Madame Medianoche

Jeremiah Freeman era el típico chico fanático de los vídeojuegos que se la pasaba en su casa sin mucho que hacer, estudiaba ingeniería informática en la universidad, llevaba un promedio bastante decente y su madre se encargaba de la pesada carga que era tener a dos hijos estudiantes.

La mujer que les daba el sustento era de profesión azafata, por eso casi todo el tiempo se la pasaba en las nubes, literalmente.

Mientras ella estuviera e temporada de vuelos, como en las vacaciones, no podía permitirse ni por un segundo estar con sus hijos. Jeremiah tenía un hermano menor estudiante de secundaria de nombre Phillip, y aunque su madre no fuera la mejor escogiendo nombres, no la culpaban para nada, ya que después de todo, ella no los había abandonado como lo hizo su padre.

Aunque Phillip era hijo de otro hombre, este de igual manera había dejado a la mujer después de un momento candente en el avión y miles de promesas que nunca cumpliría a pesar de tener dinero.

Así fue en el caso de los dos, por lo que una figura paterna en ese hogar era más que imposible. No había nadie con quien hablar sobre cosas que incumbían a padres e hijos, no había a quien preguntarle cosas sobre la intimidad, por ejemplo, ya que su madre tampoco le diría al estar fuera tanto tiempo, lo que hacía que la confianza se enfriara un poco.

Fuera como fuese, de todos modos a Jeremiah no le gustaba compartir su espacio, era por eso que su perfil callado daba a entender que comunicarse con otras personas no era de su agrado totalmente.

Su madre batalló con él hasta los seis años para que pudiera entablar conversación con alguien que no fuera ella, debido a que no quería hablar por nada del mundo, incluso llegando a pensar que tenía problemas del habla, pero solo era que se rehusaba a comunicar cualquier cosa.

Al ser un chico de pocas palabras y más acciones, lo único que le importaba era poder demostrar que en serio le ponía interés a la vida, en especial a lo que tenía que ver con todo tipo de programas digitales, era su pasión estar programando todo el día, era más que una simple llama que se encendía en su pecho, sino más bien como todo un incendio que no había manera de apagar.

Se veía a sí mismo en l futuro teniendo la vida de sus sueños haciendo lo que amaba, que era diseñar desde la matemática, desde los programas y desde la fuente original, su cerebro estaba lleno de ecuaciones casi siempre, pensando y haciendo retos consigo mismo, y aunque algunas personas pensaran que había perdido la cabeza, lo cierto era que no había nada más lejos de la realidad, tenía los pies sobre la tierra mucho más firmes que cualquier otra persona, y de eso no cabía la menor duda.

Sus cabellos rubio cenizo tenían una caída en sus ojos de tono marrón rojizo, mientras que aunque no fuera tan bien parecido, por lo menos tenía ingenio, y esa era la razón principal por la cual las chicas no le prestaban atención y por la que los chicos lo evitaban, pensaban que era un simple sabelotodo.

A pesar de tener unos recién cumplidos diecinueve años, tenía dentro de sí cierta incomodidad, la cual no podía ser saciada por otros hombres, él quería conocer más íntimamente a las mujeres, hacer cosas con ellas que nunca hubieran hecho, descubrir sus zonas sensibles, entre otras cosas.

No se consideraba a sí mismo una eminencia en lo que hacía, pero de todos modos se esforzaba en hacer que sus programas tuvieran la misma calidad que las palabras en sus escritos, ya fueran trabajos en los cuales tuviera que explicar el funcionamientos de alguna cosa o en los que fueran pruebas que vieran y diagnosticaran ciertos problemas en la población a los que él podía dar solución como estudiante y también como persona, a pesar de saber que no todo el mundo podía pensar igual.

Apagó la computadora y entonces comenzó de nuevo a hacer algo parecido a crear su propia página desde cero en bocetos de papel, en esta vendería algunos artículos de todo tipo en el ámbito electrónico, esa era su vida, y no quería desperdiciar todo el tiempo que tenía en simples cosas banales como lo eran algunos trabajos y demás que no llamaban su atención para nada.

Sentía después de cierto tiempo que algunas cosas no eran sencillas de conseguir, y que en realidad podían pasar muchas lunas antes de que tuviera frutos aquello a lo que le había dedicado la vida entera y parte de su pasión.

Aparte de estar buscando la salida a lo que fueran los problemas en su vida, también quería experimentar con chicas, cosa que aunque haya pasado varias veces, lo cierto era que de todos modos, no era lo que había estado esperando, sino solo ilusiones que se hacía para creer que alguna vez lo querrían por quien era y no por su bendito coeficiente intelectual.

No tenía idea de por dónde empezar a pedir consejo para vivir diferentes cosas con mujeres que no solo fueran atractivas por fuera, sino además por dentro, alguien que tuviera la suficiente confianza en sí misma como para mostrarse ante los demás con toda comodidad.

A él le molestaban mucho las chicas que solamente se limitaban a quedarse siendo tímidas y despreciando su propio cuerpo solo porque se sentían inferiores, eso era lo peor, tener que estarlas consolando y creando una confianza que ellas deberían de tener por naturaleza, y es que al tratarse de mujeres tan sensuales, lo que se esperaría es que fueran al menos un poco felices con su aspecto físico, empezando por ahí.

Las chicas que había tenido en su cama solo eran de las típicas que temían mostrase desnudas, o siquiera quitar las manos de sus pechos por temor a lo que dijera el hombre a su lado, cosa que consideraba de lo más tonta, no por las mujeres, sino por el tipo de  hombres que las habían tratado antes de él.

Cuando tuvo el boceto terminado, supo que era hora de seguir con la búsqueda de la mujer ideal para hacer su fantasía real y para sabe complacer a las mujeres como era debido y no solo por compromiso dijeran que estaba bien.

Más de una vez pensó en que encontraría a la candidata perfecta en el sitio en el cual vivía o en la academia de dibujo, incluso en la universidad, pero lo cierto era que estas siempre lo rechazaban por todos los rumores que se habían esparcido sobre su persona, necesitaba que fuera alguien a quien no conociera.

Pensó durante mucho tiempo en si debía de ir o no al club que estaba a varias cuadras de su casa, pero tenía el temor de que su madre llegara y que él no estuviera allí para decir que su hermano de dieciséis estaba bien, que no había hecho ninguna fiesta en su ausencia ni algo más loco que eso tampoco.

No era que Phillip fuera muy inteligente, pero por eso temía mucho más, ya que le encantaba salir de fiesta sin tener cuidado con quien dejaba atrás, era él y nadie más.

El chico creía que podía hacer cualquier cosa solo por tener carita de ángel, pero debajo de esa fachada era un chico muy dañado, con traumas de abandono y sobre todo depresión, no podría darle a nadie una relación que se saliera de lo tóxico.

Cuando lo encontró fumando marihuana hacía al menos un mes, habían tenido una pelea monumental, pero todo era porque él quería de verdad protegerlo de os vicios, no porque la hierba fuera mala, sino debido a que lo hacía para escapar de su realidad, y cuando eso se hacía, las cosas se complicaban.

El chico estaba empeñado en dejarse ir en las drogas, pero no permitiría que le sucedieran más cosas si él podía evitarlas o por lo menos advertirle sobre ellas.

Aunque no tuvieran la mejor relación entre hermanos, al menos había confianza suficiente como para hablar de cualquier tema, pero en su caso, era su responsabilidad inmediata dar el ejemplo a su hermano menor.

Se había impuesto ese tipo de cargas solo porque sabía lo triste que era la vida sin un padre ni nadie que fuera su ejemplo a seguir en cuanto a cortejar mujeres, y él quería hacer más que eso, darles el placer de sus vidas y que ellas fueran las que decidieran y tomaran el primer paso para estar juntos.

La persona que estuviera con él debía de ser alguien que pudiera siquiera conseguir algo más que una simple conexión que no tuviera nada de especial, sino que en realidad estuviera lleno de todo lo que se pudiera en cuanto a una relación estable se tratase.

A pesar de sus esfuerzos por hacer que alguna chica se interesara en él, parecía que cualquier cosa que hiciera se quedaba corta, siendo que aún así estaba más que dispuesto a encontrar a alguien que tuviera las características que buscaba en una persona.

Siempre buscaba en su móvil alguna aplicación para hablar con mujeres y terminaba casi en todas las oportunidades teniendo conversaciones con mujeres mucho mayores que él, cosa que no le incomodaba, pero de cierta manera no creía que fuera para él.

Lo turbio llegaba cuando estas pedían algo más que simples conversaciones y querían pasar al ámbito carnal, ni siquiera era que desarrollaban algún tipo de amor hacia él, cosa que lo entristecía y prefería solo continuar concentrado en sus estudios antes de poner su atención en cosas banales como bien podía ser estar con alguien mayor  y que de paso no le pudiera interés a cómo era de manera personal sino que solo estaban interesados en lo que fuera su cuerpo y demás cosas sin sentido alguno.

Encontró entonces un blog en el cual decía que uno de los mejores clubes nocturnos de nudistas y de bailarinas exóticas estaba ubicado en el mismo sitio en el que creía que solo había un triste bar. Al parecer el club era nuevo y sobre todo sofisticado, a pesar de saber sobre este tiempo atrás, pensó que solo sería un boom del momento, pero una vez que se metió en su sitio web y miró las fotos que hacían y la organización del lugar, supo que estaba tratando con un lugar profesional, muy lejos de cualquier cosa que pudiera imaginar, era un punto de encuentro para diferentes personas que lo que querían era tener un buen momento íntimo y aparte disfrutar de las vistas, de los tragos y otro tipo de servicios bajo cuerda.

Mucho tiempo había pasado para darse cuenta de que lo que estaba buscando era un lugar así, pero no perdió más, por lo que fue directo a echarse un baño y tomar luego el dinero que tuviera disponible.

Salió de casa aprovechando que su hermano estaría con su mejor amigo al menos tres días en los cuales sabía que debía salvar varias materias estudiando para los parciales de los que casi nadie salía ileso.

Caminó por las calles con cierta sensación de vacío en su estómago, ya que en serio quería encontrar a alguien para pasarla bien desde todo punto de vista, y aunque no pudiera obtener de allí una relación, al menos quería asesoría en cuanto a cómo tocar de manera eficaz a una mujer para hacerla disfrutar del acto.

Sabía que más de una mujer estaría dispuesta a hacer cosas indecibles por dinero, pero él no era ese tipo de persona como para contratar a alguien que hiciera lo que quisiera por un costo.

Las cuadras que caminó, a pesar de estar a oscuras y en plena noche, no le molestó para nada, siendo que iba en bajada.

Una vez llegó al club, abrió la puerta con toda la seguridad que pudo encontrar dentro de sí mismo. Respiró profundo y se adentró con pasos llenos de confianza hasta el escenario central, el cual estaba en silencio, solo hasta unos pocos segundos después, en los cuales se abrió el telón y un reflector apuntó directo a una hermosa mujer ataviada en un traje de incrustaciones rubís.

Tragó saliva al ver sus piernas, tan hermosas y suaves a la vista que los que estaban allí presentes no miraban a otro lugar que no fuera su cuerpo.

Cuando el acto empezó, todos comenzaron a gritarle obscenidades y de paso a lanzar algunos regalos a ella, ya fueran propinas o por el contrario algún tipo de paquete o de carta. Seguramente ella no leería o vería todo lo que le daban porque se veía que era famosa en ese lugar, todos los hombres quedaba engatusados, mientras que vio a algunas mujeres hacerle señas sugestivas que esta respondió con cierta fiereza y sensualidad, como si no le molestara en absoluto, sino más bien la halagara.

Quiso hacer lo mismo, pero no se sintió cómodo con que los demás lo vieran, quería algo privado y a solas con esa misteriosa mujer de antifaz que había logrado cautivar a cualquiera allí.

Cuando hizo la fila y ella le dijo que pasara la noche siguiente, sintió que su pulso dejaría de funcionar por un momento, pero no lo hizo, sino que solo le dio muchas más ganas de visitarla de o que alguna vez admitiría en voz alta.

Sus manos temblaban la noche siguiente, metiendo sus manos en los bolsillos del pantalón de jean.

Esperó que la mujer terminara su acto para poder verla en el área de backstage. Pidió mentalmente con os ojos cerrados una y otra vez que pudiera estar disponible para él, que no haya sido una broma, que se acordara de él, entre otras muchas cosas.

—Hey, novato ¿Vienes o qué?—.

Cuando abrió los ojos de nuevo, se topó de frente con la mujer, quien medía al menos dos centímetros más que él.

No supo muy bien cómo responder a eso, pero lo que sí pudo hacer fue asentir, yendo con la mujer en un silencio algo incómodo a lo que fuera la habitación privada de la noche anterior.

—Entonces no piensas hablar...— comentó ella —Si tienes problemas expresándote, puedo comprenderlo, pero tengo que saber a lo que me enfrento ¿Bebes vino?—.

—No es que no hable, solo que a veces me cuesta pensar en ideas completas que pueda decir para no arruinarlo todo... Soy torpe con las palabras, pero muy bueno escuchando— confesó el chico, tragando saliva después —Y sí, quisiera un poco de vino, por favor—.

—Bien, entones eres normal, aunque esa es una palabra extraña ¿No te parece?—.

—¿Quién se supone que inventó la noción de ser normal? Quien haya sido en serio estaba obsesionado con la perfección y con su reflejo en el espejo, apuesto todo a que así era—.

La mujer solo soltó una risa sin poder contenerse.

—Al menos tienes ingenio, es importante saber que no me aburriré en estas lecciones... ¿Con qué quieres empezar?— preguntó ella mientras le extendía una copa de vino.

—Quisiera comenzar con la anatomía femenina, pero aprender de verdad su funcionamiento para el placer ¿Será eso posible?— quiso saber con los ojos llenos de esperanza.

—¿A qué vinimos si no?—.

La mirada intensa de la mujer lo dijo todo.

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