Kendrick
Estoy acostado de lado debido a las heridas en el sofá cama del estudio. Viendo la foto de nuestro primer beso, en donde comenzó todo. Los chicos están dormidos entre el sofá cama y el futón. Obligué a Fabi que se fuera con Tiara. La idea era que todos dormiríamos en el estudio, disfrutando la noche. Sin embargo, no quería que Tiara enfrentará sola a la Leona. Al estar Fabi con ella, será mejor su tortura. Además, era tarde para irse sola. Aceptó sin pelear, ellos son muy unidos y eso me alegra. Estoy releyendo el mensaje de texto que envió Tiara.
Llegamos ahora mismo. ¡Gracias por la bonita noche! Te dejo que vamos a enfrentar a la Leona y no será nada fácil.
Le respondí enseguida:
De nada. Descansa, te aconsejo que pongas de escudo a Fabi. Él puede manejar mejor a la Leona y sobrevivir al ataque. Esta noche fue especial para mí, nunca lo olvides.
Esperé, pero no recibí mensaje de vuelta. Asumí que están bregando con la Leona y nada fácil es la felina. Suelto mi celular, me quité la camisa y la lancé al suelo. Me lastimé el brazo. «¡Ay, qué maldito dolor!», maldije en mi mente. Cuando uno tiene un golpe se encaja en todos lados. Recorrí con la mirada el estudio. Oscar está al lado mío babeando con el control remoto encima, de todos es el más agresivo. Tiene problemas de ira y su aspecto va acorde. Tiene muchos tatuajes por todo el cuerpo, su pelo es rapado a los lados y cabello castaño en el medio. Su cuerpo es tosco, ama ir al gimnasio y enamora a las chicas con esos ojos verdes. Trabaja en “GameStop”, su madre convive con un mantenido y él pelea mucho con el tipo. A cada rato duerme en mi casa, incluso, hay una habitación con sus pertenencias. Es mi hermano, nunca lo dejaré en la calle, mi casa es su hogar y él lo sabe. En eso escucho a Pito hablar incoherente, siempre habla dormido y al otro día le montamos el vellón. Es el bebé de la pandilla, se llama Jorge, pero al haber dos y siempre se pasa silbando su apodo es Pito. Es el bonitillo, cambia de look constantemente, ya sea trenzas, pelo largo o rapado y está en un curso de barbería. Ahora mismo su look es pelo largo en cola de caballo, es rubio natural, ojos azules y bien blanco. Al ser tan bonito pensarán que es un puto. Pues se equivocan, es tímido, pero con nosotros es un charlatán. A Pito comunicarse con extraños le cuesta y por eso lo protegemos mucho. Al lado de él duerme Zuriel, nuestro nerd, es muy inteligente y en la tecnología el mejor. Es un indio con su pelo largo y sus ojos achinados oscuros. Es alto, demasiado, más que yo. Literalmente soy alto, pero Zuriel es otra cosa. Su trabajo es arreglar computadoras y es bueno en ello. En el futón está el segundo Jorge, pero no tiene apodo y es lo contrario de Pito. Es gritón, arrogante, su pelo rizado negro y es nuestro gordo. Ama comer, odia el ejercicio y su panza es nuestra mascota JJ. Ronca tan alto que parece un oso, pero ya están todos alcoholizados y no sienten nada. Es chef natural, pero está estudiando oficialmente “Artes Culinarias”. Trabaja en el restaurante del tío y su comida es un manjar. Al lado de Jorge, con la sábana hasta la cabeza está el alma del grupo Timoteo, y es nuestro emo rockero. Es más, ni él mismo sabe quién es. Es bromista, siempre viste de negro y es tan flaco. No se engañen, come demasiado, entre Jorge y él mantienen una competencia. Su pelo es lacio y tiene ojos oscuros. Además, de piercing por todos lados. Es un holgazán, pero ama la guitarra y siempre le aconsejo que vaya por ese camino. Aunque empezó a trabajar con el padre de Fabi en el Car Wash, vamos a ver si dura. Cada uno es diferente, pero somos hermanos y los acepto. Por última vez observo la foto, los párpados los siento pesados y los ronquidos de Jorge lejanos.
—¡Despierten vagos, vamos! ¡Muevan su culo peludo y apestoso!
Escucho gritos y me tapo los oídos. No puede ser cierto, quién coño se atreve a despertarme de esa forma. Mis amigos peleando, mandando para el infierno al que grita. En eso siento que me mojan la cara, me levanto encolerizado y al abrir mis ojos veo al idiota de Fabian.
—¡Imbécil, te mato! —bramé por el techo.
Fabi se va corriendo y se oculta detrás de un desorientado Zuriel. Empiezo a zigzaguear, pero empuja a Zuriel encima de mí.
—¡Ouch, idiota, mi brazo! —Me alejo de Zuriel con la herida latiendo y maldigo a todos los pelos de Fabi.
Todos están adormilados, pero empiezan a reírse y Fabi también los acompaña. No aguanto, es contagioso estar con imbéciles y no poder contener la risa. Admítanlo, es imposible no reírse y me lanzo al suelo. Me limpio la cara, al menos el agua me levantó de cantazo. En eso se acerca Fabi, medio en perse y se sienta en el sofá cama.
—¿Qué hora es Fabi? Me imagino que son al menos las 12:00 pm, almuerzo rico, nos trajiste —dice sarcásticamente Jorge y lo fulmina con la mirada.
Todos miramos a Fabi, él siempre calmado y se recuesta en el mueble. Mira el marco del beso, alza una ceja en mi dirección y mira su reloj. Todos callados, esperando por él. No sé de dónde este imbécil saca tanta calma.
—Son las maravillosas 8:10 de la mañana hermosa y se la estaban perdiendo —habló con parsimonia mientras coloca las manos detrás de la cabeza y se acomoda.
Todos nos miramos, sin hablar nos lanzamos encima de Fabi y lo golpeamos. Él nos patea, pero somos más y me lastimé el brazo de nuevo. ¡Maldición! Me doy por vencido y todos se asustan. Muevo el brazo arriba hacia abajo, mis ojos se han puesto húmedos y Oscar se acerca a ver la herida.
—Ven, tienes sangre, voy a limpiarte —comenta Oscar y lo sigo hasta el escritorio.
En eso se acerca preocupado Fabi y mira el brazo.
—Hermano, ¿estás bien? —susurró Fabi y se rascó el cabello—. Perdón, si te golpeé.
—Todos nos lanzamos, así que fuimos todos culpables —añadió Pito.
—Pito tiene toda la razón —afirmó Timoteo y se lanza en el futón.
—No es nada, es sangre, se limpia y nadie es culpable —dije mientras Oscar echa agua oxigenada en una gasa y empieza a limpiar—. Lo importante aquí, es saber el motivo de Fabian a madrugar —cambié el tema y esperé la respuesta.
Me arde, pero aguanto y me soplo la herida.
—Como es solo sangre, vamos al motivo de la visita a mis hermanos —dijo Fabi en su piel de nuevo.
Jorge le lanza una almohada y Fabian la atrapa.
—Hermano con instintos suicidas —murmuró Jorge serio—. ¿Qué opinas amigo puño? —le habla a su mano gigante y Fabian lo ignora.
—¿Si creían que sería el único imbécil en madrugar mientras ustedes dormían como lirón? —refuta Fabi—. Están equivocados —movió el dedo índice negando y se sienta en el escritorio.
Todos nos miramos dudosos.
—¿Quién te despertó? —le peleó Pito frunciendo el ceño—. Estoy confundido. ¿Qué culpa tenemos nosotros? —Se hizo una coleta en el cabello.
—Pues ahí viene lo divertido, escuchen con atención. —Fabi pone la mano en el oído y nos señala.
Tanta vuelta al asunto y no comienza a hablar. Nos tiene desesperados, aunque es normal en él, le gusta crear tensión y agarrar la noticia hasta lo último.
—Me despertaron con agua en la cara, abrí los ojos con ganas de golpear al tarado y lo que veo es a mi tía loca.
Todos nos empezamos a reír asquerosamente, Jorge se lanzó al suelo, Timoteo golpeaba el futón y Oscar aplaudía. Enojados jamás, con esta semejante noticia podemos despertar hasta las 5:00 am. Fabian finge seriedad, pero sonríe a medias y prosigue.
—Estaba con ganas de golpear, pero era una dama. Me enseñaron que a las mujeres no se les pega ni con el pétalo de una rosa. Aunque tengo serias dudas con mi tía, ese carácter y ese porte me hace pensar si tiene una palanca allá abajo.
¡Dios! No podemos detener la pavera, estamos muertos de la risa y hasta lágrimas estoy botando. Me estoy imaginando todo, incluso, la cara de Fabian y es imposible no reír.
—Estoy de acuerdo con eso, a veces parece macho de las cavernas —logré decir entre risas y me limpié las lágrimas.
En eso Jorge se levanta del suelo, se acerca hacia nosotros, Oscar terminó de limpiar la herida y está recostado en la silla riendo.
—Esperen lo mejor —nos detiene con las manos a los lados en alto—. Me limpio la cara mojada con la sábana y me volteó para ignorarla con la almohada en mi cabeza. En eso siento otro chorro de agua, me cagué en todas las amargadas y tías brujas.
Empezamos a hacer bulla y reír a todo dar. Fabi se baja del escritorio y empieza a mover las manos.
—Desgraciado, te vas a dormir a otro lado —Fabi imita la voz de la Leona—. Vago, eres una lacra. Anoche te acepté porque era tarde, pero no pienso tener a flojos en mi casa.
En eso Timoteo se levanta sin poder, agarró su paquete y se marchó corriendo al baño. Me imagino a la Leona con sus ojos fuego, en bata y con muecas semejantes a las que Fabi está haciendo en este instante.
—¡Timoteo, apunta bien el chorro! —grita Zuriel mientras golpea el futón.
—Todo esto me ha pasado gracias a mi hermano Ken. Tuve un despertar bendecido y el día me dijo: Fabian busca a tus amigos y despiértalos con este amor matutino. No sabes el esfuerzo que fue soportar a mi tía en la madrugada y al despertar también, es agonizante.
Jorge le echa el brazo por el hombro y se pone serio de momento. Todos en la espera de una de las suyas.
—Te has salvado de mi amigo puño porque no has hecho el día. Solo faltó verte mojado. Es que te imagino tratando de calmarte, ella como cacatúa y tus venas casi a reventar.
Fabian empuja a Jorge por disfrutar de su desgracia. Sin embargo, es la verdad, cuando Fabian se molesta, sus venas se brotan y trata de calmarse, pero se ve su tensión en desacuerdo. Él siempre es sereno, pero de las pocas veces que se endiabla, huye de su rabia. En eso aparece Timoteo, nos estamos tranquilizando y me duele el estómago de tanta risa.
—Estamos a mano, hermano, me desperté con agua. No obstante, mi despertar es mil veces mejor que el tuyo. La Leona es un grano en el culo y más a esa hora matutina —comenté y me puse de pie.
Fui por la foto y la llevé a su sitio con la atenta mirada de la pandilla. Agarro mi camisa y mi celular sin batería. Los miro serio a todos y les saco el dedo malo.
—Qué agresivo eres, tranquilo —dijo Zuriel y mira su celular.
—¿Cómo está? ¿Valió la pena el agua mañanera? —le pregunté y espero su respuesta.
Me paso la mano por el cabello y Fabi me observa fijo.
—Ella siempre vale la pena todo, siempre, hermano —Fabi se asegura que entienda—. Tiara extrañamente está con una sonrisa de oreja a oreja. Hasta cuando mi tía la insultó con todas las ofensas posibles. Ella sonrió y lo más cómico fue su respuesta.
—¿Cuál fue? No rodeos, dime —lo insté.
—¡Descansa madre, es muy tarde!
Me sonrío, esa es mi chica y mi Sirena. Me fui hacia la puerta y antes de irme me giro.
—Ella es perfecta y siempre valdrá la pena para mí también. Vamos para la playa, prepárense y comemos fuera.
Me marcho, iré a darme una ducha y llamaré a mi Sirena. Si les quedaba alguna duda sobre mis sentimientos a los chicos y en especial a Fabi, lo aclaré. Al llegar a mi cuarto voy hacia la mesita de noche y conecto mi celular. Lo enciendo, vuelve a la vida y entran las notificaciones. Me voy hacia el baño, necesito espabilarme por completo y tener cuidado con mis heridas. Mi sirena estuvo feliz, bloqueó toda la mierda y aun así pensó en mí. Me lavo la cabeza, el chorro me masajea y terminé de asearme. Me salí de la ducha y me seco con cuidado. Al salir con la toalla, busco en el armario mi traje de baño azul cielo, saqué calzoncillos y una camisa sin mangas. Dejé caer la toalla, me visto a las millas y rápido fui hacia el celular. Tengo un mensaje de Tiara, enseguida lo abro.
¡Buenos días! Es temprano, las 7:25 de la mañana, pero la Leona rugió y despertó a todos. Fabian pagó todos los platos rotos, pero nada quitó mi sonrisa.
Mi sonrisa es enorme, mi Sirena me dio los buenos días y sonrió por mí. Me gusta sentirme idiota por ella. Solo me entiendo yo. Decido llamarla, deseo escuchar su voz. No responde, suena y suena. Tal vez no pueda por la Leona y cuando iba a colgar escucho su suave voz.
—¡Hola, Ken! Estoy encerrada en el baño para poder hablar.
—¿La Leona está en la casa?
—Sí, por desgracia. Es insoportable, repite todo y aún discute porque llegué tarde.
La escucho, bajar la voz y suspirar.
—Necesito que vayas con nosotros a la playa. Necesitas aire, salir de esa tortura de la Leona.
—Salir de aquí es una misión peligrosa.
No saldrá, es una cárcel su casa y ella es la prisionera. Maldita costumbre, quiero romper esa cadena en ella. Quiero que arriesgue, no se rinda y no piense tanto.
—Te espero en media hora, inventa lo que sea. Es un reto Sirena, la adrenalina es mi segundo nombre. Sé que debajo de tu piel escondes la tuya. Vamos, empieza a vivir mi chica. No te niegues a la vida.
—Me retas, es increíble, eres un imbécil. Mi madre es… —se escucha molesta y titubeante.
—Olvídalo Tiara, no dije nada —la corté y retiré mis palabras.
—Tampoco así, ¡ahh! —se alteró—. No me trates de niña miedosa.
Escuché a su madre loca gritar.
—¡Ya voy, ni ensuciar se puede en esta casa! —gritó por fuera de la línea.
Me empiezo a reír, ella vuelve en el momento de mi pavera.
—Eso fue excitante, saber que conmigo cagas amor.
—Ya basta, tengo que salir del baño, sospechara —cuelga sin despedirse y sin más.
Tengo deseos de llamarla, pero no será ahora. Agarro el celular, está en 25%, pero lo cargo en el jeep. Me coloco la camisa, el perfume, me peino y agarré la cartera junto con las llaves. Salgo del cuarto, en el pasillo me encontré con mi hermosa madre y la abrazo. Ella tiene el pelo castaño largo y siempre brilla. Mis ojos los saqué a ella y siempre está arreglada.
—Vas para la playa, fui al estudio y me contaron. Antes de que te vayas, tu abuela está en el cuarto.
—Vamos, nunca me iría sin su beso.
Nos encaminamos hacia el cuarto de mamá, al abrir la puerta mi abuela se levanta de la cama y me alcanza. Sus brazos me rodearon, les cuento que sus apretones son únicos y ricos. Ella es mi adorada nana. Me regañó, me consintió y la amo con locura. Mi madre es una versión más joven, son idénticas y hermosas.
—Mi pequeño sol, deja ver esas heridas —dijo preocupada la nana.
Nos sentamos, ella empieza a examinar y le muestro la espalda. La abuela busca en su bolso, saca un pote y empieza a rociar. Se siente frío, pero a la vez refrescante. Mi mamá nos observa con sus ojos brillando de emoción.
—¡Gracias, nana! —agradecí por tenerla—. Se siente bien. ¡Te amo! —beso su frente y ella sonríe.
Me levanto, voy hacia mi madre y la beso de piquito. Siempre nos besamos así, es el amor de mi vida por siempre.
—¡Cuídate, te amo, bebé! —mi madre comenta y acaricia mi mejilla.
—Si madre, disfruten y vayan a la piscina. Por hoy no molestaremos.
—La casa sin ti y tu pandilla es triste bebé —afirmó mi madre.
—¡Te amo, pequeño! Nosotras nos acostumbramos al ruido —dijo mi abuela y me marché contento.
Voy bajando al primer nivel, ahí está el estudio, alejado de los cuartos para no incomodar. Al entrar están jugando mi juego, veo a todos, excepto a Fabian.
—Nos vamos, ¿dónde está Fabi?
—Está afuera, lo llamaron y salió. Nos espera en el carro, fue lo único que mencionó —comenta Zuriel y me alcanza con su mochila.
Empiezan a apagar los equipos electrónicos, recogen sus cosas, saco mi celular en lo que espero a los chicos y no hay llamada de Tiara.
—¡Listo, vamos por el agua! —dijo Oscar y colocó su brazo encima de mi hombro.
Salimos al pasillo, recuerdo que se me olvidaron las tablas para llevar y las cosas necesarias.
—¡Hey, chicos! —dije sobresaltado—. Faltan las tablas de surfear y las cosas…
Me interrumpe Pito y comenta:
—Está todo guardado, entre Jorge y yo empacamos todo lo necesario.
—¿Las siete tablas? —insistí.
—Sí, ahí están —dice Jorge y seguimos caminando.
—¿Toallas? —vuelvo a ser intenso—. Porque en el apartamento no dejamos absolutamente nada la última vez. ¿Lo guardaron en la guagua o el jeep?
Mis padres alquilaron un apartamento en Dorado, la mejor playa para surfear Kikita’ s está detrás y es hermosa. Tenemos una guagua que cabemos todos, porque en el jeep vamos apretados. Pero desde que Jorge sacó una camioneta Ford, a veces nos vamos en dos carros.
—Está todo necio, confía. Está guardado en tu jeep y la camioneta de Jorge —murmuró Pito y me hizo muecas.
—La última vez, confíe y dejaron las tablas —les saqué en cara—. Perfecto, nos dividimos afuera.
Se empiezan a reír, me detengo y saco el celular, pero nada de Tiara. Oscar me mira extraño y me empuja.
—¿Qué pasa Ken? Nunca has sido adicto al celular y has mirado intensamente ese aparato —interroga Oscar y todos hacen bulla.
Observé de mala manera a Oscar, entiende mi mirada y se queda en silencio.
—Corrección, ya es adicto al aparato nuestro Ken. Está flechado por el amor y lo cautivó una nena linda. Sin embargo, es difícil ese amor. Tenía que ser así, a la pandilla le gustan los retos y Ken no haría la excepción. La hija de la periodista obsesiva, esto es de horror —comentó sarcástico Timoteo y empiezan a reírse.
Me detengo en seco, Timoteo se golpea en mi espalda y me volteo. Lo agarro de su camisa, lo acerco a mi cara y él sonríe descarado. A este maldito debo advertirle que la deje en paz.
—Ya córtala, ella no es un juego de la pandilla. Es importante para mí, es parte de nosotros y se respeta como tal. Tiara es mi chica, la Leona me importa una mierda. Sucedió de la nada. ¿Cuándo me he amilanado? —le aclaré y lo suelto.
Timoteo alza las manos en rendición y me besa la frente. Luego se va corriendo hacia el patio, me voy detrás para patear su trasero y en eso paré con él. Iba a mandarlo a China, tanto chocar con Timoteo y besos, no me agrada. Al mirar el motivo que lo hizo detenerse en seco, me sonrío de oreja a oreja. Mi pecho se llena más por ella. Ahí está mi Sirena con Fabian, hablando recostados en su aparato llamado carro y todos están pasmados. En eso Oscar se me pega, me golpea el hombro y observo a mi chica sin hacerle caso a mi amigo. Está aquí a pesar de su enojo conmigo. Aún estando con la Leona se escapó, aunque estaba enojada se arriesgó. Aceptó el reto de tomar su vida y ser libre sin importar las consecuencias. La veo toda pequeña, con su pelo suelto cayendo por sus hombros y su cabello rozando su espalda. Tiene puestas unas gafas grandes, ocultando sus hermosos ojos grandes que me atraen. Continúo mi recorrido por mi Sirena, veo su camisa azul oscuro, tiene un aliens y dice: “No creo en los humanos” pero el idioma es inglés. Muy original la camisa, como mi chica. Tiene unos cortos que me aceleran el corazón y muestran sus piernas peposas. Lleva unas sandalias sencillas, siento su mirada en mí y voy subiendo mi mirada lentamente, deleitándome. Sabiendo que me encontraré con esas mejillas rosadas, al pasar su camisa y al mirar su rostro, ahí está mi tomate viviente. Ella esconde sus manos en el bolsillo de atrás del short. Siento que todos me observan, en especial Fabian, pero nada me importa, más que mi Sirena.
—La pandilla completa ha llegado, como saben, es mi prima hermana, Tiara. Oficialmente, la presento —se voltea hacia ella y le sonríe.
Sé que le está dando apoyo, ellos se conocen muy bien y ella es tímida. Estar aquí para ella es un gran esfuerzo, siempre supe que debajo de esa piel se esconde mi aventurera. Se quita sus gafas, veo sus ojos grandes y mira de reojo hacia mí. Estás loca por mirar mi chica, lo intuyo y espero que Fabian hable su bazofia.
—Aquel panzón es Jorge y su panza JJ. Siempre usa el sarcasmo, no dejes que te envuelva, es así —señala hacia Jorge y su panza.
En eso Jorge va orgulloso hacia ellos y le da un beso en la mejilla a Tiara. Fabian lo aparta de cantazo, se coloca en medio y Tiara baja su mirada pasmada. Me pongo alerta, cierro mis puños fuertes y doy un paso adelante. Pero Oscar coloca su brazo en mi hombro y me detengo.
—Dale tiempo idiota, esto para ella es nuevo. Como ven es tímida —comenta serio Fabi y ella pone su delicada mano en la espalda de él.
—Mucho gusto Jorge, no es su culpa Fabi. Me acostumbraré a ellos, saldré del caparazón poco a poco —su voz nerviosa, pero firme y al fin me regala su mirada.
Sonrío sin poder evitarlo, ella se sonrojó y se muerde el labio inferior. Sus labios me llaman, es mi droga nueva y me pierdo en ellos.
—Lo lamento Tiara, no sabía que eras tímida, pero de todo corazón estás en familia. De eso puede dar fe Pito —dijo Jorge y señala a Pito.
Como siempre, Pito saluda con la cabeza y da su mirada cohibida hacia mi chica.
—Créeme, sé cómo te sientes. Te doy mi palabra de que aquí te sentirás cómoda, puedes ser tú y no juzgan —me sorprende Pito expresando sus sentimientos hacia una extraña.
Todos lo miramos, él se encoge de hombros y entendemos que necesita espacio para que no lo acorralen. Timoteo avanza hacia Tiara, ella le sonríe genuinamente y sin timidez. Nunca había sentido tantos celos en mi vida, supongo que jamás he tenido a nadie que me importara para celar.
—Hola de nuevo Tati, acá te divertirás mucho y te soltarás pronto —habló Timoteo en confianza.
Se saludan con un apretón de mano, la llama Tati, me corroe la duda y cómo se conocen. Nunca la pandilla había sabido de la prima de Fabi y menos compartido con ella. Pero al parecer Timoteo sí, me tendrán que poner al día y pronto. Me siento tan tenso, Oscar me palmea y sabe como estoy. Nos conocemos tanto, nuestros arrebatos, virtudes y defectos.
—Me alegro de volver a verte Timoteo —sonríe y se pone las gafas en la cabeza.
—Pues seguimos, aquel gigante es Zuriel, es el más inteligente de todos —continúa Fabian y lo señala.
Zuriel da un paso adelante, la saluda con la mano y ella lo imita.
—¡Mucho gusto, prima! —susurró el gigante.
—¡Gracias! —comentó Tiara.
—Por último prima, el que está pegado al culo de Ken. Es Oscar, así todo intimidante, con piercing y tatuajes es muy llorón. Por otro lado, su carácter es cañón, así que huye de él. Es experto en videojuegos, el mejor después de Ken, por supuesto.
Oscar serio como siempre, asesina con la mirada a Fabi y le saca el dedo malo. Se despega de mí, camina hacia Tiara y ella juega con su pelo.
—¡Bienvenida a la pandilla! Si soportas a Fabi, créeme que me amarás a mí y mi jodido carácter. Porque tu primo es un asno, lo aguantamos, porque en la familia no hay excepción.
Tiara lo mira con miedo, asiente y lo saluda con la mano. Oscar me sonríe con sarcasmo y se marcha al jeep. Me sorprende, se sienta atrás, siempre va de copiloto conmigo, no cede el asiento a nadie. Está dejando el asiento para mi chica, me acerco hacia ella y estamos frente a frente.
—Ya conoce a todos. No hace falta presentarme Fabian, ya nos saltamos la presentación y el destino fue la ayuda.
—No pensaba presentarte, si con esas miradas furtivas hablan por sí solas. Son voltaje alto, deben poner cartel de peligro —murmuró Fabi.
Ella lo empuja, sus mejillas rosadas y él le echa el brazo encima. Deseo que se marche y me dé espacio, pero sé que está jodiendo a propósito.
—¡Hola, Ken! Aquí estoy escapada y gracias a mi primo por cubrirme.
No quiero terceros aquí, pero si Fabi lo desea, pues lo ignoraré como mierda. Sin hablar, agradecer o pedir permiso la agarré por la cintura. El brazo Fabian lo aparta sorprendido, le tiro una guiñada y beso a una desorientada pequeña Sirena. Es posesivo, tomo lo que es mío y quiero que quede claro a todos. Nada dulce, la estoy besando como si no hubiera mañana y ella sigue el ritmo. Aún estaba aturdida al principio, pero sé que deseaba ese beso tanto como yo y jadeamos juntos. La aprieto más hacia mi entrepierna, quiero que sienta como me deja y aunque esté loco por hundirme en ella será a pasos de bebé. Aunque muera porque ella sea completa mía y de todas las formas. Escucho a los chicos gritando: ¡Viva el amor!, y ¡Aquí hay niños que sufren! La suelto, pero antes muerdo el labio que me provoca y ella me mira excitada. Suelto de a poco el labio, Tiara baja la mirada y tambalea, pero la ayudo a que se estabilice. Cuando sé que no se caerá, suelto su cintura y antes que se escabulla agarro su mano delicada y entrelazo nuestros dedos. Ella mira nuestra unión, la voltea y antes de que se aparte le mostraré su lugar, dónde siempre será bienvenida.
—Mi chica va conmigo, los demás se dividen como les apetezca.
—¡Me voy adelante, compraré comida y carne para cocinar! —bramó Jorge.
Asiento hacia Jorge y me enseñó el pulgar hacia arriba en aprobación. Llevé a Tiara hacia el jeep, abro la puerta del pasajero y la alcé depositándola en el asiento. Ella grita de momento, se tapa la boca abochornada y me acomodo, la entrepierna. ¡Demonios! Será una prueba muy difícil, estoy muy excitado. Ella abre sus ojos gigantes al ver mi estado.
—Mis cosas se quedaron en el baúl, déjame buscarlas —farfulló—. ¡Dios, disimula! Esto es vergonzoso, Ken —susurra mi Sirena y mira hacia Oscar para ver si escuchó.
Oscar está sonriendo, sin disimular y Tiara se pone más roja. Es posible ser más tomate, solo ella, mi chica.
—Tranquila, esto es normal para ellos. Todo esto es tuyo, nena, tarde o temprano, así que acostúmbrate. Me haces esto, solo contigo mi Sirena —señalé todo mi cuerpo y le tiré una guiñada.
Cierro la puerta, en eso viene Fabi con un bolso gigante de chica y lo guarda atrás en el baúl. Veo que Timoteo y Zuriel están en la camioneta de Jorge. En la mía está sentado Pito, Oscar e imagino que Fabian va con nosotros. Cuando veo que arranca como loco, Jorge, definitivamente, viene el primo. Cierra el baúl, me observa y ve mi entrepierna que gracias a todos los santos está bajando. Todos saben lo calentón que soy, pero nunca me había enamorado antes y por ella seré un monje. Me ducharé con agua helada hasta que ella me pida que la posea.
—Es mi prima, ve con calma y suave. No tengo nada en contra de que estén juntos. Lo sabes hermano, solo que está experimentando por primera vez y quiero paciencia. Tiene miedo, pero aun así se escapó diciendo que estaría con mi madre. Pero la bomba explotará, ella necesita ser fuerte. Recuerda esto, pase lo que pase, siempre seré su hermano y estaré para ella. Cuando sufra, aunque no quieras y la lastimes, siempre estaré de su lado.
—Por ella iré despacio, trataré y entenderé tu punto. Sin embargo, no necesito terceros, Tiara puede defenderse sola y sé que es fuerte.
Pasé de largo para irnos, pero me agarra el brazo fuerte y me volteé.
—Ella es fuerte, bastante sin saberlo. Te cuento, mi prima es la que decide. Si quiere mi presencia, juro que ahí estaré, aunque te incomode.
Nos montamos en el jeep, saco mis gafas de la gaveta y enciendo la música al volumen máximo. Estoy tan molesto ahora mismo, conmigo, con Fabian, y con ella. Me siento desorientado, necesito bajar las revoluciones y será con las olas. Jamás la dañaría a propósito, o sea que ella quería que Fabi la acompañe y siente miedo de mí. Después ahí voy la beso agresivamente, ella le gustó y apuesto que se mojó. Pero fui un completo idiota, no medí las consecuencias y la asusté. Cargo el celular en el jeep y respiro profundo. Están dando la canción de Maná, “Bendita tu luz” y empiezo a cantarla con toda mi alma.
Bendita la luz, bendita la luz de tu mirada bendita la luz, bendita la luz de tu mirada
desde el alma. Benditos ojos que me esquivaban, simulaban desdén que me ignoraba y de repente sostienes la mirada.
Bendito Dios por encontrarnos en el camino y de quitarme esta soledad de mi destino.
Bendita la luz,
bendita la luz de tu mirada
bendita la luz,
bendita la luz de tu mirada, oh
Ella me mira, sonríe y coloca su mano en mi rodilla. ¿Quién se enoja con ella? Tiara es mis altas y mis bajas. Agarro su mano, la entrelazamos y llevé su mano a mi boca. Con un tierno beso en sus manos, me disculpo y prometo ser su caballero. Vamos de camino, no hay tráfico y permanecemos callados. Nuestras manos unidas, nunca me soltó y menos yo. Media hora más tarde estamos frente al apartamento, se bajan todos del jeep y me sorprende que Fabian también se bajara. Pensé que estaría de espía, pero parece que el viaje lo calmó. Estamos solos, ella se suelta el cinturón y mira nuestras manos aún unidas.
—¡Hola, Tiara!
—¡Hola, Kendrick!
Nos sonreímos y besé de nuevo nuestra unión.
—Perdón, por todo. Te pido si te ofendo o te hago sentir incómoda de alguna manera, me lo digas al grano. No soportaría que sientas miedo de mí, si te lastimo alguna vez, quiero que sepas que será sin darme cuenta. En mi sano juicio nunca te dañaría, nunca.
Suelto su mano, me siento vacío sin ella y aunque sudemos como locos la sostendría por siempre.
—No tengo que perdonarte nada. Eres especial para mí, estoy asustada un poco y necesito a Fabi por ahora. Admito que contigo me siento segura, pero mi primo es mi sostén. Si te molesta nuestra unión, es mejor que nos distanciemos. No quiero que su amistad se dañe por mi culpa, ambos son importantes en mi vida —sus ojos no me sueltan y se está abriendo conmigo.
—Aceptaré todo lo que me pidas. No me molesta Fabi, pero sí que tengas que tenerlo cerca para estar conmigo. —Tengo que aclararlo.
—No te preocupes, es que estaba un poco molesta contigo… —hundió los hombros y bajó la voz— por retarme sabiendo lo difícil que es mi madre —sus mejillas se tiñen rosadas y agachó la mirada—. Le pedí a Fabi que cuando te acercarás a mí fuera de metido. Le exigí que evitara tu contacto, pero te conoce bien. —Tiara se empieza a reír, ese ruido tan de ella y acaricié un mechón del cabello, tenerlo entre mis dedos y sentir su suavidad me gusta.
Siempre he amado el pelo de mamá, ahora adoro el de Tiara y ella sigue ocultándose de mí. Alcé su mentón y nos encontramos.
—¿Qué dijo Fabi? —pregunté perdido en sus ojos marrones oscuros.
—Tati, no sabes de lo que es capaz Ken aún —se quedó un segundo pensando con sus ojos entrecerrados y prosiguió—. Cuando él quiere algo se lanza sin reflexionar en nada. Acuérdate, te besó en frente de tu madre —soltó el resto de prisa para no perderlo.
Recuerdo que así la llamó Timoteo, también Fabi y mi curiosidad aumentó.
—Definitivo, Fabian me conoce —intento no darle casco al apodo—. Nunca pienso las consecuencias y más cuando deseo con todas mis fuerzas. —Me llevé su pelo a mi nariz y huele exquisitamente dulzón—. Mmm… el cabello tiene olor a algodón de azúcar.
—Tienes buen olfato, ese es mi champú —abrió si es posible más sus ojazos—. Sabes quisiera ser más como tú.
—¿Con buen olfato? —alcé mis cejas bromeando y ella me empujó el hombro suave.
—No, payaso —frunció el ceño—. Me refiero a pensar menos, le doy vueltas a las cosas y al final me bloqueo.
—Debemos darnos un poco de cada uno, así tenemos un pedazo de ambos.
—Trato hecho Ken —me da su meñique y hacemos el pacto.
—Yo esperaba un trato con saliva o sangre mezclada —dije fingiendo tristeza.
—Confórmate con el dedo —afirmó y sonreímos.
Está más cómoda conmigo y se sonroja menos.
—Me mata una duda. —Lo necesito, me come el cerebro.
—Dime, para sacarla de la cabeza —apuntó mi sien.
—¿Dónde conocías a Timoteo? —pregunté incómodo—. Nunca Fabi te presentó, me es raro la confianza.
Me agarra la mano, la entrelazamos a la perfección y nos miramos a los ojos.
—Hace tiempo apareció Fabi con Timoteo a casa, estaba sola y vimos una película los tres. La segunda vez fue el día que te caíste, estaba desayunando en la panadería y llegó Timoteo. Es divertido —su rostro sonríe—. Aunque no he cruzado muchas palabras con él. ¿Duda resuelta o aún estás dudoso?
—¿Tu apodo es Tati? ¿Timoteo lo inventó? —tiré mi ronda de celos.
Se ríe a carcajadas echando la cabeza para atrás. Me siento ridículo con estas dudas y recelos sin sentido.
—Ese es mi apodo de siempre, el culpable fue Fabian —habló entre risa y me voy relajando—. Desde que empezó a hablar me nombró Tati y todos en su casa me llaman con ese apelativo.
Continúa sonriendo, me siento imbécil por pensar en lo que no era. Se asoma Timoteo con Zuriel golpeando la ventana del carro y empiezan a monear. Fabian abre la puerta del lado de Tiara y consigue asustarla. No le da tiempo y la trepa en su hombro. Tiara ha pegado unos gritos y la veo moviendo sus piernas. Cuando se voltea Fabi puedo ver su rostro y ella conecta sus ojos a los míos. Vuelve en sí y golpea la espalda de su primo. Empecé a reír por sus locuras y ella niega con la cabeza. En eso los chicos se cansan y se marchan detrás de Fabian con una Tiara aullando. En ese momento comprendí todo, ellos son uno y jamás Fabi se meterá entre nosotros. Ella está aprendiendo a vivir y él la apoya. Me alegro de que la proteja hasta de mí. Me decido a bajar del carro y agarro el celular. Es hora de empezar la adrenalina y sumergirme en las olas. En eso sale Pito, va hacia el baúl y lo acompañé. Agarré dos tablas de surfear y él la otra junto con el bolso de Tiara.
—Ella es perfecta para la pandilla y para ti. Se acoplará pronto. Los observé, el amor entre ustedes es real. No te preocupes por Fabi, los apoya. Solo tienes que recordar que de todos has sido el más que liga y continúas como si nada. ¿Quién asegura que no harás lo mismo a Tiara? Ellos son como hermanos y se preocupa por ella. Sé comprensible Ken, él sabe que hay historia de amor, pero la duda está sembrada —me palmeó el hombro.
Se marcha dejándome sorprendido, el bebé de la pandilla, el callado vio más allá que yo. Nunca se negó a nada Fabi, siempre me ha ayudado de una forma u otra para acercarme a su prima. Cuando tenga oportunidad me disculparé con él. «Vamos a relajarme», me animé. Caminé con las tablas, cierro el baúl y entré al apartamento. Escucho música de Daddy Yankee puesta, “Shaky Shaky”. Se acerca Oscar y me quita las tablas. Huele demasiado de rico, mis tripas suenan y el hambre viene fuerte. En la cocina vislumbré a Jorge poniendo carne y a Tiara ayudando. Están felices, me gusta verla tan relajada y Fabi está con ellos. El apartamento es pequeño de dos pisos, abajo tiene cocina, baño y sala. Segundo nivel, los cuartos. La terraza da acceso a la playa, los chicos están afuera y sin molestarla me dirigí hacia el exterior. Ella tiene que compartir con los demás, al igual que yo y voy hacia la aventura. Respiro el mar, el cielo maravilloso nos cobija y un sol quemador. Veo a Zuriel en el agua con su buggy entrando más profundo. Sin pensarlo me dirigí hacia la playa. En la arena me quito los tenis, las llaves, el celular y hundí mis pies en la arena. La vista es hermosa y más viendo la ola que se construye. Pito está entrando al agua junto a su buggy y Timoteo se acerca con la tabla en mano.
—¡Vamos Zuriel, móntala es tuya! —alcé la voz a todo pulmón.
—¡Imagina que es una computadora, ve aduéñate de ella! —se unió a mis bramidos Timoteo.
Oscar estaba en la terraza y viene corriendo. Nos quedamos viendo como Zuriel surfea. Se adueña de la ola, la maneja y cae. Todos estamos gritando eufóricos. No aguanto más, lanzo mi camisa al suelo, veo las tablas en la arena y agarré a mi nena. Oscar se quita los tenis y la camisa. Me voy corriendo, me detengo en la orilla y me coloco el amarradero en el pie. En eso veo a Pito en el tubo dentro de la ola y logra salir bien.
—¡Wepa Pito, estuvo brutal esa! —lo animé.
Pito nada para agarrar su buggy, se trepa y nada hacia el pico. No somos profesionales, pero disfrutamos entre nosotros. Amo estos momentos juntos y espero que sean más. Una vez dentro del agua me sumergí mojando mi cabello y al salir a la superficie me eché para atrás los mechones que cayeron en mi rostro. Nadé hacia los chicos, Oscar viene detrás. Estamos los cinco en el pico, es dónde rompen las olas. El día está perfecto para surfear. En eso Timoteo hace el pato, pasa por debajo de una ola y luego monta una. Se balancea, pero pierde el control y cae, pero logra salir a la superficie. Me lancé, es mi turno y me levanto en el alma de la tabla. Monto la ola, la adrenalina recorriendo todo mi cuerpo y logré salir. En la terraza me percaté que estaban Jorge gritando y Tiara sonriendo. Fabi viene corriendo con su tabla y me caí. Me limpio la cara, agarré el buggy y me siento en el. Vuelvo a buscar a mi chica y está con su melena bailando con el viento. Oscar se lanza en una ola, todos estamos haciendo bulla y Tiara se va con Jorge dentro de la casa. Llega Fabi al agua y se une a la diversión. Luego de Oscar se lanza Fabi y estamos gozando. No sé, ¿cuánto tiempo pasó? En las olas nos perdemos y se nos van las horas. Al mirar a la terraza vemos a Jorge haciendo señas.
—¡Pandilla, vamos a comer! —con sus manos alrededor de su boca nos avisó Jorge.
En estos momentos está Fabi con una chulada de ola, el primero en nadar a la orilla es Timoteo.
—¡Comida al fin! —dijo eufórico Timoteo en la arena y Oscar lo sigue.
Me lanzo por otra ola que rompe, paso por el tubo y la emoción a mil. Me caí antes de salir, la ola me arropó y tragué mucha agua. Tengo el corazón acelerado, los pulmones duelen por respirar y con dificultad logré nadar a la superficie. Empecé a toser desesperado por el aire (me cago en la ola enorme) y agarré mi buggy. Me percaté que solo quedamos Fabi y yo. Me alcanza Fabi preocupado.
—¿Estás bien hermano? Tragaste agua como loco.
—Fue la ola jodedora —dije calmándome.
Nadamos juntos hacia la orilla y veo a los chicos en la terraza. En la arena nos soltamos el amarradero del pie.
—El hambre pica —dijo Fabian normal y asiento.
—Quería disculparme por ser tan imbécil contigo —nosotros discutimos, pero arreglamos las cosas—. Entiendo tu punto, borrón y cuenta nueva. —Le ofrezco mi mano, me deja colgado y me abraza.
—¡Vamos, cabeza de chorlito! —dio cantazos en mi espalda—. Nada pasó aquí, ¡vamos a comer!
Al mirarlo sé que estamos bien. Recojo mis pertenencias de la arena junto con la tabla. Nos acercamos a la terraza, los olores me reciben y estamos en el paraíso. Suelto mis cosas encima de la tabla junto a las demás. Tiara le da un plato con una hamburguesa gigante a Fabi. Me dirigí hacia la mesa dónde está toda la comida, agarré pan y empecé a poner la carne. Se acerca Tiara, me da en el hombro y me quitó la apenas hamburguesa. La miré sorprendido, tendrá mucha hambre.
—Tranquila es toda tuya —alcé las manos en rendición—. Por poco me arrancas la mano, si estás hambrienta, adelante —la insté con la mano y señalé los ingredientes para que nos sirvamos a nuestro gusto—, por ti aguanto hambruna.
—No seas baboso —me regañó tiernamente, esa cara no muestra enojo—. Ya comí dos hamburguesas en lo que estaban en el agua —acomodó la carne que había puesto yo—. Tenía la de Fabian porque conozco sus gustos —sus ojos curiosos ha puesto en mí—. Dime como te gusta y la sirvo.
No deja de sorprenderme mi chica, pero iba a quitarle la hamburguesa y ella la aparta.
—Puedo hacérmela solo, no te preocupes. —No quiero darle cargas, quiero que disfrute su libertad.
—La haré como me plazca… —levantó solo un hombro y se ve altiva— y te la tendrás que comer —dijo con carácter.
Le coloca lechuga, iba a agarrar cebolla picada y detuve su mano.
—De todo, menos cebolla —sonreí por su amabilidad—, el bacon extra. ¡Por favor!
Ella suelta la cebolla, empieza a poner mucho bacon. Será la mejor hamburguesa del mundo.
—Eres como yo —su sonrisa en el rostro me desconcentra—, amo el bacon. ¡Es delicioso! —comentó emocionada.
Me da la hamburguesa en un plato, está bien rellena y nuestras manos se rozan.
—¡Gracias! —tragué duro por las emociones que ella despierta en mí y el rubor en sus mejillas adornando sus facciones—. Se convertirá en mi hamburguesa favorita porque fue hecha por tus manos —al verla tímida sonreí de oreja a oreja orgulloso—. Vamos a sentarnos.
—Ve tú —logró encontrar su voz y se pasó un mechón de cabello detrás de la oreja. Las ganas de acariciarlo y olfatearlo son enormes—. Te alcanzo ahora —agarra un plato y empieza a echar bacon.
—¿Te he dicho lo hermosa, qué eres? —Sé que debo darle tiempo, sin embargo, me es imposible.
Tiara gira a verme con todo sonrojo, pero me sostiene la mirada y sonríe.
—Basta eso es trillado —resopló—, con eso no conseguirás que caiga rendida a tus pies. Está sobrevalorado, necesitas más —movió su dedo índice dándole vueltas y agarró confianza.
—Pues eres hermosa con todo y sonrojo —me puse serio y alcé una ceja—. Además, no necesito conseguir nada porque estamos rendidos por el otro —le tiré una guiñada y me marché dejándola boquiabierta.
Me siento al lado de Jorge, está comiendo unas costillas. Luego que me coma esta hamburguesa le meto diente a las costillas. En eso Fabian se levanta y va hacia la mesa.
—¡Están por encima, voy a repetir! —alzó la voz Fabi.
—Te preparo otra, espera —dijo Tiara y agarra un pan.
—De ninguna manera, come tu bacon —le quitó el pan—. Tati, déjame a mí. —Fabi le puso el plato con bacon en manos.
Tiara no peleó y caminó hacia mí. No había sillas vacías, me iba a levantar, pero Jorge me detiene.
—Siéntate —comentó Jorge e indicó la silla.
—No, termina de comer —dijo Tiara pasmada y Jorge se sienta en el suelo.
—Fuiste mi ayudante, es bueno que lleguen personas dispuestas a la banda. Estos infelices ponen la boca, pero no las manos —aprovechó Jorge para tirar su puyazo.
Él ha tirado su sarcasmo del día, seguimos comiendo e ignorando. Esta hamburguesa está por encima de los gandules. Riquísima, me la estoy saboreando.
—No exageres, no fue mucho —Tiara quiere restar su ayuda—. Solo di sazón a la carne.
—Pues estas costillas están muy ricas —Jorge, sigue insistiendo, en eso es el mejor.
—¡Gracias! —Tiara hunde sus hombros—. Aprendí con mi padre a cocinar un poco.
Fabian se acerca, se sienta en el suelo y agrega.
—No seas tan modesta —fijó sus ojos oscuros maniacos en ella—. Te queda bien la comida, pero no tienes que cocinar a menudo, pero eres buena.
Me levanto a buscar más comida, esta hamburguesa me dejó con hambre. Estoy callado escuchando, cuando estoy comiendo soy así. Agarré el bacon, costillas y el pan solo. Me trae una cerveza Oscar y doy un largo trago. Estaba con la comida atorada y baja bien con la cerveza. Los dejo hablando por allá y me siento con Oscar.
—¿Está todo bien con Fabin? —averigua Oscar y muerde una costilla.
—Todo aclarado, entendí su actitud —susurré a mi amigo.
—Qué bueno porque estaba el ambiente tenso en el jeep —Oscar es rudo, pero se preocupa por nosotros—. Esa chica sabe cómo calmarte, me agrada para cuñada y para la pandilla.
En eso aparece Timoteo con la caja de dominó y se sienta en una de las sillas de la mesa de jugar.
—¡Vamos a jugar! —bramó con la caja en mano Timoteo—. ¡En lo que bajamos la comida, una partida de dominó! —propuso.
Rápido Oscar se acomoda en una de las sillas y dio por terminada la charla. Le sigue Pito y se levanta del suelo Jorge. Están completos para jugar, en eso Zuriel agarra el palo de billar y me mira, pero niego con la cabeza. Aún estoy comiendo, también quiero tiempo con mi Sirena. Fabian se acerca, le quita el palo y él lo empuja. Me levanto con mi plato, voy hacia Tiara y me siento a su lado.
—Las costillas están demasiado ricas —tengo que hacerle ver lo maravillosa que es y no se da cuenta—. ¡Gracias por venir y por la comida!
—No es para tanto —empezó a replicar—. Jorge, cocina estupendo y me dejé llevar.
—Acepta el cumplido —alcé el plato y ella lo miró—. Solo di: ¡Gracias Ken, soy la mejor!
Se limpia los labios con una servilleta, su sonrisa puesta y encantadora.
—Jamás, no soy así —sonrió pasmada y al ver mi ceño fruncido me siguió el juego—. ¡Gracias Ken, por el cumplido!
Terminé de comer con esas palabras y se quedó callada a mi lado. Al darse cuenta me ofreció una servilleta y me limpié la boca. Le quité su plato, me levanté y los eché en una bolsa de plástico que tenemos para los desperdicios. Al volver hacia mi chica, le tiendo la mano y ella observa dudando. No lo pensó tanto, confió en mí y posó su mano delicada en la mía tosca. La ayudé a levantar y la llevé hacia la arena.
—Vamos a sentarnos en la arena, charlar y reposar —le conté mis planes.
—Me encanta la idea —su voz es alegre y me llena el corazón.
Nos sentamos, ella aún tiene la camisa puesta y me pregunto si trajo traje de baño. Ella se coloca su cabello de lado, ya que el viento lo tiene bailando y se queda mirando el mar azul.
—¿El traje de baño se te olvidó?
Se sonroja, juega con el borde de la camisa y me siento un metiche. «Déjala Kendrick, tal vez no desee andar con traje de baño», me sermoneé mentalmente. Sin embargo, recuerdo su traje de baño oro. Le definía sus curvas en ese pequeño cuerpo, pero apropiado para ella. Se quita la camisa, veo el famoso traje de baño que rememoré y vuelvo a ese día. Tiara cruza las piernas como indio, coloca la camisa encima de ellas y me da su tímida mirada.
—¿Ya contento? —dijo riñéndome con ternura.
—Estoy contento desde que te vi afuera de mi casa —silencié y miré el cielo por un momento—. También al sostener tu mano de camino en el jeep —busqué sus ojos, esperan por los míos. Se han puesto brillosos y hechizantes—. Definitivamente, tú me haces feliz y más.
—Me estás malacostumbrando —dijo con sus manos apretando la camisa.
—¿Por qué? —Soy un niño curioso con Tiara.
—Cuando te canses de ser cursi y te olvides de mí —su miedo lo refleja y tragó duro—. No es justo, me harán falta tus palabras —su voz es afligida y eso desespera a mi corazón.
Acaricié su mejilla, ella se recuesta en mi mano y cierra sus ojos. Me acerco más a ella, mi boca en su oído y susurré.
—Nunca me cansaré porque no finjo —su aroma dulzón haciendo estragos a mi poca cordura—. Soy yo, llámame cursi, ok, pero soy Kendrick contigo.
Me alejo, dejo caer mi mano y ella abre sus ojos.
—Me siento la chica más afortunada del mundo —susurró y quiero más.
—¿Por qué? —Necesito que se abra a mí y sea directa, sin miedos.
—Porque el chico “Playboy de la isla” me da la hora tan siquiera —admitió sin soltar mis ojos.
—Eres afortunada, pero no de la forma que crees. —Mis palabras la han confundido y me miró extraño.
Eso causó que sonriera y me pierdo en sus ojos oscuros, curiosos.
—Has conseguido que el chico “Playboy de la isla” se enamorara por primera vez —estoy entrando a la ola llamada Tiara, es una que no tengo el control y puedo ahogarme. Es inevitable no sucumbir a esa grandeza de la naturaleza y deseo montarla con amor hasta que seamos uno—. Tienes mi verdadero yo, mi esencia completa a tus pies.
Ella se arroja encima de mí y caigo en la arena. La espalda me molesta un poco, pero no me importa. Me ha sorprendido mi Sirena, ella sonríe y se atreve a besarme. El beso es sin miedo, sincero y profundo. Acaricié su suave piel mientras movíamos las lenguas, explorando los recovecos y alargando el momento. Mi corazón se ha desbocado como loco. Al despegarse su sonrisa es cándida y contagiosa.
—Ya te tengo debajo de mí, Ken. ¿Quién lo hubiera dicho? —Su desparpajo me fascina.
Me molesta la herida, así que doy la vuelta y ella grita. Ahora estamos invertidos, el tiempo se detiene para nosotros y grabé sus facciones.
—Ahora estamos a mano mi pequeña Sirena —sonreí por su expresión.
—Enséñame a surfear Ken —sus ojos en los míos y esas palabras al salir de sus labios despiertan mi adrenalina.
—Dalo por hecho —le tiré una guiñada y la sonrisa me controla—. Serás mi perdición —admito.
—Piérdete conmigo, aprendamos juntos a amar y confiar —pone su mano en mi pecho y estoy seguro de que escuchó mis latidos.
Boom, boom, a mil por hora se encuentra mi corazón. Soy todo un bobo enamorado. Necesitando su cercanía, corté la poca distancia, nuestras narices rozando y respirando el mismo aire.
—Acepto todo contigo, los mejores y malos momentos —rocé mis labios con los suyos suaves y al abrir su boca la poseí.





