POV; Lexter
Esa mañana al despertar, me aparte de mi compañía, me molestaba que después del sexo se quedaran a dormir, soñé con ella toda la noche, era hora de volver y encararla, explicarle lo que significa para mí, desde ahora me pertenecía, me urgía poseerla, de lo contrario me volvería loco… me vestí rápidamente, tome mi móvil y me llego la idea de mirarla por cámara, posiblemente estaba durmiendo o pudo haber escapado; esa idea me enfureció, encendí el móvil, abrí la aplicación y busque la cámara de la habitación, no estaba ahí, empecé a preocuparme, luego puse la del baño y valla sorpresa que encontré; estaba desnuda, ya las cantidades enormes de tela modesta no ocultaban su cuerpo, su pelo extremadamente largo de un negro azabache llegaba justo a la curvatura de su trasero voluminoso, al girarse sus pechos quedaron expuestos a mí, eran grandes y firmes, con mis dedos acerque la cámara para enfocar sus hermosos pezones rosa, baje un más para ver la zona de su femineidad perfecta aunque cubierta de algunas incipientes vellosidades, me quede observándola hasta que entro a la ducha.
—¡Que delicia!. —Susurre, mi lobo gruño de deseo y sentí que mi erección crecía, tuve que sentarme al borde de la cama y despertar la loba durmiente que tenia mas próximo.
—Despierta Betsi, tienes trabajo. —Le dije mientras sacaba mi miembro, muy gustosa se acerco, lo atrapo con su boca y comenzó a lamerlo como rica golosina, lo desaparecía entre su garganta con movimientos rítmicos hacia un vaivén con su lengua, 15 minutos después su boca estaba llena de mi semen y me agrado verla tragárselo como rico néctar y luego saborearse.
—Debo irme, estuviste fantástica mi lobita. —Le dije abrochándome nuevamente el cinturón al pantalón; le dí una nalgada y me fui, dejando a esta haciendo pucheros.
Llegar a casa y no encontrarla me enfureció bastante.
Ni doña Sofía y menos mi tía se percataron de su salida, sin pensar en nada solo nublado por la rabia que sentía ante el descuido de todos, Salí a buscarla, no paso mucho tiempo y empecé a percibir su aroma, mí lobo me alerto, está cerca, camine guiado por mi olfato hasta que pude verla, venia hacia mi y me miraba como una conejita excitada, eso me gusto, bajaba la vista y volvía subirla de una forma inocentemente perturbadora, ella misma no era consciente de su deseo.
Estando cerca uno del otro, tomé sus manos entre las mías:
—¿Cómo te llamas preciosa?. – Fue lo primero que se me ocurrió decirle para romper el hielo.
—Angélica. –Contesto esta con voz temblorosa, para luego soltar su mano. Le sentaba bien el nombre a su cara pero no a su cuerpo voluptuoso, a juzgar por las imágenes que conserva en el cerebro como vivo retrato de la sensualidad.
—El nombre te queda perfecto, pareces un ángel. —Esas palabras salieron más de mi yo sarcástico, mientras ella me miraba confiada.
—Necesito un favor suyo, deseo volver al convento, pensara que estoy loca pero ayer algo parecido al diablo entro y me rapto, yo me desmaye y no supe más de mí, hoy me levante en la casa de un buen hombre, me imagino que él me rescato, pero no deseo abusar más de su cortesía, lo mejor será marcharme ya…—Mientras esta hablaba como cotorra, se me ocurrió un plan, no le diría la verdad del porque estaba aquí, simplemente me presentaría como el héroe que la rescato.
—Estabas en mi casa, ayer mi amigo Elioth y yo te encontramos en el bosque y quise ayudarte, por ahora será mejor que estés en mi casa, hay mucho peligro en el bosque y posiblemente eso que llamas diablo te está buscando. —Sus ojos se abrieron súbitamente del espanto, para luego notar la gratitud en su rostro, tuve una sensación de vergüenza y pereza al no tener el suficiente valor para decirle la verdad, que era mía y jamás volvería al convento. La estrategia era ganar tiempo, en pocos días estaría tan enamorada y complacida entre mis brazos que no desearía marcharse nunca.





