Me Retas A Vivir Siempre

Tiara

Una semana ha pasado desde que lo vi en el parque y de pensar en mi vida. Hoy quiero empezar mi lucha. Quiero poder tomar el control de mi salud y de mis decisiones. Hasta puse el despertador a las 6:00 am. Para tomarme la pastilla de la tiroides, junto con la del hierro. Mi madre fielmente se levanta y me vigila hasta que las trago. No me creía cuando entró al cuarto, pero fui fuerte con ella y se marchó. Les cuento que tengo hipotiroidismo, sé que soy flaca y esa es la que engorda. Mi metabolismo está activo, me mantengo haciendo ejercicios y mi madre obsesiva detrás ayuda. Si me descuido llegará una edad que aumente de peso, lo fácil es subirlo y lo malo bajar de peso. Todo ser humano tiene la glándula tiroidea, regula todo el sistema del cuerpo y produce las hormonas. Sin embargo, la mía no produce, tiene una disminución de la producción de hormonas tiroideas. Me tienen que evaluar esporádicamente cada mes o tres meses si está controlado el TSH. El tratamiento es medicamento oral, una pastilla diaria (Syndroid) y depende de cómo sea el TSH es el número de la pastilla. Mi vida siempre será así, cuidando y evaluándose cada mes. Desde los trece años me descubrieron hipotiroidismo  y mi madre se convirtió en mi ahogo. Todo es difícil para mí, la pastilla es chiquita, pero soy de las que odia tomar pastillas y para castigo divino tomar diario. Fue una lucha, me bebía tanta agua para una pequeña pastilla. Lo que hace la mente y pensaba que me atoraría. En cierto modo, tengo la culpa de que mi madre sea un ogro. Por llevarle la contraria no tomaba la pastilla y cuando me tocaba la cita con el médico todo estaba mal. Salía todo el sistema descontrolado, quería ser normal y que ella me dejara tranquila. No les he contado que las agujas las odio, cuando me tocaba el análisis cada mes era una pelea y mi madre aguantando mi brazo. He aprendido que solo es una aguja, que el dolor será leve y que duele más sentirse vacía. Aun teniendo cerca a la gente, te sientes sola y atrapada. Nunca he sido de las que escriben en un diario, pero desde que ocurrió el beso con Kendrick todo cambió. He plasmado desde que sentí sus labios en contacto con los míos y me hizo vibrar. Fue un despertar, sentí el pecado y ahora es difícil no sucumbir en el. Lo he seguido en las revistas por la obsesión de mi madre con su familia y siempre me atrajo. Lo vi tan inalcanzable, jamás, me hubiera imaginado ese beso. Siempre lo veía desde la ventana, pero nunca salía. Cuando mi primo venía con sus amigos y en especial con Ken los espiaba. Ese día en la piscina quería dejar de ser la chica tímida e invisible para todos y retar a mi madre fue lo que me impulsó. Nunca imaginé que me besara, tampoco que yo cediera a su encanto y no me arrepiento de ese día. Aún lo revivo, cuando apareció en el parque mis nervios me delataban y hablar con él fue especial. Quiere ser mi amigo y más. Me cuesta creer eso, me da miedo ser una chica más de sus fans. Mi corazón no siente miedo, al contrario, cada vez que lo ve confía en él. A su lado me siento segura y libre. Kendrick me hace sentir especial, normal. Somos dos jóvenes siendo naturales. Me levanto de la cama, guardo mi diario en mi cofre con seguro y la llave siempre está en mi pulsera. Tengo que esconder mis sentimientos bajo llave, mi madre no respeta mi privacidad y quiero tener algo mío. Ella, después del beso, no ha parado de tirar lodo sobre Kendrick. Ahora le ha dado con la edad, sus palabras son que es un niño para mí. Nunca la enfrento, solo escucho su mierda desde lejos y apago el interruptor. Sus palabras se van como el viento, las desecho y a veces me siento mal por ignorarlas. Aunque solo dura cinco minutos la culpa y lo apago de nuevo. Para qué mentir, nunca he tenido amigas y mucho menos el apoyo de una madre. La leona siempre le encontraba algo malo a cada una de las compañeras y me cansé de intentar. Busco en mi armario mi ropa del diario vivir, unos jeans azul, una camisa negra y me doy un baño. En el baño tengo un radio pequeño, lo enciendo y está sonando “Camila”. La canción es una de mis favoritas, “Todo Cambio” y empiezo a cantarla. El universo escribió que fueras para mí y fue tan fácil quererte tanto. Algo que no imaginaba fue perderme en tu amor simplemente paso y todo tuyo ya soy. Entro en la ducha cantando y recordando a Kendrick. De casualidad dan esa canción, es como una señal. Definitivamente, todo cambió desde que vi sus ojos. Mi mente vuela hacia ese beso, añoro verlo y recuerdo cuando toque su pecho. Llámalo destino o coincidencia, pero quiero creer que ese beso fue mucho más. Estoy lista para enfrentar el día de hoy, ese baño me despertó y voy decidida a tomar las riendas. Agarro la laptop, mi bolso que es gigante y pesado, sirve de defensa contra un asaltante. Voy decidida a hablar con mi madre, llego al comedor y la veo parada frente de la mesa. Está con su ropa habitual del trabajo completa de gris. Tiene una taza de café y está viendo unos papeles regados en la mesa. Ella es tan diferente a mí, que a veces me pregunto si soy su hija. Ella, con su corte de macho, la hace ver tan mayor, para colmo siempre está amargada y en realidad el apodo de Leona le cae como anillo. Debo agradecerle a Ken, por ayudarme a reír cada vez que recuerdo el apodo. 

—¡Buenos días, madre! —Mis nervios van en aumento y ella alzó su vista. 

Nunca sonríe, su rostro es tieso. Esa obsesión con la familia de Kendrick es sospechosa. Mi padre es a todo dar, tenemos buena relación y soy idéntica a él. Fui, un ¡ay se rompió el condón! Y bebé a bordo. Cada uno asumió su responsabilidad. Aunque debo admitir que hubiera preferido vivir con mi padre, es llevadero. Siempre he sospechado que mi madre, tuvo amor platónico con el padre de Kendrick y no lo supera. Me saca de mis pensamientos, está casi gritando.

—¡Hey! ¿Estás bien? ¿Te sientes mal? —Se me acercó e iba a tocarme, pero di un paso atrás. 

No esperaba esa reacción, se quedó con la mano en el aire y me quedo viendo fijo una mancha de humedad de la pared. Habla Tiara, ha pasado una semana pensando cómo zanjar el tema. Es viernes, el mejor día. Es hora de que dejes el miedo atrás. 

—Estoy bien. Quiero hablar contigo… 

Me interrumpe, de mala manera, su carácter presente.

—No puedo ahora —suelta la taza fuerte y recoge los papeles de cantazo.

Los mete a empujón en el maletín. Está evadiendo el tema y sabe que no le gustará la conversación. Se iba a marchar, pero la bloqueé, me miró mal y tomé valor.

—Desde hoy tomaré el control de mi vida, salud y todo lo referente —iba a interrumpir, pero la detengo con mi mano enfrente de su cara.

La vuelvo a dejar pasmada, nunca esperó que alzará mi voz y menos que la dejara con su palabra a mitad. 

—Te agradezco todo lo que has hecho por mí, pero ya tengo diecinueve años y no soy una niña. Quiero enfrentarme a la vida, necesito tomar mis decisiones aunque no sean las correctas. Quiero equivocarme. Sé que en el pasado te decepcioné, jugué con mi salud, pero no sucederá. Necesito mis pastillas —extiendo mi mano y espero los frascos.

Ella los esconde de mí, pero si no los suelta y se niega me tocará ir al médico. Buscar otra receta y seguir con mi plan.

—Estás mal y te atreves a pedir el control de tu salud. Nunca te ha importado, una vez confíe en ti y no te tomabas las pastillas. Iba al chequeo y estabas de mal a peor. Has visto las consecuencias… —la interrumpí.

—Sí, esta semana me informé y vi casos. Me equivoqué al no valorar mi vida, pero quería ser normal y tú me tratas como si fuera impedida. Déjame respirar, me siento inútil.

—Desde que ese muchacho riquitillo apareció en tu vida has cambiado. Todo lo cuestionas, serás una más en su vida.

—Él no tiene nada que ver con ser independiente, confía en mí. Deja que tome mis decisiones, déjame ser feliz —mi voz es nerviosa y aguanto las ganas de llorar.

Me duele ver su dolor, pero necesito que entienda que no soy feliz. A veces no puedes proteger a tus hijos porque necesitamos caernos. Ella busca en su maletín, saca los dos frascos y los pone de mala manera en la mesa.

—Toma se feliz, pero no pienso ceder en las citas. No me cuestiones en eso, te amo demasiado para dejar que te mates. En la próxima cita veré si valió la pena darte el control de tu salud.

Agarré los potes, sin mirar atrás me marché. En mi carro respiré profundo y se me escapa una lágrima, pero es de felicidad. Siento que la mano que me ahoga se va soltando poco a poco. Guardé las pastillas y me encaminé hacia la panadería de Manolo. Queda al lado de la lavandería de mi hermano, todos los días desayuno ahí. Espero que a mi madre se le pase este enojo, tampoco la odio. La quiero a pesar de todo. Voy en silencio por el camino, volviendo a repetir lo sucedido. Siempre enciendo la radio, pero no estoy de ánimo. Siento que fui dura con ella. Sé que me ama, siempre me ha cuidado y nunca valoré su ayuda. Maldita conciencia, siento que estoy bien y que fui cruel a la vez. Llegué a la panadería, al entrar me recibe el aroma de pan y bacon. Está llena, pero rápido Manolo al verme deja a un lado todo y se dirige a darme mi abrazo mañanero. Me cae de maravilla, es tan paternal mi viejo. Los años le han dejado una gran calva en el medio y a los lados pelo canoso. Me paso molestando sus tres pelos, decídete a rasurar para que seas mi calvo sexy. 

—¡Hola, mi Tiara! ¿Lo mismo de siempre?

—Todo igual a excepción, quiero jugo de uva y una botella de agua.

—¿No deseas “Coca Cola” para enfrentar tu día de trabajo? —Su mirada de sorpresa vale oro. 

—Hoy quiero empezar a comer más saludable.

—Nunca es tarde para cuidarse, enseguida traigo tu comida —me tira una guiñada y se marcha.

En lo que llega saco el celular, busco mi alerta de Kendrick y veo sus fotos. Salidas con sus amigos, mi primo sale en dos salidas y las chicas, pero ninguna está encima de él. Eso es extraño, ninguna foto agarrando traseros y metiendo mano en cueros. Una nota dice: El “Playboy” está empezando en el mundo de los videojuegos y viene fuerte para la competencia. El joven rebelde ha demostrado que es multifacético en fiestas, adrenalina y en el mundo del negocio. Me quedo pasmada al leer esto, nunca me imaginé que hiciera algo más que fiestas y ser holgazán. Aparece Manolo con mi plato favorito, huevos revueltos, papas hash brown, bacon y tostadas.

—¡Gracias, esto huele bien! —Guardo el celular en mi bolsillo.

—¡Que lo disfrutes! —se inclinó.

En eso veo que entra al local mi primo Fabian, se acerca con su caminar sexy y seguro. Saluda a Manolo con un abrazo, luego me besa en la cabeza como siempre y se sienta al frente. 

—Viejo, por favor, trae lo mismo, pero incluido panqueque —señala mi comida y al percatarse del jugo reclama —. Espera, jugo, no, “Coca Cola”.

—¡Claro que sí, mi niño, enseguida! —Le da unas palmadas en la espalda y se marcha con su caminar lento.

Mi primo es guapo, siempre en la escuela las compañeras me pedían su número e información. Su pelo es oscuro, no es largo ni corto y sus mechones caen en su frente. Sus ojos son marrones oscuros, al punto que se ven negros maníacos. Su nariz respingada y tiene muchos tatuajes en sus brazos, incluso en la cabeza. Me mira serio por un momento y me está leyendo. Siempre somos así. 

—Antes que preguntes, jugo de uva para empezar a cuidar mi salud un poco. Hoy me enfrenté con mi madre y le dije que tomaría el control de mi salud.

—No puedo creerlo, ¿en serio? —Se impulsa hacia adelante y sus ojos misteriosos puestos en mí.

Agarra una hash brown y se la come. Mientras abro el pan y lo relleno de huevo revuelto como me gusta.  

—Pues ni yo misma lo creo aún. Estaba tan nerviosa, ella histérica y al final cedió a la mala.

—Es un gran paso Tati, pero odias cuidarte y cuando vas a las citas…

—Detente, sé mi error e inmadurez. Me puedes apoyar, te necesito y…

—Estoy contigo Tati, lo harás bien —coloca su mano encima de la mía y saber que cuento con él me quita un peso de encima.

En eso aparece una empleada de Manolo, le entrega el plato de comida a Fabi y coquetea con él. La ignora, lo cual es raro en mi primo y vibra su celular. Él lo empuja hacia un lado, empieza a comer y veo su tensión.

—¿Cómo está titi Betsy? —Sus ojos se humedecen y baja la mirada.

Es mi tía de parte de madre, es su hermana menor. Mi tía tiene cáncer en los huesos, se ha complicado y por eso mi primo se pierde. No soporta verla así, es doloroso. Mi madre ha dejado de visitarla porque siempre terminan peleando. Eso no le hace bien y se llaman todos los días. El padre de Fabian tiene un Car wash, trabajan juntos y pelean demasiado. Su padre le pelea porque no madura, pero Fabi es fuerte y sigue los consejos de titi. Siempre le aconseja: Vive la vida, después tarde será. A pesar del dolor, él la complace. Mi primo es mi orgullo, se levanta todos los días enterrando su dolor y decidiendo vivir por ella.

—La quimioterapia, la tiene mal —su voz se corta y carraspea. 

Mi corazón se aplasta, tengo que visitarla y mostrarle mi amor.

—Está bien que llores Fabi, no puedes ser siempre el duro y loco —su celular vuelve y vibra, lo ignora.

—Me duele verla así, pero su sonrisa nunca se apaga. ¿Quién soy yo para apagar la mía? Cuando ella es fuerte por todos, se alegra cuando le cuento mis locuras y mi padre enojado. No entiende que por ella viviré, no importa que parezca un insensible. En las noches a solas me desahogo, duele tanto, pero la vida tiene sus acertijos. Al menos mamá siempre ha creído en ellos —veo lágrimas bajar por su mejilla y agarro su mano fuerte. 

Se me escapan las mías, pero las limpio antes de que levante su mirada. El celular vibró de nuevo y suelta mi mano para contestar.

—¡Dímelo, Timoteo!

Me recupero, mi hambre se fue, pero hago un esfuerzo y doy bocados pequeños. 

—Baja a la panadería de Manolo, bye —cuelga la llamada y comemos en silencio. 

Me siento fatal, mi tía sufriendo y yo negándome a vivir. Cuánto ha sufrido Fabi aguantando mis berrinches y apoyándome aún en su tristeza. 

—¡Lo siento tanto! —No logro aguantar y exploté en llanto.

Fabi rápido arrastró su silla al lado mío y me pegó a su pecho. Él me apoya y me siento mal que no sea al revés. 

—Tati, esto no es tu culpa.

—No pensé en nadie con mis arrebatos, ni siquiera en la gente que desea ser saludable y, en cambio, jugué con mi salud. Nunca he sido consciente de lo bendecida que soy —mi voz sale fañosa y acaricia mi pelo.

—Tranquila, no te sientas mal, cero reproches. Cada persona tiene problemas, ya sean pequeños o grandes. Eso no quita que duela aun siendo pequeños. Cada persona lleva su carga y dolor. Entiendo, tus actos son producto de la obsesión de tu madre y nunca has hecho daño ni a una mosca. Mi madre te ama mucho y desea que vivas. ¿Para qué quieres una salud al cien por ciento si vives en una jaula y no sientes la libertad?

Me pasa una servilleta, me sacudí la nariz y Fabi me limpia las lágrimas. Es mi sostén, siempre me ha apoyado aun sabiendo que voy por el camino incorrecto.

—¡Gracias, hoy iré sin falta a ver a titi! 

Terminó su panqueque y dio un largo trago de su soda.

—No puedo dejar pasar tu famoso beso, cuéntame, ¿qué significa para ti?

Remuevo el poco huevo revuelto del plato. Sabe cambiar de tema mi primo, sé que quiere distraerse y averiguar.

—Nada sucedió, nada de nada. —Siento sus ojos oscuros evaluando mi reacción y sonrojo.

Nunca puedo ocultarle nada, me conoce suficiente y sabe que algo escondo.

—Pequeña mentirosa, te conozco y sé que te gusta Kendrick.

—¡No! ¿Qué te hace pensar en esa locura? —Lo negué mientras agachaba la cabeza y me empujó con el hombro.

—Tu nerviosismo, el sonrojo y porque soy tu hermano. Sé cuando mientes. Además, ¿creíste que no vi todas las revistas debajo del colchón? Curiosamente, las noticias de Ken son las únicas dobladas. No has puesto fotos en la pared por tu loca madre, te rompería la cabeza.

Me descubrió, qué vergüenza, al menos es mi primo. 

—Respeta mi privacidad, admito que me cae bien. Siento miedo a lo que pueda sentir por él —lo confesé a mi hermano y decirlo en voz alta me ayuda.

—Hablé con Kendrick, sabe que eres mi hermana y le advertí. Por ser mi amigo no quita que te ame más a ti. Solo vive, arriésgate y toca la libertad, Tati. —Me lanza una papa hash brown y la arrojé de vuelta.

En eso llega Timoteo, se sienta y agarra mi plato. Empieza a comer mis sobras, le regalo la botella de agua y da un sorbo.

—¡Wepa, Timoteo! Parece que ayer no comiste. —Se saludan chocando sus puños y lo saludé de lejos con la mano en el aire.

—Sus padres —nos apuntó—, al parecer, no mencionaron en su educación que con la comida no se juega. Existe mucha gente con hambre en el mundo y soy una de esas personas.

Nos empezamos a reír a carcajadas, olvidando la tristeza y el dolor. 

—Era comida de mi hermana, idiota. No preguntaste si podías comer. 

—No quería más Fabi, para que se pierda mejor en su estómago. 

Es la segunda vez que tengo contacto con Timoteo, hace tiempo Fabi fue a visitarme y vimos una película juntos. Fue divertido, además, que es tipo emo, su pelo negro lacio y largo peinado de lado. Es muy delgado, es una pajita. Usa muchos piercings, en ambas orejas tiene los aros redondos, que son un poco repulsivos y puedes ver el roto en la piel. En su cara tiene piercing debajo de la nariz, el mentón, la lengua y su ropa toda negra. Tiene una belleza extraña, pero la tiene y siempre es bromista.

—Tati eres siempre un amor, alimentar a los niños desamparados es una bonita labor —dijo sarcástico Fabi.

—¡Tati, me gusta el apodo, es muy original! —comentó Timoteo.

Los miro a ambos, parecen niños y me sonrío. 

—Deja el apodo de Tati en paz, mira este puño, es original y más en tu cara. —Le muestra el puño y en eso suena mi celular. 

Lo saqué del bolsillo y al mirar la pantalla es mi hermano Rodrigo. Me olvidé de la hora. Debe estar esperando por mí, me pongo nerviosa y les hago señas con el dedo para que no hablen. No quiero que suponga otra cosa. Aunque mi hermano es un jefe comprensible. 

—¡Hola, Rodri! —Fabi se pega para escuchar la conversación y Timoteo está callado.

—¡Hola, Tiara! ¿Estás bien?—suena preocupado y muy ajetreado. 

—Estoy bien. Salgo para allá, estoy desayunando en la panadería de Manolo.

—No te preocupes, mamá me llamó y me comentó algo. Entiendo tu demora, solo que hoy es mucho trabajo.

—Voy ahora, Rodri —cuelgo la llamada y guardo el celular. 

—Al menos no se enojó, sirvió de algo el show de la tía. Ve a trabajar, te entretuve, pago el desayuno. 

—De ninguna manera. —Voy a sacar el dinero de mi bolsillo y Fabi me atrapa la mano con sus ojos maniáticos.

—Vete antes de que te patee el trasero y llegues rodando a la lavandería. —Me suelta la mano y beso su mejilla.

Me despido dándole la mano a Timoteo, no tengo la confianza para besos y me encamino a trabajar. El local de mi hermano está a dos negocios más abajo. Primero me detengo en el carro y saco mi bolso junto con mi laptop. En el negocio me recibe Olga, la encargada de atender a los clientes. La saludé de lejos y fui hacia mi lockers. Una vez guardé mis cosas voy directo hacia el área de trabajo y saludo a mi hermano con un beso en su mejilla. 

—¡Llegaste qué bien! Allá está la ropa dividida y verificar las manchas. —Está todo sudado planchando y en su cara se nota la tensión. 

Me encargo de la ropa, me hago una cola de caballo y comienzo. 

—¿Cómo te sientes? —Me mira con sus ojos marrones preocupados. 

—Me siento bien, tenía que despertar.

—Mamá es así de insoportable, pero te ama a su manera, Tiara. Me alegro de que despertaras, no es fácil vivir con ella.

Mi hermano es idéntico en físico a mi madre, piel trigueña, pelo militar y facciones toscas. Pero su carácter es fuerte, pero es comprensible y escucha. Se fue de la casa a los dieciocho años, al ser del mismo carácter, constantemente discutían y se fue con el abuelo a vivir. Los familiares de mi madre tenemos a titi Betsy y el abuelo Rodolfo. El padre de Rodri es un secreto de mamá. Cuando le preguntas se molesta, no habla y mi hermano no desea saber. Pienso que debió amar mucho al padre de Rodrigo, al punto que le duele recordar su nombre. A los veinte años mi hermano rentó su apartamento, le envidio su decisión de no dar el brazo a torcer. Tiene el valor que me falta y tan solo el día de hoy estaba asustada.

—¿Has visitado a titi Betsy?

—Hace un mes que no la veo, qué mierda es el cáncer. 

—Iré hoy a verla, Fabi me dice que ha empeorado más. —Empiezo a separar las piezas por color.

—Mándale besos y dile que pronto iré. 

Continuamos trabajando, escuchando música y sin darme cuenta es la hora de almorzar. Encargué la comida, hoy pedí mofongo, bistec encebollado y ensalada por el lado. Estoy en el cuarto de descanso, antes de comer saco mi celular y veo un alerta de Kendrick. Veo hacia los lados, no hay nadie y abro el enlace. Rápido me pongo nerviosa, la noticia dice:

¡Última Hora!

Kendrick el “Playboy” tuvo un accidente de moto. Por estar compitiendo con el amigo se ha caído. Al parecer está grave. No tenemos mucha información, solo sabemos que fue llevado a emergencias en estos momentos. Una vez más juega con fuego, esperemos que no sea grave. 

«¡Oh, Dios!», exclamé en mi mente. No permitas que sea grave. Las noticias exageran, Ken te dijo que inventan tantas cosas por vender. Tranquila Tiara, eso debe ser inventos y si fuera algo grave estuvieras al tanto. Las noticias malas son las primeras en volar, pero no tengo su número. Me arrepiento de no apuntarlo. ¿Qué hago? Llamaré a Fabi, él debe saber. Pero está trabajando, además, él no tiene una alerta de su amigo. No importa, lo llamaré, suena y suena, pero no contesta. Debe estar limpiando un carro, bueno, pues, a comer y luego ver que sucede. La comida huele bien, pero mi apetito está perdido. «Así quieres cuidar tu salud, vamos a comer», me sermoneé a mi misma. La comida no tiene culpa, al probar esta delicia fue fácil comer. En eso entra Raúl, el encargado de entregar la ropa y se sienta conmigo en la mesa. Terminé de comer, dejé bien poco y estoy tomando agua. Lo observo, esperando sus estúpidos comentarios. Siempre está tirando labia, invitándome a comer y salir.

—¡Hola, bella! ¡Buen provecho! Aunque ya comiste.

Sonrío a medias, estoy preocupada para estar con este mujeriego. Es alto, moreno, calvo y tiene sus labios bien gruesos.

—Gracias, iré a trabajar. —Me levanto y agarro el plato para botarlo.

—Espera amorcito, ¿cuándo irás a comer o bailar conmigo?

Luego de echar todo al zafacón, agarré mi celular y lo guardé en el bolso. Para no verlo cada cinco minutos pendiente de Kendrick. Guardo todo en el locker sin mirarlo, bloqueé la puerta y contesté. 

—No tengo tiempo, estoy muy ocupada con el estudio y el trabajo. —En eso entra mi hermano y sonríe. 

—Nunca te cansas Raúl, déjala en paz.

Camino hacia la puerta, sin mirar su cara de baboso.

—Algún día te arrepentirás, nena.

Continúo mi camino, espero que ese día nunca llegue. Al pasar las horas fue una tortura, pasaron tan lentas y ganas, no faltaron de buscar mi celular. Lo logré, aguanté. Bajamos la ropa y entró mi hermano. 

—¡Buen trabajo! Vete ya, es todo por hoy. Te veo el lunes, que tengas buen fin de semana —dijo mi hermano alegre y mis ojos se van al reloj, son las 5:00 de la tarde.

Él siempre cierra a las 6:00 de la tarde, si nos queda algo para adelantar nos quedamos y a veces salimos a las 7:00 pm. En cambio, agradezco salir ahora, no puedo con estos nervios y además, tengo que ir a ver a titi.

—¡Gracias, hermano, no te canses mucho! —Me acerco y beso su mejilla. 

Camino hacia el locker, me suelto el moño y me lo pongo de pulsera. Saco mis cosas, camino hacia mi carro y casi voy corriendo. Estoy loca por ver mi celular, pero lo haré en el carro y al llegar respiro profundo. Coloqué el seguro del carro, busqué en mi bolso y saco el celular. Veo la pantalla, tres llamadas perdidas de Fabian y un mensaje. Le doy para ver el mensaje: 

Estaba lavando un auto. ¿Qué sucede Tati? 

Rápido llamo a mi primo, al contestar se escucha música y me pidió que esperara. Se escucha menos ruido y la música a distancia. 

—¡Hola, prima! ¿Ocurre algo?

Escucho que hablan con él, le dicen: Toma está fría, te espero en el estudio.

 Mi primo contesta: Voy ahora Kendrick, no se escucha bien allá.

 Me molesto, mientras estaba preocupada todo el santo día y ellos dándose unas frías. 

—Estás ocupado, hablamos después. 

—¿Para qué llamaste? Estoy con la pandilla escuchando música y pasándola bien.

—Estaba en mi break, quería ver como le había ido a Timoteo.

—Está bien, prima, no fue nada grave. Únicamente rasguños, las noticias exageran.

—No sé, ¿qué hablas? Estaba trabajando.

—Sabes bien prima, primita de mi alma. Estaban probando la motora, perdió el control y por eso estamos en su casa. Para estar con él, pero está más que estupendo. 

Me deja ahí con la palabra y cuelga. Me recuesto en el volante, nunca puedo engañar a Fabi. Me arreglo el cabello con la mano, me veo en el espejo y enciendo el carro. Voy de camino para casa de mi tía, tanta preocupación para que ellos estén de fiesta. «¿Para qué Tiara?», peleé conmigo. Él como si nada, pasándola bomba. Llegué en quince minutos a casa de titi, me estacioné y en ese justo instante se bajó del carro Facundo, mi tío. Se ve cansado, lleva el dolor grabado en su semblante y no es para menos. Es el amor de su vida, debe ser tan desesperante. Ver como se va tu alma, sin poder detener su sufrimiento y aun así apoyarla. Respiro y exhalo. Respiro, vamos, sé fuerte. Al bajarme, mi tío se percata y abre sus brazos. Me lancé a sus cálidos brazos, me rodeó y besó mi cabeza. Siempre los he amado como padres, son tan unidos y me he sentido amada. 

—¿Estás preparada Tati?

—Eso creo, aunque nunca se está preparada.

Entramos a la casa y quedé en shock al verla desorganizada. Mi tía es maniática con la limpieza, ver esto es la prueba de cuán mal es su estado. Mi tío me acompaña hacia el cuarto, me quedo helada en la puerta y mis lágrimas se me escapan. Alargó su mano esperando por mí, caminé lentamente y trato de esconder mi rostro. Verla tan demacrada es doloroso, su cabello no existe. Tiene un pañuelo rojo en su cabeza, sus ojos con sombras negras, se ve tan delgada y seca. 

—No escondas tu cara, Tati —su voz es débil y tose. 

—Perdón, por mis lágrimas. —No aguanto más y me lanzo a sus brazos.

Ella gime, se me olvido y debí lastimarla. Mis sollozos son desde lo más profundo, ella acaricia mi espalda y me despego. Veo por el rabillo del ojo que mi tío se marcha, no estaba preparada para verla así. 

—Suéltalo todo cariño, me alegro de verte.

—No puedes estar sola tanto tiempo. 

En eso escucho que alguien carraspeó detrás, me volteo y veo a una señora mayor con uniforme de enfermera, se ve humilde y me mira con amor.

—Te presento a Juanita, mi enfermera. Estaba en el baño cuando llegaste. —Mi tía empieza a reír con dificultad. 

—¡Mucho gusto, jovencita! —La señora me ofrece la mano y antes de saludarla me limpio las lágrimas. 

—Es mi sobrina Tati, la que tantas veces te he hablado. 

—¡Es hermosa, no se equivocó en describirla! 

—¡Gracias, el placer es mío, Juanita!

—Te puedes ir Juanita, llegó mi esposo. Si Dios quiere, nos vemos mañana. 

La señora se acerca, le acomoda la almohada y le da un beso a mi tía. Se despide, luego nos deja sola y me siento en la cama.

—Te prometo que vendré a verte más seguido. No dejaré que pase tanto tiempo. 

—No te preocupes, estoy feliz de verte. Sé que hoy diste un gran paso y estoy muy orgullosa de ti. 

—Fabian te contó todo.

—Estuvo aquí antes de irse a casa de su amigo. Por cierto, también vi la foto del beso y eso fue tan hermoso. —Empezó a toser y agarró un vaso con agua de la mesita. 

Ella da un sorbo grande, me da el vaso y lo coloqué en la mesita.

—No te mentiré, ese beso fue magnífico. Sentí mariposas, peces y hasta petardos dentro. 

Nos sonreímos ambas y agarra mi mano.

—Me alegro, ese chico se ve bueno, arriésgate a vivir. Me recuerdas tanto a mí, cuando luché por ser independiente y vivir. No me arrepiento de nada y eso quiero para ti. 

—Me da tanto miedo, me siento tan sola en casa y si me equivoco. Si abro mi corazón demasiado rápido y me pierdo en el camino. 

—La vida es sin manual, te sentirás así y perdida muchas veces. Pero no dejes de luchar, vive a pesar de todos.

—La vida es injusta, a la gente buena le sucede esto.

—No podemos entender las cosas, pero todo tiene su propósito. Necesito que cuando no esté, cuides a Fabi, aunque no lo creas eres su sostén y por un tiempo estará perdido. Sin embargo, con tu apoyo volverá, me iré tranquila sabiendo que el uno al otro se cuidará. 

—Soy débil, mi sostén es él. Nunca he sido de su ayuda, siempre con mis problemas y él escuchando. —Lágrimas ruedan por mis mejillas y mi tía llora conmigo. 

—Sin darte cuenta siempre has sido su fuerza, créeme. Recuérdale que viva sin miedo. —Se limpia las lágrimas y sonríe. 

—Lo cuidaré siempre, somos hermanos y seré su apoyo. 

—Estoy muy orgullosa de ustedes. Ve, busca a Facundo y no más llanto por hoy. —Me da unas palmadas en la mano.

Me levanto, voy hacia la cocina y veo a tío sirviendo una ensalada.

—No te sentí llegar Tati —dice cuando se voltea y me encuentra en la cocina.

—Se ve bien la ensalada, titi te espera.

—Es nuestra cena, quédate veremos película y no acepto un no.

—No diría que no por nada. ¿Qué película veremos? 

—La preferida de Betsy, “Más barato por docena”, necesita reír. Está en la mesa, ve, ponla e iré ahora con los platos.

—¡Me encanta esa película! —Sostengo la película y me voy hacia el cuarto. 

Al entrar sostengo en alto la película, mi tía sonríe y grabaré por siempre esa sonrisa. Llega mi tío con la bandeja, puse la TV con la película. Me siento en la butaca, mi tío al lado de mi tía y empezamos a verla. Ver su amor incondicional vale oro. Aún veo esa chispa en ambos. Son los tesoros que guardaré por siempre. Mi tía se reía débil, pero estaba feliz y mi tío al pendiente de ella.

—Saben nunca quise más hijos. Decía: Fabian da por veinte. Pero ahora me lamento, no haber dejado más compañía para mi hijo.

—Mi corazón, no te equivocas, Fabian da por veinte. Así estamos bien y más. —Mi tío la besa y ella lo corresponde. 

Al terminar la película, me despido y veo la hora, son las 9:00 de la noche. Estoy en el carro, pongo seguro y verifico mi celular. No quise interrumpir mi momento en familia, tengo diez llamadas perdidas de mi madre. Dos de mi hermano, una de Fabi y un mensaje de voz. Le doy a escuchar el mensaje y dice:

Así quieres que confié en ti, no contestas las llamadas y menos avisas. ¿Dónde estás?

Mi madre histérica, no estoy para ti y peleas. Abrí los mensajes de texto, uno de mi hermano y otro de Fabi.

Te llamé, comunícate con mamá. Me ha llamado tres veces. No me importa si estás de fiesta, pero llámala. ¡Besos, Rodri!

Prima, le contesté a la loca de titi. Le dije que estás en casa y habló pestes. Pero nada raro en ella. ¡Tqm! Tu primo, salva tu culito.

Me empiezo a reír, le envié un texto a Fabi.

¿Dónde te encuentras? Salí ahora de tu casa.

En vez de enviar texto, me llamó y rápido contesté.

—Fabi, tan mal estás que no puedes escribir.

—No soy Fabi, pero es mejor escuchar tu voz que escribir. 

Mi corazón se emociona, su voz es más ronca que en persona.

—Ahora eres secretario de Fabi, no conocía ese trabajo. 

Su sonrisa suave me enamora más, nunca imaginé que fuera posible, pero estoy emboba.

—Estoy loco por verte, por ti hago cualquier oficio. Ven a casa, me imagino que sabes cuál es mi casa.

—Sí, sé tu dirección, pero no estoy de ánimo de fiesta. Mi día fue agotador, emocionalmente no soy la chica que necesitas y sería aguafiestas.

—Nunca serías aguafiestas, contigo me perdería fiestas y todo por verte. Ven, tengo de invitado la luna, tranquilos bajo su firmamento y apartados. ¡Acepta, por favor!

—Con semejante propuesta, es imposible negarse. Nos vemos luego.

—Te llamaré desde mi celular, para que me llames cuando llegues.

—Sale y vale.

—Te esperamos la luna y yo.

Me marcho, estoy emocionada por verlo y nerviosa. Suena el celular, número extraño y coloqué el altavoz.

—Ya tienes mi celular, te veo pronto.

—Tengo una duda, ¿los periodistas molestarán? Porque no tengo un carro lujoso con tintes.

—Créeme, te puedo regalar uno.

—De ninguna manera aceptaría un regalo así. 

—Fue relajando, sé que no aceptarías. Por otro lado, si me diera la gana de hacerlo es porque puedo y deseo.

—Hablemos de la entrada y de los periodistas.

—Cuando veas la entrada principal, pasas el redondel y verás una verja. Ahora mismo mi padre espantó a los periodistas. Así que no creo que tengas problemas.

—Cuando esté ahí, te llamo.

Él vive por el salón la Rosa, unas casas gigantes y con terrenos. Una vez estaba con mi madre y me enseñó su casa. El viaje es relativamente cerca, en veinte minutos estoy pasando por casas hermosas, con fachadas elegantes y marco a Ken. 

—¿Llegaste? Estoy saliendo hacia el patio.

—Pase ahora mismo la entrada principal. Paso el redondel y estoy frente a la muralla del castillo. 

—Ya abro, mi doncella.

Al abrir el portón eléctrico, entré a su casa y es literalmente un castillo. Me quedo anonadada viendo a Ken, con una camisa roja “Volcom”, pantalón de traje de baño negro y tenis. Él camina hacia el carro, va por el lado del pasajero y trata de abrir, pero está cerrado. Suelta el celular Tiara, me percaté de que aún tengo el celular en la oreja y lo suelto en el posavasos. Me suelto el cinturón, me estiré por encima del asiento y quité el seguro. Él rápido entra con su mirada de pícaro, trágame tierra y me sonrojo. 

—Pensé que nunca me abrirías. Cuánto te extrañé. —Se me acerca y me besa al lado de los labios.

Me pongo a mil, creo que se escucha el tambor de mi corazón y suspiro. Roza mi mejilla, me quita un mechón que tapa mi ojo y acaricia mi lóbulo. Todo es tan íntimo, tan increíble y se aparta de un cantazo.

—¡Hola, Ken, también te extrañé! —Formular palabras fue difícil y me dio su sonrisa. 

—Es bueno saberlo. Continúa directo, pasa la casa y llegaremos a nuestro sitio. 

Al fijarme bien, la casa es hermosa y su fachada imponente. Es de dos pisos, su color gris y azul claro le dan un toque elegante. Hay varios carros al frente, su jardín de película y es inmenso el terreno. Me señala una pequeña loma, me deleito con tanta belleza y al final veo el bohío de madera. Está oscuro, se ven las estrellas tintineando y la luna redonda de testigo. Es maravilloso vivir aquí, estoy impresionada. 

—Llegamos, es mi lugar favorito. 

Sin esperar me bajo del carro, subo la cabeza y respiro libre. Escucho la puerta cerrarse del auto. No lo esperé, entré al bohío y se encendió un foco. Al voltearme veo a Ken recostado en mi carro con sus brazos cruzados, se ve acorde al paisaje y hace ver lindo a mi carcacha “Mirage”. Nunca creí posible que alguien fuera tan hermoso y lo tengo a pasos de mí. 

—Sin palabras estoy.

Se acerca callado, mis nervios aumentan y me volteo. Me acerqué al barandal para ver el paisaje, el aire dándome en mi rostro y siento su brazo rozando con el mío.

—No hacen falta palabras cuando tu rostro habla por sí solo. Me encanta que disfrutes esta maravilla al igual que yo. Nada de los lujos que tengo se compara con este paisaje.

—Es increíble, lo ocupado que vivimos y nos perdemos los detalles simples. Olvidamos respirar.

—La noche es nuestra hoy.

—Debo admitir que me asustaste hoy. No puedes andar dando esos sustos. ¿Estás bien?

—¿Te preocupaste por mí?

—¡Claro, que sí! —lo admití.

—No fue más que un resbalón por así decirlo. Estábamos probando la motora, perdí el control y me barrí en el cemento. Solo fueron rasguños insignificantes. 

—Muéstrame lo pequeño que fue. 

Se mueve más hacia el foco, me muestra su brazo todo raspado, señala su pierna, ambos lado derecho y se voltea alzando la camisa. Se me escapa un gemido, me tapo la boca y él se giró. Es mucho para decir insignificante, están pelados y en carne viva. Qué ardor debe sentir y molestia.

—No te hagas, te debe arder. Es un tajo pequeño y duele como loco.

Se acerca a mi lado, me siento cómoda con él y me agrada su cercanía.

—Son consecuencias de la adrenalina, así que las acepto con orgullo y arden, pero pasará. Así es mi vida, son cantazos de experiencias y unos duelen más que otros.

—¡Me alegro de que estés bien!

—¡Gracias! Me alegro de estar aquí contigo. Vamos a sentarnos fuera del bohío.

Nos sentamos, se ve mejor la vista y la brisa mueve nuestros cabellos.

—Vamos, valiente, ¿por qué no te acuestas? ¿Estás tiquismiquis? —dije bromeando.

—No seas cruel, otro día me acuesto a contarte las estrellas. 

Nos reímos, me sostiene la mano y me sonrojo. Porque mi cuerpo es tan delator, pero así soy, ni modo.

—Después de un día tan emocional, esto es lo mejor para terminarlo —comenté en paz.

—¿Cómo te fue con tu tía? 

Me sorprendo, él ve mi confusión y aclara.

—Nos contó hoy Fabian. Fue muy duro para él, pero lo apoyaremos. Hasta llamé al médico de cabecera de mi familia, pero se comunicó con el médico de tu tía. Está muy regado el cáncer, va más allá del dinero y duele tanto ver a mi mejor amigo sufriendo. 

Mi primo habló, estoy muy orgullosa de él. Lo mejor es que sus amigos lo apoyan. Saber que Ken intentó ayudar con su dinero, es valioso.

—¡Gracias por todo! —Sollocé como si no hubiera derramado lágrimas en el día de hoy.

Me abraza, me dejé consolar y me recuesto de su pecho. El que un día toque sin nada de por medio, el que anhelaba volver a tocar y ahora estoy llorando a moco tendido.

—Llora, saca tu dolor y te sostendré.

—Verla, tan demacrada fue… un impacto. Siempre estaba retrasando… la visita y al encontrarla en ese estado, me partió el alma… —me ahogué en llanto y tomé aire—. No dejaré que el miedo me impida visitarla. Ella es mi madre y saber… que se está apagando duele. La vida es injusta. Fui una inmadura.

Me limpié molesta mis lágrimas, Kendrick subió mi mentón y quedamos mirándonos. 

—No te eches la culpa.

—Es que aún no sabes por qué lo digo.

—Pues cuéntame y yo decido. 

—Tengo hipotiroidismo, todos tenemos la glándula tiroidea, pero la mía no produce bien por explicar sencillo. Desde los trece años me la descubrieron, mi madre se obsesionó y me volví rebelde. Le hice la vida imposible en los análisis, las pastillas tengo que tomar una diaria, no me la bebía, en fin, jugué con mi salud. Cuando te sientes bien… —sorbí por la nariz— aunque digan que estás mal te crees la mujer intocable. Quería llevar la contraria a todos. No quería aceptar mi enfermedad, quería ser normal, sin pastillas y sin mi madre encima. Todo por querer molestar. Ahora veo que hay gente que anhela más tiempo para vivir. Me hace ver lo insensata que fui. 

Bajé la mirada, pero me hizo enfrentar sus ojos hipnotizadores. 

—Todos nos equivocamos en la vida, tú aceptaste tu error y es lo que vale. Debe ser difícil tener a tu leona madre encima todo el tiempo.

Me empiezo a reír al escuchar su apodo de sus labios.

—Siempre me sacas una sonrisa con el apodo. —Sus dedos limpiando mi rostro y ese gesto me cautiva.

—Es una leona. En fin, lo importante aquí, ya no jugarás con tu salud. Además, tengo una idea para que la molestes sin afectar tu salud. 

—¿Se puede saber cuál es esa súper idea?

—La súper idea es que te dejes ver conmigo en público —con su dedo índice me toca la nariz. 

—Debo admitir que es una buena idea, pero sería perjudicial. 

—Si es perjudicial para mí lo acepto, pero si es para ti, me niego a que sufra mi Sirena.

—¡¿Sirena?! —interrogué curiosa.

—¿Lo dije en voz alta? —Se me acerca más al rostro y respiramos el mismo aire.

Sus ojos miran mi boca y los míos observan sus perlas marrones con toques de verde.

—Escuché sirena —dije y me muerdo el labio por nerviosismo.

—Pues debiste escuchar esto también. 

Antes de que pudiera preguntar, me besó y me rendí a su boca. Loca por sentir sus labios y su posesión. Mis petardos explotando dentro de mi estómago. Estoy viviendo el momento, nuestras lenguas acoplándose y al despegarnos me relamí los labios.

—¿Qué dijiste? —pregunté en un hilo de voz.

—Sirena. 

—Después. —Mi corazón al ritmo del tambor.

—Muero por probar tus labios —su voz se puso ronca y tragó duro.

—Definitivamente, no escucho bien —dije decidida a vivir.

Lo abrazo por el cuello, me lanzo por sus labios y nos besamos. Estoy probando, degustando y perdiéndome en él. Si esto que siento por Kendrick (lo que está creciendo dentro de mí) se llegara a acabar, lo acepto. Me hago responsable del dolor porque nunca olvidaré estos petardos dentro de mí. Vale la pena arriesgarse. 

—¡Sirena!

—¿Qué nos depara Kendrick?

—Lo averiguaremos juntos de la mano, paso a paso buscaremos juntos la libertad. 

Quería contestarle que seremos novios y te ayudaré en el camino. No obstante, sé que tan solo al oír la palabra novios se asustaría y alejaría de mí. Así que poco a poco le enseñaré a ser libre y que mi amor por ella es real. Esto que siento por Tiara es valioso, le enseñaré cómo protejo lo que es mío y ella es mía.

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