Las llantas del Koenigsegg chirriaron cuando se detuvo de golpe frente a las puertas del Teatro de la Santidad. Inmediatamente, un guardia de seguridad corrió hacia el auto, agitando los brazos.
"Lo siento, pero hoy se celebra un evento privado en el teatro, así que tendrá que regresar otro día", informó.
Mientras bajaba la ventanilla del asiento del conductor, Leanna le sonrió al hombre. "¿No reconoces este carro?", le preguntó, con un tono juguetón.
El empleado revisó la placa y luego el rostro de su interlocutora, con expresión recelosa. Luego, inquirió con cautela: "Señora, ¿puedo preguntarle quién es usted y cuál es su relación con el señor Griffiths? ¿Tiene una invitación?".
"Soy la esposa de Joshua y estoy aquí para atraparlo con las manos en la masa", respondió la chica, ladeando la cabeza y guiñándole un ojo.
Antes de que el guardia pudiera responder, ella pisó el acelerador a fondo. El auto avanzó a toda velocidad, abriéndose paso a través del estrecho espacio que dejaba la puerta parcialmente abierta, con un fuerte estruendo.
Entonces resonó fuerte la puerta al romperse.
Al instante, la gente en el interior entró en pánico.
Joshua subió corriendo al escenario y, con actitud protectora, envolvió a Renee con su cuerpo, quien se veía visiblemente afectada. Luego, se le quedó viendo al personal de seguridad y declaró en medio del caos: "¿Qué hacen? ¿Por qué dejan que un vehículo cause estragos en el teatro? ¡Si Renee resulta herida, me encargaré de que pasen el resto de sus vidas en la cárcel!".
"Joshua, ¡tengo miedo! ¿Crees que se trate de un ataque terrorista? ¡Tenemos que llamar a la policía!", dijo la susodicha, aferrándose a la camisa del hombre, que acabó empapada por sus lágrimas.
"No te preocupes. Mientras yo esté a tu lado, ¡no dejaré que nada ni nadie te lastime!", la tranquilizó él, dándole suaves palmaditas en la espalda.
Acto seguido, volteó a ver a los guardias y gritó: "¿Qué están esperando? ¡Detengan a los intrusos y llévenlos a la policía!".
Los encargados de la seguridad intercambiaron miradas de incertidumbre, antes de que uno señalara, con vacilación, la placa del vehículo. "Señor Griffiths, parece que ese es su carro...", musitó.
Joshua sintió que el corazón le daba un vuelco al ver el imponente e inconfundible Koenigsegg emergiendo del polvo. Por la sorpresa se le encogieron las pupilas, pues ese carro era de alto rendimiento, se lo había comprado a un comerciante ilegal, por una suma considerable. De hecho, los únicos que lo usaban eran su padre y él.
En ese momento, el increíble vehículo yacía destrozado entre las ruinas de la puerta. Su alguna vez inmaculada forma estaba llena de abolladuras y tenía las luces delanteras destrozadas. Al estar rodeado de escombros, su apariencia era más lamentable.
"¿Cómo se atrevieron los intrusos a robarse mi carro y crear tal caos? Se arrepentirán de esto...", musitó Joshua, que comenzó a sufrir de un fuerte dolor de cabeza.
Al instante siguiente, la puerta destrozada de su auto se abrió, y emergió una figura delicada.
"¿Qué pena podría superar el costo de tu infidelidad durante nuestro matrimonio?", dijo Leanna con suavidad, aunque su voz resonó por la abarrotada sala de conciertos, sumiéndola en un silencio incómodo.
"¿Leanna? ¿Qué estás haciendo aquí?", respondió su marido, con una expresión de incredulidad.
No obstante, pronto se recompuso y su voz, que inicialmente delataba su pánico, se volvió dura al confrontar a su cónyuge. "¿Te volviste loca? ¿Quién te dio el derecho de interrumpir el concierto de Renee? ¿De verdad crees que solo por tratarse de ti me contendré y no haré que te arresten?".
La mujer avanzó hacia Joshua, con una sonrisa juguetona y amenazante, mientras las llaves del auto se balanceaban suavemente entre sus dedos. "Como tienes tiempo para asistir al concierto de tu amante, pero no para decirme personalmente que quieres el divorcio, no me dejaste más opción que venir aquí yo misma".
Esas palabras hicieron que los presentes comenzaran a murmurar.
"¿Esa es la esposa que el señor Griffiths ha mantenido oculta y que nunca reconoció? Pensé que era una simple campesina que venía de un pueblito y que ni siquiera había terminado la preparatoria, ¡pero es realmente hermosa!", comentó uno.
"Espera, ¿eso significa que el señor Griffiths es un adúltero?", soltó otro.
"¡Miren! ¡Se trata de un enfrentamiento entre su esposa y su amante! ¿Alguien lo está grabando? ¡Les aseguró que se hará viral!", comentó un tercero.
Al notar que las cámaras la enfocaban, Renee cambió su expresión. Se liberó del abrazo de Joshua y volteó a ver a la alborotadora, mientras las lágrimas escurrían de sus ojos. "Leanna, si no te hubieras metido en mi relación con Joshua, no habría tenido que irme. Y para tu información, aunque regresé, él solo me ve como una amiga. ¿Por qué tienes que ser tan hostil conmigo?".
Luego añadió con la voz quebrada: "Lograste convertirte en la esposa de Joshua, ¿qué más quieres de mí? ¿No me dejarás en paz hasta que me vaya de ese mundo?".
La súplica entre lágrimas y la apariencia inocente de Renee ocasionaron que los presentes se compadecieran de ella.
Pronto, la multitud comenzó a defenderla.
"La señorita Hayes y el señor Griffiths estaban enamorados desde la infancia y son el uno para el otro. Sin embargo, él acabó casándose con una mujer como Leanna. ¡Sabrá Dios qué hizo esa zorra para atraparlo!".
"¡Exactamente! Cuando la señorita Hayes se fue al extranjero, el señor Griffiths no asistió a su propia fiesta de compromiso para despedirse de ella. ¡Está claro que todavía la ama!".
"Estar casado en el papel no significa mucho. ¡En realidad, la persona que no es amada en un triángulo amoroso es la que sale sobrando!".
Al percatarse de que la opinión pública ahora la apoyaba, Renee se agachó detrás de Joshua y le sonrió con desdén a su enemiga, pues creía que la había ganado.
Joshua le enjugó las lágrimas a su amada, antes de voltear a ver a su esposa, con una expresión llena de desprecio, como si ella fuera el epítome de la irracionalidad. "Resolvamos esto en privado. No hay necesidad de involucrar a Renee en tus malvados planes".
"¿Cómo pueden ser tan descarados?", preguntó Leanna, quien observaba su muestra pública de afecto con asco.
Acto seguido, le lanzó una mirada gélida a la amante de su marido y le dijo: "Señorita Hayes, dejemos las cosas claras. En aquel entonces, dejaste a Joshua por cincuenta millones y una prometedora carrera en el extranjero. Y ahora que fracasaste, ¿corres a sus brazos con la esperanza de que te acepte de vuelta? ¿Tan necesita estás de un patrocinador?".
"¡Cállate! ¡En ese entonces, Renee tenía sus razones, a diferencia de ti, perra cazafortunas!", la interrumpió bruscamente su cónyuge, con los ojos llenos de repulsión.
El corazón de Leanna se llenó de amargura al presenciar cómo su esposo defendía a capa y espada a su amante. En ese momento, el hombre que había desafiado al peligro para rescatarla de un terrorista se había convertido en un imbécil. Esa dura realidad hizo que se le rompiera el corazón.
"Joshua, si estás tan comprometido a jugar el papel de hombre cariñoso y protector con ella, entonces redacta un acuerdo de divorcio en el que me cedes la mitad de tus bienes y fírmalo. Pero escúchame bien, ¡no me separaré de ti si me ofreces un centavo menos! Una vez que lo hagas, tu amada y tú podrán pasar juntos el resto de la eternidad, como el par de sinvergüenzas y descarados que son", declaró Leanna en voz alta.





