LIRA POV:
El baile terminó y Luciano, con Elara aferrada a su brazo, caminó directamente hacia mí. Su rostro era una máscara de fría arrogancia.
"Lira", dijo, en tono despectivo. "Deberías venir a saludar a Elara. Después de todo, es la futura princesa de esta manada".
Una risa fría y aguda escapó de mis labios. El sonido cortó el murmullo cercano, y varias cabezas se volvieron hacia nosotros.
"¿Princesa?", repetí, mi voz goteando sarcasmo. "Hasta donde sé, solo es una hija bastarda que mi padre aún no ha reconocido formalmente. Y los ancianos de la manada ciertamente no lo han hecho".
El aire a nuestro alrededor se aquietó. El rostro de Elara palideció y la mandíbula de Luciano se tensó.
"Mide tus palabras, Lira", siseó, sus ojos brillando de ira. "Solo estás celosa".
"¿Celosa?", di un paso más cerca, mi voz elevándose. "Me dijiste que odiabas estas celebraciones. Me dijiste que no eras lo suficientemente bueno para ser visto conmigo, que no querías que los ancianos hablaran. Te negaste a estar a mi lado durante cinco años".
Señalé la pista de baile. "¿Pero ahora? ¿Ahora estás bailando el vals de apertura con 'ella'? Rompiste tu promesa, Luciano".
"No armes un escándalo", advirtió, su voz baja y amenazante. "Necesito la... ayuda de Elara. Para consolidar mi posición".
La excusa era tan patética, tan insultante, que algo dentro de mí se rompió.
"¿Su ayuda?", escupí, las palabras sabiendo a veneno. "¿Qué podría ofrecer ella? ¡Es la hija de Vexia, una sucia Renegada cuyo linaje es tan sucio como el lodo del que se arrastró!".
La rabia explotó en el rostro de Luciano. Antes de que pudiera reaccionar, su mano voló por el aire.
"PLAS".
El sonido retumbó en el repentino silencio del salón. La fuerza del golpe me hizo tropezar un paso hacia atrás, mi mejilla ardiendo con un dolor de fuego. Pero el daño físico no fue nada comparado con la agonía que desgarró mi alma. Un compañero golpeando a otro es la máxima traición, una violación del vínculo sagrado otorgado por la Diosa. La conexión entre nosotros se fracturó, enviando una ola de náuseas y desolación a través de todo mi ser.
Lo miré fijamente, mi visión nublada por lágrimas no derramadas. Mi compañero. El hombre que amaba. Me había golpeado. Por ella.
Mi corazón no solo se rompió. Se convirtió en polvo.
Miré sus ojos furiosos y, con una voz que temblaba pero no se quebró, pronuncié las palabras más poderosas y condenatorias que un hombre lobo puede decir. Las palabras que lo cambiarían todo.
"Yo, Lira Costa, te rechazo, Luciano Smith, como mi compañero".





