Desperté muy tarde, Manuel me besó en los labios, humedeciendo mis labios resecos, pidiéndome que me despertará porque era muy tarde y no había comido nada desde el día anterior, la verdad me sentía muy débil y mareada, Manuel debió notarlo, así que me dijo:
–Por favor hidrátate y come algo, necesitas comer.
–Lo siento ¿Qué hora es? me dormí muy profundamente, no sé qué me pasó.
–Estás relajada, pero necesitas alimentarte, tomar agua, caminar un poco.
–Está bien, necesito ducharme y una taza de café. Sabes cómo me gusta, por favor, pídeme un café, mientras me aseo.
–Está bien. Ya envíe un correo a la organización, me atenderán dentro de un mes, en New York, la sede de la organización.
–Dios… ¿Qué has hecho Manuel?
–No te preocupes, no saldrás lastimada, anda ve, date una ducha, vístete y cálzate, toma tú café, té esperare abajo en el cafetín, pediré tu comida favorita mientras tanto. Necesitas alimentarte, estas muy débil.
–Está bien, gracias por preocuparte.
–No sería de otro modo, después de haberte entregado como lo hiciste, siento tu piel dentro de mí.
–¡Dios, Manuel, no sé qué hechizo me hiciste, generalmente soy más tímida, más cerrada, ni siquiera nos cuidamos!
–Después hablamos de eso, te daré la privacidad que necesitas, he estado toda la mañana trabajando aquí mientras dormías.
–Está bien, gracias.
Me quité la panty roja que tanto le gustaba a Manuel, esta vez use ropa íntima de encajes rosados, me perfume, me vestí, no me puse las botas, sino un par de sandalias que me mantenían descansada. Repasé cada momento que había vivido con él, sentí que había enloquecido de amor por él.
La verdad no estaba clara si era amor o deseo, pero lo que quiera que había sucedido había sido muy intenso para mí, ni en mis libros, ni en mis hojas sueltas de poemas de amor, escribiría todo lo que sentía por él.
Me puse una blusa azul, que dejaba ver mi brassiere de encajes rosados, los senos me dolían, y sentía dolor en mi vagina, después de cinco años sin sexo, mi cuerpo lo resentía de alguna manera, me vestí con un jeans, muy casual e informal. Me puse mis cremas, mi perfume, sentí mi piel más hermosa, a pesar de no haber tomado agua en muchas horas.
Tocaron a la puerta mientras me peinaba, y era mi café, tal cual como me gustaba sin mucha leche, un poco más café que leche, con una dosis de azúcar, lo moví y lo removí y comencé a tomarlo despacio. Pensé: este hombre sabe cómo me gusta el café. Parecía estar atento a todos mis detalles. Bajé al comedor, todavía un poco mareada, bastante débil, cuando miré a Manuel en la silla, sirviéndose una pasta. Me había pedido una parrilla mar y tierra con papas fritas y ensaladas. Tuve que comer despacio, toda aquella ración, porque comía muy poco. Lo primero que me pidió Manuel fue que comiera más, que tenía una silueta hermosa y que no necesitaba cuidarme tanto, solo hacer un poco de ejercicio. Lo escuché, sin todavía creerme todo lo que había pasado.
Besó tiernamente mis labios y me dijo:
–Sabes a papas fritas.
Me dio risa su comentario y él se quedó observando como reía. Adoraba verme reír, a veces solo se quedaba allí viendo como reía. Manuel se comió su pasta, su pan y una copa de vino. Yo solo tomé un jugo de frutas. Lo miré fijamente a sus ojos marrones y le pregunté:
–Por favor… ¿Dime que hiciste?
–Pedí una cita con la organización, hay muchas cosas que arreglar aquí, necesitamos personal, mucha ayuda, voluntarios, nuestra oficina, y quiero hablarle de lo nuestro. Asumiré toda la responsabilidad. No dejaría que algo te pasara.
–Por favor, Manuel, te estas exponiendo mucho.
–No me importa tú lo vales. Te habrás dado cuenta que no te cuidé anoche. Cómo me lo habías pedido, hubiese querido que salieras embarazada, quiero darte ese hijo que tanto deseas. No te preocupes por las consecuencias en mi vida, no he deseado un hijo, pero contigo lo tendría y lo cuidaría tanto, como quiero cuidar de ti.
–Dios mío Manuel, ¿Qué haces? ¿Cómo es eso de que quieres cuidar de mí?
–Eres muy frágil y delicada Mariana, como que quiero cuidar de ti. Quiero hacerlo, quiero que seas mi mujer esta noche y todas las noches de mi vida, o todas las mañanas, o cuando lo deseemos.
–¿Me estás pidiendo matrimonio?
–No, sólo es la intención a largo plazo. Yo te amé Mariana, anoche te amé con intensidad, y quiero seguir haciéndolo en lo que me queda de vida.
Me quedé silente, había sentido tanto placer, y tanta ternura, que no sabía que esa era su forma de amarme. ¡Vaya con estos españoles! Es difícil entenderlos. Por lo menos me costaba entender a Manuel, él me había dicho que llevaría las cosas con calma, me sentía arrollada, con todo lo que me había dicho. Besó mi mano, luego tomo la otra, olió mi cabello, con olor a vainilla y me dijo:
–Lo lamento, no puedo evitar desearte, deseo que estés en mis brazos, deseo escucharte gritar de placer, deseo sentir tus orgasmos, jamás había tenido un coito como contigo.
Le repliqué, con un tono de voz dulce y apacible:
–Lo que sientes es placer, sexo, no lo sé, no creo que sea amor Manuel, la verdad nunca he sido amada, pensé que mi expareja lo hacía, no era así.
–No has conocido el amor Mariana, quiero que conozcas todo lo que sé, que te ponga a cuatro patas y te embista es sexo, ciertamente, pero desearte y sentirte toda dentro de mí, como anoche es imposible que lo sienta por otra mujer. Jamás he amado a alguien como te amo a ti, quisiera que entendieras como amigos que somos, mi particular manera de quererte. Me apasionas, me haces sentir cosas que por nadie he sentido, eres una mujer delicada y sensual, muy apasionada, eres de esos diamantes que uno conoce y no quiere soltar.
Lo escuché atentamente, pero igual no estaba convencida de su amor repentino por mí. Continuo, con una mirada de ternura y su voz ronca de tierras ibéricas:
–Creo que te he amado desde que te conocí, esos ojos vivaces, tu cabellera azabache, tus labios perfectos, tu cuerpo hermoso. Sólo quiero amarte, permíteme hacerlo.
–No lo sé, pensé que no repetiríamos ese encuentro, que todo quedaría allí. Esta vez sí estoy asustada, puedo perder mi trabajo, salir muy mal de este empleo, perdóname pero estoy temerosa.
–Lo entiendo, pero te protegeré y nada de eso pasará. Quiero protegerte y lo haré. Cumpliré mi promesa, y ojala quedes embarazada, nada me gustaría más que cuidarte.
–¿Tienes idea cuántas veces he escuchado eso? Soy una mujer madura Manuel, estas cosas no deberían pasarme.
–¿Qué no debería pasarte? ¿Qué yo te ame? ¿Qué quiera hacer una vida contigo?
Lo miré fijamente a los ojos, parpadeé, con mi voz dulce y apacible le dije:
–Está bien, te daré una oportunidad, pero por favor, no me destruyas la vida.
–Eso no pasará. Quédate tranquila y relájate.
Siguió besando mis manos, se las llevaba a su mejilla, finalmente me abrazó, olió mi cabello. Me preguntó, con su voz ronca de tierras ibéricas, mirándome fijamente a mis ojos cafés:
–¿Te sientes bien?
–Sí, parece que la debilidad era hambre.
Me volvió a preguntar, con un poco de carácter, como si yo no entendiera la pregunta:
–¿Te sientes bien?
–Sí, solo un poco dolor, tenía mucho tiempo…bueno tú lo sabes, tu entiendes.
–Si yo entiendo. ¿Quieres seguir durmiendo? Tienes el día libre. Yo no. Voy a esta ocupado, muy ocupado. Pero quiero dormir contigo esta noche, si tú lo permites.
–Sí, está bien. Y sí, quiero seguir descansando. Por favor pídeme un postre, tengo mucha ansiedad de azúcar. Subiré a la habitación, necesito un poco de espacio, no sé si me entiendes.
–Si te entiendo. Pero está noche iré a dormir contigo. Porque deseo estar contigo.
–No sé si tenga tantas fuerzas como anoche.
–Descansa, duerme, piensa en lo que te he dicho. No hay prisa para respuestas.
–Subiré y descansaré, lo necesito.
–Quiero que te hidrates, que comas, anoche hubo un momento en que te quedaste entre mis brazos, no sé si lo recuerdas, después de tu último orgasmo, me asusté un poco.
–Está bien, tranquilo. Más calma Manuel, más pausa. Por favor.
–Está bien, solo quiero dormir contigo. No significa que tengamos sexo.
Esa noche, Manuel subió a mi habitación y me encontró profundamente dormida. Me abrazó, me arropó, tenía una pijama de algodón, se veían mis muslos, mis piernas gruesas, los senos se veían a contraluz, no intento nada, solo me colmó a besos y me dejó dormir, como si estuviéramos casados.





