El día siguiente transcurrió con la habitual intensidad de la rutina de Victoria. La oficina, los informes y las reuniones se sucedían sin interrupción, pero algo había cambiado en su interior. La propuesta de Leonardo no dejaba de rondar en su cabeza. ¿Cómo había llegado a aceptar? ¿Qué significaba realmente este "matrimonio de conveniencia"?
Había tenido pocas horas para reflexionar, y aunque las dudas seguían acechando, sabía que no había vuelta atrás. Aceptar el trato no solo impulsaría su carrera de una manera que nunca había imaginado, sino que también significaba entrar en un mundo diferente, uno que hasta ahora había observado desde la distancia con una mezcla de respeto y curiosidad. El mundo de los grandes jugadores, donde las reglas no eran las mismas, donde todo podía cambiar en un parpadeo.
Esa tarde, mientras organizaba algunos papeles en su escritorio, el sonido del teléfono la sacó de su ensueño. Era un mensaje de Leonardo.
"Nos vemos a las 7 p.m. en mi casa. Necesito que estemos listos para la firma. Estaré esperándote."
Victoria lo leyó varias veces antes de contestar. Sabía que las formalidades y los detalles comenzarían a tomar forma ahora. Esta no era solo una firma de contrato de negocios; era el comienzo de algo mucho más complicado. Algo que nunca había planeado.
El resto de la tarde pasó en un suspiro. El reloj avanzaba con rapidez, y el tiempo para prepararse para esa noche parecía escurrirse entre sus dedos. En cuanto se despidió de su equipo y abandonó la oficina, su mente estaba aún centrada en lo que sucedería. ¿Qué sería lo siguiente? ¿Qué tendría que hacer? ¿Y lo más importante, cómo se sentía al respecto?
Cuando llegó a su apartamento, decidió tomarse su tiempo para relajarse. Sabía que la situación era insólita, y que las emociones podían ser un lujo que no podía permitirse. De todas formas, se permitió un breve momento de reflexión mientras se cambiaba y preparaba. Optó por un vestido negro simple, pero elegante, que subrayaba su figura sin ser provocativo. Un toque sutil de maquillaje, el cabello recogido con precisión, y se sentó frente al espejo.
Aunque no se lo permitiera en su día a día, en ese momento se enfrentaba a una incógnita que podía trastocar el equilibrio que siempre había mantenido. Su vida profesional estaba por dar un giro, y ese giro estaba vinculado a un hombre con una presencia tan magnética como desconcertante: Leonardo Velasco.
A las 7 en punto, Victoria llegó al edificio de Leonardo, un rascacielos de cristal y acero que reflejaba las luces de la ciudad. El vestíbulo, minimalista y frío, era una declaración de poder en sí misma. No era la primera vez que entraba allí, pero esta vez todo parecía diferente. Esta vez, no era solo una empleada más, sino una futura "esposa" por contrato.
El ascensor la subió hasta el último piso, donde la puerta de su casa la esperaba. Al llegar, un mayordomo elegante la saludó con una leve sonrisa y la condujo hacia el salón.
La enorme sala estaba decorada con una mezcla de modernidad y lujo que solo alguien como Leonardo Velasco podría permitirse. Ventanas de pared a pared ofrecían una vista espectacular de la ciudad iluminada. El ambiente era sobrio, pero había algo en la atmósfera que lo hacía acogedor, en cierto sentido. En el centro de la sala, una mesa de comedor amplia estaba dispuesta para dos, y una botella de vino estaba abierta sobre ella.
Al fondo, Leonardo la esperaba de pie, con un traje oscuro perfectamente ajustado. El contraste entre su ropa impecable y la decoración lujosa de la casa solo aumentaba la impresión de poder que él emanaba.
-Victoria, qué gusto verte. -dijo él, acercándose mientras le ofrecía una copa de vino.
-Gracias. -dijo ella, aceptando la copa pero sin tomar un sorbo. Sus ojos se cruzaron por un momento, y la tensión entre ambos se hacía palpable, como si las palabras fueran de alguna manera innecesarias. El aire estaba cargado de expectativas.
Leonardo la observó con una sonrisa apenas visible, esa sonrisa que solo él sabía cómo mostrar, tan segura, tan calculadora.
-Espero que te sientas cómoda aquí. Es un placer tenerte en mi casa. -dijo, aunque sus palabras sonaban más como una afirmación que como una bienvenida genuina.
Victoria asintió mientras se acomodaba en una silla frente a la mesa.
-Gracias por invitarme, aunque... aún no entiendo muy bien todo esto.
Leonardo se sentó frente a ella, su mirada fija, como si estuviera evaluando cada palabra que salía de sus labios.
-Lo sé. Te debe parecer extraño, pero te aseguro que es solo un acuerdo de negocios, Victoria. Esto es solo un paso más para cerrar el trato que te mencioné. -dijo, sin rodeos, como siempre.
Victoria miró su copa de vino, dando un pequeño giro a la bebida mientras se preparaba para hablar.
-¿Y qué espera exactamente de mí? -preguntó con la voz firme, pero sin esconder su incertidumbre. Sabía que no podía permitirse mostrar dudas, pero las preguntas seguían surgiendo.
Leonardo observó su rostro durante unos segundos antes de responder.
-No espero nada de ti que no hayas aceptado ya. Estaremos casados legalmente, pero la vida fuera de ese contrato será completamente tuya. Ninguna otra obligación, ningún otro compromiso. Tú y yo solo tendremos que mantener las apariencias ante los socios y cerrar el trato que estamos negociando. -hizo una pausa, y luego añadió con una sonrisa que parecía disimulada-: En resumen, todo será un acuerdo profesional, y tú podrás seguir con tu carrera tal como la has estado llevando hasta ahora.
Victoria asintió lentamente, pero no pudo evitar sentir una pequeña chispa de incomodidad. Todo sonaba demasiado sencillo, como si no hubiera riesgos, como si no estuvieran jugando con algo mucho más grande.
-¿Y qué pasa después del trato? -preguntó, más por curiosidad que por necesidad.
Leonardo se recostó en su silla, observando su copa de vino mientras sopesaba sus palabras.
-Después del trato, lo que suceda depende de nosotros. Este matrimonio podría terminar en cualquier momento si lo deseas, o continuar como si nada hubiera cambiado. -respondió, sin apartar la mirada de ella.
La respuesta fue directa y no dejaba espacio para interpretaciones. No había promesas de una vida juntos, solo una transacción. Sin embargo, algo en el tono de Leonardo hizo que Victoria se sintiera desconcertada. Sabía que había algo más, algo que aún no estaba siendo dicho.
Una vez que el contrato fuera firmado, todo cambiaría. Sin embargo, en ese momento, la realidad era que su vida profesional y personal comenzaba a entrelazarse con la de él de una manera que ni ella misma podía prever.
El resto de la noche transcurrió en una atmósfera cargada de conversación sobre detalles legales, cómo se llevaría a cabo el acuerdo, las expectativas de cada parte involucrada. Pero, bajo esa conversación aparentemente tranquila, había una tensión que ambos sabían que no podía ignorarse. Aunque la propuesta fuera un trato de negocios, ninguno de los dos podía predecir cómo el paso siguiente, cómo la formalización del matrimonio, cambiaría todo lo que hasta ahora habían conocido.
Finalmente, la firma fue realizada. Los papeles fueron sellados, y el contrato estaba listo. Pero, en lo profundo de Victoria, algo comenzó a despertar. La chispa que había comenzado como una simple curiosidad ahora ardía con fuerza.
Leonardo Velasco no era solo un jefe imponente y arrogante. Ahora, él era su esposo, aunque en un sentido muy diferente al que todo el mundo entendería.
El juego había comenzado.





