A Thalassa le temblaban mientras sus ojos recorrían repetidamente las palabras en mayúsculas y en negritas: "ACUERDO DE DIVORCIO".
No recordaba haberse sentado a hablar sobre eso, ¡así que seguramente todo debía tratarse de un error!
"¿Es una broma?", preguntó, fijando su mirada llena de angustia en el abogado.
"No recuerdo que 'comediante' estuviera en mi descripción de trabajo, señorita Thompson", expresó él, sonando ofendido.
"¿Entonces qué es esto?", insistió la mujer, en un tono cargado de frustración, y más alto de lo que pretendía.
"Es exactamente lo que está viendo, señorita Thompson. El señor Miller quiere el divorcio", respondió su interlocutor, cuyas fosas nasales se ensancharon mientras la miraba.
Thalassa se dio cuenta de que el abogado seguía refiriéndose a ella por su apellido de soltera, como si ya estuviera divorciada de Kris.
"Mire, no complique las cosas. Tiene suerte de que él solo le pidiera el divorcio, pues pudo haber pasado años en la cárcel. Debería agradecerle por convencer a su madre de retirar los cargos", intentó persuadirla el hombre, dando un paso hacia ella.
Al oír eso, la chica recuperó la esperanza. Su esposo había convencido a su madre de retirar los cargos, lo que solo podía significar una cosa: ¡todavía la amaba! Definitivamente había una explicación para todo esto.
"Por favor, tome el bolígrafo y firme los papeles. No hay pensión alimenticia porque el señor Miller dijo que usted puede quedarse con los millones que se robó y mandó a paraísos fiscales. Todo lo que tiene que hacer es firmar en los lugares requeridos, y él se encargará de que le lleguen sus pertenencias a donde le indique", explicó el señor Sawyer, sacando un bolígrafo de su maletín.
Antes de que pudiera terminar de hablar, Thalassa ya se había dado la vuelta y salido de la estación de policía. Apenas llegó a la carretera, rápidamente le hizo una señal a un taxi que se acercaba.
El auto se detuvo y ella no perdió tiempo en entrar.
"A la Mansión Miller", le indicó al conductor. Aún sostenía los papeles de divorcio en la mano y su corazón se desbocaba al verlos.
'Esto no puede ser verdad. Debe tratarse de otro de los planes de Linda Miller para separarme de Kris', pensó, reacia a creer esa noticia hasta escucharla directamente de boca de su esposo.
Cuando el taxista se detuvo frente a la Mansión Miller, ella metió la mano en su bolso y sacó algunos billetes. Sin fijarse en cuánto era, se los arrojó al hombre y salió.
Estaba a punto de cruzar por la puerta principal, cuando un fornido guardia de seguridad le bloqueó el paso y le dijo bruscamente: "No puede pasar".
"¿Qué quieres decir con que no puedo pasar? ¡Esta es mi casa! ¡Soy la esposa de Kris!", replicó Thalassa, fulminándolo con la mirada.
"Lo sé. Pero la señora Miller me indicó que no la deje entrar".
'Por supuesto que mi suegra está detrás de esto', pensó ella, sintiendo que se volvía loca, mientras se pasaba con fuerza los dedos por la cabeza. Sin pensarlo dos veces, esquivó al guardia de seguridad y corrió lo más rápido que pudo al interior de la propiedad.
"¡Oye, le dije que no puede entrar!", siseó el hombre, persiguiéndola, pero no era rival para la desesperada joven, que aceleró y entró en la mansión.
Todos los Miller estaban reunidos en la sala, a excepción de Kris, quien no estaba a la vista. Apenas Thalassa entró, todos la miraron con desdén, antes de atacarla verbalmente.
"¿Qué haces aquí, ladrona?", la cuestionó Cynthia, la tía de Kris.
"¡Vaya que es atrevida!", bufó Tyler, el hermano menor de Kris.
"¡Voy a sacarla de los pelos!", gruñó Susan, la hermana menor de Kris.
"Señora, intenté detenerla, pero simplemente me esquivó y corrió muy rápido", se excusó el guardia, apareciendo detrás de Thalassa y agarrándola del brazo.
"No hay problema. Suéltala", indicó Linda Miller, deteniéndose finalmente frente a su nuera. El resto de su familia también se colocó detrás de la matriarca. Sus expresiones eran como las de aves de rapiña, listas para despedazar a su presa.
"Qué vergüenza que tengas el descaro de presentarte aquí, después de lo que le hiciste a mi hijo y a nuestra familia", declaró Linda, en un tono cargado de desprecio.
"¡No hice nada y lo sabes! Fuiste tú quien me envió a encontrarme con ese hombre. ¿Por qué haces esto? ¡¿Por qué mientes?!", replicó Thalassa, con la ira ardiendo en sus venas.
La voz se le quebró, lo que solo aumentó la satisfacción de su suegra.
"Mi hijo no quiere tener nada que ver contigo, así que ya no tienes nada más que hacer aquí. Lárgate".
"¡Maldita víbora! No me iré hasta que hable con Kris", respondió la chica desafiantemente, sosteniéndole la mirada.
"No le hables así a mi madre", resonó la dura voz del susodicho, quien en ese momento se acercaba.
"Kris... tu abogado... fue a verme y me dio estos documentos. Me dijo que querías el divorcio, pero sé que todo se trata de un error. Todo es un error, ¿verdad?", preguntó Thalassa, corriendo hacia él, mientras levantaba en su mano el acuerdo de divorcio.
"No hay ningún error", pronunció el aludido fríamente, mirándola a los ojos.
"Por favor, no puedes... Salvemos nuestro matrimonio. Todo esto es un malentendido. No hice nada. Por favor, ¡tienes que creerme!", pidió ella, sacudiendo la cabeza con incredulidad, mientras retrocedía unos pasos.
"¿De verdad crees que quiero seguir casado con una mujer como tú? ¡Ni siquiera tienes la decencia de admitir lo que hiciste!", le reprochó Kris, sin quitarle sus penetrantes ojos de encima.
"¡Pero no hice nada!", chilló la joven desesperadamente, aferrándose a su brazo. "Por favor, escú...".
"¡Suéltame!", siseó él, zafándose de su agarre.
"¿Por qué está la puerta abierta?", inquirió una voz a espaldas de Thalassa.
La recién llegada era Karen Blade, su mejor amiga.
La rechazada sintió que la esperanza se encendía en su interior.
"Thalassa... ¿Ya saliste de la cárcel?", jadeó la sorprendida Karen, cuando finalmente la vio.
La otra se movió instantáneamente hacia ella, la agarró de la mano y la llevó hasta donde estaba su cónyuge. Luego le pidió: "Karen, por favor, cuéntale todo a Kris. Dile que te llamé después de que su madre me enviara a entregar los documentos a ese hombre. Dile cómo dudé, porque sentía que había algo sospechoso en el asunto. ¡Hazle ver que soy inocente!".
Esperó a que su amiga le dijera exactamente eso a su esposo, pero las palabras que salieron de la boca de esta hicieron que su mundo se derrumbara.
"Lo siento, pero estoy cansada de respaldar siempre tus mentiras. Nunca me llamaste".
La negación de Karen fue como una cachetada para Thalassa, quien retrocedió, con la boca abierta por el asombro.
"Pero... ¿qué estás diciendo? ¿Qué mentiras? Te llamé para contártelo. ¡Incluso me marcaste más tarde para preguntarme si ya iba en camino para cumplir con la solicitud de mi suegra!".
"¡Ya basta! ¿No te cansas de mentir? Estoy harta de tener que cubrirte siempre... Ya no puedo más. Kris es un buen hombre, ¡y no merece tus engaños!", respondió su interlocutora, con una mirada fría reemplazando su habitual expresión llena de afecto.
'¿Estoy soñando? Sí, tengo que estarlo. De lo contrario, ¿por qué mi mejor amiga, la persona en quien más confío y a quien le cuento todo, me traicionaría así?', se preguntó la acusada, sintiendo que la cabeza le daba vueltas.
Con el corazón desbocado y una expresión suplicante, se dirigió hacia su esposo. "Cariño, por favor, yo... No sé por qué Karen está mintiendo, pero tienes que creerme. ¡No he hecho nada! ¡Nunca te he mentido!".
"¡Ladrona sinvergüenza! ¿Así que todos los demás son mentirosos menos tú?", espetó Susan, cruzándose de brazos.
Thalassa no prestó atención a sus palabras porque no le importaban. En ese momento, lo único que le interesaba era el veredicto de Kris.
"¿Por qué no dices nada? ¡Por favor, dime que me crees!", pidió.
"Lo único que tengo que decirte es que firmes los papeles de divorcio y desaparezcas de mi vida. No quiero tener nada que ver contigo".
"¡No!", chilló ella, aventando el acuerdo de divorcio al piso. "¡Me niego a firmarlo! ¡No puedes creer que podría mentirte y robarte de esa manera!".
Acto seguido, lo agarró de la mano y, con una expresión suplicante, lo miró a los ojos y añadió: "Me prometiste que nada se interpondría entre nosotros... ¿Qué pasó con esa promesa?".
"Eso fue antes de saber que me había casado con una ladrona mentirosa y desvergonzada", siseó él, apartando la mano.
"Ya tuve suficiente de esta mujer", intervino Linda. "Si se niega a firmar los papeles de divorcio, podemos hacer que se separen de otra manera. Llévensela".
Inmediatamente, el guardia de seguridad agarró a Thalassa del brazo, pero justo cuando estaba a punto de arrastrarla, ella gritó: "¡Estoy embarazada!".





