La Venganza de Sofía: Dinero y Traición

Sofía y Luis llevaban ya un año juntos, y el fin de año se acercaba con su aire de fiesta y balances.

Una noche, mientras Sofía terminaba unos bocetos para la nueva colección de su marca, Luis se le acercó por detrás, rodeándola con sus brazos.

"Mi amor, ¿en qué piensas tanto?"

Su voz era suave, como siempre, una melodía que al principio la había cautivado por completo.

"En el trabajo, nada más" , respondió ella, inclinando la cabeza hacia atrás para recibir un beso en la mejilla.

"Pues deberías pensar en algo más importante" , dijo él con un tono juguetón. "El cumpleaños de mi mamá es en dos semanas" .

Sofía se giró, sonriendo. Quería mucho a la mamá de Luis, una señora sencilla y amable que siempre la trataba con cariño.

"Claro que sí, no se me ha olvidado. ¿Qué le compramos?"

Luis se sentó en el borde del escritorio, su expresión se volvió seria, casi solemne.

"He estado pensando en algo especial, algo que de verdad le demuestre cuánto la queremos. Vi un brazalete de jade precioso en una joyería del centro. Sé que a ella le encantaría, siempre ha dicho que el jade trae buena suerte" .

"Suena perfecto" , dijo Sofía, genuinamente entusiasmada con la idea. "Mañana mismo vamos a verlo" .

"Perfecto" , repitió Luis, dándole un beso rápido. "Verás qué contenta se pone. Es importante que ella vea que su futura nuera es detallista y generosa" .

Esa última frase se quedó flotando en el aire, pero Sofía, cegada por el amor, solo la interpretó como una muestra más del compromiso de Luis con su relación.

Al día siguiente, fueron a la joyería. El lugar era elegante, con luces tenues que hacían brillar las gemas en sus vitrinas. Luis, con una seguridad que a Sofía le pareció un poco fuera de lugar para alguien de origen humilde, guio a la vendedora directamente hacia el brazalete de jade.

Era, en efecto, una pieza hermosa, de un verde intenso y profundo. Sofía lo admiró.

"Es este" , dijo Luis con una sonrisa triunfal.

La vendedora, una mujer muy bien arreglada, sacó el brazalete y se lo mostró.

"Es una pieza excepcional, de jade imperial. Su precio es de doscientos mil pesos" .

Sofía sintió un pequeño vuelco en el estómago. Era una cantidad considerable, mucho más de lo que esperaba. Miró a Luis, esperando alguna reacción de su parte, pero él parecía imperturbable.

"Nos lo llevamos" , sentenció él.

Cuando la vendedora se retiró para preparar el empaque, Luis se volvió hacia Sofía, su rostro de repente lleno de una falsa congoja.

"Mi amor, qué tonto soy" .

"¿Qué pasa?" , preguntó Sofía.

"Con la emoción, se me olvidó por completo que mi tarjeta de crédito está al tope este mes. Pagué el equipo nuevo para el estudio y me quedé casi sin línea. ¿Podrías pagarlo tú? En cuanto me paguen el adelanto del disco la próxima semana, te lo devuelvo todo" .

Sofía se quedó helada. Doscientos mil pesos. No era que no los tuviera, pero la situación era extraña.

Luis, al ver su vacilación, añadió rápidamente, con esa voz melosa que sabía que la desarmaba.

"Piénsalo, mi vida. Será el regalo de parte de los dos. Así, cuando lleguemos a mi casa, yo diré que fue un regalo tuyo para ella. Para que mi mamá vea lo espléndida que es su futura nuera y lo en serio que te tomas a nuestra familia" .

La petición era descarada, y la justificación, aún más. Le estaba pidiendo que gastara una fortuna no solo para quedar bien él, sino para que ella se ganara la aprobación de su familia a través del dinero.

De repente, la mente de Sofía se llenó de recuerdos. Recordó todas las veces que habían salido a cenar y, casualmente, Luis había "olvidado" la cartera en el coche. Recordó el viaje a la playa donde ella terminó pagando el hotel, los vuelos y todas las comidas porque él "estaba esperando un pago que no llegaba" . Recordó cómo él nunca le había regalado nada que no fuera una flor robada de un parque o una canción compuesta en cinco minutos.

Siempre había excusado su tacañería pensando que era por su origen humilde, porque cuidaba cada peso. Pero ahora, frente a un brazalete de doscientos mil pesos que pretendía comprar con el dinero de ella, esa tacañería selectiva se sentía como una bofetada. Él era miserable con ella, pero quería ser un rey con su familia a costa de ella.

La duda se instaló en su corazón.

"Luis, es mucho dinero" , dijo ella en voz baja. "Quizás podríamos ver algo un poco más económico. Hay otras cosas muy bonitas" .

Intentaba encontrar una salida diplomática, una forma de no crear una escena.

Pero la vendedora, que había regresado y escuchado la última parte, intervino con una sonrisa profesionalmente afilada.

"Señorita, no sea así. Su novio solo quiere demostrarle su amor a su madre y hacerla a usted parte de ese gesto. Un hombre tan detallista es difícil de encontrar hoy en día" .

Algunos otros clientes de la tienda voltearon a verlos, atraídos por la conversación. Sofía sintió cómo sus mejillas se encendían. Estaba siendo presionada, juzgada en público.

Miró a Luis, esperando que él la defendiera, que dijera algo como "respeten la decisión de mi novia" .

Pero Luis hizo todo lo contrario. Su rostro se contrajo en una mueca de decepción y vergüenza.

"Sofía, por favor" , susurró, lo suficientemente alto para que los demás escucharan. "No me hagas esto. No me hagas quedar como un tacaño frente a todos. Solo es dinero, ¿qué importa más, el dinero o hacer feliz a mi madre y quedar bien como pareja?"

La manipulación era tan obvia, tan cruel, que a Sofía se le revolvió el estómago. No solo no la defendió, sino que usó la presión social en su contra, haciéndola parecer la mala, la insensible, la materialista. La estaba acorralando, utilizando su bondad y su aversión al conflicto como armas para conseguir lo que quería.

En ese instante, el velo del enamoramiento se rasgó por completo.

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