Volví a mi rutina normal de trabajo. Todo lo que tenía planificado lo hice con detalle. Esa mañana, Manuel pidió el desayuno a la habitación, tomamos café, empanadas, y hablamos del trabajo previsto para ese día. Me había visto despertar, caminar hacia la ducha, oír cómo me cepillaba los dientes, los 15 o 20 minutos que pasaba bajo el agua tibia. Me vio vestirme, como me aplicaba mis cremas hidratantes, no interrumpió nada, solo estaba complacido con verme. Me hice un maquillaje ligero y comencé a trabajar.
Algunas fuerzas policiales, me llamaron al terreno, así que tuve que salir y ser testigos de actos de violencia. La violencia engendra más violencia, solo la educación conquista los pueblos, los hace crecer y salir de la pobreza, así que esos episodios, me producían un dejo de tristeza, me reprochaba si estaba haciendo bien mi trabajo.
Necesitábamos un grupo más consistente para poder enfrentar embates como estos. Luego que hablé con él por teléfono, me sentí más sosegada. Tomé la camioneta que nos habían asignado y mi escolta me siguió, hasta el hotel.
Manuel llegó tarde, sentí que se duchaba, y se ponía su pijama, me abrazó, me besó las mejillas, me dejó dormir. No sé qué hora era, cuando me despertó con sus caricias, besaba mi espalda, acariciaba mis nalgas, hasta que sintió mis gemidos, estaba despierta.
Como estaba de espalda me volteo, y me dio un beso largo, acariciando su lengua con la mía, llegaba hasta mi garganta, me embebí de él sentía su cuerpo sobre el mío. Besó mi cuello largamente. Mientras yo gemía, también sentí sus gemidos, estaba envuelto de placer. Chupó mis senos redondos y marrones, los chupó con delicadeza al principio, luego sentí que los comía desaforadamente, le pedí que parara, entonces le dije:
–Con sutileza, por favor.
Entendió el mensaje, así que masajeo mis senos, con mi crema olor de vainilla, grité, sentí una nube de placer inmensa. Me quitó la pijama, bajó hasta mis piernas, lamió mi clítoris, hasta que empecé a gritar de placer, sentí como mojaba mi cama, con mis jugos, deliciosamente, él dejó la ansiedad, y me sobrevino un orgasmo, volvió a lamer y chupar mis senos, fue imposible que otro orgasmo me viniera, me sentí contraída, no me penetró, solo quiso sentir que yo disfrutaba y me relajaba luego de uno y otro orgasmo, que hacía luego de tocar y lamer mi cintura, el borde de mi cuerpo, mis piernas, mis pies, no sentí dolor cuando me penetró, pero sintió mi sexo estrecho y eso le producía mucho placer a él, me embistió con ternura, como no lo hizo antes, mi sexo lo atrapó, y empezó a succionarlo, su pene erecto y enorme, lo sentía con más fuerza, estaba despierta, pero solo trataba de sentirlo. Le besé en los labios, y sentí el olor a pescado de mi sexo. Siguió bombeándome, me sujete de su espalda, y cada espasmo, lo marcaba con mis uñas largas y rosadas, lo tenía arañado, pero no le importó, me sentí en una nube orgásmica. Cada vez los orgasmos eran más fuertes, me puse en posición de flor de loto, abriendo mi sexo de manera que pudiera penetrarme con más profundidad, amasaba mis senos, los chupaba mientras me poseía, besaba mi cuello, lo lamía, esa noche los orgasmos fueron incontables, moje toda la cama, y el poseído por el placer los chupo todo, bebiendo todos mis fluidos corporales. Retiró su pene, y siguió chupando mi sexo, yo no soportaba tanto placer. Le pedí que no podía más, necesitaba su sexo dentro del mío, las paredes de mi vagina se contraían enormemente. El coito para él nunca fue más delicioso. Siguió con su pene erguido, no entendía de donde sacaba tantas fuerzas. Hasta que mis paredes vaginales lo atraparon con tanta fuerza, que se vino conmigo, casi al mismo tiempo, acabo con llenarme de su esperma, estaba llena de placer. Pero entonces, luego de haber terminado, empezó a besarme dulcemente, a acariciar mi vagina depilada, a besarme de una manera que antes no había sentido. Beso mis mejillas, mis labios, yo seguía gimiendo, me estaba entregando su amor y yo no me había dado cuenta, acariciaba mis cabellos, cuando su miembro se puso flácido lo saco, me abrazó y me llenó de besos dulces, yo no dejaba de gemir, tanta ternura, me daba mucho placer. Me quedé dormida en su regazo, pero los primeros rayos de sol entraron por la ventana, mi panty rosada de encajes se había quedado en alguna parte, así que me vistió con sutileza con una camisa de él. Sintió que yo tiritaba de frío, me eche en su pecho, y descansé sobre él. Mientras que el acariciaba mi cabello. Amé esos instantes, en los que solo había amor.
No quiso que la alarma me despertará. Sentí la necesidad de lavarme. Así que me desperté, me fui a la ducha con calma, quitando su brazo y su pierna sobre mí. Lave mis partes íntimas, mi cuerpo lleno de esperma, me cepillé y llamé para pedir dos cafés uno negro como a él le gustaba y uno cortado para mí. Me vestí como lo hacía, siempre, esta vez no me sentí cansada, sino relajada. Me dolía un poco mi vagina por las embestidas, pero entendía que era parte del todo. Lo desperté a dulces besos y con un café en la mano, lo sorbió lentamente como siempre lo hacía. No se había dado cuenta que estaba perfumada y maquillada, lista para ir al terreno. Entonces me dijo:
–Lo siento, no te dije, que hoy teníamos el día libre, bueno, hay que hacer algunas maletas, vamos a viajar a New York, la organización quiere conocerte en persona. Tenemos cosas que comprar.
Yo tenía los ojos orbitados, mi cerebro no procesaba tanta información. Trató de calmarme con estas palabras:
–No te asustes mi princesa, no te asustes, es bueno que quieran conocerte. Quería que durmieras un poco más y descansarás.
–No entiendo nada Manuel, ¿Cómo que quieren conocerme?
–Reconocen tu trabajo amor, eso es todo, y bueno quieren conocer a la mujer que me va a sacar de la soltería– Sonrió.
–Estás loco Manuel. ¿Yo en New York? ¿Qué haré allí?
–Tienes que hacer una presentación, por esta semana no irás al terreno, te quedarás en la oficina. Haciendo estadísticas que tienes que presentar.
–¡Santo Dios, Manuel! ¿Qué te pasa? ¿Por qué no me habías contado de eso?
–Perdona estoy enamorado, muy enamorado. Te compré tu champú, tus cremas, tu perfume lo hice ayer tarde.
Yo estaba desorientada. No sabía que decir. Solo atine a decir:
–Gracias ¿Y quién irá al terreno? ¿O todo se quedará sin asistencia?
–No te preocupes, yo lo hare. Tienes que tratar de no envolverte tanto con los episodios que ves. Ayer no estabas bien. Eres muy sensible amor mío.
–Es mi tierra, muriéndose Manuel, no puede dejar de dolerme.
–Necesitamos un descanso, en Estados Unidos descansaremos un poco, y luego vendremos a hacernos cargo. Tranquila, todo estará bien ¿No te sientes relajada siquiera? ¿Cómo te sientes? ¿Tienes dolor? Traté de hacerlo con mucha delicadeza como te gusta a ti.
–Me siento bien, estoy bien, solo con un poco dolor.
–Eres muy estrecha Mariana, es delicioso para mí, pero entiendo lo que te pasa. Es como tener una virgen todos los días, no sé si cabe la comparación.
–Tuve una hija, no puedo ser estrecha, debo tener otro problema.
–Créeme, se lo que digo, eres deliciosa amor, no tienes idea, de lo deliciosa que eres. No estás enferma, no tienes nada, solo es tu naturaleza. ¿A tu edad no lo sabes?
–Pues…hay muchas cosas que no sé…
–Quería bañarte amor, pasar un rato contigo, seguir lamiendo tus ricos senos. Olerte, hueles tan rico. Sabes tan rico.
–¿Si? Otro día será.
–Descansa un rato, descansa.
–Estoy bien, pedí el desayuno ¿porque no te duchas? y me explicas más de New York.
–Lo haré mujer bonita, lo haré. Quería pasar más tiempo contigo aquí en mis brazos.
–Me despertaste, ya no pude dormir.
–Lo siento, ¿Te molesta que te despierten?
–No, a veces es delicioso que lo despierten de esa manera, pero no te acostumbres.
–Iré a bañarme, eres madrugadora, que puedo hacer, vamos a desayunar tranquilos.





