. Debido a la distancia, apenas podía distinguir el rostro del conductor. Al estar sentado en la parte de atrás, Matthew estaba parcialmente oculto, pero incluso un vistazo a su traje negro bastaba para captar su aura intimidatoria.
"Señor, ¿deberíamos pedirle a Jasper que la obligue a salir del auto?", preguntó Aaron, mirando hacia el asiento trasero, al notar que el Koenigsegg no se movía.
"No, esperamos un poco", respondió Matthew, quien estaba reclinado en su asiento y con las piernas cruzadas, mientras hacía girar distraídamente un anillo de turmalina en su dedo medio. Parecía que miraba fijamente a Leanna, a través de las gruesas ventanillas de su vehículo.
De repente, soltó una suave carcajada y comentó: "Tyrant no se caracteriza por ser obediente".
Por otra parte, a Leanna se le acabó la paciencia y comenzó a inspeccionar la escena que tenía adelante. Se percató de que los integrantes de la barricada no parecían seguros de qué hacer: se la pasaban haciéndose señas, en lugar de obligarla a bajarse de su carro.
"Sloane, ¿hay alguna ruta alterna para llegar al Teatro de la Santidad? Necesito un desvío, ahora", le indicó a su amiga.
Los dedos de la aludida prácticamente volaron sobre el dispositivo, antes de responder, con preocupación: "Hay uno, pero todavía tendrías que pasar por ese cruce. ¡Con tanto tráfico es casi imposible!".
"Recalculando ruta, llegaría cinco minutos antes...", indicó el sistema de navegación.
Tras escuchar eso, Leanna se sentó derecha y pisó a fondo el acelerador. El estruendoso rugido del motor hizo que las personas que le bloqueaban el camino se sobresaltaran.
Parecía que el líder había recibido una señal del Bugatti que se dirigía a máxima velocidad hacia ellos, pues dejó de intentar comunicarse con sus hombres y únicamente les indicó que arremetieran contra la joven. Habían llegado a la conclusión de que el diálogo era inútil y estaban preparados para la confrontación directa.
Una sonrisa burlona se dibujó en los labios de la muchacha. Justo cuando los hombres la alcanzaron, casi rozando la puerta de su auto, dio un volantazo y pisó el acelerador. Comenzó a abrirse paso entre la barricada, en ángulo agudo, dejando apenas un pequeño espacio a su paso. La gente que estaba cerca se quedó sorprendida al ver aquello.
"¡No hay camino que yo no pueda conquistar!", declaró Leanna con satisfacción.
Al otro lado de la conexión Bluetooth, Sloane gritó de emoción, pero pronto su alegría se convirtió en ansiedad. "¿Vamos a convertirnos en enemigas de Matthew por eso?".
"Él inició esta persecución. Además, a estas alturas, ¿qué es otro enemigo para mí?", se burló su interlocutora.
El sonido de su auto deportivo permaneció en el aire mucho tiempo después de que ella se fue.
Jasper Todd regresó a la oficina y todavía seguía conmocionado cuando se enfrentó a Matthew. "Señor, le pido disculpas. No pude detener a Tyrant. Acepto cualquier castigo que considere apropiado".
Su jefe estaba de pie junto a los ventanales, observando Cenwood desde el punto más alto, con los ojos fijos en un edificio específico. "¿Ese Koenigsegg es del Grupo Griffiths?", preguntó.
"Los registros confirman que fue comprado hace tres años; lo utilizan principalmente Joshua y su padre", contestó Aaron, tras revisar rápidamente los datos en su tableta. Hizo una breve pausa, antes de continuar: "El conductor de hoy parece ser la esposa de Joshua, Leanna, aunque es prácticamente imposible que ella sea Tyrant...".
Antes de que el asistente pudiera dar más detalles, Jasper lo interrumpió. "¡No digas tonterías! Tú también estabas allí y viste cómo ese carro atravesó nuestra barricada. Dime, aparte de Tyrant, ¿quién más podría lograr algo así? ¡Ella debe ser Tyrant!".
El semblante de Aaron se tensó mientras se desplazaba por los datos. De acuerdo con los registros, Leanna era simplemente hija del dueño de una modesta productora cinematográfica. Después de la muerte prematura de su madre, y de que su padre se volviera a casar, tuvo que abandonar la preparatoria y mudarse a otra ciudad, obligada por la nueva dinámica familiar, que incluía un hermanastro y una hermanastra.
Entonces, ¿cómo podía ella participar en las carreras de la Colina Nolis? E incluso en el remoto caso de que lo hiciera, ¿cómo podría convertirse en la campeona invicta?
Jasper se quedó sin palabras e instintivamente volteó a ver a Matthew.
Este, imponente y con un aire autoritario, dominaba el espacio con su sola presencia. Mientras jugueteaba distraídamente con su reloj Patek Philippe, el hombre soltó una risita, un sonido que hizo que a sus subordinados se les congelara la sangre.
"Dales una invitación adicional a los Griffiths para la gala benéfica de la próxima semana", indicó Matthew, con una sonrisa traviesa.





