Lo que llaman un amor prohibido [Libro I]

«Hay verdades que nos sorprenden, pero mentiras que queman».

[....]

C A P I T U LO 1.

—Lía Sellers—

¿Has sentido caerte de la cama en medio de tu sueño? Se siente horrible, y por esa razón me encuentro con la mano en el pecho mirando a todos los puntos de mi habitación, pensé que de verdad me estaba cayendo. Me levanto con cuidado de no despertar a mi hermana, Berni me aniquilaría si la despierto un fin de semana donde no tiene que ir a la universidad.

«Es jodidamente estresante».

Me siento frente al espejo y dejo salir una risita. Estoy del asco. Ayer me acosté tardísimo por estar en una estúpida cena familiar donde mis tíos solo hacían preguntas tontas: ¿Ya tienes novio? ¿Para cuándo la boda? ¿Qué esperas para tener hijos? Deberías tener tus hijos ya o te dejará el tren. —Estúpidos—. No todas las mujeres debemos seguir ese estúpido patrón de nacer, crecer, estudiar y casarse para tener hijos. ¡Por Dios, son otros tiempos!

Me voy al baño y después de media hora ya estoy lista para salir a correr con mi mejor amiga Betsy. Es lo que hacemos todos los fines de semana.

—¡Buenos días, mamá! —Le grito, bajando las escaleras mientras me coloco los audífonos.

—¡Lía, desayuna antes de irte!

—¡Te amo, mamá!

Termino por salir porque si me quedo más tiempo mamá me hará desayunar y ya voy tarde. Mi amiga odia esperar. La mayoría de los fines de semana salimos a correr, es algo que nos relaja a las dos y nos hace olvidar todo el estrés que tenemos en la universidad. Estudiar psicología no es fácil y todo es un reto para nosotras.

—¡Blair!

Me le tiro encima a mi amiga que reposa en una de las gradas del parque y es alérgica a que la llame por su apellido. Su cabello negro está una coleta alta dejando ver sus facciones. Nunca me cansaré de decir que es hermosa. Tiene ojos negros con pestañas que hacen ver su mirada sexy, su nariz es larga y queda tan perfecta con sus labios delgados y su piel canela. Es hermosa.

—¡Quince minutos de retraso, Sellers! —Me grita, llamándome por mi apellido—. ¡¿Cuándo serás puntual?!

—Cuando a tu trasero le salgan raíces, amiga —me siento a su lado sin borrar mi sonrisa—. Bueno, también podría ser cuando aceptes que te has tirado gases en mi presencia.

Bromeo, con una risita.

—¿Por qué no aceptas tú que te gustó lo que pasó aquella vez? —Hace que la mire y creo que no fue bueno bromear—. No puedes negar que te gustó lo que hicimos ese día.

—Quedamos en no hablar de ello, Betsy —me levanto. Es incómodo recordar lo que pasó entre nosotras.

—Ok, ok —levanta sus manos en señal de paz—. ¿Vamos a correr o nos quedaremos viéndonos la cara?

—¡Alcánzame si puedes!

Salgo corriendo y ella hace lo mismo mientras se ríe. Ser amiga de Betsy ha sido divertido, la pasamos bien con nuestros amigos y tenemos muchas cosas en común. No me gusta que recuerde lo que pasó aquella vez en mi cumpleaños número diecinueve. He tratado de olvidar todo, pero mi mente parece no borrar ese cassette. Recuerdo con claridad cómo estaban todos mis amigos jugando a cinco minutos en el paraíso, no se valían excusas y en una ocasión me tocó con Betsy. Me negué de todas las maneras posibles, pero el que era mi novio en ese entonces me animó y acepté.

Pensé que solo hablaríamos y luego diríamos una mentirilla para tapar todo. No fue así. Mi amiga ese día me besó y aunque tardé en corresponder, lo hice, y me gustó la manera en que sus manos me tocaban y cómo sus labios me besaban. Nunca había experimentado deseos tan fuera de mí. Quise detener el momento, pero no pude y terminamos haciendo cosas que no quiero recordar. Mis papás me matarían si saben de esto.

Después de una hora de ejercicio en el parque nos tiramos en el césped a descansar. Estamos completamente sudadas. Tomo del termo de mi amiga. Por salir corriendo se me olvidó tomar el mío de la nevera. Estoy exhausta.

—Muero de cansancio —se queja mi amiga secando su sudor—. ¿Qué harás esta noche, Lía?

—Iré a teatro con mis papás, ¡lo sé! Es aburridor —resoplo, con aburrimiento—. Es lo más aburrido que pudieron crear.

—Iremos a la discoteca de siempre, si te decides puedes llegar. Estará Briandy, Brian y Zhair. Tal vez el resto de nuestros amigos vengan.

—Como que alguien se hará la enferma esta noche.

Levanto la trompa y ambas reímos.

—¡Amo tu inteligencia!

Nos reímos.

Me dejo de llamar Lía Sellers Dallas, si no voy con mis amigos a mover el bote como tiene que ser.

—¿Sigue Brian con su novio? Irene me contó que sus papás se enteraron que es gay.

—Sus papás son unos estúpidos, Brian es increíble. No tiene nada de malo que le gusten los chicos, todos somos libres de enamorarnos del que nos dé la gana —empuña sus labios, enojada—. Mejor vámonos.

—¿Te gusta Brian? —Inquiero, al ver lo enojada que se ha puesto—. Mira cómo te pones cuando hablas de él. No sé si te gusta o solo es por lo que está pasando él con sus papás.

—¡¿Por qué todos piensan que me gusta Brian cuando lo defiendo?! —Se pone en pie—. Mejor me voy, y no me gusta Brian por si tienes esa tonta duda. Mis ojos están en la persona que no deben, en alguien que nunca se fijará en mí.

Empieza a caminar y cuando reacciono voy detrás de ella, pero no logro alcanzarla porque se sube en su auto y se va dejándome tirada. ¿Por qué reaccionó de esa manera? Solo fue una pregunta. Brian y ella andan para todos lados y mis amigos también piensan que le gusta, aún sabiendo que él es gay.

(.....)

—¡No y no! —Berni se niega a ayudarme con lo que le he pedido—. Si papá se entera que le mentimos, literalmente nos acaba.

—Bueno, no me ayudes, me tocará llamar a Zhair para decirle que...

—¿Zhair irá a la discoteca? —Me interrumpe con una sonrisa y sonrío triunfante porque a mi hermana le gusta mi amigo y es obvio que de esta manera me ayudaría—. Bien, le diré a papá que te sientes mal y que me quedaré a cuidarte.

—¡Cómo te amo! —La estrujo en mis brazos—. Ándale, vez con papá. Es tarde.

—Juro que si se dan cuenta te corto las tetas y se las doy de comer al cocodrilo que tiene mi tía en su patio.

Solo me queda sonreír cuando sale directo a la habitación de mis papás. Espero que le crea porque no es bobo y nos conoce a ambas. Doy vueltas de un lado a otro esperando la respuesta de mi hermana, y cuando escucho pasos que vienen hacia mi habitación me tiro en mi cama y me hago la dormida.

—¿Ves que no te estaba mintiendo? Lía tiene tos y temperatura —escucho la voz de mi hermana y suena tan convencida—. En serio, nunca crees en uno.

—Lo siento, hija, pero sabes que Lía y tú me han mentido muchas veces —se disculpa papá—. Iré al teatro con tu mamá, por favor cuídala bien.

—Sabes que la cuidaré como si fuera mi propia vida.

—Tú no te cuidas ni tú misma, Barni.

—¡Es Berni, papá!

Espero que se vaya y suelto una carcajada porque papá siempre la ha llamado así y mi hermana parece que le tiran alcohol en una herida. Es gracioso.

—Más tarde en la discoteca—

Han pasado ya dos horas desde que mis papás se fueron, mi hermana y yo nos arreglamos muy sensuales. Ella con un vestido turquesa hasta sus rodillas y tacones. Yo con una blusa negra de mangas caídas que deja ver mis hombros, un jeans azul tiro alto con unos tenis de plantilla alta y mi cabello castaño suelto. ¿Por qué voy vestida así? Simple. Me visto como mejor me siento, y si voy a tomar alcohol no quiero que un tipo me vea el trasero si me caigo borracha y menos que vean las curvas que me gasto. «Le tiraría una botella justo en su frente».

—¡Lía, Berni! —Briandy una de mis amigas se nos tira encima cuando nos ve llegar a la discoteca. Luce radiante como de costumbre—. ¡Los chicos están en la barra!

Seguimos entre la gente hasta la barra donde están mis amigos, y cuando nos ven nos saludan con una gran sonrisa. Mi hermana saluda a Zhair con un beso en la mejilla, y él muy coqueto la toma de la cara dándole un efusivo beso que casi me toca apartarlo.

—Te comerás a mi hermana —Zhair suelta una carcajada y me saca el dedo—. Bájale a tus hormonas desenfrenadas.

—Déjalos chupar piña, Lía —Brian me abraza por la cintura—. ¿Y don perfecto?

—Ni lo menciones, si aparece me daña la noche —ruedo los ojos con molestia. Así le llaman a uno de mis pretendientes y el cual no me deja en paz un segundo. Es un puto chicle.

—Es tan intenso, pero vamos a bailar, no pasaré la noche aquí sentada, y menos si hablamos de alguien tan desagradable.

Briandy nos anima a bailar y vamos detrás de ella. Busco con la mirada a Betsy mientras bailo con Brian y Briandy porque mi hermana está con Zhair. Mi amiga parece enojada, lo más seguro es que siga así por lo que pasó en el parque esta mañana. No me gusta estar alejada de ella. La quiero y es abrumador saber que me quiere lejos.

—Está así desde que llegamos —al parecer, Brian se da cuenta que la estaba mirando—. ¿Se pelearon?

—Solo le pregunté si tú le gustabas, es que estaba enojada por lo que pasó con tus papás —le explico, y suelta una sonara risotada que me deja perdida—. ¿De qué te ríes?

—Yo también me enojaría si mi mejor amiga no ha notado que no me voy por el lado de los chicos, sino de las chicas.

—¡Qué mierda, Brian!

Sus ojos se abren cuando ve mi reacción y es donde comprende que no sabía nada de lo que acaba de decir. Esto debe ser una broma. Mi amiga ha estado con chicos y nunca he notado nada raro en su comportamiento. Debo saber si esto es cierto. Cuando la duda entra a un cuerpo ya no sale hasta averiguar qué cojones pasa.

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