Los adorables gemelos y su papá, que es director ejecutivo.

En un instante, el aire a su alrededor pareció congelarse.

Mauricio Moran bajó la mirada hacia la niña que se aferraba a su pierna.

La pequeña tenía una carita adorable. Vio su propio rostro reflejado en los grandes y brillantes ojos de la niña y no pudo apartar la mirada.

Un impulso de llevársela lo invadió.

Sin apartar la vista de ella, le preguntó con voz suave: "¿Dónde está tu familia?".

"¡Papi! ¡Tú eres mi papi!". La niña le sostuvo la mirada, sin rastro de timidez. Le regaló una sonrisa tan dulce que le derritió el corazón.

"Cárgame, no quiero caminar", murmuró.

Estaba a punto de extender los brazos para levantarla cuando percibió un perfume de mujer. Justo en ese momento, una mujer apareció y tomó a la niña en brazos. "Disculpe, señor", dijo ella, apenada. "A mi hija le da por decir que cualquier hombre guapo es su papá. No fue su intención molestarlo, de verdad lo lamento".

Hizo una leve inclinación de cabeza y se dio la vuelta para marcharse.

Mientras la veía alejarse, lo asaltó una extraña sensación de familiaridad.

Eliana le pellizcó suavemente la mejilla a su hija. "¿No me prometiste que ibas a dejar de hacer esto?".

"Pero es que era muy guapo...". La niña hizo un puchero, como si fuera a protestar, pero su madre le lanzó una mirada de advertencia y la pequeña guardó silencio.

Eliana se reunió con Kimora y juntas se dirigieron al estacionamiento.

Kimora acomodó a los gemelos en el auto y luego fue a ayudar a su amiga con el equipaje. Justo al bajar del auto, Eliana se encontró de frente con dos figuras conocidas.

A Asher se le cayeron las llaves de la mano con un estrépito metálico del que ni siquiera pareció percatarse. "¿Eliana?", preguntó con incredulidad. "¿Estás... viva?".

Ella se quedó paralizada un instante, pero su expresión se endureció de inmediato. Su mirada se posó primero en él y luego en Erica, que estaba detrás.

"Sí, lo estoy. No merecía morir, ¿o sí, Erica?". Eliana pronunció cada palabra con deliberada lentitud.

Erica estaba tan conmocionada que retrocedió tambaleándose, horrorizada. Se torció un tobillo y cayó al suelo con un gemido ahogado.

Alzó la vista y vio que Eliana ya no era la mujer desaliñada de cinco años atrás. Incluso sin una gota de maquillaje, Eliana resplandecía, erguida y hermosa. Erica se estremeció ante la sonrisa burlona que se dibujó en los labios de Eliana. Instintivamente, se volvió hacia Asher en busca de ayuda, solo para encontrarlo mirando a Eliana con una obsesión evidente. Asher caminó lentamente hacia Eliana, le extendió la mano y le preguntó: "¿Por qué no me has contactado en todos estos años?".

Ella retrocedió un paso, esquivando su mano. "No me toques. Me das asco".

Él se quedó de piedra, sin saber cómo reaccionar.

Erica estaba lívida de rabia. ¡No podía creer que Asher todavía estuviera obsesionado con esa zorra!

Eliana los observó a ambos con absoluto desprecio. Luego, articuló lentamente: "Ya lo verán. Nos volveremos a encontrar. ¡Y me aseguraré de que paguen por lo que me hicieron!".

Justo en ese momento, Kimora cerró el maletero de un portazo, cuyo estruendo hizo estremecer a Erica y a Asher.

Eliana sonrió con desdén, subió al auto y se marchó.

Al llegar a casa, Eliana y Kimora se pusieron a desempacar.

"¡Mami, queremos ayudarte!". Los gemelos corrieron hacia Eliana y la llenaron de besos en las mejillas.

Una oleada de ternura la invadió. Les devolvió los besos y les dio algunas bolsas ligeras para que llevaran.

"¡Mira qué hombre tan guapo!", le dijo Aileen a Adrián, mostrándole una foto. "¡Es el abuelo!", exclamó la niña.

Adrián se quedó sin palabras.

Eliana se detuvo en seco. Vio que Aileen había abierto el álbum de fotos en una página que mostraba a su padre en su juventud. La niña soltaba risitas.

"Déjame ver".

Eliana tomó el álbum de las manos de su hija.

Acarició suavemente las fotos, una por una, y las lágrimas rodaron por sus mejillas mientras miraba los rostros sonrientes de sus padres.

Recordó lo que Asher le había dicho: la muerte de sus padres ocultaba algo más. El Grupo Moran había adquirido el Grupo Pierce poco después de su bancarrota. Seguramente, todavía quedaban antiguos empleados.

¡Tenía que descubrir la verdad!

Tomó una decisión mientras miraba la oferta de trabajo del Grupo Moran en su celular.

El Grupo Moran se alzaba majestuoso en sus Torres Gemelas, un imponente complejo en el corazón del distrito financiero.

La recepcionista condujo a Eliana a la oficina y le susurró: "Es la señora Gabrielle Aston, la directora del Departamento de Diseño".

Eliana asintió y entró.

Una mujer sentada en un sofá la escudriñó de pies a cabeza. Aunque su mirada la inquietó, Eliana mantuvo la compostura y sonrió con cortesía. "Hola, soy Eliana Pierce".

"Bienvenida al Grupo Moran", respondió Gabrielle con una sonrisa. Le dedicó una mirada significativa y sentenció: "Esta noche me acompañarás a una reunión con un cliente".

"¿Esta noche?", preguntó Eliana, sorprendida, pero se recompuso al instante. "Está bien".

Gabrielle asintió con satisfacción y caminó hacia la puerta, contoneando las caderas. "Sígueme".

Eliana la siguió para formalizar su contratación. Al salir del ascensor, notó que los rostros de los empleados se tensaban, intimidados por una presencia imponente.

De una oficina emergió un hombre alto, rodeado de altos ejecutivos. Llevaba un traje impecable y su sola presencia imponía respeto.

Eliana parpadeó, mirándolo fijamente; le resultaba familiar.

De pronto, él se detuvo en medio del pasillo y giró la cabeza.

"Eliana", la llamó Gabrielle desde atrás. Antes de que pudiera reaccionar, Gabrielle la apartó bruscamente.

El rostro de su nueva jefa se ensombreció y su mirada se volvió gélida. "Tienes que aprender a ubicarte. El señor Moran es un hombre implacable y distante. Si muestras el más mínimo interés en él, te despedirán en el acto".

Era Mauricio Moran, el director ejecutivo del Grupo Moran.

Eliana tardó un segundo en asimilarlo y bajó la cabeza. "Entiendo".

La directora resopló y entró en la oficina, pero Eliana permaneció inmóvil en su sitio. En cuanto se quedó sola, levantó la cabeza y su mirada se perdió en el pasillo, en la dirección por la que él se había marchado.

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