Victoria no había dormido bien esa noche. La idea de su nuevo "matrimonio" rondaba en su mente como una sombra constante. Había aceptado el acuerdo, había firmado los papeles, pero el peso de la decisión aún no la había dejado. De alguna manera, la certeza de que todo era un mero trámite profesional no lograba calmar la creciente incomodidad que sentía.
Esa mañana, se despertó temprano. Había un día de trabajo esperándola, un día normal en el que sus responsabilidades no cambiarían, o eso esperaba. Pero mientras se preparaba, cada pensamiento parecía regresarla al mismo punto: a Leonardo, al trato que acababan de firmar y, sobre todo, a la complejidad de todo lo que estaba a punto de suceder.
A pesar de que se había mentalizado en que su vida no cambiaría fuera del acuerdo, la pregunta persistía: ¿realmente sería así? ¿Podría mantener su profesionalismo mientras compartía una vida de fachada con él?
Se tomó unos minutos frente al espejo, mientras se ajustaba el cabello y el blazer, antes de salir a la oficina. En su mente, las imágenes de la noche anterior seguían jugando, las preguntas sin respuestas claras, la presencia de Leonardo, tan fuerte, tan dominante, tan imponente...
Al llegar al trabajo, intentó concentrarse en los detalles de las reuniones programadas. Sin embargo, las horas pasaron lentamente. En cada conversación, en cada informe que leía, su mente regresaba a esa firma, al acuerdo firmado, y a lo que significaba para su vida personal. Las cosas no serían iguales, ni siquiera en la oficina.
Un par de días después, Leonardo la citó nuevamente. Esta vez, no fue una reunión formal, ni un encuentro de negocios. Fue una llamada simple, directa, como siempre. La invitación era clara: "Te espero a las 7 p.m. en casa. Hay algo que debemos discutir." El tono de su voz no dejaba lugar a dudas: había algo importante en lo que debía estar involucrada.
Cuando Victoria llegó a su casa esa noche, el ambiente era diferente. Algo en la atmósfera parecía cargado de una energía distinta. La puerta estaba abierta, pero en lugar del mayordomo que usualmente la recibía, fue Leonardo quien la recibió personalmente.
-Victoria, qué bueno que pudiste venir. -dijo él con una sonrisa que no alcanzaba a ser completamente cálida. Su tono de voz era suave, pero la firmeza detrás de sus palabras no pasaba desapercibida.
-Gracias por invitarme. -respondió ella, con una sonrisa que intentaba mostrar calma, aunque internamente sentía un torbellino de emociones que no lograba controlar.
Leonardo la condujo por el pasillo hacia la sala principal. En la mesa del comedor, había una cena preparada, pero algo parecía diferente en el ambiente. La luz suave, el ambiente relajado, todo parecía estar dispuesto para algo más que una simple conversación de negocios.
-He estado pensando mucho en cómo manejaremos todo esto. -dijo Leonardo, después de que ambos se sentaran a la mesa. -Necesitamos asegurarnos de que las apariencias sean perfectas, sin fallos. La gente tiene que creer en nuestra historia.
Victoria asintió, tomando una copa de vino, aunque no estaba segura de por qué se sentía tan incómoda. Sabía lo que implicaba el acuerdo, sabía que las reglas eran claras: nada de complicaciones personales. Solo un matrimonio como fachada. Pero algo en la forma en que Leonardo hablaba la inquietaba. Había un subtexto en sus palabras que no podía ignorar.
-¿A qué te refieres exactamente con "nuestra historia"? -preguntó, tratando de mantener la calma. En su mente, las preguntas seguían surgiendo sin descanso.
Leonardo se recostó ligeramente en su silla, observándola con una intensidad que la hizo sentirse observada, estudiada.
-Quiero que estemos bien sincronizados. Necesitamos que todo sea lo más natural posible. Nadie debe sospechar que esto no es real. Desde las reuniones sociales hasta las presentaciones públicas, quiero que hagas lo que cualquier esposa haría: acompañarme a eventos, asistir a reuniones, mantener una imagen sólida y unida. -hizo una pausa, dándole tiempo para procesar sus palabras-. Pero también quiero que sepas que, fuera de eso, no habrá más implicaciones. Nada personal, como dijimos.
Victoria sintió una oleada de confusión y tensión. De alguna manera, sus palabras parecían tranquilizadoras, pero el hecho de que la situación tuviera que parecer "perfecta" la dejaba sin aliento. Sabía que las apariencias eran cruciales, pero su vida profesional y personal nunca habían estado tan entrelazadas. Nunca había estado tan cerca de un hombre como Leonardo, y mucho menos en una situación como esta.
-¿Y qué pasa si alguien nos pregunta? Si la gente empieza a hacer preguntas sobre nuestra relación... -Victoria no podía evitar la inquietud en su tono. Sabía que era un riesgo, que había muchas incógnitas en juego.
-No te preocupes por eso. -respondió Leonardo, como si todo estuviera bajo control. -Nada de lo que suceda fuera de nuestras interacciones públicas nos afectará. Nos comportaremos como una pareja normal, pero no habrá espacio para lo emocional. Solo negocios.
Victoria frunció el ceño, aún sin comprender completamente lo que se esperaba de ella. Había aceptado porque la idea de avanzar en su carrera la había convencido, pero ahora sentía que se estaba adentrando en un territorio que no podía controlar.
-Entendido. -respondió, sin mucha convicción.
La cena transcurrió en silencio. A pesar de que Leonardo no era un hombre dado a mostrar emociones, había algo en el aire entre ellos que parecía estar cargado de tensión. El trato había sido claro, la relación estaba trazada: ser una pareja frente a la sociedad, pero nada más. Sin embargo, cada gesto de él, cada mirada, sembraba una pequeña semilla de duda en su mente. La atracción que sentía por él, esa química innegable que había surgido de alguna forma entre ellos, no podía ser ignorada.
Después de la cena, Leonardo la acompañó a la salida. La puerta se cerró detrás de ella con un suave clic. Ella respiró hondo, intentando aliviar la incomodidad que sentía en su pecho. Mientras se dirigía hacia su coche, una extraña sensación la envolvía. Sabía que la vida había cambiado de una manera que no podía anticipar.
Había aceptado el acuerdo porque era lo correcto desde el punto de vista profesional, porque las oportunidades que le ofrecía Leonardo no podían ser ignoradas. Pero, en su interior, algo le decía que este trato no sería tan sencillo como había imaginado. Las emociones ya estaban entrando en juego, y no podía evitar preguntarse si había algo más en esa relación que simplemente una fachada.
El tiempo diría si sus vidas seguirían el curso que ella había planeado. Pero lo que sí sabía, era que Leonardo Velasco no era un hombre fácil de manejar. Y, tal vez, su vida no fuera tan fácil de separar en lo personal y lo profesional como pensaba.
A lo lejos, la ciudad seguía su curso, imparable, ajena a las decisiones que Victoria había tomado. Sin embargo, algo en su interior sabía que esa decisión la llevaría por un camino que, aunque ya había comenzado, no tenía vuelta atrás.





