

Capítulo 1 de MATRIMONIO CONTRATADO: EL NEGOCIO DE LA CEO
–Firma aquí si quieres conservar el apellido, Aurora, o despídete de la presidencia antes de que termine el mes –dice Albert Vance, mi padre, arrojando la carpeta de cuero negro sobre el escritorio de cristal de mi oficina. – No voy a dejar el imperio textil que construí en manos de una mujer soltera que no puede proyectar una imagen de estabilidad ante los inversionistas; necesitas un esposo, un apellido respetable que mitigue tu rebeldía, y lo necesitas antes de la junta del próximo lunes.
–Estás cometiendo un error gravísimo si crees que un contrato matrimonial va a frenar mi gestión o a cambiar mis decisiones dentro de esta compañía, papá –le respondo, sosteniéndole la mirada sin parpadear mientras recojo la estilográfica dorada que reposa junto a los documentos. – No necesito que ningún hombre valide mi capacidad para dirigir Vance Enterprises, pero si tu maldito orgullo y las malditas normas de sucesión de esta familia exigen un papel firmado para que me entregues lo que por derecho me pertenece, entonces tendrás tu boda de pasarela.
–No me hables con ese tono de suficiencia, hija, porque sabes perfectamente que tengo tres ofertas de fusión sobre la mesa que podrían disolver tu herencia en un abrir y cerrar de ojos si no cumples con la cláusula –advierte él, dándose la vuelta hacia el gran ventanal que domina la ciudad, con los hombros rígidos y la voz cargada de una frialdad implacable. – Busca un candidato que esté a tu altura, alguien que no manche el nombre de la familia, o yo mismo me encargaré de elegir a un hombre que sepa controlarte.
–Agradezco tu generosa preocupación, pero ya tengo al candidato perfecto para este circo mediático, así que puedes retirarte y preparar el discurso de traspaso –le espeto, firmando el recibido de la notificación con un trazo violento que casi rasga el papel, justo antes de que él abandone el despacho dando un portazo que hace vibrar las paredes de cristal.
El silencio que sigue a su partida dura apenas unos segundos, ya que el tono de mi teléfono celular rompe la tensión acumulada sobre mi escritorio. Deslizo la pantalla sin mirar el remitente, sabiendo de antemano quién es el único que se atreve a llamarme a esta hora de la tarde.
–Dime que estás lista para la gala benéfica de esta noche en el hotel Carlton, mi amor, porque toda la élite empresarial va a estar observándonos –suena la voz melodiosa y seductora de Jean Paul a través del altavoz, desbordando esa seguridad aristocrática que siempre lo caracteriza. – He reservado la mesa principal y los fotógrafos de la revista de moda más importante del país están esperando nuestra llegada para abrir la sección de alta sociedad.
–Voy en camino, Jean Paul, de hecho me viene de maravilla que nos veamos en un evento de tanta relevancia pública –le contesto, organizando los documentos dispersos en mi maletín mientras sostengo el teléfono entre la oreja y el hombro. – Necesito que hablemos seriamente sobre nuestro futuro y sobre una propuesta de negocios muy particular que involucra un altar, un anillo y un beneficio multimillonario para ambos.
–Me encantan tus propuestas de negocios, Aurora, especialmente cuando incluyen la posibilidad de consolidar nuestro estatus ante el mundo entero –responde él con una risa ligera, denotando que confunde mi urgencia con un simple juego de seducción. – Te espero en la entrada principal del hotel en media hora, no me hagas esperar demasiado porque los inversionistas extranjeros detestan la impuntualidad.
Corto la comunicación de inmediato, me pongo de pie con un movimiento ágil y ajusto el saco de mi traje sastre antes de caminar con paso firme hacia la salida de mi despacho privado. Al abrir la pesada puerta de madera noble, me encuentro de frente con la imponente y silenciosa figura de Ethan Blake, mi jefe de seguridad personal, quien permanece firme en el pasillo con los brazos cruzados y la mirada fija en el horizonte.
–¿Es que no piensas moverte de mi puerta ni un solo segundo, Ethan, o es que pretendes convertirte en una extensión de las paredes de este edificio? –le reclamo con fastidio, deteniendo mis pasos a escasos centímetros de su pecho robusto. – Te he dicho mil veces que detesto que me vigiles como si fuera una maldita prisionera en mi propia empresa, especialmente cuando tengo asuntos privados que resolver fuera de estas oficinas.
–Mi trabajo consiste en seguirla a dondequiera que vaya, señorita Vance, y sus quejas no van a modificar las órdenes de protección que tengo asignadas para su jornada –responde Ethan con voz monocorde y profunda, sin alterar un solo músculo de su rostro indescifrable. – ¿Va a necesitar que conduzca el vehículo blindado hasta el hotel Carlton o prefiere utilizar el coche de cortesía de la empresa?
–Voy a conducir yo misma, no necesito que seas mi chofer esta noche, solo requiero que te mantengas a una distancia prudencial para que no espantes a mis invitados –le espeto, caminando a toda prisa por el pasillo de mármol mientras escucho el eco regular de sus botas militares pisándome los talones. – De verdad me pregunto a veces por qué sigo pagando tu sueldo cuando lo único que haces es estorbar mis movimientos y ponerme de mal humor con tu bendito mutismo.
–Usted me contrató personalmente porque sabe que soy el único guardia en esta ciudad que no responde a los intereses ni a los sobornos de su padre, señorita –me recuerda él con una tranquilidad que me crispa los nervios, manteniendo la distancia exacta de dos pasos detrás de mí. – Albert Vance no tiene control sobre mis informes ni sobre mis horarios, lo cual le garantiza que sus reuniones de esta noche con Jean Paul seguirán siendo estrictamente confidenciales.
Esa simple respuesta me hace callar de inmediato, recordándome la verdadera razón por la cual tolero su irritante presencia todos los días. Ethan Blake es un exagente de fuerzas especiales que rescaté del anonimato, un hombre frío que firmó un contrato de exclusividad absoluta conmigo, asegurándome que su lealtad no se vende al mejor postor ni se dobla ante las amenazas de mi progenitor. Al llegar al ascensor privado, las puertas de metal se abren y ambos entramos en el cubículo; el trayecto hacia el estacionamiento subterráneo transcurre en un silencio sepulcral que solo se interrumpe por el siseo del mecanismo de descenso.
–Mantente en el perímetro del salón de gala, Ethan, porque no quiero que Jean Paul se sienta intimidado por tu presencia sombría durante la cena –le ordeno en cuanto las puertas se abren en el sótano, entregándole las llaves del vehículo deportivo para que desactive la alarma. – Esta noche es crucial para el futuro de Vance Enterprises y no puedo permitir que ningún detalle falle por culpa de un exceso de celo de tu parte.
–Entendido, señorita Vance, me ubicaré en los puntos de acceso del salón principal y supervisaré las salidas de emergencia mientras usted atiende sus compromisos –contesta él, abriendo la puerta del conductor con un gesto mecánico y cortés que contradice la dureza de sus ojos oscuros. – Solo le pido que no apague su localizador satelital en caso de que la situación con los inversionistas o con su acompañante se complique más de lo previsto.
–Sé cuidarme sola, Blake, aprende a confiar un poco más en mis capacidades –le digo, subiendo al coche y encendiendo el motor con un rugido potente que resuena en las paredes de concreto del estacionamiento.
Acelero a fondo saliendo a las calles iluminadas de la ciudad, manejando con una destreza que calma un poco la adrenalina que me provoca la amenaza de mi padre. Quince minutos más tarde, el personal de valet parking del hotel Carlton recibe mi vehículo en la entrada principal, donde una alfombra roja se extiende bajo los flashes intermitentes de la prensa. Jean Paul ya está allí, luciendo un esmoquin impecable que resalta su porte elegante, sonriendo ante las cámaras con la soltura de quien nació perteneciendo a la realeza corporativa.
–Llegas justo a tiempo para la fotografía principal de la velada, Aurora –dice Jean Paul, tomándome de la cintura con suavidad y atrayéndome hacia el grupo de reporteros que gritan nuestros nombres. – Sonríe un poco, mi vida, que el mundo entero necesita ver que somos la pareja más sólida y glamorosa de la temporada financiera.
–Terminemos rápido con esta farsa mediática, Jean Paul, porque el verdadero motivo por el que acepté venir es el negocio que te propuse por teléfono –le susurro al oído mientras mantengo una sonrisa radiante ante las cámaras, permitiendo que me guíe hacia el interior del fastuoso salón decorado con candelabros de cristal. – Vamos a la mesa del fondo, allí estaremos lo suficientemente lejos de los micrófonos de la prensa para hablar de números reales.
–Me intriga muchísimo esa seriedad tuya, querida, aunque debo admitir que esa chispa de ambición en tus ojos te hace ver increíblemente atractiva esta noche –comenta él, retirando la silla para que me acomode antes de sentarse frente a mí. – Dime de una vez cuál es ese trato tan urgente que requiere un altar, porque sabes que mis empresas siempre están abiertas a nuevas alianzas estratégicas.
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